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Historia 50311 — capítulo 3

-Bruja -Murmuró alguien a su lado.

-Bonitas palabras para dedicárselas a una mujer -Dijo Jess con sorna mientras seguía removiendo tranquilamente su café con leche.

Hacía ya dos semanas que se había mudado definitivamente a su nuevo hogar. Ayudada por los chicos había podido finalizar la mudanza en un fin de semana. Desde entonces, su vida había seguido prácticamente el mismo curso que llevaba antes, con una única excepción.

Lo que más le pesaba de vivir sola era levantarse por las mañana y ver que no había nadie más en la casa, excepto ella y su fiel amiga Anteia. Así que, durante esos catorce días había estado desayunando en la cafetería donde cerró el acuerdo de alquiler.

-Solo digo la verdad -Dijo Mark sentándose frente a su joven clienta.

Marcos Laín, o Mark, como le gustaba ser llamado en Inglaterra, no era nada más ni nada menos que aquel chico que casi la mataba aquel día con su coche.

A pesar de aquel primer encontronazo, Jess siguió frecuentando la cafetería y encontrándose con él cada mañana. Poco a poco habían ido conversando entre ellos, conociendo así sus respectivos nombres y dirigiéndose algún que otro comentario mordaz.

-Gracias por tu franqueza -Dijo Jess intentando ocultar el nerviosismo que comenzaba a dominarla.

Era imposible que un muggle supiera de su condición de bruja, y mucho menos él, que no la conocía más que de verla desayunar allí cada día e intercambiar alguna que otra palabra.

-Hay ciertos descuidos que pueden ser terribles para personas de nuestra condición -Añadió él mientras clavaba su mirada en la de la chica.

-¿Nuestra? -Preguntó Jess sin poder ocultar su sorpresa- No sé de que hablas -Continuó mostrando una demasiado falsa indiferencia.

-Sabes perfectamente de que te hablo -Añadió él sonriendo pícaramente.

-¿Puedes ir al grano? Termino el café y me voy -Dijo ella cortante acercándose la pequeña taza a sus labios, sorbiendo la cálida bebida.

-Hablo de que ya he visto unas cinco veces tu varita asomar de la cartera -Dijo provocando que la mirada de Jess se tornara turbia- Por no hablar de las innumerables veces que se ven los galeones y knuts mezclados con la plata muggle.

-¿Así que mago, eh? -Dijo ella lo más tranquilamente posible acabando de desayunar- ¿Y qué hace un mago americano al otro lado del charco?-Preguntó ella en un perfecto español, sorprendiendo al chico tal como había hecho él momentos antes con ella.

-El futuro es Europa, lamentablemente-Contestó él con un inconfundible acento argentino que despertó en ella una familiaridad nunca antes sentida desde que llegó a su nuevo mundo.

-El futuro está oculto detrás de los hombres que lo hacen, no en los lugares. Ten eso siempre en cuenta-Concluyó ella mientras depositaba cinco libras en la mesa y se marchaba sin más…

Se encontraba hecha un ovillo sobre el sofá, practicando su deporte favorito, zapping. Los canales de la televisión inglesa se sucedían unos tras otros sin llegar a llamarle la atención ninguno, cuando de repente el móvil sonó a lo lejos oculto en uno de sus tantos bolsos.

Perezosa se levantó cual gata del sofá, estirándose y despertando sus agarrotados músculos. Era indudablemente deprimente que una joven como ella se encontrara un sábado sola en casa. Era, indudablemente también, su dura realidad.

Tras vaciar el contenido de tres bolsos sobre su cama encontró el pequeño teléfono, que emitía constantemente un desquiciante pitido.

-¿Diga? -Preguntó tras responder a la llamada.

-Dijiste que me llamarías y aún estoy esperando -Dijo una conocida voz masculina al otro lado del teléfono, cortando inmediatamente la llamada.

Tras escuchar Jess el pitido que indicaba que la llamada había finalizado, rió abiertamente volviendo a marcar el número de Ax.

-¿Quién es? -Preguntó el chico tras contestar a la llamada.

-Hola Ax, soy yo -Dijo entre risas Jess mientras el chico hacía como que él no la había llamado segundos antes- ¿Qué tal todo?

