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Trampa de Seducción — capítulo 12

―Señora Malfoy, necesito hablar con usted.

Harry sentía los latidos de su corazón en las sienes. Lo que fuera que tenía con Hermione estaba a punto de terminar.

―¿Se acuerda de mí?

―Sí, eres Ginevra ―replicó Hermione con cierta desconfianza. La pelirroja sonrió.

―Hay algo que quería decirle… ―Harry, derrotado, agachó la cabeza, e incluso se echó hacia atrás un paso. Apretó los dientes y cerró los ojos esperando el golpe. Ginny había asistido a su reacción completamente estupefacta, nunca lo había visto así antes. Su gesto no transmitía rabia por perder un negocio, sino auténtica desesperación por perder algo mucho más valioso.

―Sí, dime… ―dijo Hermione ante el silencio repentino de Ginny.

―Sólo quería pedirle disculpas… por la escenita que le monté el otro día ―Hermione la miró alzando las cejas. Eso sí que no se lo esperaba―. Fue una chiquillada, le ruego que no me lo tenga en cuenta.

―Claro, no te preocupes, fue una tontería, está olvidada. ―Sonrió con amabilidad y Ginny sintió una mezcla de celos y tristeza en su corazón.

―Gracias. Y ahora debo irme que mis padres me echarán de menos en el restaurante ―exclamó sacando la lengua como una niña―, adiós señora Malfoy, adiós Harry.

Avanzó varios pasos hasta llegar a su altura y lo besó en la mejilla. El moreno todavía no era capaz de reaccionar ante lo que había pasado delante de sus narices. Finalmente, Ginny no lo había traicionado. Seguía siendo el secretario de Hermione. A los pocos instantes pudo moverse de nuevo con libertad y siguió a Ginny dejando atrás a su jefa.

―Ginny, espera… ―rogó el moreno en voz muy baja cogiéndola de la muñeca.

―Déjame Harry… ―Ginny se liberó de su agarre y en el vaivén, él pudo ver sus ojos húmedos― No quiero hablar contigo.

Harry la dejó ir y observó como se metía en uno de los ascensores del vestíbulo. Hermione caminó hasta él.

―Tu amiga es buena chica.

―Sí, lo es… ―añadió con los ojos todavía fijos en las puertas metálicas del ascensor.


Alguien tocó a la puerta del despacho. Hermione permitió la entrada y Cormac McLaggen apareció en el hueco. Harry se volvió hacia él para mirar al recién llegado.

―¡Cormac!, ¿qué haces aquí?―exclamó sorprendida.

―¡Buenas tardes Hermione!, tengo una sorpresa para ti ―Cuando estaba a un par de metros de la mesa, advirtió por primera vez la presencia de alguien más en el despacho y dirigió su mirada verdosa a Harry, que no le había quitado la suya de encima desde que lo había visto en la puerta―. Perdón, no sabía que estabas reunida.

―No te preocupes. Es Harry Potter, mi secretario. ―Ambos se dieron la mano sin demasiado entusiasmo. A Cormac le resultó extraño que Hermione tuviese a un hombre tan joven y apuesto como secretario, y a Harry le molestó la suspicacia con que el rubio lo miraba.

―Bueno, como te iba diciendo… tengo algo que te va a encantar.

―Dímelo ya Cormac, no me tengas en ascuas ―dijo riendo. Harry se irritó un poco al verla tan emocionada por el rubio.

―Mira… ―Se sacó dos trozos de papel del bolsillo y los mostró triunfante― Conseguí dos pases para la conferencia que da Frank Gehry esta tarde.

―¿En serio? ―Sus ojos se habían abierto más de lo normal. Harry seguía irritado, mirándolos a uno y otro alternativamente.

―Como me contaste que no habías podido conseguir ninguna, me puse a mover hilos y aquí las tienes.

―Muchas gracias Cormac, pero… no voy a poder ir, Draco se fue de viaje de negocios y Mary tiene la tarde libre, tengo que quedarme en casa con Scorpius ―manifestó abatida.

―Oh vaya… ¿y no puedes dejarlo con otra persona? Esta conferencia es algo insólito, no se repetirá fácilmente.

―Lo sé Cormac, y me encantaría ir, pero no tengo con quien dejarlo.

―¿Y sus abuelos?

―Están fuera, visitando unas propiedades que tienen en el campo.

―Qué lástima ―El entusiasmo de Cormac se evaporó―, me habría encantado ir contigo a la conferencia, como en los viejos tiempos.

Harry se irritó todavía más, no tenía ni idea de quien era ese tipo que parecía encantado con ir a conferencias con Hermione y al parecer, ya lo había hecho antes. Entonces contempló a su jefa, y se dio cuenta de lo mucho que deseaba asistir a aquella dichosa charla de no sé quien.

―Hermione…

―¿Sí Harry?

―¿Por qué no vas a esa conferencia?, yo podría quedarme con Scorpius.

―¿Tú?, pero es que mi hijo casi no te conoce…

―Creo que nos caímos bien cuando nos presentaste, no te preocupes, se me dan bien los niños. ―Le guiñó un ojo.

―¿En serio?, ¿harías eso por mí? ―preguntó emocionada.

