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Historia 50131 — capítulo 4
Capítulo 4. La vida en hogwarts.
Al día siguiente Harry apenas atinó a levantarse, igual que neville. Salieron corriendo y bajaron a la sala común, para encontrarse con una Aquila somnolienta, una chris muy disgustada y una Astrid algo ojerosa.
-buenos días. -saludó neville. Harry simplemente movió la cabeza, aún medio dormido.
-b-buenos di-días… -murmuró Aquila bostezando.
-si, buenos días -mascullaron las otras dos, de mal talante.
-ey, tranquilas chicas ¿Por qué ese humor? -interrogó Harry sonriendo divertido.
Ellas simplemente refunfuñaron algo inentendible y salieron de la sala común, siendo seguidas por los chicos.
Ya en el gran comedor, la prefecta les entregó los horarios.
Harry ojeó su horario y fijó la vista en la alta mesa de profesores.
McGonagall conversaba con un profesor de piel cetrina, ojos negros, fríos y desdeñosos y cabello negro muy grasiento.
En la silla alta, dumbledore hablaba con dos profesoras jóvenes que percy weasley nombró como batseba babblin y séptima vector, profesoras de runas antiguas y aritmancia; hagrid, el guardabosques, conversaba con un profesor bastante anciano y una profesora joven, de unos 30 años más o menos. El enano profesor de encantamientos y la bonachona y estricta profesora de herbología mantenían una animada charla en la cuál de vez en cuando, participaba la profesora de estudios muggles y el tartamudo profesor quirrell. A mitad del desayuno, por los enormes ventanales del gran salón, entraron cientos de lechuzas dirigiéndose a sus destinatarios.
Algunas llevaban cartas y otras, paquetes.
Harry no recibió ninguna, a diferencia de neville, que recibió de su abuela varias cosas que se había olvidado, y una recordadora la cuál hizo sentir a neville muy avergonzado.
También iris recibió algo. Frente a ella se posó una lechuza negra de extraños ojos rojos y dejó caer un paquete con una nota, que iris leyó con manos temblorosas. A continuación, se levantó repentinamente y con la nota y el paquete sujetos bajo el brazo, salió corriendo a toda velocidad.
Todos se preocuparon y salieron a buscarla. Tras un rato la encontraron agazapada en una esquina solitaria de un pasillo, abrazando sus rodillas y llorando silenciosamente:
-¿Qué te pasa iris? -preguntó Christine alarmada.
-no… no...-dijo ella en un susurro aterrado.
-tranquila, iris, no te vamos a forzar a que digas que te ocurre. Cuando estés preparada lo harás, no antes. -habló Harry tranquilizadoramente.
-y ahora… vamos a clases o… ¡Merlín llegamos tarde! -comenzó Aquila, pero acabó en un grito de alarma y todos corrieron veloces hasta el aula de transformaciones.
Al entrar respiraron aliviados al ver que no estaba la profesora y que eran pocos los alumnos que habían llegado ya. Entonces repararon en una gata atigrada sobre la mesa, que los miraba muy rígida.
-¡vaya! ¡Es una gatita! ¿a que es linda? -dijo Astrid muy excitada-. Se parece tanto a serena… -terminó haciendo mención a su gata negra.
-espera, espera, un momento ¿te has preguntado acaso si es macho o hembra? -preguntó Aquila riendo levemente.
-bueno… es verdad pero… espera, podemos mirarlo. -dijo acercándose a la gata.
-¡no! Espera ahí Astrid, eso no es un gato corriente. -interrumpió súbitamente Harry.
-¿a que te refieres Harry? -qiso saber Christine, estrechando los ojos y mirando al gato desde todos los ángulos posibles, como si fuera sumamente peligroso o altamente explosivo.
-¿habeis visto esos círculos en los ojos? No parecen normales… son como… ¿gafas? -de pronto Harry sacó su varita y apuntó a la gata-. Y, si es cierto lo que pude leer en el libro que encontré en aquella sala anoche, este gato es un animago. -dijo Harry, alerta-. Y también deduzco que, de ser quien creo que es, sinceramente no le agradará mucho que nos pongamos a averiguar si es macho o hembra ¿estoy en lo cierto? -terminó mirando inquisitivamente al gato.
El gato se transformó repentinamente en la profesora mcGonagall que miró a Harry asombrada. -si sr. l…potter, está en lo cierto, no me agradaría. Si, soy una animaga, y para su información, soy gata. -dijo-. Ah, si, 20 puntos para gryffindor! Y por su bien no vuelva a llegar tarde.
Harry sonrió.
