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Historia 50311 — capítulo 4
Los rayos de sol le daban de lleno en la cara, y a pesar de tener los ojos fuertemente cerrados, la luz recibida le molestaba bastante. Aturdida, sintió como su cabeza le daba vueltas cual noria en una feria, mientras que por su nariz se filtraba un característico olor masculino procedente de la almohada sobre la que se encontraba reposando.
Poco a poco fue abriendo los ojos habituándose a la iluminación de la habitación. Algo mareada se incorporó en la cama, recordando lo sucedido la noche anterior. Lo único que tenía claro era que se había emborrachado, y dada esa información esencial, podía deducir el porqué de su repentina amnesia.
Con una calma nada habitual dada la situación, observó con cautela la habitación en la que se encontraba. Era pequeña, tan pequeña como una caja de cerillas. Sin embargo, albergaba lo suficiente para que fuera considerada como dormitorio.
Una cama individual, sobre la que ella se hallaba tumbada, cubierta por unas impecables sábanas a raya de diferentes tonalidades de azul. En la ventana ondeaban unas cortinas a juego con la ropa de cama, mientras que justo debajo de esta ventana había un escritorio cubierto de diversos libros, pergaminos y plumas con tinteros.
Pronto pudo deducir que dicha habitación no era la suya, cosa que fácilmente hubiera sabido al observar los poster de cierto equipo de Quiditch que empapelaba aquellas paredes celestes.
Tras comprobar que iba vestida con la ropa con la que salió de casa, busco con la mirada sus zapatos, localizándolos no muy lejos de la cama. Tras colocárselos, se incorporó de la cama, preguntándose qué demonios hacía allí en vez de estar en su casa.
De un momento a otro se encontraba saliendo temerosa del dormitorio, aventurándose en un lugar totalmente desconocido para ella. Salió a un estrecho pasillo blanco, por el que se desplazó con cierta dificultad, dada la resaca producto de la noche anterior.
-Buenos días -Dijo alguien de repente a sus espalda, provocando que trastrabillara y cayera de culo en mitad del pasillo.
-Duele -Dijo Jess levantándose ayudada por el dueño de la voz- ¿TÚ? -Gritó al ver que era Mark el que la sostenía.
Al levantarse en una cama de chico, lo primero que pensó fue que Ax, al no saber donde vivía, la había llevado a su casa dado su inusual estado ebrio. Sin embargo, encontrarse allí al apuesto (para que negarlo) camarero la horrorizada y avergonzaba tremendamente.
-¿Qué…? Tu… aquí…¿Qué haces aquí? -Logró preguntar finalmente tras tartamudear varias veces.
-Bueno, dado que vivo aquí no me parece tan extraña mi presencia -Dijo él tranquilamente mientras aún tenía su mano colocada en el hombro de ella- Es más, deberías preguntarte que haces VOS aquí -Añadió recalcando ese "vos".
-¡Te has aprovechado de mi! -Gritó ella descompuesta apartando de un manotazo la mano de él y poniendo entre ambos la máxima distancia posible.
-No soy un pedófilo, nena -Respondió él con cierto tono burlesco.
-¡No soy una niña! -Exclamó ella irritada- ¡Y si que te has aprovechado de mi! -Volvió a gritar alterada mientras Mark la sujetaba por los hombros y la conducía a una pequeña cocina, sentándola en una silla.
-A ver, mirame -Le pidió él más calmado mientras los ojos de ella conectaban con los suyos- Calmate, ¿queres? -Añadió él observando como ella se ponía de morros y giraba su cabeza en dirección a la pequeña ventana que había sobre el fregadero.
Dejándola sentada en la pequeña silla de madera, Mark se dispuso a prepararle un desayuno nutritivo que compensara el malestar de la resaca. Mientras, Jess observaba impasible como aquel joven desconocido cuidaba de ella mejor incluso a como lo había hecho Ax, su supuesto amigo. Desconfiada observó como Mark colocaba frente a ella una fuente cargada de deliciosos manjares dulces y una gran taza de café con leche, tal como el que tomaba ella en la cafetería.