―Pues claro "eso y mucho más".

Hermione y Cormac se subieron en el coche de la castaña y se dirigieron hacia la casa de los Malfoy en el barrio de Belgravia, Harry los seguía en su mini. Todavía trataba de sacarse de la cabeza la imagen de Cormac abrazando de la cintura a su jefa justo antes de entrar al vehículo. ¿Por qué demonios se tomaba tantas confianzas con ella?, ¿acaso la pretendía? Quizá Draco Malfoy no se había dado cuenta o no le importaba, pero Harry tenía un sexto sentido para eso, y no le cabía duda de que a ese hombre le gustaba Hermione.

Cormac rozó la mejilla de la castaña mientras ella sonreía y salía del coche para acercarse al de Harry.

―Harry vamos… ―Su secretario no se dio por aludido. Tenía los ojos clavados en el rubio― ¡Harry!, ¿qué te pasa?

―¿De qué conoces a McLaggen? ―Se le escapó. Sus celos pudieron más que su sensatez. Y eso era mucho viniendo de él. Hasta ese momento, eran siempre las mujeres las que sufrían celos por él, no al revés. Casi ni se reconocía.

―Es un amigo de la universidad, de hecho, el mejor amigo que tuve allí, ¿por qué? ―preguntó extrañada.

―Por nada… simple curiosidad.

―Bueno, vamos dentro y así le explico a mi hijo que hoy te quedas tú con él.

Harry asintió y siguió a Hermione hasta el interior de su lujosa vivienda. Lo único que conocía de ella era el camino hasta la habitación principal, pero prefirió no recrear aquellos momentos en su mente.

―¡Mami, mami! ―El pequeño rubio corría pasillo adelante en dirección a Hermione que lo recibió con un cariñoso abrazo.

―¡Hola cielo!, ¿qué tal el cole?

―Bien pero… me han puesto deberes para el lunes jo ―informó con una mueca que hizo sonreír a Harry―, ¿me ayudarás con los deberes?

―Claro Scor, pero tendrá que ser mañana. Ahora tengo que irme a una conferencia muy importante ―Mary se incomodó, estaba segura de que libraba ese día―. Tranquila Mary, puedes marcharte ―afirmó con una sonrisa.

―Pero señora…

―Harry se quedará con Scor en mi ausencia. ―El moreno avanzó unos pasos hacia ellos.

―Muy bien señora Malfoy, entonces me marcho ya.

―Pásalo bien Mary. ―La mujer asintió con la cabeza a Hermione y a Harry cuando pasó por su lado.

―Hola campeón, ¿sabes quién soy? ―Se acuclilló para ponerse a la altura del niño.

―Sí, eres Harry, el secretario de mi mamá. Padma también ha sido mamá y se tuvo que ir ¿verdad?

―Sí, veo que estás muy bien informado.

―Y te gusta el chocolate ―exclamó con una amplia sonrisa. Harry miró a Hermione desde abajo y le sonrió.

―Tu hijo es muy listo.

―Tiene buena memoria para lo que le interesa, menudo es… ―dijo mientras loabrazaba entre carantoñas― ¿Te vas a portar bien con Harry? ―El pequeño miró al susodicho.

―Seguro que sí, si lo haces te contaré un secreto. ―Le guiñó un ojo y Scor le dedicó toda su atención.

―¿Un secreto?, ¿qué es?, ¿qué es? ―chillaba emocionado.

Hermione sintió que podía marcharse tranquila, dejaba a su hijo en buenas manos.

―No será mucho tiempo, volveré a la hora de cenar.

―Tranquila.

―Si pasa cualquier cosa llámame al móvil de inmediato.

―No te preocupes Hermione, estaremos bien, ¿a que sí campeón?

―Sí, yo quiero saber el secreto, me portaré muy bien. ―Las palabras del pequeño los hizo reír.

―Si le entra sueño puedes acostarlo en mi cama, cuando vuelva yo lo llevaré a su habitación. Sabes cual es la mía ¿verdad? ―cuestionó algo nerviosa.

―Sí, recuerdo cual es. ―Sus ojos verdes la atraparon un instante. Hermione parpadeó varias veces y logró liberarse de aquel poderoso embrujo. Esa mirada esmeralda le afectaba demasiado.

―Bueno, me marcho, pasadlo bien. Adiós cariño mío. ―Besó a su hijo en la mejilla.

―Hasta luego Hermione ―se despidió Harry con una mano apoyada en el pequeño hombro de Scor.

Scorpius corrió hasta la puerta, junto a Harry, y se asomó por el hueco.

―¿Se va con tío Cormac?

―¿Conoces a Cormac? ―preguntó el moreno muy interesado.

―Sí, es amigo de mamá, desde hace muuuucho tiempo. Me regala juguetes por mi cumpleaños ―revelaba Scor con ingenuidad.

"Y apuesto a que le gustaría ser tu padre también." Un ligero tirón en su pantalón lo sacó de sus cavilaciones.

―¿Jugamos a algo?

―Claro campeón, ¿a qué quieres jugar?


