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Historia 50311 — capítulo 1
Se levantó como cada mañana, deseando no haberlo hecho. Porque desde que él se fue aprendió que a veces era más fácil vivir en los sueños que en el mundo real. Que en los sueños no se sufría tanto, que en los sueños estaban juntos. Luego se despertaba y volvía a encontrarse sola, como cada mañana desde aquella terrible noche.
Se vistió sin prestar atención a lo que se ponía, sin darse cuenta de si los zapatos pegaban o no con el conjunto elegido ese día. Tampoco es que le importara, ya que no sería él el que le diría lo guapa que estaba.
Como cada mañana desde que abandonó Hogwarts, preparó café para tres. Si, para tres.
-Buenos días Jess -Saludó Remus mientras se sentaba frente a ella y cogía una tostada.
-Buenos días -Dijo ella con esa voz que ya no era suya mientras removía una y otra vez el café con la cucharilla plateada.
Nunca le había gustado el café, como mucho, el café con leche. Sin embargo desde hacía un mes lo tomaba todos los días, y solo. Era curioso como cambiaban las personas con el tiempo, aunque ese tiempo fueran solo meses, o como las circunstancias las hacían cambiar.
La cuestión era que desde hacía un mes se habían graduado, y como consecuencia habían abandonado su querido Hogwarts. Querido por los chicos, porque para ella las últimas semanas fueron un auténtico infierno.
Esa noche aún se repetía en sus peores pesadillas, esa noche en la que él la hacía suya, en la que él fingía amarla una vez más, en la que la dejaba… Era increíble la cantidad de acontecimientos que podían suceder en un mismo día, y las consecuencias que de ellos se derivaban. Solo lloró aquella noche, sola en el bosque. Solo lloró cuando lo vio irse.
No lloró, sin embargo, cuando las malas lenguas comenzaron a escupir veneno sobre su ruptura. No lloró cuando a la semana él ya se estaba besando con otra chica en las puertas del Gran Comedor, para que todos lo vieran. No lloró cuando sus amigos le pidieron que llorara, y mucho menos lloró cuando tras dejar Hogwarts comprendió que todo estaba perdido entre ellos. Y recordó…
Se encontraba sentada en el Gran Comedor, sola como siempre. Desde que él la dejó se alejó de la gente, se alejó de todos. No quería que nadie le tuviera lastima, no quería que la consolaran ni que intentaran por todos los medios hacerla reír nuevamente. Porque ella no quería reír, pero tampoco llorar.
Cansada, se sirvió un bol de cereales mientras notaba como el salón se comenzaba a llenar. Advertía las risas matutinas, los buenos días de la gente, el olor a colonia… Percibía a los grupos de amigos charlando animados, a las parejas desayunando juntas, a los profesores planeando las próximas clases…
Cuando sucedió.
El silencio inundó el salón en cuestión de segundo, y solo se les escuchaba a ellos. Con dolor, Jess cerró los ojos, evitando las lágrimas, y momentos después concentró su mirada en su bol, sin poder evitar oírlo.
-Te quiero -Dijo una dulce voz femenina procedente de las grandes puertas del comedor.
-Yo también, preciosa -Dijo su voz clavándose como un puñal en el corazón de Jess, que no creía poder resistir eso.
-¿Nos vemos luego? -Preguntó empalagosamente la chica.
-Claro, te paso a buscar -Contestó él tomándola de la cara y besándola con ternura.
Todo el comedor, incluida la mesa de los profesores, presenciaron la escena con asombro. Se sabía que desde hacía una semana las cosas entre la pareja de oro no estaban bien, e incluso las malas lenguas comenzaron a hacer circular macabras historias sobre rupturas, engaños, e incluso posibles hijos de Sirius con otras chicas. Pero nunca se confirmó.
