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Historia 50266 — capítulo 1
CAPITULO 1: SORPRESA
El timbre de fin de clases sonó. Todos mis tontos compañeros comenzaron a levantarse rápidamente y a marcharse corriendo. Parecían desesperados por tomar algo de aire fuera de la escuela, sintiéndose libres. Aquello ni parecía ser una cosa que hicieran todos los días, pero aquellos últimos minutos eran los que quedaban para marcharse de vacaciones.
Yo me tomé, como siempre, mi tiempo. Solía hacerlo ya que detestaba salir al mismo tiempo que los demás y encontrarme con ellos. Me aterraban demasiado, por lo que les odiaba completamente por ello.
Suspiré mientras metía unas libretas en mi pesada mochila. No me gustaban las vacaciones, ya que solía pasarme todo el día en casa, jugando con Ossy, quizá, pero de ahí en fuera, pasaba el día aburrida.
Seguramente te preguntarás porque no tengo amigos. No te contestaré porqué, pero no, no los tengo. Los tenía antes, muchos años atrás.
Sacudí mi cabeza, mientras seguía guardando mis cosas.
-Nyx - Me reprendió mi profesor, seguramente dándose apenas cuenta de que me encontraba ahí. Normalmente solía pasar inadvertida, casi como un fantasma.
No contesté. Simplemente me limité a terminar de guardar mis cosas y salir del aula, casi como si el profesor no me hubo hablado.
Caminé entre los pasillos casi desiertos, topándome con las personas que más odiaba en el mundo.
-¿Qué hay Nyx? - Saludó una niña de aspecto idiota. Era rubia teñida. El tipo de chicas que ves como capitanas de porristas. Se llamaba Regina, pero no quería recordar el nombre. Me hacía daño.
Después todos soltaron aquella risa tonta que tanto despreciaba.
No les hice el mínimo caso y caminé hacia la puerta de salida, pero alguien me detenía.
-Espera. ¿Acaso no vez que se trata de mí? Ignorarme es…
-¡¿Por qué no te callas?! - Espeté - ¡Fuera de mi camino!
-Vaya, creo que alguien se ha levantado con el pie izquierdo - Dijo otro de los de su grupito. Era un chico extremadamente corpulento y con cara de matón
-¡Aléjate! - Grité en cuanto le vi acercarse a mí
-¿Acaso tu me darás órdenes, pequeña mocosa? - Dijo él, haciendo sus manos puño
No supe que fue lo que ocurrió después, pero milagrosamente. Le miré con ojos de odio completo, al mismo tiempo que el matón parecía comenzar a asustarse.
-¡Solo veo oscuridad! - Gritaba - ¡¿Qué me has hecho?!
No contesté, simplemente le miraba. Suponía con perplejidad, pero no podía encontrarme muy segura de ello. Después, sin saber porqué ocurría, aquel tipo comenzó a ponerse negro.
Sí, literalmente comenzó a ponerse del color de la noche, sus ropas, sus zapatos, sus ojos, incluso él mismo. Aún así, no le dejaba de mirar.
Escuchaba un ruido, como si fuera un zumbido en mis oídos, aunque no lo podía distinguir bien.
Segundos después, el chico simplemente… explotó. Sí, pareció como si se hubiese despedazado o desintegrado. El punto era que ya no se encontraba ahí.
-¡¿Qué le has hecho?! - Gritaba la rubia - ¡Lo has matado!
-No he sido yo - Le dije, al fin comprendiendo que el ruido que escuchaba se trataba del grupo, que gritaban y chillaban como locos.
-¡Has sido tú! - La rubia chillaba como si en realidad le doliera
Sacudí mi cabeza y simplemente me marché. No tenía demasiado humor como para pelearme con la Barbie. Prefería pensar en lo ocurrido en mi viajea casa.
Realmente no me había parecido gran cosa, a pesar de que debía de estar traumada por ello, ya que la forma en la que murió no era algo normal, algo que uno viera todos los días.
-¡Regresa! - Exclamaba la Barbie - ¡Vuelve aquí ahora mismo!
Me giré e intenté parecer calmada
-No deseas ser la siguiente - Musité, aunque sabía que ella me escucharía, a pesar de encontrarse a varios pasos de mí.
Ella se quedó helada, al igual que a mí. No sabía de donde provenían aquellas palabras, pero me aterraron cada una de ellas.
Hubo un rato incómodo, en el que mi ex amiga me miraba como si estuviera desquiciada.
-¿Qué has dicho? - Preguntó ella, al fin
-No… No lo sé - Respondí con sinceridad - Solo que… ¡Vaya, no lo sé!
Ella me miró con desconfianza, cosa que no pude soportar más y me marché simplemente, dejándola ahí, parada.
Al principio caminé como normalmente lo hacía, pero después llegó a mí la desesperación, por lo que comencé a correr hacia mi casa. Al principio no me había interesado incluso lo que le había pasado a mi compañero de clases, pero en aquellos momentos sentía como si yo realmente lo hubiera hecho, aunque sabía que era imposible, porque una persona común y corriente no podría haber hecho aquello. ¿Cierto?
Sacudí mi cabeza mientras notaba como mis ojos comenzaban a humedecerse, aunque yo supiera que no había sido yo. No podía haberlo hecho.
Al fin, después de varios minutos que parecieron en realidad horas - Lo sé, mi casa se encuentra en un lugar muy cerca de la escuela, algo bueno cuando pierdes el autobús - Me encontré con la fachada de mi casa.
No era grande ni lujosa, en realidad no creía que fuera una casa, puesto que era demasiado pequeña, aunque solo vivíamos ahí mi tía, Ossy y yo, por lo que no ocupábamos realmente demasiado espacio.