Hermione y Cormac paseaban entre el resto de asistentes a la conferencia. Ella caminaba en silencio, con la mirada perdida, él la observaba de vez en cuando de soslayo. La notaba rara. Sus ojos marrones no mostraban la habitual tristeza que Draco Malfoy le provocaba desde que se habían casado, era otra cosa lo que creía ver en ellos. ¿Inquietud?, ¿desasosiego? Temía preguntar.

Todo se debía al hecho de haber llevado a Harry a su casa y haber nombrado su habitación. El lugar al que él la había llevado la noche que se emborrachó. El lugar donde se habían besado apasionadamente según sus confusos sueños o recuerdos o lo que demonios fueran.

―¿Estás bien?

―¿Qué? ―Al notar la mano de Cormac sobre su brazo se volvió hacia él.

―Te he dicho si querías una botella de agua antes de que nos sentemos para la conferencia pero no me has escuchado.

―Perdona Cormac, tengo la cabeza en otro sitio.

―¿De qué se trata?

―Cosas de trabajo, no te preocupes.

Aunque le había sonreído, Cormac no se había creído su excusa. La notaba rara desde que había vuelto al coche después de llevar a su secretario a casa para que cuidase de Scorpius.

―¿No te fías de ese Harry?

―¿Cómo?

―¿Crees que no cuidará bien de Scor?, podemos volver a tu casa ahora mismo, no pasa nada.

―¡No, no es eso!… confío plenamente en Harry ―Se apresuró a decir―. Mira, ya dejan entrar, vamos a sentarnos.

Cormac la siguió dos pasos detrás, con el gesto pensativo. Algo le pasaba a Hermione.


Scorpius guió a Harry al pequeño salón donde solía jugar. Tenía amplias puertas de vidrio con vistas al hermoso jardín.

―¿Cómo es tu padre? ―No pudo contenerse, le intrigaba cómo podía ser Draco Malfoy con su propio hijo, dado que con su mujer era un auténtico desgraciado.

―Es el mejor papá del mundo, me hace muchos regalos, y a veces me lleva al zoo y al cine… aunque… ―Se quedó callado unos segundos.

―¿Qué pasa Scor?

―Trabaja mucho, como es el jefe ―justificó rápidamente―, lo veo poquito pero siempre me trae regalos.

Harry dedujo que Malfoy era el típico padre que apenas pasaba tiempo en casa junto a su familia y para compensar al niño por su ausencia lo colmaba de regalos materiales. Era una forma de paternidad, como otras muchas, aunque no fuese la mejor para el pequeño. En cambio, Hermione se desvivía por darle todo el cariño que podía. Trabajaba mucho pero casi siempre lograba sacar tiempo para acostarlo o leerle cuentos, incluso lo ayudaba con los deberes y se quedaba con él muchos fines de semana, mientras su marido estaba de "viaje de negocios", valiente canalla. De todos modos, Scorpius quería a su padre, como era natural, y Harry no tenía ninguna intención de interferir entre ellos. Para el niño, era mejor no desvirtuar la imagen que tenía de sus padres en la cabeza.

Después de jugar un rato con unos coches de juguete, Scorpius le dijo a Harry que quería adelantar un poco sus deberes. Por un instante, Harry sintió que estaba hablando con una mini versión de Hermione. ¿Cuándo un niño de seis años se ponía a hacer los deberes un viernes por la tarde en lugar de seguir jugando?, cuando era el hijo de Hermione Granger, la mujer más responsable y cumplidora que había conocido nunca.

―¿Tienes dudas con los deberes?

―No.

―Ah, como dices que tu mamá suele ayudarte.

―Bueno, en realidad me los revisa cuando termino, no suelo tener dudas ―explicó sin dejar de mirar la página de la libreta.

"Vaya con el niño ―pensó divertido―, ha heredado la inteligencia de su madre el condenado."

―Pero tu mamá te dijo que haríais los deberes mañana ¿no?

―Sí, pero prefiero hacerlos ya, así tengo todo el fin de semana para jugar tranquilo.

Definitivamente, su madre lo había educado muy bien.

―Harry, ¿tengo bien este problema? ―preguntó alzando sus ojitos grises hacia el moreno.

―Vamos a ver… ―Harry lo revisó y le dijo que sí a un satisfecho Scor que inmediatamente se concentró en el siguiente problema.

El moreno lo observaba en silencio, mientras el niño escribía con soltura sobre su libreta. De repente, viejos recuerdos asaltaron su mente. Se vió a sí mismo en el orfanato, con la edad de Scorpius y unos años más. Cuando tuvo que hacer deberes nadie se sentó a su lado para ayudarlo, ni tampoco había tenido adultos con los que jugar… nunca supo lo que era tener padres. Hacía mucho tiempo que había desterrado de su corazón el dolor de ser un niño huérfano, la maravillosa y lujosa vida que llevaba en los últimos años le había hecho olvidar. Pero las penas vuelven a abordarnos cuando menos lo esperamos. Harry fue un niño tímido y callado, le costaba relacionarse con los otros niños. Sólo tuvo dos amigos, y curiosamente, ninguno de ellos era huérfano como él. Se trataba de Ronald y Ginevra, su hermana pequeña. Los pelirrojos eran los hijos menores de Molly Weasley, la amable mujer que trabajaba dos veces por semana en las cocinas del orfanato. Siempre los llevaba con ella y así fue como Harry conoció a los que se convertirían en sus mejores amigos, que junto a los señores Weasley formaban la única familia que Harry había tenido. Pensó en Ginny y se sintió profundamente abatido.