Se les veía separados, fríos, ajenos, el uno con el otro. Pero los que mejor los conocían pensaron que era algo temporal, una simple pelea que se estaba haciendo de rogar. Sin embargo, esa escena lo cambiaba todo…
Incapaz de permanecer allí por mucho más tiempo sin romper a llorar, Jess se levantó lo más dignamente posible, y ajena a las miradas que se posaban en ella salió del Gran Comedor, cruzándose con él en el camino. Ni la miró…
-¿Qué tienes para hoy? -Preguntó Laura distrayéndola, cosa que agradeció.
-A la tarde tengo que arreglar unos papeles en la oficina y en una hora y media, más o menos, tengo que estar en Londres, para lo de la cita -Contestó observando su reloj de muñeca disimuladamente.
-¿No podríamos hablarlo antes? -Intervino Remus dudando aún si su decisión era correcta o no.
-Está decidido, ya lo sabéis -Añadió levantándose y cogiendo su bolso - Nos vemos luego, chicos -Se despidió mientras salía finalmente del apartamento.
Vivían en un barrio periférico a Londres, donde los apartamentos eran más baratos y la gente menos observadora. Compartían piso los tres, pagando entre todos los gastos, pero ella ya no podía más.
Nunca le había gustado la soledad, era cierto, y jamás pasó por su mente vivir sola. Pero le dolía en el alma ver a sus amigos tan enamorados, tan felices… No es que les deseara nada malo, al contrario. Pero cada beso que le daba Remus a Laura era un recuerdo de él, cada risa de su amiga era un vago recuerdo de momentos felices junto a él.
Y no aguantaba más.
Era incómodo, tanto para ellos como para ella convivir juntos. Ellos insistían en que estaban encantados, en que era lo que procedía, pero los tres sabían que era una situación insostenible.
Así que ni corta ni perezosa comenzó la búsqueda de un piso, más o menos asequible, o en su defecto, una casa. Hacía dos días la había llamado la agente inmobiliaria informándole de que había una casa en las afueras de Londres que quizás le podría interesar, así que hacia allí se dirigía en ese momento.
-Joder, voy tarde -Maldijo mientras aumentaba el ritmo de sus pisadas, sin llegar a correr.
Entonces todo sucedió muy rápido, como si de una película se tratara. Intentaba cruzar la calle corriendo cuando un coche se acercó rápidamente a ella y pegó un frenazo que hizo chirriar las llantas evitando atropellarla. Asustada, contuvo la respiración durante unos momentos, percatándose de que estaba viva.
Tras reaccionar, golpeó el capó del coche entre furiosa y asustada por puro instinto, demostrándoselo al propietario, mientras este tocaba el claxon con ímpetu maldiciéndola desde el asiento del conductor.
Y se miraron.
Era un hombre no muy mayor, de unos 25 años según podía calcular ella a simple vista. Media melena rizada de un castaño chocolate que contrastaba con sus ojos azules mar. Barba incipiente y mirada especial. Era justamente el tipo de hombre que hacía que la vista se desviara inconscientemente hacia él, el típico hombre que hacía sentir…especial.
Conducía a toda velocidad por las céntricas calles londinenses. Llegaba tarde al trabajo una vez más a causa de que el entrenamiento se había retrasado más de lo previsto. El móvil comenzó a sonar, y tras buscarlo en la guantera del coche volvió a fijar su vista en la carretera.
Usando sus reflejos de buscador, pegó un frenazo que hizo chirriar las llantas justo antes de chocar con una chica que cruzaba corriendo. Respiró tranquilo al ver que nada había pasado, sin embargo ella se desahogó con el capo del vehículo, golpeándolo violentamente, cuando la miró por primera vez.
Era joven, muy joven, llegando a preguntarse incluso si tendría o no los 18 años. No era la típica chica que te llamaba la atención por su belleza deslumbrante, más bien era la típica chica que pasaba a tu lado por la calle sin tú darte cuenta siquiera que existía. Sin embargo, al mirarla todo cambiaba.
Se perdió en dos preciosos ojos color chocolate, en sus labios rojos, de idéntico color a sus mejillas, en su pelo negro cayéndole en perfectas ondas… Era la típica chica que una vez dentro de tu cabeza no se iba fácilmente.
