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Historia 50311 — capítulo 2

Observó su reloj y suspiró tranquila; aún le quedaba tiempo suficiente para llegar a la oficina puntual. Paseaba serena por las calles, observando atenta los coches que circulaban en busca de un taxi disponible. Finalmente, encontró uno y se montó en él, indicándole al conductor la calle muggle más cercana a una de las tantas entradas al Ministerio de Magia.

Una semana después de abandonar Hogwarts se presentó en el Ministerio, solicitando comenzar sus prácticas para convertirse en abogada. Contra todo pronóstico, le informaron que la abogacía no tenía una carrera específica que seguir. Ahora bien, podría ejercerla realizando la carrera de auror y alguna que otra práctica en administración. Lo primero en lo que pensó en ese momento era que los magos eran muy raros.

Sin embargo, para su sorpresa, a medida que el curso iba avanzando y con ellas las prácticas, comenzó a cogerle el gusto a eso de ser aurora. Claro que no abandonaría tampoco su sueño de abogacía, no, había decidido ejercer ambas carreras a la par siempre que la segunda se lo permitiera, ya que por encima de todo estaba la justicia.

De repente el móvil comenzó a sonar dentro de su bolso, sacándola de sus cavilaciones con un imperceptible salto en el asiento trasero del taxi.

-¿Si? -Preguntó tras encontrar el teléfono en el fondo del bolso.

-Jess, que alegría oírte -Dijo una voz masculina al otro lado de la línea.

-¿Ax? -Preguntó Jess algo aturdida por la repentina llamada de su viejo amigo.

-¿Quién más? Desde que salimos de Hogwarts no nos hemos vuelto a ver -Dijo en tono acusador el chico haciendo sonreír a Jess en el interior del taxi- ¿Qué tal estás? -Preguntó con más seriedad provocando que la sonrisa abandonara el rostro de la chica.

-Bien -Contestó fríamente esta, irritada ante la pregunta.

-Me alegro -Dijo sin mucha convicción el chico al otro lado de la línea- Me gustaría verte algún día de estos -Añadió recuperando el tono alegre que le caracterizaba.

-A mi también, Ax, pero ando muy ocupada últimamente -Dijo Jess recordando con pesadez todo lo que tenía que hacer.

-Vaya, nada más salir de Hogwarts y ya tienes una agenda apretada -Dijo Ax riéndose de la chica.

-Pues sí, la verdad es que si. Pero en cuanto tenga un rato libre te llamo y nos tomamos algo, ¿Te parece? -Continúo Jess ignorando la risa de su amigo.

-De acuerdo, pero recuerda llamarme.

-Claro que si, tontorrón. Tengo muchas cosas que contarte -Dijo Jess algo más animada.

-Y yo que escuchar. Nos vemos entonces, cuídate

-Lo mismo digo, besos -Dijo ella a modo de despedida mientras volvía a guardar el móvil en su bolso.

Había algo en esa llamada que no le cuadraba, y no saber que era no hacía más que aumentar su angustia. Pero Ax era su amigo, ¿que podría ocultar? Sin embargo, ese sentimiento de desconcierto no abandonaba su pecho, lo cual le comenzaba a preocupar…

-Ya hemos llegado, señorita -Informó de repente el taxista deteniéndose en la acera- Son diez libras -Pidió amablemente mientras Jess le tendía el dinero, saliendo finalmente del vehículo.

Caminaba absorta por los pasillos, escuchando el sonido de un par de tacones chocar con el impío suelo de mármol. Varias veces miró a su alrededor, buscando a alguien con tacones, pero simplemente se encontró con hombres trajeados, que, por supuesto, no solían usar ese tipo de calzado. Se estaba poniendo nerviosa con el constante zumbido de los zapatos en su cabeza, y no encontrar al causante de ello la irritaba aún más.

-Eres tú, mona -Susurró alguien a su lado asustándola hasta tal grado de hacerla trastabillar- Ey, que te caes -Añadió el chico sosteniéndola por la cintura y ayudándola a recobrar el equilibrio.

-Joder, Max, que susto -Dijo Jess tras reconocer a su compañero de prácticas.

Maximiliano Grandi era un joven mago italiano que se había mudado hacia relativamente poco a Inglaterra para realizar en el país su formación de auror. Formaba parte del grupo de Kingsley junto a Jess y otra chica llamada Julia. Max era un chico bastante guapo: alto, moreno y unos ojazos verdes que quitaban el hipo. Tenía 23 años, siendo mayor que ambas chicas, a las cuales trataba como hermanas.

-Cariño, ¿te parecen apropiados esos taconazos para una clase práctica? -Dijo Max observando reprobatoriamente el calzado de Jess.