―Campeón, tengo que hacer una llamada, ¿puedes seguir con los deberes mientras tanto?

―¡Claro! ―contestó un sonriente Scorpius. Harry se retiró de la mesa del salón en el que estaban y sacó su móvil del bolsillo.

―¿Sí?

―Soy yo…

―¿Harry? ―exclamó la pelirroja alterada.

―¡Espera, no me cuelgues! ―rogó exaltado― Te llamo para pedirte perdón por cómo te traté esta mañana. Lo siento de corazón Ginny, créeme. ―Ella estuvo callada unos segundos.

―Me dolieron tus palabras Harry ―confesó.

―Lo sé y lo siento de verdad Ginny, no quería hacerte daño, pero estaba muy nervioso y lo pagué contigo… eres mi mejor amiga… la única que tengo, por favor perdóname ―suplicaba con un hilo de voz.

―Me alegra que llames para disculparte, gracias.

―No, gracias a ti… por no decirle nada a Hermione.

―Ah eso…

―¿Por qué te callaste? ―preguntó intrigado.

―Porque nunca te había visto tan desesperado. ¿Qué es lo que te ocurre con esa mujer?

―Es todo más complicado de lo que parece.

―¿Qué quieres decir? ―Ahora la intrigada era ella.

―Ginny… estoy sintiendo cosas por Hermione. ―No quiso seguir ocultándoselo.

―¿Qué? ―musitó.

―No sé cómo ha ocurrido, pero es así… creo que la estoy empezando a querer.

―Entonces… las miradas que le dedicaste esta mañana, no eran fingidas, no estabas actuando ―dijo casi sin creer lo que ella misma decía.

―No Ginny, hace tiempo que dejé de actuar con ella.

―Pero… ¿entonces qué estás haciendo Harry? ―increpó molesta― Si ella te importa de verdad, deberías contarle tú mismo lo que está pasando y salvarla de la trampa.

Nadie podía imaginar el dolor que sentía al pronunciar aquellas palabras. Envidiaba a Hermione Granger Malfoy con toda su alma, porque había logrado lo que ella nunca pudo conseguir, provocar amor de hombre en Harry, y no sólo sentimientos fraternales.Pero Hermione no parecía una mala mujer, y tampoco su vida era la más feliz, con un marido que la engañabapretendía divorciarse de ella de la manera más ventajosa. No podía pagar con ella la frustración de no haber sido capaz de conquistar el corazón de Harry.

―Ojalá fuera tan fácil Ginny. Pero Malfoy es muy rastrero, si lo descubro ante su esposa ¿quién sabe lo que sería capaz de hacer? Y sé que si desaparezco sin decirle la verdad, él contratará a otro hombre para que haga lo mismo que yo.

―¿Entonces cuál es la solución?

―Le contaré todo, es lo más honesto, pero tengo que encontrar el momento apropiado.

―Cuanto más tiempo pase será peor. ¿Ella también… ―Le costó terminar la frase― te quiere?

―No lo sé… no sé si me quiere, pero sé que le gusto mucho, de eso no me cabe duda.

Harry se sintió mucho mejor al colgar el teléfono, necesitaba arreglar las cosas con Ginny, pero ella tenía razón, al igual que Ron y Pansy, tenía que hablar con Hermione. El problema era que le aterraba la idea de que al hacerlo, ella no quisiera volverlo a ver. Y su egoísmo seguía ganando la batalla.


Al finalizar la conferencia del famoso arquitecto Frank Gehry, que se prolongó más de lo esperado, los asistentes fueron invitados a un elegante coktail en el vestíbulo del edificio. Hermione había disfrutado la charla, y había conseguido olvidarse de Harry y de todos sus problemas escuchando hablar de revestimientos, estructuras, cerramientos y otros temas de su profesión.

―Me ha encantado la conferencia, gracias por haberme traído Cormac.

―De nada mujer, ha sido un placer ―El rubio divisó las mesas con los aperitivos―, vamos a comer un bocado, ya que nos invitan.

Hermione lo siguió. Se sirvieron una copa de champán y probaron varios tipos de canapés sentados en una de las pequeñas mesitas colocadas para la ocasión.

―¿Qué te ocurre Hermione?

―¿Eh?

―Estás muy rara. No pareces la de siempre, aunque si te soy sincero, me alegra no verte como siempre.

―¿Qué quieres decir Cormac? ―preguntó confundida.

―Siempre que nos veíamos, te notaba triste y apagada, pero hoy no te veo así.

―¿Ah no? ―Ella sabía que el rubio notaba su tristeza debida a Draco― ¿Y cómo me ves?

―¿Puedo hablar con franqueza? ―Hermione frunció ligeramente el ceño.

―Hazlo, por favor ―rogó.

―Da la sensación de que tienes a alguien en la cabeza ―Hermione se quedó pasmada ante las acertadas conclusiones de su amigo―. ¿Has conocido a alguien últimamente?