-¿Qué hago aquí? -Preguntó tranquilamente Jess mientras se disponía a desayunar junto con Mark.
-¿Qué supones que haces aquí? -Dijo él rebatiendo su pregunta.
-¡No lo sé, vale! No me acuerdo de nada, joder -Volvió a gritar ella frustrada por todo lo sucedido, mientras el chico se limitaba a sonreír y negar con la cabeza.
-Ayer te emborrachaste, te acercaste a mí y te desmayaste -Dijo él tranquilamente mientras ella comenzaba a recordarlo todo poco a poco.
-¿Y no había otro sitio mejor que tu casa? -Añadió Jess al cabo de un rato en una mezcla de sarcasmo y recelo.
-Sí, el banco del parque -Dijo él sonriéndole con descaro- Ahora dejate de joder y concentrate -Añadió seriamente mientras acortaba distancias en la pequeña mesa de la cocina- Contame que ocurrió.
-Eso debería preguntar yo, ¿no crees? -Respondió ella algo ofuscada.
-¿Quién es Sirius Black? -Preguntó a bocajarro Mark provocando que Jess se atragantara al intentar digerir la comida que tenía en la boca en esos momentos.
-¿Por qué preguntas eso? -Dijo Jess con la voz entrecortada a causa de su casi ahogamiento.
-Limitate a contestar -Respondió él simplemente.
-Bueno…Sirius Black es…era…-Jess intentaba desesperadamente encontrar una respuesta adecuada pero falsa- Pues es un ex compañero mío -Contestó atropelladamente- Del colegio.
-Eso no explica el porqué de que quisieras huir de él -Añadió Mark observándola atentamente, en busca de cualquier indicio que delatara su nerviosismo.
-Pues…eso se debe a que no nos llevábamos lo que se dice bien -Mintió descaradamente mientras volvía a concentrarse en su café- No quería que me viera en ese estado y se burlara de mí.
-Entiendo -Dijo Mark concluyendo la conversación.
Terminaron de desayunar en silencio, reflexionando cada uno de ellos sobre diferentes puntos de la conversación.
Jess, por su parte, sentía un profundo y familiar dolor en el pecho. Culpable por haber mentido a Mark descaradamente, recordaba la complicidad existente entre ella y Sirius, las risas, las conversaciones… Definitivamente no se llevaron mal, al menos durante el poco tiempo que duró su relación.
Mark, en cambio, le dio la razón como a los locos, ya que sabía casi a ciencia cierta que no lograría sacarle nada más a ella. No creía una palabra de lo que le había dicho, pero, ¿quién era él para cuestionarla? Además, tenía problemas más serios en los que pensar, por ejemplo, definir qué clase de sentimientos le provocaba aquella chica que se encontraba frente a él, tan conocida y desconocida a la vez.
-Muchísimas gracias por todo -Dijo Jess tímidamente levantándose de la silla.
-No ha sido nada -Contestó él igual de tímido.
¿En qué momento había surgido esa vergüenza entre ellos? Y lo más importante de todo, ¿a causa de qué?
-Bueno, ya nos veremos, supongo -Prosiguió ella dirigiéndose a la entradita de la casa, dispuesta a irse de allí.
"Ahora o nunca", se dijo Mark tomándola del brazo, obligándola a volverse.
-¿Si? -Preguntó ella inocentemente, extrañada por el impedimento de él.
-Esto…tengo un par de entradas para una exposición y bueno, no tengo con quien ir -Dijo él de carrerilla sonrojándose violentamente a medida que avanzaba en su petición- Me preguntaba si te gustaría ir conmigo, digo, si no tenes otra cosa mejor que hacer.
Jess sintió como, al igual que él, toda la sangre se concentraba en sus mejillas a la vez que su corazón bombeaba con una inusual fuerza, temiendo que él escuchara tan vergonzosas reacciones.
-Claro -Musitó en un susurro sonriéndole con delicadeza.