¿Tacones? No recordaba haberse puesto tacones. Desconcertada, Jess clavó su mirada en sus pies, que, como efectivamente le había comunicado Max, calzaban un par de tacones de más de 10 cm de altura.

-Joder, joder, joder -Dijo dirigiéndose rápidamente al primer ascensor que encontró abierto seguida del chico.

-A ver, dime que genial idea tenías en mente cuando te vestías para elegir semejante atuendo -Continuó Max mientras marcaba el botón para ir a la segunda planta- Ojo, vas preciosa, pero para salir de noche, enana -Dijo golpeándole cariñosamente en la cabeza.

-Es que no me acordaba de que hoy tocaba entrenamiento -Dijo Jess alterada mientras se quitaba los tacones, quedándose descalza.

Problema al que se añadía su retraso, ya que al ser práctica ese día debería haber llegado hacia media hora, para cambiarse y dirigirse a la sección especial donde se realizaban las practicas. Kingsley la iba a matar…

Nada más abrirse la puerta del ascensor, corrió sin zapatos por los pasillos sin detenerse más que el tiempo necesario para disculparse con toda aquella persona a la que arrollaba. Tenía que encontrar a alguien que la ayudara, y no se le ocurría nada mejor que ir a…

-Ahh -Gritó de repente mientras intenta frenar, sin éxito alguno.

Sin haberse dado cuenta de su presencia, Jess chocó inevitablemente contra un hombre que se encontraba quieto en mitad del pasillo, provocando que la joven cayera de culo sobre el duro suelo de mármol. 

-Y yo preguntándome que te habría pasado esta vez… -Dijo Kingsley a medio camino de la sorna y el enfado.

-Esto…yo intentaba… es decir, buscaba -Intentó excusarse Jess entre tartamudeos mientras su jefe y mentor la ayudaba a levantarse ante la mirada burlona de algunas personas que pasaban por allí.

Kingsley simplemente suspiró dejándole entrever a la joven su resignación. Sin asombrarse, el adulto vio llegar a lo largo del pasillo a otro de sus pupilos, Maximiliano.

-¿Y qué excusas tienes tú, Max? -Preguntó mirando reprobatoriamente al joven, que simplemente se encogía de hombros de forma descarada.

-Había quedado con una chica -Dijo con total naturalidad, como si fuera lo más normal del mundo faltar al trabajo por semejante compromiso.

-Anda, vamos yendo que Julia ya debe estar entrenando -Dijo mientras se giraba dispuesto a acompañar a los chicos al lugar de entrenamiento.

-Esto… Kingsley, no tengo zapatos -Dijo Jess algo avergonzada mientras le mostraba a su jefe los tacones colgando de sus manos.

-Claro que si -Respondió este con una enigmática sonrisa que hizo a Jess estremecerse- Usarás esos preciosos zapatos -Dijo señalando el par de tacones ante la mirada perpleja de ambos jóvenes.

-Pero…pero me voy a matar!! -Exclamó Jess aterrorizada ante la perspectiva de una clase práctica con tacones.

-Te servirán para aprender a defenderte en cualquier circunstancia. No siempre tendrás a manos unas cómodas zapatillas para combatir, y te enseñará también a estar más atenta a los horarios -Finalizó dando por concluida la conversación.

-Te compadezco -Dijo simplemente Max palmeándole la espalda en señal de comprensión y siguiendo a su jefe por los intrincados pasillos del Ministerio…

Tras dos horas de arduo entrenamiento, continuos tropiezos y miles de impropios dirigidos a su jefe, Jess por fin pudo disfrutar de un poco de tranquilidad en el baño de su apartamento.

"Prefiero pelear descalza antes que volver a sufrir esta tortura", fue lo último que le dijo a Kingsley a modo de despedida media hora antes fulminándolo con la mirada.

En esos momentos se encontraba disfrutando del mejor invento del hombre, la bañera, y por consiguiente, de un baño de ensueño con una suave luz natural que entraba por la pequeña ventana que había en lo alto del aseo.

Sentía, o mejor dicho, no sentía los pies de lo cansados que los tenía. Los músculos de la espalda le daban pequeños pinchazos haciéndole ver lo enfadados que estaban con ella por el trato recibido momentos antes, mientras que las manos sufrían de un incesante cosquilleo causado por la fuerza ejercida durante los combates.

Ese día, a modo de castigo no-oficial, Kingsley les había preparado un circuito sorpresivo mucho más difícil de lo que hasta entonces habían estado haciendo. Si ella estaba cansada, no quería ni imaginarse como estarían Julia y Max, quienes la habían acompañado en la travesía y se habían visto envueltos en más de un aprieto por la torpeza causada por el calzado de Jess.