La pregunta correcta sería "¿has conocido a algún hombre últimamente?", pero a Cormac le parecía poco elegante y prefirió suavizarla. En ese instante sonó el móvil de Hermione, había recibido un nuevo mensaje.

―Perdona Cormac.

―Tranquila, mira a ver quien es, podría ser importante.

El rostro de Hermione pasó de la sorpresa inicial al regocijo cuando leyó el contenido, Cormac la miraba expectante y suspicaz.

―Era de Harry ―manifestó con una sonrisa exgerada en la cara―, me decía que Scor tenía hambre y que no me preocupara por tardar un poco más, que él le haría algo de cenar. Está en todo ―añadió con gesto embelesado.

―Es él… ―musitó Cormac.

―¿Cómo? ―Hermione salió de su trance momentáneo para mirar al rubio.

―Se trata de Harry Potter ¿verdad?... ―Ella no decía ni una palabra. Se había quedado muda― Cada vez que lo tenías cerca te notaba alterada, nerviosa… y cuando has leído su mensaje, te ha cambiado la cara de nuevo.

―¿Qué dices…? ―dijo débilmente con una sonrisa inquieta. Quería quitarle valor a su teoría, pero no lo consiguió.

―No te esfuerces Hermione, para mí resulta bastante evidente, "porque te veía así cuando Draco Malfoy empezó a gustarte en la universidad" ―no pronunció las últimas palabras.

―Cormac yo… no es lo que piensas… Harry y yo no…

―Hermione, déjalo ―La cogió de los hombros para que lo mirase directamente a los ojos―. No tienes que darme explicaciones, soy tu amigo y no voy a juzgarte.

La mirada limpia del rubio la tranquilizó, sabía que podía confiar en él. Así que, sabiendo que Scor estaba bien atendido, se tomó un rato para contarle a Cormac cómo se estaba sintiendo respecto a su secretario, aunque omitiendo los detalles más escabrosos, claro. Luna era su mejor amiga y con ella compartía todo, pero a veces necesitaba una voz más cabal y serena en su vida, y ese era Cormac.


―¿Qué te hacen para cenar Mary y tus padres?

―Me obligan a comer muchas verduras… puaj ―El niño hizo un gesto de repulsión. A Harry le pareció divertido pero intentó convencerlo de que estaba equivocado.

―¿Cómo que puaj? ―repitió imitándolo exageradamente. Scor sonrió― ¿Quieres crecer y ser tan alto como yo o tu padre?

―¡Sí!

―Entonces tiene que comer bien, no sólo lo que te gusta. Las verduras son muy sanas y ayudan a crecer.

―Eso dice mi mamá, pero están malas… ―musitó haciendo pucheros.

―A veces tenemos que hacer cosas que no nos gustan, para conseguir otras que sí.

―Yo quiero ser muy alto ―aseguró el pequeño.

―Pues a comer verduras para cenar. Voy a prepararte una ensalada variada que te vas a chupar los dedos. Llévame a la cocina.

―¡Vale! ―Harry notó como la manita de Scorpius agarraba la suya y tiraba de él. Sintió un ramalazo de ternura y calidez hacia el niño. ¿Cómo es que siempre había pensado que ser padre debía ser lo peor del mundo?


―¿Crees que soy mala persona?

―¿De verdad quieres que responda a eso?, no me obligues Hermione, o tendré que decir lo que pienso de tu marido. ―La castaña sonrió con tristeza.

―Perdona…

―Creo que eres una mujer de carne y hueso, con sus virtudes y defectos y que ahora mismo estás sintiendo cosas por un hombre que no es tu marido ―Hizo un gesto con la mano para hacerla callar, porque Hermione ya iba a replicarle―. Y no me parece ningún delito que te fijes en otro, porque tu marido no te hace feliz.

―Cormac…

―Lo siento, pero no he podido callarme. Mira, sé que has estado locamente enamorada de Malfoy, pero… maldita sea, desde que te casaste con él perdiste la alegría, dejaste de ser la Hermione que conocí estudiando en la universidad. Y no me vengas ahora con el rollo de que el matrimonio te cambia.

―Tienes razón… ―Cormac seguía con su verborrea ajeno a las palabras de Hermione.

―Porque uno puede contraer más responsabilidades y esas cosas, pero no deja de ser… un momento, ¿qué acabas de decir? ―preguntó estupefacto.

―Que tienes razón Cormac, dejé de ser yo misma por culpa de Draco ―El rubio seguía sin dar crédito a lo que escuchaba―. No me mires así, por favor.

―Perdona es que… me sorprende que lo admitas tan fácilmente.

―Es verdad, hace poco tiempo jamás lo habría admitido, pero ahora…

―Ahora algo ha pasado.

―Sí… conocí a Harry y empecé a sentirme mejor. Los desplantes de Draco me importan cada vez menos.

―Me alegro mucho por ti Hermione, de corazón. ―Cormac era sincero.

Había renunciando a conquistarla mucho tiempo atrás y ahora que parecía superar su ceguera con Malfoy, había un nuevo hombre en su vida. Por mucho que le doliera, aquella castaña no estaba destinada a él. Agarró su mano sobre la mesa y le dipo un apretoncito con afecto que ella le devolvió.

