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Historia 50098 — capítulo 5
Sus lágrimas cesan lentamente.
Como una fuente que se seca, como esos labios que ahora callan.
Y sus ojos, sus eternos ojos azules, ya no llevan pintada la tristeza. Lo que más siento, lo que más me duele es que él sufre por mí...y no lo merece. Yo jamás fui nadie.
No merezco esas lágrimas de oro, que no podré pagar. Ahora, esas gotitas cristalinas cesan, y él me da la espalda.
Sé que no quiere que lo vea llorar. Le abrazo por la espalda, y James se gira para corresponder a mi abrazo. De vez en cuando, sollozos traicioneros brotan de su garganta, y le acuno como a un infante.
Como a ese tierno niño que fue un día. Mis dedos se deslizan entre las finas hebras doradas que pueblan su cabeza, y él se aferra a mí.
- No me dejes solo, Lau...no me abandones. Por favor...no me dejes solo.-sus labios. húmedos y salados, murmuran ese cántico una y otra vez, y sus ojos miran el horizonte sin ver, con fijeza de autista. Le susurro dulcemente, le hago comprender que no voy a dejarle nunca. Intento insuflarle esa alegría que, por otra parte, no tengo.
Algo dentro de mí se rompió en pedazos con su primer sollozo. Ahora ha abierto una herida, que sangra y sangra con cada gota que se escapa del mar de sus ojos.
Al día siguiente, rezo porque los minutos se conviertan en horas. Pero el momento fatal llega, y suena el timbre del recreo. Intento retrasarme, pero el profesor de matemáticas me obliga a salir. Allí encuentro un cuadro que no esperaba, a Mery con su mejor sonrisa, y detrás a Anne y a Álvaro, también contentos. A su derecha, Juan sonríe y abraza a Mery. Esta vez, me alegro realmente por ellos.
- Queríamos decirte que...aceptamos tus disculpas, y te ofrecemos las nuestras.- Anne me abraza con timidez, y a ella se unen Mery y Álvaro, incluso Juan, entre carcajadas.
De pronto, el rostro del moreno ojiverde cambia radicalmente. Su mirada se endurece, y su mandíbula y puños se aprietan.
Una figura se mueve rápidamente a través del pasillo, corriendo sobre unas piernas delgadas y largas, y mis ojos alcanzan a intuir una mancha azul y blanca. Es James, que me abraza con tal ímpetu que está a punto de tirarme al suelo.
- ¡Nǚshén!- el apodo chino que me había puesto me arrancó una sonrisa. Significaba diosa. Yo estudiaba en una academia china, y él, en un hermoso detalle, había buscado la palabra y se la había aprendido. Mery, Anne, Álvaro y Juan, el cual miraba con odio a James, se miraron entre sí, extrañados.
- Wǒ tiānshǐ.-repasé mentalmente todo lo que sabía del oriental idioma, y encontré unas palabras perfectas. Mi ángel. Ellos se miraron de nuevo, más extrañados aún, y todos excepto Juan esbozaron una sonrisa divertida.
- ¿Te pasa algo, Juan?- el suave tono de voz de James adquirió un tono más agudo, tintado de odio. Yo no me había dado cuenta, pero el novio de Mery disimulaba, sin mucho éxito, la risa a causa de la entrada triunfal de James.
- No me pasa nada, Grapevine. ¿O debería llamarte "Fumanchú"?- el tono del voz del joven tembló, y por fin se quebró en una carcajada burlona. Aún sin parar de reír, me miró y me dijo: <<No va por ti, Lau. Tú me caes bien.>> En ese momento, sentí ganas de escupirle en la cara. Hasta el momento, Juan me había caído bien, pero cuando dijo eso, me dio tanto asco que quise matarle.
James le ignora, y me marcho junto a él.
De pronto, me hallo tratando de salir de unos pensamientos obsesivos. No me detengo a calibrar que quzá, y sólo quizá, me esté convirtiendo en una sombra de James, recordando sin parar su rostro, sus gestos, sus ojos.
Y si me hubiera parado un momento a pensarlo, quizá no estaría aquí.
Pero lo que quiero es seguir junto a él, pase lo que pase.
No me importa lo que tenga que hacer.
No me importa a quién tenga que dejar de lado.
Y ahora comprendo...comprendo y me asusta. Comprendo que sería capaz de morir. De matar, por él.
Tengo miedo, pero estoy sola. Me acompaña James, pero ahora, ahora incluso él me inspira temor. Con su perfección absoluta...
Temo convertirme en una cáscara que sólo siga sus pasos. Sin cerebro, sin corazón. Ya, sin salvación.
Esos ojos azules, hipnóticos, me envuelven y acarician. No puedo deshacerme de ese abrazo, o quizá no quiero.
Su voz me adormece, y su tacto se ha convertido en algo necesario. Trato de salir de este círculo, pero sus dulces ataduras sin fronteran me limitan sin realmente limitarme.
Él dijo que podría marcharme, que no me obligaría nunca.
Pero ya lo está haciendo, porque ahora se ha vuelto necesario. Imprescindible y vital.
Cierro los ojos, y me abandono una vez más.
Acallo esa voz, lo único racional que me queda, y escucho esa música maravillosa en que se convierte mi nombre en sus labios.
Ya no me importa.
Sólo quiero permanecer a su lado, pase lo que pase.
Haré lo que haga falta.