-Genial. Bueno, ya está bien, dejémonos de tonterías -Dijo Ax cambiando inmediatamente el tono de voz- Te advierto que esto no se va a quedar así -La amenazó desde el otro lado de la línea.

Jess sabía que era sarcasmo, pero aún así el tono en el que lo dijo le erizó por completo. Esa amenaza, aún sabiendo que era una inocente broma entre amigos, le heló la sangre como nunca imagino que lo llegaría a hacer.

-Siento no haberte podido llamar antes -Se disculpó ella con un nudo en la garganta causa de su irracional miedo.

-Ya hablaremos de eso… -Respondió Ax con su habitual deje que le hizo recuperar la confianza a ella- Por ahora lo que me interesa es que te arregles, te pongas guapísima y me esperes en King´s Cross en una hora.

-Ax, sabes que odio salir -Replicó ella sabiendo ya de antemano que sería inútil.

-Por eso mismo -Contestó al otro lado de la línea el chico- Porque sé que odias salir te obligo a salir. Si por ti fuera te pasarías el resto de tu vida encerrada en casa, pero ya me encargaré yo de que eso no suceda…

-Entonces dame hora y media -Negoció Jess observando la hora en el despertador que había encima de su mesa de luz.

-De acuerdo, nos vemos -Dijo él despidiéndose y dejando a su amiga vestirse, aunque, conociendo la puntualidad de su amiga, temía que la hora se alargaría más de lo deseado…

Tal como había previsto, Ax tuvo que esperar una hora más de la acordada a su amiga. Eran ya las doce de la noche cuando vio a Jess bajar de un taxi. Iba preciosa, para que negarlo. Sencilla como ella sola y a la vez con una elegancia que eclipsaba a cualquiera.

Unos vaqueros ceñidos pero no en exceso caían sobre unas preciosas sandalias negras de tacón, a juego con una camiseta atada al cuello con estampado de cebra y bolso negro. Su pelo se precipitaba como siempre en unas perfectas ondas negras, mientras que su rostro se encontraba sutilmente maquillado, resaltando los ojos y los labios especialmente.

-Siento el retraso -Se disculpó ella mientras le daba dos cariñosos besos a su amigo.

-Me lo veía venir -Dijo él simplemente encogiéndose de hombros y tomándola del brazo- Acaban de abrir un nuevo garito por aquí cerca que seguro te encantara -Dijo sonriendo al ver la cara de espanto que ponía Jess.

Y para decepción de esta, lo del local era totalmente cierto. Aún se preguntaba qué clase de amigo era Ax, quien a pesar de saber que odiaba los sitios así la había arrastrado a uno. Juntos entraron al local tras entregarle al portero dos invitaciones especiales, ya que era la inauguración.

-Te voy a matar -Le dijo Jess a su mejor amigo al oído mientras comenzaba a llegar una música atronadora procedente del final del pasillo por el que se encontraban circulando.

-Me lo agradecerás -Contestó él guiñándole un ojo.

Finalmente llegaron a una gran sala con pista de baile donde ya había gente bailando y bebiendo. La música, atronadora, parecía invitar a los asistentes a desinhibirse sin pudor, llevándolos a bailar de una forma para nada inocente. Las bebidas, de dudosa inocuidad, circulaban por la barra cual cisnes en un lago.

La sala parecía, según el pésimo concepto de Jess, un prostíbulo de lujo. Mesas para dos, barras en las que se encontraban bailando una serie de strippers con escasos ropajes, hombres con miradas lascivas y camareros que no se quedaban atrás y parecían salidos de una película para mayores de 18.

La sala se encontraba iluminada por una gran gama de luces de chillones colores que se hallaba en un continuo movimiento frenético que invitaba a un total descontrol, tal como el que se estaba viviendo en aquellos momentos.

-¿Sabes que aún soy menor de edad? -Le dijo ella al oído haciéndolo reír.

-Tranquila, no pienso darte ni una gota de alcohol. Aún recuerdo tu primer trago… -Dijo con él con nostalgia.

-Ya… -Dijo simplemente ella dejándose guiar.

Desprendiéndose del brazo de su amigo, Jess se dispuso a buscar una mesa disponible, cuando Ax se volvió acercar a ella.

-Aquí no -Le dijo simplemente volviéndola a guiar hacia una extraña puerta situada tras la barra de bebidas.

