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Historia 50120 — capítulo 8
¿Quién gobierna al corazón y a la mente?
Alex se frotaba las manos con bastante afán, la calefacción del auto no funcionaba y ella últimamente sentía al frío colarse por sus huesos.
Miró hacia un lado a través del vidrio; y su mente dio un vuelco. Un muchacho salía del supermercado, era el del sueño; el que dormía y ella no podía rescatar.
Quiso pedirle a Lukas que detuviera el auto, pero no tenía excusa; ¿qué le iba a decir? ¿Qué había soñado con aquel muchacho y necesitaba saber quién era?; bueno esa segunda pregunta parecía lógica, pero para cuando lo hubo pensado, ya Lukas estaba estacionando el auto frente a la casa de la abogada.
-Soy lenta- murmuró la chica en el auto
-Eso nadie lo duda- dijo divertido Lukas, mientras se bajaba del auto- y si no quieres que te haga bajada de los pelos; baja ya- ordenó
-No me grites- dijo la chica saliendo del auto.
Lukas tocó la puerta tal y como lo había hecho horas antes, cuando el sol aún brillaba; pero esta vez no fue una adolescente la que le abrió, sino una mujer madura de cabello rojo y ojos azules.
-¿Se les ofrece algo?- preguntó la mujer
-Estuvimos por acá en la mañana; su hija dijo que podíamos venir en la noche- respondió Lukas
-Claro, Adriana me comentó, pasen adelante
Amablemente les ofreció que tomaran asiento en un sofá de doble butaca. Lukas empezó comentándole que habían sido enviados por su padre, que al parecer la conocía con antelación.
Alex por su parte parecía más concentrada en al casa, que en la plática. Era pequeña, de color celeste con blanco, dos pisos y resaltaba un estante donde lucían fotos de la abogada y su hija.
-Disculpe, ¿es madre soltera?- inquirió curiosa Alex; mientras Lukas se sonrojaba por la pregunta de su amiga
-¿Cómo lo supo?
-Sólo aparecen ustedes dos en las fotos- contestó la ojimiel señalando el estante
-El padre de Adriana es responsable económicamente; pero nunca ha sido un ejemplo fraternal a seguir, yo me tengo que encargar de la educación de mi niña
-Apuesto a que lo ha hecho bien- comentó Lukas
-Eso espero, aunque es imposible decir que se parece muchísimo a su padre
Alex le sonrió a la chica que venía saliendo de la cocina. Tenía el cabello algo lacio y castaño oscuro, ojos achinados y oscuros; pero con la piel blanca como su madre.
-Ma… estaré en mi cuarto
-Claro- le contestó la mujer mientras a la chica subía las gradas- ¿y que los ha traído acá?
-El auto…- murmuró entre dientes Alex, cosa que sólo Lukas escuchó, y por lo que le pegó suavemente con el codo
El muchacho empezó a contar todos los pormenores del asunto; a lo que Alex sólo prestaba atención, y respondía de vez en cuando que la abogada le preguntaba directamente a ella.
Por otra parte, Ariunne miraba graciosa la escena del restaurante; Ariel atendía más complaciente que nunca a aquella chica.
Entró sigilosamente, descubriéndose la cabeza que llevaba abrigada por el gorro del abrigo; y le sonrió burlonamente a su amigo, que inmediatamente adoptó un tono carmesí en sus mejillas.
Él podía hacer cualquier cosa, excepto disimular cuando se trataba de aquella chica. Para Ariunne; no era extraño que Danna, como bien sabia se llamaba, fuera al Terra Nostra los miércoles; ya ella había estado un par de ellos en el lugar y la había visto. Lo raro era que no se escuchara ni a Alex, ni a Lukas molestar a su amigo desde la cocina.
Miró a su amigo, que el sonreía divertidamente a la única visitante del local; a parte de ella, y cuando él descubrió su mirada, le devolvió una de aprobación. La psicóloga ya se lograba sentir como en casa, y con el permiso de Ariel, entró a la cocina; donde solamente quedaba aquella mujer de ojos rasgados y en cierta forma obesa; que se ocupaba de la cocina junto a Lukas.
-Lukas y Alex han salido, y Ariel está muy atento atendiendo a la única cliente que queda
-Lo noto- respondió Ariunne, sentándose en el banco que Alex mantenía en aquella parte del restaurante
-¿Desea comer algo, señorita Ariunne?
-Sólo Ariunne por favor; y creo que estoy llena gracias.
La chica podía observar desde donde estaba al par de afuera. ¿Cómo era posible que Alex y Lukas se ausentaran en ese momento?, bueno ella tendría el deber de molestar el triple al moreno.
Alex ya alucinaba cosas, buscaba como cambiar de tema. Las puntas de su cabello se habían vuelto aburridas después de un tiempo, ya los dedos le dolían de tanto morderse las uñas; y una pregunta desvergonzada no la dejaba concentrarse.
