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Historia 50266 — capítulo 2

CAPITULO 2: VIAJE A GRECIA

-¡Nyx! ¡Despierta! - Me decía Clara al mismo tiempo que me sacudía sin cesar - Vamos que tenemos que llegar al aeropuerto. Llamaré a un taxi

Sin hacerle mucho casi tomé mi despertador, que omitía una luz al tiempo que presionaba un botón.

-Tía, son las Dos y media ¿Qué acaso el vuelo no es a las cinco?

-Si, cariño, pero es un viaje continental, por lo que tenemos que encontrarnos ahí dos horas antes. Vístete y baja que no tenemos tiempo ni de tomar algo para desayunar.

-¿Tienes hambre? - Pregunté conmocionada, pero no obtuve respuesta, puesto que mi tía ya se había marchado de mi pieza.

Pensé un par de segundos en quedarme ahí durante cinco minutos más, pero sabía que Clara simplemente me regañaría, por lo que, a regañadientes, me levanté y comencé a cambiarme, aún algo dormida como para darme cuenta de lo que estaba haciendo.

No sabía qué tipo de ropa se debía llevar en un vuelo, por lo que simplemente me vestí como lo hacía siempre, con ropa cómoda y ligera.

Me peiné con una simple cola de caballo, aunque tuve que pelearme un poco con mi cabello, que era quebradizo, casi tirándole a chino.

En aquello me tardé un poco, por lo que, al bajar las escaleras con mi gran maleta, le pedí una disculpa a mi tía, que no parecía muy contenta con el retraso.

-Vamos, un par de minutos que llegamos tarde no será demasiado. No moriré - Bromeé con ella, aunque parecía que a Clara no le hacía demasiada gracia. Parecía realmente preocupada por mí. Suponía que, después de todo, si me había creído.

Antes de que Clara pudiera decir algo, el taxi que mi tía había pedido hacía unos momentos nos pitó, para que nos apresuráramos.

Durante el viaje al aeropuerto ninguna de las dos habló. Ambas parecíamos estar sumidas en nuestros pensamientos.

Yo pensaba que jamás me había subido a un avión, y que en aquellos momentos parecía ser una tontería creer que me pudiera pasar algo al encontrarme ahí, en algo enorme que podía volar. Se suponía que aquellas cosas eran seguras ¿Cierto?

Además, seguía pensando en lo que había ocurrido el último día de clases. Jamás le había dado vueltas a otra cosa parecida.

Al llegar al aeropuerto, Clara y yo tuvimos que hacer un millón de cosas para poder subir al avión, aunque claro, yo iba completamente dormida, por lo que no me enteré de gran cosa.

Terminamos de hacer el papeleo y nos sentamos en unas sillas que se encontraban ahí.

-¿Tienes hambre? - Preguntó Clara

-No - Respondí, con los ojos cerrados

-Bien. Pues yo si tengo hambre, y mucha. Iré a comer mientras te quedas aquí ¿Vale?

-Si, lo que quieras

Observé cómo se marchaba mientras veía a las demás personas que iban a viajar. Caminaban de un lado a otro, con gruesas maletas. Más incluso que la mía. Parecía que se iban a marchar durante meses, incluso.

Cerré los ojos, algo fatigada, mientras intentaba concentrarme en cualquier cosa que no fuera lo que había pasado hacía dos días, ni la angustia que sentía al pensar en el avión.

Poco a poco sentí como me iba quedando dormida.

Había dos hombres. Se parecían demasiado, por lo que creía que se trataban de hermanos o incluso padre e hijo, aunque también parecían tener la misma edad. Casi lo único que se les diferenciaba era que uno tenía los cabellos marrones, y el otro los tenía negros.

Pero aquello había sido mi primera impresión, puesto que después me di cuenta como tenían varios detalles que les diferenciaban completamente entre sí. Los cabellos negros de uno se parecían demasiado a los míos, ya que él parecía tenerlos igual de largos, así que pude distinguir que eran casi idénticos a los míos.

-¿Dónde está? - Preguntó, con voz cansina, el de los cabellos marrones

-¿Para qué quieres saberlo? - El otro tenía una voz hosca, además de que había respondido secamente. Parecía cansado de aquella conversación, como si la hubieran tenido cientos de veces - ¿Para encerrarla, quizá? ¿Al igual que los otros?

-Quizá - Concluyó el otro. Parecía haberlo pensado durante unos segundos - Pero te aseguro, hijo. Si me escondes a ese pequeño engendro tuyo, el castigo será peor.

Observé con algo de perplejidad como el de cabellos negros parecía vacilar.

El de cabellos marrones vio sin inmutarse como el otro caía, aparentemente de la nada.

-¡Esto es por tu culpa! - Gritó, volviéndose a levantar - Mis poderes se debilitan mucho ahora que no me encuentro en mi hogar. Se debilitan porque me encuentro en este lugar…

-Tengo entendido que solo te dejan venir el día más oscuro del año - Pareció meditar el otro - Es una mala suerte que te encontraras aquí mientras tomaba el lugar. Y ya que te quedarás aquí para siempre…

Chasqueó los dedos y, de la nada, aparecieron unas esposas de oro en las muñecas del moreno.

Deseaba ayudarle de verdad, aunque fuera un simple desconocido, creía que aquello no era justo y que debía hacer algo, lo que sea.

-Por cierto - Decía el de cabellos marrones, mientras se marchaba. Parecía completamente tranquilo - Si encuentro a tu engendro ese… lo mataré.

