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Historia 50131 — capítulo 5
Capítulo 5: el perro de tres cabezas. Al final de la semana, los chicos encontraron un detalle sumamente interesante. Un asalto al banco gringots. Muy curioso, porque el intento de robo había sido a la cámara de la cuál hagrid sacó el paquetito extraño y mugroso.
Nada más salir de la cabaña del guardabosques, Harry se los hizo saber en susurros apresurados mientras volvían al castillo para la cena.
-¿estás seguro de lo que dices Harry? -preguntó iris nerviosísima-. Si es así… -continuó pausando unos momentos-. -si es así… puede ser que haya algo grande detrás de todo esto -terminó con una mueca.
Aquila lo miró a los ojos. Después miró a su hermano neville, como diciéndole algo que este entendió, y Aquila pronunció, segura:
-te creemos Harry, al menos nev y yo. Algo de todo esto me da una muy mala espina.
-¿creeis que tendremos que meter nuestras lindas manos en el asunto? -intervino Christine, expectante.
-pienso que si -habló Astrid por primera vez en todo el trayecto.
-no sé porque... pero me da la sensación de que si que habrá que meterlas, sea nuestra intención o no. ¿y sabeis? Sinceramente ya no me sorprende. -concluyó Harry y un profundo silencio los rodeó mientras llegaban a las puertas del gran comedor. Al llegar se miraron con intensidad, y sus rostros serios cambiaron como por arte de magia a amplias sonrisas antes de entrar con paso alegre y veloz y sentarse a la mesa, para empezar a comer desenfrenadamente.
*** **** *** ****.
Harry, Aquila y Astrid contemplaban el tablón de anuncios en silencio. Acababan de ver el nuevo anuncio sobre el comienzo de las lecciones de vuelo.
Enseguida estuvieron de acuerdo, el único problema era que… ¡tenían que compartir con los slytherin! Y no, eso no tenía nada de agradable. —Perfecto —dijo en tono sombrío Harry—. Justo lo que siempre he deseado. Hacer el ridículo sobre una escoba delante de Malfoy. —No sabes aún si vas a hacer un papelón —dijo Astrid sonriéndole dulcemente. De todos modos, sé que Malfoy siempre habla de lo bueno que es en quidditch, pero seguro que es pura palabrería.
Y era verdad. A draco malfoy le encantaba alardear de haber escapado incluso de aviones muggles, pero sinceramente nadie le había creído una sola palabra, o al menos la gran mayoría. Llegó el día de las lecciones de vuelo. Se acercaron al terreno y observaron las escobas perfectamente alineadas en el suelo.
-¡buenos días profesora hooch! -saludaron con entusiasmo.
—Bueno ¿qué estáis esperando? —bramó—. Cada uno al lado de una escoba.
Harry miró su escoba. Era vieja y algunas de las ramitas de paja sobresalían en ángulos extraños. —Extended la mano derecha sobre la escoba —les indicó la señora Hooch— y decid «arriba». —¡ARRIBA! —gritaron todos. La escoba de Harry, junto a algunas otras, bastante pocas, se elevaron hasta sus manos. La escoba de hermione granger solo rodó por el suelo, mientras que Christine, Astrid y Aquila lograron al primer intento que sus escobas obedecieran. La de neville, sin embargo, apenas se elevó del suelo. La profesora se paseó entre los alumnos, corrigiendo las posturas, y Harry y los demás gryffindors no pudieron evitar reírse cuando le dijo a malfoy que lo había estado haciendo mal todos esos años. —Ahora, cuando haga sonar mi silbato, dais una fuerte patada —dijo la señora Hooch—. Mantened las escobas firmes, elevaos un metro o dos y luego bajad inclinándoos suavemente. Preparados... tres... dos... Neville, a pesar de la alarmada expresión de su hermana, aterrado, dio la patada algo antes y se elevó velozmente.
Su escoba se descontroló; 4, 6, 8, 10 metros… neville gritó junto a los demás y se precipitó de la escoba. -¡no! -¡neville no! -¡por favor ayuda! -¡señora hooch! -¡neville! -¡sujétate a la escoba neville no te sueltes! -gritaron todos.
¡bum! un ruido terrible, un golpe brutal.. y neville cayó al suelo inconsciente. La señora Hooch se inclinó sobre Neville, con el rostro tan blanco como el del chico. —La muñeca fracturada —la oyó murmurar Harry—. Vamos, muchacho... -lo tomó en brazos y, tras advertir al resto que no se atrevieran a tocar las escobas, se marchó hacia la enfermería.