-¿Es latina?- soltó la castaña, mientras Lukas se enrojecía de pena
-Sí- respondió la abogada
-¿De qué país?
-Costa Rica ¿lo han escuchado?
-Sí- respondieron ambos a la vez
-Pero vivo desde hace bastante en Inglaterra; fue aquí donde saqué mi maestría y donde nació mi hija… sin embargo amo a Costa Rica, es imposible no hacerlo
Paola volvió a hablar de los aspectos legales que se podían tomar frente a aquellos hostigadores; a Alex le llamó la atención cuando dijo que no era el primer caso, aunque para ella era el único.
Sarah acomodaba en la estantería del apartamento las compras que Leah y Valentina acababan de hacer en compañía de André.
El muchacho la miraba, ella era realmente independiente no le gustaba que nadie le ayudara; buen a excepción de Nicolás… pero como ella decía: esos temas no se tocan.
Val lo abrazó por detrás; tan fuerte que lo dejó casi sin aire.
-Me asfixias
-Perdón amore mío- respondió la chica soltándolo
-No te preocupes, amore
-¿No se enojaría tu novio al escuchar eso?- preguntó Sarah colocando una ultima caja en el estante
-Sabe que André y yo somos amantes en secreto- contestó la más bajita entre risas
-Muchachas, les quiero agradecer todo…- André estaba dubitativo y con las cabeza entre las manos- ustedes son como mis hermanas
-Tú tienes tus propias hermanas- le dijo Leah, acariciándole el rostro infantil
-Pero las perdí a ambas
Las tres chicas se miraron con nostalgia; aquel muchacho les hacia salir sus instintos maternales; y verlo así, las dañaba.
-Estuve hablando con Julián ayer en la noche; me contó sobre el encuentro que tuvieron con Alex- agregó el chico con el semblante cambiado
-No parecen ser tan malos- comentó Val, recibiendo la afirmación de Leah
-Pero nadie como nosotras- agregó Sarah
-Temo por Julián, últimamente dice que todo lo que pasó fue su culpa; desde el accidente hasta el hecho de que Alex esté con ese par
-En cierta manera lo es- dijo Sarah con desprecio en la voz- él le hizo mucho daño a ella
-No digas eso- Leah parecía molesta con el comentario de su amiga- lo que pasó no es su culpa
-¿Te refieres al accidente y lo que le siguió; o a que ella sufriera como loca por él cuando estaba con nosotras?- preguntó Sarah, eso parecía una batalla de ella contra todos
-Eso no fue tan, así como lo dices- aclaró Val, ante la mirada de incredulidad de André
-A ver, a que se refieren; ¿por qué Julián hizo sufrir a Alexandra?... ¡Digan!- gritó el muchacho golpeando con los puños la mesa a la que se encontraba sentado
-Fue una torpeza de niños, ocurrió cuando entramos a la universidad- terminó de decir Leah, mirando con recelo a Sarah, que bufaba encolerizada
-Por favor, necesito saber que pasó; por más infantil que fuera si ella lloró yo lo debo saber- soltó el muchacho en una súplica
La abogada fue realmente amable al recibirlos, siendo la primera vez que les veía y sin referencias. Tal fue su amabilidad que decidieron volver a verse dentro de tres días para ver que decidía hacer Alex con su problema.
El problema realmente no era cerciorarse de tomar la decisión correcta; el problema es que dentro de ella se gestara una batalla a muerte, entre sus pensamientos.
Estaba segura de que se hallaba tan loca como aquel par de locos trastornados que solo deseaban ayudarle; pero analizando las palabras que a los que ella llamaba desconocidos, le habían dicho; eran realmente ellos los extraños.
Ariel y Lukas habían sido las mejores personas que pudiese haber conocido; o al menos en lo que recordaba. Sin embargo, si habían otros buscándola era por algo, no se iban a encaprichar con una desconocida que había salido del hospital sin memoria; y que por cosas de la vida habían visto pasar por alguna calle.
Necesitaba saber quiénes eran aquellas personas; y tal vez así descubriría quien era ella.
-Ya llegamos- le dijo Lukas a Alex, ella no había notado que hace bastante tiempo el auto estaba guardado en el garaje.
-Lo siento, me desconecte
-Lo sé, se notaba en la manera en la que veías al vacio y no me respondías ninguna de mis preguntas
-Que preguntaste?
-Que si no había venido nada nuevo a tu mente en estos días
-Hay algo, pero prefiero decirlo cuando estén los dos; es muy agotador contar lo mismo varias veces
Lukas la tomó del brazo y la hizo halada hacia el local; estaba impaciente por saber que era lo que Alex había recordado. Sin embargo no se esperaban la escena que encontraron.
Se suponía que Terra Nostra debería estar cerrado, mas en una mesa dentro del restaurante; un chico moreno, una chica de cabello largo y ondulado, y otra que reconocían como Danna; platicaban gustosamente.