-Imbécil -Gritó saliendo finalmente del trance.
Su penetrante mirada la turbaba y distraía. Sentía cosas que no quería sentir, sentía cosas que desde que él se fue no volvió a sentir, a pesar de que sabía que no llegaban ni a una milésima parte de lo que él le hizo sentir, le asustaba.
-Deberías ir con más cuidado, pendeja estúpida -Dijo él sin saber muy bien porque.
No estaba acostumbrada a insultar a desconocidos, pero reaccionó así sin saber la causa. Él tampoco acostumbraba a insultar a desconocidos, mucho menos a chicas jóvenes. Pero ella era…distinta. No sabría explicar en qué sentido, pero lo era.
Sin embargo, se preguntaba el porqué de su reacción, una reacción infantil. ¿Quién en su sano juicio insulta con un simple "estúpida"? Pero no sabía que a ella lo que más le había dolido no había sido eso, sino que la llamara pendeja. Porque ella ya no era una niña, ella era una mujer, y le molestaba que no se dieran cuenta de eso.
La vio arreglarse la ropa y coger su bolso con firmeza, orgullosa como una auténtica leona. Con la cabeza bien alta y un vulgar gesto con la mano se marchó de allí, dejándolo estupefacto. "La juventud", pensó mientras arrancaba el coche nuevamente, ignorándola él también continuando con su camino, camino que no la incluía a ella…
Nunca le había gustado llegar tarde a sus citas, pero por más que lo intentaba siempre ocurría algo inesperado que la retrasaba. Aún recordaba no con mucho cariño a ese hombre que casi la atropellaba, mientras maldecía las prisas de la gente sin darse cuenta de que ella iba igual.
Llegó finalmente al lugar acordado. Tras observar con calma el lugar, diviso a lo lejos, esperando de pie junto a un cartel, a una mujer más o menos joven. Tímidamente se acercó a ella, suponiendo de antemano de quien se trataba.
-Disculpe, ¿es usted Julianne? -Preguntó amablemente.
-¿Jessica Méndez? -Cuestionó esta distraída.
-Jess, por favor -Respondió estrechando la mano de la mujer.
-Un placer conocerla -Añadió Julianne guiándola hacia una pequeña casa mata- Esta es la vivienda. ¿Pasamos a verla?
-Claro -Contestó sonriendo y siguiendo a la treintañera, cuando volvió a recordar...
-¿Ves esa casa, cariño? -Le dijo Sirius abrazándola cariñosamente por la cintura y señalándole una preciosa casa al otro lado de la calle- Cuando salgamos de Hogwarts buscaremos una como esa.
Era Navidad y paseaban por el Valle de Godric junto a sus amigos. Las fiestas más importantes habían pasado y por fin Dorea los dejaba disfrutar de tiempo juntos. Estaban parados frente a una preciosa casa que tenía colgada el cartel de "Se vende".
-¿Viviremos juntos? -Preguntó ella soñadora, mientras Sirius la besaba con cariño.
-Por supuesto, ¿acaso pensabas deshacerte tan pronto de mí? -Añadió él fingiéndose ofendido.
-Jamás te dejaré ir -Dijo ella volteándose y rodeando su cuello- Jamás dejaré de amarte -Añadió mientras lo besaba tiernamente en los labios…
Jamás. Demasiado significado para una sola palabra. Lo peor de todo era que ella aun mantenía intacta su promesa.
Suspiró recordando esos dolorosos y a la vez preciosos momentos mientras Julianne le enseñaba la casa.
Era una casa hermosa, pequeña y espaciosa a la vez, ideal para ella. Poseía solo una planta, lo cual significa que no tardaría demasiado en la limpieza de la misma, una ventaja dado el poco tiempo libre que tenía y la poca afición a las tareas domésticas. Estaba amueblada en su totalidad, con un exquisito toque moderno y tradicional a la vez que la hacía acogedora.