-Estamos en casa!! -Gritó de repente una voz masculina procedente de la entrada del apartamento, haciéndole abrir los ojos inmediatamente.

-Jess! -Insistió Laura llamando a su amiga en pos de saber si estaba o no en casa.

-Estoy en el baño -Gritó Jess levantándose de la bañera y abriendo la ducha, haciendo que el agua eliminara todo rastro de jabón de su cuerpo- Salgo dentro de unos minutos

Mientras terminaba de ducharse, Jess escuchó como sus amigos iban y venían de un lado a otro de la casa. Cajones abriendo y cerrándose y un constante ruido de pisadas le hizo sospechar de que esa noche no cenarían en casa.

Finalmente salió del baño envuelta en su albornoz blanco, con el pelo cayéndole sobre la espalda formando bucles de los cuales goteaba agua mojando la prenda de baño.

-Jess, arréglate que esta noche salimos -Le informó Laura asomándose por el marco de la puerta que daba al dormitorio que compartía con Remus- Por cierto, ¿Qué tal te ha ido con lo de la casa? -Preguntó adentrándose nuevamente en el dormitorio.

-Muy bien. Llegamos a un acuerdo y me ha alquilado la casa por un precio bastante reducido. Básicamente pago las facturas -Respondió esta mientras se adentraba en su habitación en busca de algo que ponerse- A todo esto, ¿A dónde vamos? -Preguntó mientras se enfundaba en unos vaqueros y se ponía un top atado por el cuello.

-Dorea y Charlus nos han invitado a cenar -Contestó Remus mientras se asomaba a su habitación y observaba como Jess terminaba de acicalarse frente a su tocador.

-Genial -Dijo con cierta ironía esta, sacando de debajo de su cama unas sandalias planas y calzándoselas.

Remus simplemente renegó con la cabeza, dirigiéndose a la entrada de la casa dispuesto a esperar a que las chicas acabaran de arreglarse…

Tras una "agradable" aparición conjunta, los tres jóvenes aparecieron ante el acogedor hogar de los Potter en el Valle de Godric. Laura y Remus encabezaban la marcha tomados de la mano, mientras Jess se rezagaba intencionadamente.

Adoraba a los Potter más de lo que lo hizo alguna vez con sus propios tíos, sin embargo volver a la casa de ellos no le traía mas que dolorosos recuerdos de lo que alguna vez sucedió con Sirius. Se detuvo junto a una pequeña fuente de piedra, cerrando los ojos y dejando que la suave brisa y el sonido del agua al caer le trajeran la calma y serenidad que tanto anhelaba en esos momentos.

-Jess, cariño! -Exclamaron a unos cuantos metros de ella.

Sonriendo observó como Dorea la saludaba desde la entrada de su casa, acompañada de su esposo e hijo.

James y Rocío habían decidido vivir con los padres del primero, al menos hasta que tuvieran algo de dinero para independizarse. Como era de esperar, Dorea estuvo encantada con la noticia, y acogió a su nuera como si de una hija se tratara.

-Dorea, cuánto tiempo -Dijo Jess a modo de respuesta acercándose a la mujer y abrazándola cariñosamente- Charlus -Añadió dirigiéndose a este y abrazándolo como hizo anteriormente con su esposa.

-Es increíble que trabajando en el mismo lugar nunca nos encontremos -Dijo James a modo de saludo mientras la abrazaba amistosamente.

James trabajaba y estudiaba, al igual que ella, para auror. Sin embargo, su grupo estaba liderado por Alastor Moody, lo cual significaba que no trabajaban juntos. Pocas veces solían coincidir, y a la explicación no era otra que la continua esquivación de Jess.

A pesar de que James no lo sabía, más de una vez habían coincidido en algún pasillo o área, sin embargo, Jess lo evitaba tomando rápidamente otro atajo o desviándose de su camino, lo cual le hacía llegar tarde a más de un entrenamiento.

El motivo no era otro que los compañeros de James, o más bien, compañero. Sirius estaba en su grupo, y cada vez que veía a James, veía a Sirius enganchado a este con su siempre leal sonrisa. Jamás se habían encontrado frente a frente, pero Jess aún recordaba como tras verlo por primera vez allí se encerró en el baño y no acudió a clase, lo que le valió una bronca cortesía de Kingsley.

-¿Qué tal todo, cariño? -Le preguntó cordialmente Dorea una vez dentro de la casa mientras terminaban de arreglar las fuentes de comida.

Ese día Dorea había decidido invitarlos a comer, y como ocasión especial había optado por cocinar personalmente, ya que según creía los chicos no debían alimentarse correctamente en su apartamento.