Era acogedora, aquello si lo podía decir. Vivía ahí desde que tenía memoria y realmente no desearía vivir en otro lado, a pesar de que interiormente luchaba contra ello y, algunas veces me habría gustado lo contrario.
Corrí hacia ella mientras tomaba la llave de mi bolsillo.
Abrí rápidamente la casa, como si en realidad estuviera escapando de alguien.
Ya dentro, y cerrando la puerta de un portazo, un ladrido de descontento me cruzó los oídos.
-Calla, Ossy - Le dije a mi pequeño Shiba Inu - Calla
El perro se acercó a mí y me volvió a ladrar, como si me reprochara el haberlo despertado.
Aquello fue suficiente como para echarme a llorar. No tenía la menor idea de porque lo hacía, simplemente recordaba lo que le había pasado a mi compañero y me remordía la conciencia, como si realmente hubiese sido yo la del problema.
Ossy se quedó mirándome, e incluso apoyó sus patas en mi rodilla, aunque caía. Caía sin remediarlo.
Y ahí me encontraba, sola como jamás me había sentido, con Ossy, que me ladraba. Suponía que lo hacía para animarme, pero en aquellos momentos nada podía hacerlo.
No supe qué horas eran, pero me encontraba muy desorientada, como si hubiera dormido después de tanto llorar. La puerta de la casa comenzaba a hacer ruido, y yo suponía que se trataba de mi tía Clara, por lo que no me podía encontrar en ese estado tan deprimente.
Pero no había mucho que hacer, por lo que simplemente me levanté, para no tener esa imagen de derrota en todo mi ser.
-Hola, querida - Saludó mi tía, sin siquiera mirarme. Colgó su abrigo en el perchero que se encontraba junto a la puerta y finalmente puso sus ojos sobre mí - ¿Qué te ha pasado?
Mi tía se acercó a mí, y me miro con aquellos ojos verdes tan penetrantes. No eran de un color fuerte, sino que parecían del color del mar.
Realmente siempre me había preguntado porque mi tía jamás se había casado, aunque todavía se encontraba en edad, ella decía que no tenía pretendientes, pero lo dudaba, ya que ella era joven y demasiado guapa.
-Yo… - Comencé a contarle acerca de lo ocurrido con el chico, aunque sabía que la mayoría de las personas, de no haberse encontrado ahí, dirían que se trataba de una invención de parte de una adolescente que solo desea llamar la atención. Pero aquello era real, lo había visto con mis propios ojos.
Mi tía me escucho atentamente, incluso ignorando los ladridos de Ossy, que se encontraba algo molesto por no tener la atención que normalmente le brindaba mi tía al llegar del trabajo.
-…Y simplemente corrí hacia acá - Terminé de decirle, aunque, después de haberlo dicho todo, incluso yo creía que era una tontería, y que en realidad no debió de haber pasado aquello. De todas maneras, deseaba contárselo a Clara, porque ella siempre tenía una buena respuesta. Incluso si aquello fuera una locura, estaba segura de que me recomendaría un buen psicólogo. Necesitaba ayuda, y de cualquier tipo estaría bien, aunque Clara no me creyera.
Clara se quedó mirando mis ojos hasta que por fin habló.
-Te creo, Nyx - Fue todo lo que dijo.
Segundos después, como si no le hubiera dicho nada caminó hacia la cocina, anunciando que se marchaba a hacer la cena.
Me quedé plantada ahí, con las mejillas encendidas de coraje ¿Era que Clara no entendía como me debía sentir?
Al parecer no lo entendía, puesto que no me izo caso durante el resto del día. Parecía encontrarse distraída. Ajena de todo el mundo.
Al día siguiente, no me pude despertar temprano. Me desperté tarde, demasiado diría yo, aunque no tanto como para no encontrar a mi tía, que también se encontraba de vacaciones, pero que a veces salía con algunos compañeros de su trabajo.
-Buenos días - Saludé con muy poco entusiasmo
-Buenos días Nyx - Ella parecía animada - Te tengo una sorpresa
-¿De verdad? - Jamás había tenido sorpresas, y estaba segura de que me habría encantado en otro momento, no en aquel, ya que todavía podía ver a mi compañero desaparecer en la oscuridad.
-¡Nos vamos a Grecia! - Gritó ella, tomándome desprevenida
-¿A Grecia? - En mi cara se dibujó una enorme sonrisa - será genial - Dije, con algo de entusiasmo. Jamás había viajado a ningúnlugar. Siempre me había quedado ahí - ¿Y Ossy? - Pregunté al ver a mi pequeña mascota correr hacia nosotras. Suponía que había escuchado los gritos y había ido a ver qué ocurría. Le rasqué detrás de la oreja mientras veía a mi tía.
-Se quedará con el veterinario - Dijo ella, sin prestarle la menor atención. Ahora, lo único importante será ir a Grecia y… que te diviertas, corazón
Aquello lo había dicho no muy convencida, pero no le dije nada, puesto que Ossy me exigía más atención.
Mientras le preparaba todo para llevarlo con el veterinario, pensé que lo extrañaría demasiado, ya que era mi mejor amigo, claro, después de mi tía.
También me quedé pensando sobre lo que le había dicho ayer a mi tía, y como ésta se había tomado las cosas. Era demasiado raro que al día siguiente me dijera que por fin pasaríamos las vacaciones en algún lugar algo más divertido que ahí, en nuestra casa.
Preparé mis maletas mientras Clara llevaba a Ossy al veterinario. Algo punzante me molestó en mi cabeza. Algo parecido a una advertencia, a una corazonada.
Sacudí la cabeza al tiempo que cerraba la maleta.