―De todos modos, no me siento bien con toda esta situación, no he nacido para traicionar a la gente.

―No lo veas así Hermione. Tienes derecho a vivir y a satisfacer todas tus necesidades afectivas, no te sientas mal por ello. Mereces ser amada de verdad.

―Cormac… gracias ―susurró emocionada.


Después de una divertida cena y de un rato de televisión juntos, Scorpius le dijo a Harry que empezaba a tener sueño y le pidió que le leyera un cuento. El moreno lo llevó de la manita hasta la habitación principal, tal como Hermione le había dicho. Entrar en aquella estancia le resultó un poco perturbador. Ver aquellas paredes, aquella ventana… aquella cama.

―Mira Harry, es mi libro favorito ―informó el pequeño llevándole un libro que había cogido del escritorio.

―"Daniel Radcliffe y la piedra filosofal" ―leyó―. ¿De qué trata?

―Es de un niño que es mago y hace magia y luego va a un cole que es de niños magos y se hace amigo de más niños magos, y entonces tiene que luchar contra un mago malo. ¡Me encanta! ―exclamó feliz mientras se subía a la cama. Harry sonrió inevitablemente.

―Muy bien, vamos a ver qué tal están las aventuras de este tal Radcliffe. ―Se acomodó sobre la colcha, junto al niño, abrió el libro y empezó a leer.

Scorpius no aguantó ni media hora con los ojos abiertos. Poco a poco fue dejándose caer, apoyando su cabecita sobre el brazo de Harry. El moreno se removió un poco para que el niño estuviera más cómodo. Entonces cerró el libro, que le había resultado mucho más entretenido de lo que esperaba, y lo dejó sobre la mesilla de noche.

Recorrió la estancia con una mirada. Acarició la sábana que había debajo de la colcha y cerró los ojos, evocando cuando depositó a su jefa sobre ella. Se quitó las gafas y se llevó la mano al entrecejo. Cómo deseaba volver a tenerla tan cerca, pero lo veía casi imposible, sobre todo porque ella seguía marcando cierta distancia entre los dos desde que se habían besado. Scorpius se removió un poco contra él, pero no llegó a despertarse. Harry lo miró. ¿Cómo sería tener una familia?, ¿cómo sería tener una esposa y un hijo a los que querer? Nunca antes se había hecho esas preguntas, no iban con un gigoló triunfador como él. Sin embargo, ahora se las había hecho y pensó en Draco Malfoy y en lo imbécil que le resultaba por arruinar una vida como la que había tenido con Hermione. "Si yo fuera tu marido ―pensó ya más dormido que despierto―, jamás te abandonaría".

Hermione llegó a casa una hora después. Los buscó en la sala de juegos, en la cocina y en el salón, hasta que pensó en la opción del dormitorio. Cuando entró en su habitación sonrió embargada de ternura. Harry y Scorpius dormían medio abrazados.

Se veían tan vulnerables y tan tiernos los dos que no pudo evitarlo, se acercó hasta ellos. Primero miró a su hijo, y se agachó, sigilosamente, hasta alcanzar su sien, donde depositó un beso. Después alzó un poco la cabeza y hasta su nariz llegó el olor de la colonia de Harry, la reconocería en cualquier parte, y además le encantaba. Sus ojos marrones lo miraron. Harry era guapo y en las distancias cortas todavía más. Un mechón de cabellos negros como el azabache caía sobre uno de sus ojos, ahora cerrados.

"Si tú fueras mi marido y el padre de mi hijo… ―soñó despierta―, quizá yo sería más feliz".

Su mano se movía sola, apartó el mechón con mucho cuidado de no llegar a rozar su piel, para no despertarlo, habría sido una situación incómoda. Pero al hacerlo, su mirada recayó en los finos labios de él. En su interior, afloró la tentación de besarlo. Estaba dormido, nadie sabría de su momento de debilidad con su secretario, ni siquiera él mismo. Llevada por aquel impulso comenzó a aproximar su rostro al de Harry, cerró los ojos, entreabrió su propia boca y entonces escuchó un ligero gruñido. De inmediato abrió los ojos y se echó hacia atrás sobresaltada. Ante ella, Harry se desperezaba, mostrando sus preciosos ojos verdes sin gafas.

―Hermione… hola ―musitó despabilándose.

―Hola Harry ―replicó ella un poco decepcionada. Si tan solo hubiera despertado unos segundos después.

El moreno se removió con cuidado para no despertar a Scorpius, que seguía agazapado sobre su pecho. Una vez sentado, cogió sus gafas de la mesilla y se las puso. Entonces miró a su jefa con una sonrisa.

―¿Qué tal fue la conferencia?

―Muy bien, ¿qué tal con Scor?

―Fenomenal. Ya ves, hasta se ha dormido.

―Sí… voy a llevarlo a su habitación, luego… hablamos. ―Harry asintió y la ayudó a levantar al pequeño. Ella lo cogió en brazos y salió de su dormitorio.

Arropó al niño y entonces éste despertó perezosamente.

―¡Mami!

―Hola mi príncipe. ¿Qué tal has estado con Harry?