-Bien, cansada y eso, pero bien -Contestó mientras observaba como Rocío entraba con una inmensa sonrisa a la cocina.

-Cuanto tiempo!! -Exclamó abrazando a Jess.

-Sigues igual de exagerada -Dijo Jess entre risas mientras se separaba de su amiga- ¡Hace solo unos días que no vimos!

-Da igual, hace mucho que no hablamos con calma. Cuando nos encontramos apenas nos da tiempo a saludarnos -Dijo reprendiéndola mientras se disponía a ayudar también a su suegra.

-Bueno, ¿alguna novedad que contar, chicos? -Preguntó Charlus una vez estuvieron todos sentados en la mesa.

-Lamentablemente si -Respondió Remus adelantándose a Jess, que pensaba dar la noticia con otra visión más alegre.

-Jess se muda y nos abandona -Continuó Laura añadiéndole dramatismo al asunto.

-¿Enserio, cariño? -Preguntó asombrada Dorea mientras Jess simplemente sonreía negando con la cabeza.

-Si me mudo, pero no les abandono. A ninguno os he abandonado -Añadió mientras observaba el cambio de expresión de Rocío, que se disponía a protestar ante tal afirmación.

-Independizarse está bien, pero sigo pensando que aún sois muy jóvenes -Intervino Charlus mostrando claramente su opinión- Y más con todo el ajetreo que hay -Añadió haciendo referencia a la guerra.

Los mortifagos seguían atacando indiscriminadamente, y cada día llegaban nuevos casos a las oficinas de muertes e información sobre los mortifagos identificados hasta el momento y los más peligrosos de ellos.

-La vida te enseña que nunca se es ni demasiado joven ni demasiado viejo -Dijo Jess con cierta melancolía dando por zanjada la discusión.

El resto de la cena transcurrió de forma amena y divertida, entre viejas y no tan viejas anécdotas del día a día. Tras ayudar a Dorea a recoger, Jess se excusó y se dirigió a la pequeña terraza de los Potter.

Algo aturdida y mareada, se apoyó en el viejo muro de ladrillos. Recordaba y no quería. Recordaba y le dolía. Como si fuera ayer revivió en pocos segundos aquella noche, aquella noche en la que su vida cambio.

Cerró los ojos creyéndose incapaz de permanecer en pie mucho tiempo más, pero eso solo empeoró aún más las cosas. Su pelo meciéndose caprichoso ante ella, sus ojos a la luz de la luna, sus labios sellando los suyos en una silenciosa promesa de amor… todo pasaba ante ella como una película fugaz, cuando lo sintió.

Alguien la rodeó cariñosamente por la cintura, estrechándola contra sí. Se aferró a esas manos y se apoyó contra el pecho de esa persona, sintiendo que solo eso la ataba a la tierra, mientras poco a poco comenzaba a recuperar la cordura.

Odiaba con toda su alma esos momentos de debilidad, odiaba no poder odiarlo y seguir amándolo de esa forma tan desesperada.

-¿Mejor? -Preguntó James mientras le acariciaba con mimo el pelo.

Jess, todavía con los ojos cerrados, asintió.

El silencio, en vez de ser un inconveniente y un estorbo, era en esos momentos su mejor amigo, su aliado. Temía hablar y que le fallara la voz. Temía abrir los ojos y encontrarse con James frente a frente, y lo peor de todo, temía echarse a llorar como una niña por algo que ya era imposible solucionar.

-Jess, no sé, es decir, no sabemos qué hacer para ayudarte -Comenzó a decir James en un susurro- Pero si hay algo, por más pequeño que sea…

-Olvidar -Dijo simplemente ella- Intentar olvidar que alguna vez hubo algo entre nosotros será lo mejor, especialmente para vosotros -Dijo ella consciente de la estrecha amistad de los chicos con Sirius, y de lo difícil que era para ellos esa continua situación de tensión ante la mención del otro.

"Todo está bien", se dijo mientras se adentraba nuevamente en el cálido hogar de una de las familias a las que más quería.

"Todo está bien", volvió a repetirse mientras le sonreía a todos y se unía a las conversaciones como si nada hubiera sucedido.

Pero tanto su pequeño demonio como su pequeño ángel sabían que nada andaba bien. Y lo peor de todo era que dudaban de que alguna vez algo volviera a estar bien…

P.D: Nuevo cap =)

Me alegra decir que por fin soy totalmente LIBRE, lo que significa más tiempo para escribir, más cap por semanas, más felicidad n.n

Espero que lo halláis disfrutado tanto como yo escribiendolo.

Hasta el proximo cap ;)