Cuando se marcharon, la cosa se descontroló. Malfoy comenzó a burlarse de neville y entre el pasto encontró la recordadora que le mandó su abuela, por lo cuál la tomó y echó a volar, retando a Harry. Este, sin pensar, tomó la vieja escoba y se elevó en un vuelo veloz. Malfoy se daba aires de superioridad, y Harry no podía evitar realizar piruetas y más de una vez estuvo a punto de quitarle la recordadora a malfoy. Entre tanto, Aquila, Christine y Astrid se habían elevado velozmente en el aire y trataban de ayudar a Harry. Malfoy vio que podía perder, así que lanzó la esfera con todas sus fuerzas y bajó a tierra, siendo seguido por chris y Aquila, que le dio una sonora cachetada en el rostro, dejándoselo hinchado y haciéndolo caer al suelo estrepitosamente.
En tanto arriba Harry hacía lo imposible por coger la recordadora, que estaba a punto de chocar con la ventana del despacho de mcGonagall. Hizo una arriesgada maniobra y agarró la recordadora, aterrizando sobre la hierba con elegancia.
-gracias, respettado público -dijo graciosamente y con cierta sonrisa burlona… Sonrisa que desapareció al instante, al ver quien se acercaba.
mcGonagall.
-¡potter! Sígame -ordenó. Harry asintió y la siguió nervioso, ante las expresiones triunfantes de malfoy, crabbe y goile.
Se dirigieron a la clase de quinto, que estaban dando defensa con quirrell, y mcGonagall sacó de allí a un chico bastante guapo, de nombre Oliver Wood. De ahí en adelante lo que ocurrió fue muy confuso para Harry, solo supo que entraría como buscador al equipo de quidditch de gryffindor.
A la hora de la cena, fred y george weasley, golpeadores del equipo de quidditch, se acercaron a felicitarlo.
Justo cuando ambos gemelos se fueron, llegaron 3 personas más, pero esta vez indeseadas. —¿Comiendo la última cena, Potter? ¿Cuándo coges el tren para volver con los muggles? —Eres mucho más valiente ahora que has vuelto a tierra firme y tienes a tus«amiguitos» —dijo fríamente Harry. Por supuesto que en Crabbe y Goyle no había nada que justificara el diminutivo, pero como la Mesa Alta estaba llena de profesores, no podían hacer más que crujir los nudillos y mirarlo con el ceño fruncido. —Nos veremos cuando quieras —dijo Malfoy—. Esta noche, si quieres. Un duelo de magos. Sólo varitas, nada de contacto. ¿Qué pasa? Nunca has oído hablar de duelos de magos, ¿verdad? —Por supuesto que sí —dijo christine, interviniendo—. Yo soy su segunda. ¿Cuál es el tuyo? -quiso saber calmadamente. —Crabbe —respondió—. A medianoche, ¿de acuerdo? Nos encontraremos en el salón de los trofeos, nunca se cierra con llave. Cuando Malfoy se fue, Christine y Harry se miraron. —¿Qué es un duelo de magos? —preguntó Harry—. ¿Y qué quiere decir que seas mi segunda? -Un segundo es el que se hace cargo del combate si te mueres, según me informé. Pero tranquilo, estoy totalmente segura que no sucederá eso, lo máximo que podríais hacer el rubito y tu sería mandaros alguna lucecita inofensiva, sin ánimos de ofender, porque, por la cuenta que te trae, no mostrarás el entrenamiento al cuál nos estamos sometiendo todos -dijo y amenazó en un susurro. -si, si ya entendí chris -dijo cansinamente Harry.
-yo solo te recordaba -se defendió. -pienso que no deberías ir, Harry -aconsejó Astrid, y Aquila afirmó con la cabeza, preocupada. -no pasará nada, chicas, -dijo con convicción. -si tu lo dices......
**** *** *** ***.
Era de noche ya. Neville aún estaba en la enfermería, y sus compañeros de cuarto, ron weasley, seamus finigan y dean thomas, dormían en sus camas. Tras asegurarse de que así era, Harry se vistió con la túnica y salió de la habitación, bajando las escaleras en total y completo silencio.
Ya en las penumbras de la sala común lo esperaba Christine, con su pelo recogido en un apretado moño.
-bien, vamos. -dijo únicamente y salieron con sigilo.
Pero antes de salir, desde las sombras de la sala, se avalanzó una figura delgada pero femenina. -¡alto ahí, par de dos -soltó-. ¿acaso no pensaban llevarnos?
-¡astrid! No asustes así, por favor.
-está bien, está bien. Pero Merlín, creí que irían a avisarnos antes de nada... anda, vamos rápido, antes de que alguien más baje. -dijo e hizo señas a Aquila y a una muy nerviosa iris, para que se acercaran.
-no seremos muchos? Nos descubrirán -dijo harry -no si vamos con cuidado -acotó Christine resueltamente. -está bien. -dijo Harry y salieron finalmente de allí. Al salir observaron que la tela del retrato estaba vacía, lo que significaba que ya no tenían vuelta atrás.