Lukas tocio con poco disimulo desde el mostrador, captando de inmediato la atención de los tres. Ariel sintió sus mejillas enrojecerse al igual que Danna; en su lugar Ariunne, como no era muy común en ella; rió al ver la reacción del moreno.
-Disculpen la interrupción, era solo para que supieran que ya no estaban solos- dijo Lukas de una manera sumamente educada
-Por aquello de que pensaran hacer un trío- le susurro Alex en son de burla, ganándose las risas algo disimuladas del dueño del lugar
-Perdón por el atrevimiento- profirió Ariel, acercándose al par- es que la plática estaba sumamente interesante y…- las palabras se le acababan
-No hay problema, es tu casa también; se podía decir que es la casa de los tres- le contesto su amigo, guiñándole un ojo a penas lo tuvo al frente- sin embargo es de mala educación mantener a las visitas en el restaurante y no en la casa
-No se preocupen- comento la única chica que se sentía como intrusa allí- yo ya me iba
-No- dijo Ariel, con poco disimulo, volviéndose inmediatamente; mientras Alex a sus espaldas intentaba no ahogarse de la risa- a Lukas no le preocupa, más bien déjame presentarlos- los tres empezaron a caminar con dirección a la mesa- él es mi mejor amigo, Lukas Pietro- comento señalando al aludido
-Un placer- Lukas le sonrió a la joven; tan seductoramente como solía hacerlo siempre
-El placer es mío
-Ella; es la olvidadiza, Alexandra Muller
-Alex- respondió la chica
-Yo soy Danna; y lamento si incomodo
-Al contrario- contesto Ariel, sintiendo de nuevo la risa ahogada de Alex en su hombro
-No incomodas para nada; eres una de la mejores clientas que tengo- comento Lukas sentándose en una silla.
-Bien, se nota que a mí nadie me va a presentar- se quejo la psicóloga que hasta ese momento solo había actuado de espectadora
-Llevas aquí bastante rato; y hace tiempo te presenté- alegó Ariel alzando los brazos
-Quiero que me presenten
-Ella es Ariunne, y está más loca que una cabra; aun así dice ser psicóloga- comento Alex, ganándose una patada suave por parte de la aludida e inmediatamente todos empezaron a reír.
Julián sentía que su cabeza le iba a explotar; André había llegado hace poco y de muy mal humor, era mejor dejarlo descansar.
Él, por su parte, se había pasado gran rato de la tarde discutiendo con la mujer más detestable que conocía.
Lo malo de trabajar en la compañía de electromecánica de los Evans; era que tenía que tratar con ella lo quisiese o no. Isobel Evans; era una mujer calculadora y de muy pocos sentimientos, no confiaba en nadie más que no fuera ella, aun ponía en tela de duda la elección de su difunto hijo para elegir a Julián en el puesto de administrador.
Sintió una fuerte punzada en el estomago al recordar a James, era un buen hombre aunque los Muller no lo aceptaran mucho, por la fama que arrastraba su madre y un pasado algo aterrador entre ambas familias. Poco antes de la muerte de James y Cristhine; Alex le había comentado como su padre intento desprestigiar a su cuñado, antes de la boda, con la intención de que su hija mayor se desencantara del hombre y acabaran allí todos sus planes.
Debía admitirlo, el señor Muller, sabia jugar sucio cuando lo necesitaba. Si le era necesario para alcanzar sus planes; podía hasta hacer sufrir a sus hijossin sentir remordimiento alguno. Gran parte de la vida de Alex había trascurrido en ese lecho doloroso que construía su padre con solo un par de palabras.
Se acostó en su cama, solamente en bóxers; quería cierta compañía y sabía que no la podía tener. El maldito dolor aumentaba, y los analgésicos parecían haberse hecho en su contra.
-Alex…- murmuró pasándose las manos por el rostro con dolor- de haber sabido lo que me harías pasar… no creí que me llegaras a odiar tanto!- gritó- no es tu culpa, es la mía; todo es mi culpa, el ser tan ciego y tan tonto- la furia por algún momento de su pasado se acumuló dentro de él
Escuchó como alguien tocaba la puerta de su recamara, no podía ser otro más que André. Abrió con lentitud.
-¿Estás bien?- pregunto el menor con la mirada gacha
-Creo
-Pues ella no lo está, y todo es tu maldita culpa; cobarde desgraciado- el castaño soltó un golpe con el puño cerrado que impactó directamente la mejilla derecha de su compañero
-¿Qué te pasa?- pregunto el ofendido
-Me pasa que haré que pagues todo lo que le has hecho sufrir
El mayor y más alto de los dos, se limpio una gota de sangre que salía de su nariz. Se volteó con intención de cerrar su habitación, y de improviso girándose le pegó a André de la misma manera que él antes lo había hecho.
-No hables si no sabes- le gritó Julián
-Lo sé todo, por más que Leah y Val intentaron protegerte; Sarah me conto todos los detalles
-Lo que pasó no fue mi intención, ¿quién gobierna al corazón y a la mente?