―Genial, jugamos con mis coches, luego vimos la tele y luego me hizo una ensalada muy rica para cenar, ¡comí verduras! ―exclamó como si se tratase de una proeza. Su madre sonrió encantada―, hicimos los deberes… y como me he portado bien me ha contado el secreto ―confesaba haciéndose el misterioso. Hermione tuvo que esforzarse por contener la risa―. Harry sabe hacer animalitos de papel, ¡me hizo un caballo y un gato!, aunque ahora no sé donde los dejé, ¡si los ves no lo tires a la basura! ―chilló alarmado.

―Tranquilo Scor, si los veo te los llevaré al cuarto de juegos. Entonces ¿te lo has pasado bien con Harry?

―Sí mami… me gusta Harry ―afirmó con una gran sonrisa en su carita.

―A mí también me gusta Harry ―musitó Hermione.

―Padma también me gusta, pero me gusta más Harry ―dijo con la boca pequeña.

―Te guardaré el secreto… y ahora a dormir cariño, que tengas felices sueños. ―Lo besó en la mejilla y el niño le deseó lo mismo.

Hermione bajó las escaleras y se encontró a Harry en el salón principal, esperándola.

―Siento mucho haberte tenido aquí tanto tiempo,no sé como darte las gracias.

—No tienes que dármelas, ha sido un placer. Scorpius es un niño encantador.

—Sí que lo es… —La castaña recordó las cosas que le había dicho antes de dormirse y sonrió con la mirada perdida.

—Tiene a quien parecerse. —A Hermione sólo le llegó el verbo de la frase.

—Es verdad, tiene los ojos y el pelo de Draco.

—No hablaba de su aspecto, sino de su carácter… me recuerda mucho a ti.

—¿A mí? —Por fin dirigió toda su atención a Harry, que había avanzando unos pasos hacia ella.

―Sí a ti… ―Aquella voz varonil parecía estar embrujándola― Es tan responsable, sensato y noble como tú. ―Hermione bajó la mirada nerviosa, sonriendo tímidamente.

―Gracias… ―Buscó nuevo tema de conversación que le permitiese alejarse de él, porque temía tanta cercanía― ¿Has cenado Harry?, he traído comida china.

Se dirigió a la cocina, donde había dejado las bolsas del restaurante. Su secretario se volvió para seguirla con la mirada.

―Pues… la verdad es que sí, cené con Scor. Pensaba que habrías cenado con McLaggen ―admitió extrañado.

―No, sólo tomamos un aperitivo… bueno, creo que entonces tengo para cenar hoy y comer mañana ―bromeó tímidamente. Se sintió tonta por haber pensado que tal vez podrían cenar juntos esa noche. Sin embargo, Harry se sintió feliz de que ella hubiese pensado en esa posibilidad, tanto que no lo dudó un instante.

―Pero puedo hacerte compañía mientras cenas tú ―Ella lo miró―, no tengo ninguna prisa por marcharme de aquí ―dijo con sinceridad.

―Me sabe mal retenerte, parece que hoy te estoy obligando a hacer muchas horas extra.

―No estoy aquí como tu secretario, sino como tu amigo Hermione ―afirmó muy serio.

Ella le sonrió y aceptó su compañía.

―¿Puedo probar el rollito de primavera?, tiene muy buena pinta.

―Claro, ten. ―Pinchó un bocado con otro tenedor y se lo acercó al moreno. Pero Harry no cogió el tenedor con la mano, sino que se acercó hasta poder atrapar la comida con su boca directamente. Hermione se sorprendió un poco con aquel gesto, pero en el fondo le había gustado la confianza que se había tomado él. Harry lo sabía por su forma de mirarlo, entre tímida y feliz.

―Está riquísimo. ¿Puedes ponerme en un plato?, creo que voy a hacer una segunda cena ―Se rió y la contagió.

―¿Qué tal con MacLaggen? ―preguntó de pronto.

―¿Con Cormac?, muy bien, como siempre ―contestó desconcertada. Ahora que se paraba a pensarlo, Harry le había preguntado bastante por el rubio, ¿por qué?, ¿acaso estaba celoso de él?

―Nunca me habías hablado de él… ―manifestó con gesto preocupado.

―Porque apenas le veo. Somos amigos desde la universidad, pero desde que me casé y trabajo con Draco, nos vemos muy poco ―Dudó pero al final la curiosidad pudo más que ella―. ¿Por qué tanto interés en Cormac?

Harry se quedó mudo. Siempre tenía respuesta para todo, siempre que no estuviera Hermione implicada, claro. ¿Qué iba a decirle?, ¿que se había muerto de celos al verla marchar con él?

―Sólo es que me resultaba raro no saber nada de él y que sea tan cercano a ti ―dijo con una mueca.

"Estás celoso, celoso por mí, oh Dios", pensó Hermione alterada y feliz. Hubo unos minutos de silencio que ambos aprovecharon para terminar la comida que había en sus platos.

Hermione quería seguir la misma conversación, pero era consicente de que sería meterse en terrenos pantanosos, y probablemente le tocaría a ella confesar algunas cosas, era mejor dejarlo estar.

―Por cierto ―Harry alzó la vista para mirarla―, Scor me dijo que haces papiroflexia.

―Ah sí, sé hacer algunas figuras.