Entonces oyeron una respiración. Se acercaron y vieron a neville medio dormido.
-¡chicos! Por fin encuentro a alguien, llevo un buen rato aquí, la señora gorda se marchó y no puedo entrar -dijo cabizbajo.
-estupendo, -farfulló Astrid con algo de sarcasmo.
-bueno, pues te vienes con nosotros -decidió Harry-. ¿Cómo vas con esa muñeca? -bien -contestó,enseñándosela. Madame pomfrey es una enfermera muy competente, me la curó al instante.
-y a todo esto ¿Qué haceis fuera de la cama? Y más importante, ¿fuera de la sala común? ¡es tardísimo! -yo te explico, nev -susurró Aquila y le comenzó a explicar mientras seguían avanzando.
Tuvieron suerte y no encontraron a nadie. Al fin, llegaron a la sala de los trofeos. Ni malfoy ni crabbe habían llegado aún, lo que les dio mala espina. -tal vez se acobardó -se burló Christine sin piedad-. -el pobre, temeroso de otro primer año… realmente patético, si. Digno hijito de papi y mami. En resumen, un niñito mimado y prepotente, pero cobarde, miedica y sin honor alguno en realidad. Todos asintieron totalmente deacuerdo, sonriendo levemente. De pronto, en la habitación de al lado, se oyeron una serie de ruidos y voces, y todos empuñaron sus varitas. Pero… no eran ni malfoy, ni crabbe, ni goile. —Olfatea por ahí, mi tesoro. Pueden estar escondidos en un rincón.
-¡es filch! Maldito seas, ¡malfoy! ¡vamos antes de que nos pillen! -jadeó Aquila en un susurro. Tomó a neville del brazo y corrió afuera, siendo seguida por Christine e Iris, y por Harry, que agarraba a Astrid. Corrieron velozmente, y se alinearon en fila, agarrados unos a otros, con Christine delante.
Ella les pidió que se agarraran al otro y que la agarraran a ella de donde pudieran, y no dijeran nada.
Y así lo hicieron.
Sin apenas tiempo a reaccionar, ella comenzó a correr a una velocidad sobrehumana, casi que volaban, pensaron. Evitó a duras penas el choque con una armadura y siguió su veloz carrera.
Finalmente llegaron cerca del aula de encantamientos, suficientemente lejos de la sala de trofeos.
-¡ese maldito malfoy! -bramó Aquila encolerizada. Nos las va a pagar, lo juro. No se le pasó por la cabeza asistir al duelo para nada. Solo avisó a filch para que con suerte nos cogieran. ah, pero la venganza sabe mucho mejor cuando se sirve en frío ¿no es cierto chicos? -dijo y medio preguntó, con una sonrisa entre demente y maniática.
Neville se estremeció casi imperceptiblemente, pero asintió al igual que el resto.
-bueno, mejor será que volvamos a la sala común, chicos -comentó iris que hasta entonces no había pronunciado palabra. -si, mejor será. -asintieron.
Pero peeves apareció, y Christine solo atinó a golpearlo, lo cual fue un gran error. -¡cállate! -gritó, desesperada, agarrándose la cabeza ante el grito de alarma del poltergeist.
-¡corre chris! -gritó Harry. Y christine hizo lo propio, y corrió.
Pero se toparon con una puerta… cerrada.
-¡alohomora! -exclamó aceleradamente, agitando la varita y abrió la puerta. Entraron velozmente. Jadearon ruidosamente y pegaron el oído, todos excepto Christine, la cual se mantuvo silenciosa.
Peeves no los delató, pero neville e iris gritaron con terror al ver lo que había en la habitación. Estaban mirando directamente a los ojos de un perro monstruoso, un perro que llenaba todo el espacio entre el suelo y el techo. Tenía tres cabezas, seis ojos enloquecidos, tres narices que olfateaban en dirección a ellos y tres bocas chorreando saliva entre los amarillentos colmillos.. Retrocedieron y abrieron la puerta. Corrieron de allí, volviendo a cerrar, y no pararon de correr hasta llegar al retrato de la dama gorda. Entraron respirando dificultosamente y se desplomaron en los sillones.
-v-visteis lo que había bajo el perro? -tartamudeó entonces iris, blanca como la cera.
-no, no estábamos como para mirar debajo del perro, iris -contestó Aquila con cierta ironía-. ¿Por qué? -e-estaba encima de una trampilla, vigilaba algo. -¡ajá! Ahora recuerdo… gringots es el lugar más seguro… excepto, tal vez, hogwarts. -dijo acordándose de las palabras de hagrid-. Creo que ya sé donde está el misterioso paquetito que sacó de gringots.
Al final, se durmieron todos en la sala común, sonrientes ante la cara de malfoy al día siguiente.