Tras cruzarla, se adentraron por una serie de nuevos pasillos que nunca llegó Jess a imaginar albergaría un lugar como aquel. La diferencia de estos pasillos con los primeros era notable, y eso lo pudo notar Jess con cierto recelo. Sentía sus tacones resonar en un lujoso suelo de parquet oscuro, a juego con unas paredes cubiertas de paneles de maderas a juego con el suelo. A su vez, una impresionante colección de exquisitos cuadros adornaba las paredes dándole un aire de auténtico museo.

-¿No te parece esto un poco…extravagante para una discoteca? -Preguntó intimidada por la magnificencia del lugar.

-Lo que acabamos de dejar, querida, es una simple fachada para muggles -Respondió Ax sonriéndole cariñosamente mientras seguían avanzando por aquel lujoso laberinto- Y este… -Continuó mientras llegaban ante una imponente doble puerta recubierta de madera y oro que era abierta por el chico- Este es nuestro verdadero destino -Concluyó mientras una tenue luz cálida los recibía.

Asombrada, Jess observó y se deleitó sin disimulo del entorno que se hallaba ante ella. Una espaciosa sala (también lujosa) les incitaba a adentrarse en un nuevo mundo. Allí, magos de diversas edades charlaban entre ellos sentados en mullidos sillones, con una copa jugando entre sus manos. Mayores y no tan mayores disfrutaban de la que era sin lugar a dudas una velada placentera.

La sala disponía de una barra atendida por camareros que supondría también serían magos, mientras que alrededor de esta se extendían un sinfín de estanterías repletas de interesantes y diversos objetos, desde libros hasta extraños cachivaches pasando por la que parecía ser una amplia colección de música.

-Es…es increíble -Logró musitar extasiada mientras Ax la conducía a un par de cómodos sillones.

-Bienvenida a la nueva sede del club de magos más famoso del mundo, el Magical Palace Club.

-¿Bromeas? -Soltó de improviso maravillada- El nombre es demasiado…

-Cursi -Finalizó su amigo mientras ocupaba un precioso sillón de cuero- Al igual que su historia, que algún día te contare -Prosiguió mientras observaba como Jess, lejos de sentarse, se dirigía ávida a las estanterías repletas de maravillosos tesoros…

Enfundado en un esmoquin negro y con más pinta de pingüino que de humano, el joven se paseaba por la lujosa sala portando una elegante bandeja de cristal repleta de diversas copas con infinidad de mágicos licores de los que en la vida había oído hablar.

Curioso, prestaba atención a ese gran conjunto de poderosos magos que se reunían en aquel prestigio club, e internamente deseó poder estar codeándose con ellos de igual a igual en vez de estar sirviéndoles. Con un claro suspiro de fastidio por la vida que le había tocado, continúo con su trabajo, que no consistía más que en ofrecer educadamente a aquellos peces gordos de la magia algún que otro trago, cuando la vio.

Lo primero en lo que pensó nada más distinguirla entre la multitud fue en que quizás estaría equivocado y la hubiera confundido con otra persona. Sin embargo, aquel precioso pelo no podía tener otra propietaria que ella.

Hechizado observó como ella deslizaba con delicadeza su mano por las tapas de diversos libros colocados en aquellas remilgadas estanterías que nunca antes habían captado tal atención en los asistentes de aquel club. Se fijó en cada una de sus expresiones y movimientos; en su pelo rebelde cayéndole molestamente sobre la cara e impidiéndole leer, en su frente arrugada a causa de un titulo no agradable, en sus manos tratando con un cuidado excepcional aquellos viejos volúmenes… En todo.

Preguntándose que haría ella allí, decidió al cabo de un rato acercarse y averiguarlo, aunque eso supusiera interrumpirla de su apasionante tarea.

-Siento no poder ofrecerte hoy un café -Le susurró al oído provocando que ella se pusiera nerviosa y se le cayera el libro que momentos antes tenía al suelo.

-¿Y que se supone que puedes ofrecerme entonces? -Preguntó ella con picardía tras recoger el libro del suelo y reconocerlo.

-Una copa afrodisiaca, quizás -Dijo él con el descaro dibujado en su rostro- Aunque dudo que a tu novio le atraiga semejante proposición -Dijo Mark mientras Jess dirigía su mirada al chico que observaba el camarero.