Aquello izo que me estremeciera. Parecía que simplemente era un fantasma entre todo aquel sueño, pero no quería serlo, quería ayudar o hacer algo, tan siquiera poder hablarle al moreno para decirle lo que sea.

Volví a ver al hombre esposado, que me miraba como si realmente me viera. Tenía ojos azules, exactamente iguales a… a los míos. Pero aquellos ojos tenían una expresión suplicante, como si me dijera que no hiciera lo que estaba a punto de hacer. Cosa que no entendía, a decir verdad.

-¡Nyx! - Todo había sido un sueño. Me lo había imaginado - ¡Nyx! - La voz de Clara me izo volver completamente a la realidad.

-¿Qué ocurre? - Dije, aún algo distraída. Seguía pensando en aquellos ojos azules que le decían claramente que no hiciera algo, aunque ella no sabía qué.

-Es hora - Me dijo Clara, con voz dulce - Tenemos que irnos ya

-¿Puedo ir al servicio antes?

-Claro, todavía tenemos algo de tiempo.

Entré directamente a éstos, sin siquiera reparar en nada. Me acerqué a los lavabos y me lavé la cara con agua fría.

Me desperté, de aquello no quedaba duda, aunque aún tenía ojeras por no haber dormido bien durante los últimos dos días.

Había un espejo, por lo que decidí mirarme en él.

Mi cara no había cambiado, seguía teniendo aquellos rasgos finos que me caracterizaban. Mi cabello estaba hecho un desastre, a pesar de haberme esmerado en la mañana por arreglarlo un poco.

Y ahí estaban, los mismos ojos que había visto en el sueño que tan solo unos minutos atrás había tenido.

Aquello me incomodaba un poco, por lo que decidí no quedarme más tiempo en aquel lugar e irme a reunir con mi tía, que seguramente debería estar esperándome por ahí.

Subir al avión casi me costó la cordura, aunque pude soportarlo lo mejor posible e incluso fingí algo de jovialidad por marcharme a Grecia.

Clara y yo charlamos un poco los primeros minutos en los que el avión comenzaba a despegar.

No me sentía especialmente con ganas de hablar, por lo que decidí zanjar el asunto lo más rápido posible. Lo hice con demasiada naturalidad, por lo que supe, a ciencia cierta, que mi tía parecía no haber notado el ánimo con el que me encontraba.

Por una parte sentía que mi corazón caía hasta mis pies, sin siquiera conocer yo misma el significado. También me sentía insegura. Miraba hacia todas las personas que se encontraban a mi alrededor, también intentando comprender la razón de mi comportamiento.

-¿Te encuentras bien? - Preguntó Clara un rato después. Yo me encontraba mirando hacia el cielo por la ventanilla, algo pensativa, por lo que me costó un par de minutos conseguir comprender que me hablaba a mí. Solía distraerme demasiado.

-Me encuentro pensativa - Contesté

-¿A que se deberá? - Inquirió, con tono normal, aunque supe que se encontraba algo preocupada, cosa que me dejaba un poco ansiosa. En algunas ocasiones creía que mi tía me leía el pensamiento, aunque no podía encontrarme completamente segura de aquello.

-Supongo que es porque… Quizá es por mi primer viaje - Le mentí - ¿Cómo crees que se encuentre Grecia? - Pregunté simplemente para que me cambiara el tema a uno en el que no pudiera mentirle.

-Es lindo - Aseguró - O eso es lo que me han dicho. Por ello elegí aquel lugar. Dicen que hay mucho que ver, por lo que podríamos pasar todo el día juntas viendo cosas acerca de templos dedicados a dioses…

Siguió hablando acerca del tema, por lo que fingí mostrarme algo interesada en ello, a pesar de que sabía que no podía concentrarme siquiera en algún otro ruido que no sea mi mente.

Clara se la pasó el viaje leyendo un folleto acerca de algunos lugares turísticos de Grecia, mientras yo seguía con la ventanilla.

Después de ver demasiadas nubes que cubrían el cielo y que no me dejaban ver más, cerré mis ojos, recostándome sobre el asiento y tratando de dormir y olvidarme completamente de mi sueño pasado que, aunque hubieran pasado varias horas, seguía teniendo aquella realidad que me impresionaba.

Pero aquello falló, ya que volví a tener la visión de aquellos penetrantes ojos azules que me martillaban por dentro.

Suponía que solo se trataba de mi imaginación, aunque también recordaba al chico que hacía un par de días se había convertido en sombras y… volvía la duda. ¿Era que me estaba volviendo loca por fin? ¿Lo que jamás me había afectado en años o que por lo menos lo hacía poco comenzaba a surtir efecto?

Volví a ver en la ventanilla, segura de que aquello sería mil veces mejor que cerrar los ojos y no poder escapar de aquellos pensamientos y recuerdos que me frustraban a la vez.

El viaje fue tan largo que terminó por desesperarme un poco, aunque me quedé callada durante el resto del mismo.

Llegando a Grecia, Clara pidió un taxi para llevarnos al hotel que nos hospedaría. Todavía era temprano, pero ella decía que teníamos que descansar para que al día siguiente fuéramos a varios lugares en los que ya tenía pensado ir. Decía que debíamos tener energía para ir de un lado a otro todo el día.

Y aquello pareció ser cierto, puesto que, al sentir la almohada debajo de mi cabeza, cerré los ojos y no supe nada más. Me había quedado completamente dormida.