-Es perfecta -Dijo mientras Julianne cerraba la puerta.
Estaban en el pequeño jardín delantero de la casa, el cual alberga una serie de plantas y flores que Jess nunca antes había visto.
-Lo sé, le tengo mucho cariño -Respondió la mujer mientras comenzaban a caminar por las calles londinenses- ¿Le apetece un café y cerramos el trato? -Le ofreció, aceptando ella encantada.
Tras un tranquilo paseo de unos diez o quince minutos, entraron finalmente en una cafetería típica de ciudad, abarrotada de personas de todas las edades. Se sentaron en una pequeña mesa doble y esperaron a que un camarero las atendiera, mientras comenzaban a charlar tranquilamente.
-Te voy a ser sincera -Comenzó Julianne mientras observaba como acomodaba ella su bolso en su regazo- Al verte lo primero que pensé era en como una niña me iba a pagar el alquiler, y en las fiestas qué harías en la casa -Dijo sinceramente haciéndola sonreír.
-Le aseguro que no haré ninguna fiesta en casa, como mucho un café con amigos -Contestó divertida- En cuanto al alquiler, tengo los suficientes ingresos como para pagar un precio moderado, aunque depende de lo que usted deseé alquilaré o no.
-De eso mismo te quería hablar -Continuó Julianne poniéndose seria.
-Disculpen, ¿que desean tomar? -Preguntó de repente un camarero interrumpiéndolas a ambas.
-Yo un café -Pidió Julianne sonriendo al camarero, mientras Jess aún observaba la carta.
-A mi tráeme un zumo de naranja, por favor -Dijo apartando la mirada de la carta y posándola en el camarero, reconociéndolo- ¡¿TÚ?! -Gritaron ambos a la vez señalándose mutuamente.
-¿Os conocéis? -Intervino Julianne divertida por la reacción de ambos.
-No -Respondió Jess firmemente.
-Si -Añadió en cambio él.
-Es decir, si/no!! -Dijeron ambos cambiando sus respuestas mientras Julianne se reía ya sin corte.
-Casi me mata con el coche -Explicó Jess fulminando a Julianne, dándole a entender que para ella no era divertido.
-Fuiste vos quien te tiraste contra mí!! -Argumentó el chico notablemente molesto- Creí que eras una suicida!!
-Por favor!! -Soltó irónicamente- En todo caso pensaría en suicidarme tras verte a ti, no antes -Dijo maliciosamente haciendo reír con más fuerza a Julianne.
-¡No es divertido! -Gritaron ambos a la vez provocando que varias cabezas se giraran a verlos.
-Claro que sí! -Expresó Julianne con lágrimas producto de la risa.
-¿Traes el pedido? -Dijo Jess cortante mientras el chico la fulminaba con la mirada.
-Claro -Respondió él con el mismo tono marchándose.
Jess observo al chico marcharse con una bandeja en la mano. Se perdió en su pelo, un precioso pelo castaño. Cuando chocaron lo observo superficialmente, pero deteniéndose un momento y observándolo mejor se dio cuenta de que no era ingles. "Así que extranjero, ¿eh?", pensó sonriendo internamente y recordando ese "pendeja" y "vos".
-Bueno, a lo que iba -Comenzó nuevamente Julianne tras calmarse, haciendo volver a Jess a la realidad- Le tengo mucho cariño a esa casa, y solamente la pongo en alquiler para no venderla. El dinero no me interesa. Pareces buena chica, me recuerdas a mí a tu edad -Continuó mientras les traían el pedido.
-Entonces debe haber tenido muchos problemas a esta edad -Añadió Jess con sarcasmo.
-No tantos, no tantos -Contestó divertida Julianne- En definitiva, solo te voy a cobrar la luz y el agua, las facturas básicamente. No me interesa sacarle dinero, solo te pido que la mantengas.