En esa clase la profesora les enseñó como transfigurar una cerilla en aguja y al revés. Fue una clase entretenida, aunque fueron pocos quienes lograron realizar las transformaciones con éxito, entre ellos Harry.
Tras esa clase, fueron a pociones, una clase que Harry aprendería a amar, obviando cierto detalle, un profesor de nariz ganchuda, pelo grasiento, fríos ojos negros y sonrisa maliciosa.
Al llegar a las mazmorras, el profesor severus snape comenzó a pasar lista. Se detuvo en el nombre de Harry, y escupió con veneno impregnado en su voz: —Ah, sí —murmuró—. Harry Potter. Nuestra nueva... celebridad. Draco Malfoy y sus amigos Crabbe y Goyle rieron tapándose la boca. Snape terminó de pasar lista y miró a la clase. Sus ojos eran tan negros como los de Hagrid, pero no tenían nada de su calidez. Eran fríos y vacíos y hacían pensar en túneles oscuros. —Vosotros estáis aquí para aprender la sutil ciencia y el arte exacto de hacer pociones —comenzó. Hablaba casi en un susurro, pero se le entendía todo. Como la profesora McGonagall, Snape tenía el don de mantener a la clase en silencio, sin ningún esfuerzo—. Aquí habrá muy poco de estúpidos movimientos de varita y muchos de vosotros dudaréis que esto sea magia. No espero que lleguéis a entender la belleza de un caldero hirviendo suavemente, con sus vapores relucientes, el delicado poder de los líquidos que se deslizan a través de las venas humanas, hechizando la mente, engañando los sentidos... Puedo enseñaros cómo embotellar la fama, preparar la gloria, hasta detener la muerte... si sois algo más que los alcornoques a los que habitualmente tengo que enseñar. El grupo de chicos sonrió e intercambiaron miradas cómplices. Pero esto a snape no le pasó desapercibido, no señor.
—¡Potter! —dijo de pronto Snape—. ¿Qué obtendré si añado polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo? Asfódelo y ajenjo producen una infusión muy fuerte para dormir, denominada filtro de muertos en vida.
Snape frunció el ceño.
-¿Dónde buscarías si te digo que me encuentres un bezoar? En el estómago de una cabra, señor. Se utiliza para curar la mayoría de los venenos. -dijo con confianza.
En el rostro de snape había una mueca terrible.
-¿y cuál es la diferencia entre acónito y luparia?
-ninguna, señor. Son la misma planta.
Durante el pequeño interrogatorio, el resto de los chicos se había estado mirando divertidos. Hermione granger había permanecido con la mano alzada todo el rato, insistentemente. Finalmente había optado por bajar la mano, decepcionada, y acomodarse en su asiento. -un punto para gryfindor! -dijo con sarcasmo.
Los gryffindors lo miraron mal ante aquello.
Snape hizo un giro de varita y en la pizarra apareció la poción a realizar. Harry y Astrid cruzaron una mirada. Ella había permanecido muy nerviosa desde que entró a la clase y no le había quitado los ojos de encima al profesor.
Caminaron juntos, ella cogida del brazo de Harry, un poco más atrás, sin apenas darse cuenta. Todos los miraban extrañados, aunque los chicos se imaginaban algo.
Snape fue a decir algo, pero se quedó mirando fijamente a la chica mientras avanzaban al frente y se sentaban.
Ella le hizo señas a Harry para que la mirara y sus labios se movieron casi imperceptiblemente, solo Harry pudo leer lo que quiso decir.
Se levantó y fue al armario a por los ingredientes. De mientras, la chica preparaba el fuego y ponía agua a calentar.
Cuando el moreno volvió con los ingredientes, ella empezó a pesarlos, medirlos y cortarlos con precisión y el chico los iba añadiendo a la poción. Su compenetración era perfecta. Snape se asombró ante esto. De mientras, aquila ayudaba a neville con la poción, pues al chico se le daban realmente mal con la presencia de snape a su alrededor.
Al finalizar la clase, varios calderos habían explotado. Harry se apresuró a dejar la muestra de la poción sobre la mesa de snape y salir velozmente, siguiendo los acelerados pasos de Astrid. La semana pasó sin muchos contratiempos y los profesores estaban encantados con Harry y sus amigos. En las tardes, tras estudiar y hacer deberes en la biblioteca, a ellos les gustaba pasar un rato agradable en la sala común, entre ajedrez mágico, gopstones, naipes explosivos, charlas y risas.
Y que aprovecharan mientras pudieran… porque todo se complicaría pronto, y de que manera.