-¿Qué te hace pensar que es mi novio? -Añadió Jess melosamente ignorando la mirada de Ax sobre ellos.

-Por la forma en la que me mira dudo mucho que me tenga simpatía -Dijo Mark en un susurro mientras Jess era rodeada por la cintura por Ax.

-Me gustaría presentarte a algunas personas -Dijo su mejor amigo del colegio cogiendo una copa sin mirar siquiera a Mark.

-Claro -Respondió ella sin más dejándose guiar mientras le guiñaba un ojo al castaño…

Su cabeza se hallaba expuesta a un sinfín de sonidos que escasamente sabía de donde procedían. Preguntándose aún como habría llegado aquella nueva copa a sus manos, volvió a llevársela a la boca para ingerir dios sabe que nueva bebida.

Mientras el líquido se deslizaba por su garganta, quemándole, ella aturdida intentaba recordar cuantas copas habría tomado ya desde la primera.

Tras separarla de Mark, Ax le había presentado a un sinfín de personalidades célebres del mundo de la magia, siendo alguna de ellas la que pusiera en sus manos aquel primer trago. Tras este se sucedieron un sinfín de ellos más, pero, tal como le había incitado Ax, tenía derecho a divertirse, y aunque nunca hubiera estado de acuerdo con las borracheras como forma de ocio, debía admitir que aquello le estaba sentando por el momento de maravillas.

Olvidándose de los libros, se sumergió de lleno en una nueva forma que le permitía, momentáneamente, salir de aquel agujero negro en el que se hallaba continuamente metida.

Sonreía tontamente y escuchaba, entre leves risas que indicaban su ebrio estado, las anécdotas de aquellas personas con las que se encontraba charlando y bebiendo. A su amigo lo había perdido de vista hacía mucho tiempo, pero le daba igual, ya que lo estaba pasando gratamente bien con aquellas desconocidas personas.

Desde la barra, Mark la observaba impotente por no poder hacer nada y ayudarla a salir de aquel estado. No se podía decir que la conociera en profundidad, pero estaba casi seguro que ella no era de ese tipo de personas, y que mucho menos aquel era su comportamiento habitual. No había cesado en su vigilia, y se lamentaba de la poca atención que tenía su supuesto amigo para con ella. ¿Acaso no veía lo mal que estaba?

Los ojos de ella, chispeantes, se encontraron con los de Mark, a lo cual ella respondió con una estúpida sonrisa de borracha y un vago saludo. Sin embargo, todo pareció cambiar con la llegada de dos nuevos invitados al club.

Por unos instantes todo el alcohol que debería tener Jess en la sangre pareció desaparecer, recuperando su cordura normal. Con los ojos lagrimosos y entre cortantes disculpas logró excusarse y alejarse de las personas con las que antes compartía una agradable velada.

Allí, entre todos aquellos desconocidos, solo vio a una persona. Tomando el brazo de una joven belleza rubia, se alzaba él sobre todos los demás. Su pantalón negro y camisa blanca hacían juego con el precioso vestido negro de aquella desconocida.

Sirius Black era y seguiría siendo aquel que cortaba la respiración allá donde se hallara. La mente de Jess, aturdida, se perdió en su pelo, aquel al que tanto había acariciado, en sus labios, en sus ojos…

-Ayúdame, por favor -Le suplicó a Mark en el hombro.

Sin saber como, de un momento a otro se encontró abrazada a él, hundiéndose su rostro entre sus anchos hombros rogando porque Sirius no la hubiera visto. Aspiró el aroma del joven en un intento de volver, aferrándose a él desesperada.

-¿Qué…? -Musitó Mark aturdido por el extraño comportamiento de ella.

-Ayúdame a huir de Sirius Black-Alcanzó a decir ella antes de perder el conocimiento en los brazos de él.

Nota:

Por fin he logrado terminarlo =D 

Decir que este cap me ha costado bastante escribirlo, ya que no lograba expresar lo deseado en él. Se que podría estar mejor, pero lo encuentro bastante bien. La aparición de Sirius ha sido breve breve, pero aún no es su momento estelar ;)

Espero tardar menos con el próximo cap, y decir solo que en un par de ellos más las cosas empezaran a tornarse mas serias de lo que han estado hasta ahora. Por ahora, solo espero que hayáis disfrutado de la lectura y comentéis =P

Besos a todos n.n