-¿En serio? -Preguntó incrédula ante lo que escuchaba mientras Julianne afirmaba con la cabeza- Gracias!! Muchísimas gracias!! -Exclamó extasiada por la noticia.
Tras una media hora de charla distendida, finalmente Julianne se dispuso a marcharse, despidiéndose de Jess y sacando su monedero.
-Oh, no. Déjelo, invito yo -Se apresuró a decir al verla sacar dinero.
-No es nada mujer, solo un café -Insistió mientras buscaba en el monedero.
-Por eso mismo insisto en invitar -Continúo haciéndole guardar nuevamente el dinero en el bolso a Julianne.
-Ten las llaves y cualquier cosa me llamas -Dijo Julianne tendiéndole un llavero y una tarjeta de visita- Gracias por todo -Se despidió finalmente con dos besos.
-A ti -Añadió Jess viéndola marchar.
Tras coger su bolso, se dirigió a la barra del bar, donde para su mala suerte solo se encontraba aquel encantador personaje, que la recibía con una preciosa falsa sonrisa.
-¿Desea algo más? -Dijo con cierto retintín mientras ella se limitaba a suspirar resignada.
-La cuenta -Pidió finalmente sacando el dinero.
-Invita la casa -Dijo en apenas un susurro el chico.
-¿Perdón? -Preguntó Jess incrédula ante tan extraña invitación.
-Que invita la casa -Volvió a repetir con pesadez él.
-¿Quién se supone que invita? -Insistió desconfiada.
-Oye, invita la casa y punto. Lárgate sin más y deja de joder -Dijo de forma borde haciéndole gestos para que se largara.
-Bien, a ver como te lo explico -Continuó ella comenzando a molestarse por la situación - O me explicas de que va todo este rollo o me quedo aquí hasta que alguien lo haga -Amenazó sentándose en un pequeño taburete junto a la barra.
Los ojos de ella conectaron desafiantes con los de él. Cruzada de brazos, movía inquieta el pie mientras él no apartaba la mirada tampoco. La ponía nerviosa, pero nunca permitiría que él se diera cuenta. Él, en cambio, intentaba descifrar a aquella chica, entenderla un poco más.
-Mi jefe nos vio discutir y quiere recompensarte por la molestia, ¿contenta? -Dijo el finalmente de forma borde, cansado de la batallita de miradas.
-¿Y supongo que mi invitación será descontada de tu sueldo, no? -Preguntó ella mientras él simplemente callaba, lo cual afirmaba sus sospechas- Ten -Dijo finalmente tendiéndole un billete sobre la barra- Y quédate con el vuelto…
-Pero… -Intentó rebatir él inútilmente.
-Mira, no me gustan las injusticias, y esto lo es -Dijo ella cortante- Lamentablemente no fue tu culpa que justamente la persona a la que casi atropellabas acudiera a tu lugar de trabajo -Continuó ella ante la mirada incrédula de él- Ahora, espero que esto te sirva para reducir la velocidad -Añadió guiñándole un ojo y sonriendo enigmáticamente.
-Espera!! -Gritó él saliendo de detrás de la barra en un intento de alcanzarla.
-Y no se lo digas a tu jefe -Añadió ella antes de salir finalmente de la cafetería, despidiéndose de él con un simple gesto de manos que le supo a poco…
P.D: Bueno, bueno, se inaugura la historia =)Por fin, eh?? Este cap va dedicado especialmente a fire-black, que hoy es su cumple y me lo pidió explicitamente ;) Felicidades!!Informaros que el próximo cap va a tardar, ya que a pesar de haberlo comenzado estoy en una época muy mala de exámenes y tal T.TEntre las novedades esta que la historia está contada en tercera persona, perdiendo completamente el exclusivo punto de vista de Jess. Espero no defraudaros con ella, y como siempre, deseando leer vuestras opiniones n.nEl caso es que apenas tengo tiempo de escribir. Espero que os guste y deciros que este cap solo es el principio de la que espero será una gran segunda parte Besos a todos, y que disfruteís leyendo como siempre =D