―He visto el gato que le hiciste, te quedó muy bien.

―Gracias… ―Frunció el ceño repentinamente― Espera aquí un momento.

Harry se levantó de la silla y abandonó el comedor para dirigirse a la sala de juegos del niño. La castaña desconocía la razón y empezó a recoger los platos de la mesa. El moreno, mientras tanto, se afanaba a terminar algo en papel.

―Qué idiota eres Harry ―se reprendió a sí mismo―, Cormac es sólo un amigo, era obvio, ¿para qué narices tuviste que insistirle tanto con él?

Habían pasado casi cinco minutos desde que su secretario había salido del salón. Le había dado tiempo a recoger toda la mesa y ordenar la cocina. Todavía estaba frente a la encimera, pensativa, cuando notó una presencia a su espalda. La voz de Harry le provocó un respingo, lo tenía justo detrás.

―Para ti… ―Se asomó por un lateral y ella le devolvió la mirada― Una rosa para otra rosa. ―Su mano le ofrecía una flor de papel blanco de lo más detallada. Tenía sus pétalos, su tallo, sus pequeñas espinas… Hermione estaba maravillada pero no decía nada. Maldecía su suerte. ¿Por qué Draco había sido siempre tan frío con ella y en cambio Harry le regalaba tantas atenciones?, ¿por qué no pudo conocer a Harry antes que a Draco?

―¿No te gusta? ―preguntó Harry temeroso. Ella se movió hasta quedar totalmente frente a él.

―Sí… me encanta… ―musitó débilmente bajando la mirada.

―Ey… Hermione… ―Con la mano libre, alzó su rostro desde la barbilla, y entonces vio que tenía los ojos húmedos― ¿Qué te pasa? ―preguntó alarmado.

―Nada, estoy bien… ―mintió con una sonrisa forzada. Le costaba mantenerle la mirada. Los ojos de Harry la estudiaban con atención.

―Me gustaría creerte, pero no puedo. ―Su mano se posó sobre la mejilla de su jefa.

―Abrázame Harry ―rogó. Él la miró sorprendido por aquella petición pero no se lo pensó mucho tiempo.

Estrechó su cintura entre sus brazos y la atrajo hacia su cuerpo. Hermione se abrazó a su cuello, escondiendo su rostro en el hombro del moreno. El corazón de la castaña latía con fuerza y rapidez, Harry sentía el golpeteo contra su propio pecho. Sabía lo que ella estaba padeciendo, una lucha interna entre lo que debía hacer y lo que realmente quería hacer, y lo sabía porque él también sufría la misma pena. Por eso la abrazó con más fuerza, a lo que Hermione respondió con un suspiro.

Los dos deseaban encontrarse en otro lugar, en otras circunstancias, ser otras personas… de manera que nada ni nadie complicase ni ensuciase lo que estaban sintiendo el uno por el otro. Hermione anhelaba ser una mujer soltera y libre para entregarse a él sin remordimientos. Harry deseaba ser un hombre respetable, digno de ella, sin un pasado sucio del que avergonzarse. Ambos se perdieron en aquel intenso abrazo.

No sabía cuantos minutos habían pasado abrazados, cuando Hermione se removió entre sus brazos para separarse de él.

―Perdona… yo… ―Harry liberó su cintura lentamente. Le dolió dejarla ir.

―No tienes que disculparte ―replicó comprensivo―. Será mejor que me vaya a mi casa, se está haciendo bastante tarde.

Hermione lo acompañó hasta la puerta de principal.

―Buenas noches.

―Buenas noches Hermione. ―Ya se había dado la vuelta para alejarse de la casa cuando la voz de la castaña lo detuvo.

―¡Espera Harry! ―El moreno se volvió hacia su jefa y ella recorrió la distancia entre los dos, se puso de puntillas y lo besó en la mejilla― Gracias por todo.

Harry sonrió y se agachó para devolverle el beso. Sus labios rozaron el rostro de Hermione muy cerca de la comisura de su boca, haciendo que su estómago se encogiese.

―Gracias a ti.

Apoyada contra el marco de la puerta, contempló como su secretario subía a su coche y se marchaba de sus terrenos, desapareciendo en la calle. Se metió en la cama, agarrando la rosa de papel con una mano, y apoyando la cabeza sobre la almohada que olía a él.

―¿Por qué tuve que conocerte ahora?, ¿por qué?, maldita sea ―preguntaba compungida en medio del silencio de la noche.

Harry conducía calmado. Le gustaba Londres por la noche, con todas las luces y el suelo húmedo del rocío o la lluvia. Bajó su ventanilla y dejó que el aire frío de finales de octubre le golpease la cara. Había tenido sus dudas al respecto, pero un solo abrazo le había bastado para comprender que Hermione Granger Malfoy sentía algo más que atracción física por él. El deseo carnal podía ser muy fuerte, pero no provocaba el sufrimiento que había visto en sus ojos y que él mismo padecía desde hacía tiempo. No sabía si sentirse feliz o desgraciado. El plan de Malfoy estaba saliendo a la perfección, su mujer estaba fijándose de verdad en otro hombre, el problema era que ese otro hombre se estaba enamorando de ella sin remedio.

CONTINUARÁ…