-Genial -Dijo Mark con una inmensa sonrisa dibujada en el rostro- A las seis entonces en la cafetería -Concluyó a modo de despedida acompañándolo con un beso en la mejilla de ella.
Finalmente Jess salió del apartamento del chico con las piernas temblándole cual gelatina, y sintiéndose, por primera vez desde aquella fatídica noche, feliz.
Se apareció en un pequeño callejón que había a escasos metros de su casa, prestando atención con cautela a que ningún muggle se hubiera percatado de su repentina presencia en el barrio. Aturdida a causa de la aparición, se dirigió a su casa, encontrándose con una extraña sorpresa en su jardín.
Allí, entre las flores y los pequeños arbustos se localizaba Ax esperándola, sentado contra la blanca pared de su hogar. Frunciendo el ceño se dirigió insegura hacia él.
-Por fin apareces -Dijo Ax estrechándola entre sus brazos- Me tenías preocupado.
-¿Qué haces aquí? -Preguntó fríamente Jess mirándolo desconfiada.
-Venía a asegurarme de que estuvieras bien. Lamento mucho lo que sucedió anoche -Contestó el joven disculpándose por su comportamiento, cosa que a Jess no le preocupaba tanto.
-No me refiero a eso, sino a como sabes donde vivo -Dijo ella mirándole con suspicacia.
-Ah, eso -Dijo él aparentemente más tranquilo mientras Jess permanecía impasible- Antes de llamarte aquel día me encontré con James y Rocío paseando. Fueron ellos los que me dieron tanto tu teléfono como tu nueva dirección -Dijo tranquilamente mientras Jess optaba por aparentar que se lo creía.
-Entiendo. Pues ya ves que estoy bien. Lamento no poder invitarte a pasar, ya que tengo el tiempo justo de arreglarme e ir a la oficina. Ya nos veremos -Dijo ella simplemente entrando en la casa y cerrándole la puerta en las narices.
Con dolor se apoyó en la puerta, deslizándose hacia el suelo con los ojos llorosos. Ax le mentía, y eso le hacía daño. Su mejor amigo, aquel en el que confiaba ciegamente le ocultaba algo. La respuesta dada por él era simplemente imposible. Según él, Rocío y James le habían dado la nueva dirección de su casa días antes de que ella la alquilara, algo totalmente ilógico.
Dejó caer la cabeza entre sus piernas, ocultando las lágrimas que comenzaban a nacer en sus ojos. Se sentía sola, más sola que nunca. Tras varios minutos de silencioso llanto, comenzó a sentir unos cariñosos picoteos en sus brazos.
-Anteia -Susurró al ver a su fiel amiga mirándola cariñosamente.
Decidida a cambiar de una vez por todas con su vida, se levantó del suelo y se dispuso a prepararse para un día de trabajo tras el cual vendría una salida de ensueño, con un chico de ensueño que la ayudaría a olvidar todas las traiciones y engaños, o al menos eso esperaba ella...
-Méndez, necesito esos papeles en media hora -Le gritó Kingsley desde su despacho.
-Como pida, señor -Respondió ella con cierta burla concentrándose plenamente en aquellos documentos mágicos legales que debía terminar de rellenar.
-No me digas señor, sabes que lo odio -Dijo Kingsley malhumorado apareciendo frente al escritorio de ella, cruzándose de brazos irritado.
-No me llames Méndez entonces -Contestó ella sencillamente sin interrumpir su trabajo.
-Grandi!! -Gritó Kingsley sin moverse llamando a Max.
-¿Si? -Preguntó este adormilado asomando desde detrás de una gran pila de carpetas cargadas de expedientes.
-Quiero eso listo en quince minutos -Dijo el hombre señalando amenazadoramente los documentos.
-¿Y por qué a Jess le das más tiempo que a mí? -Dijo picado Max mientras Jess le sonreía maliciosamente.
-A callar y acatar -Rugió el auror estresado por tantas obligaciones- ¿Dónde demonios se ha metido Julia?
-Aquí estoy jefe -Dijo apareciendo la joven por la puerta del pequeño despacho que los tres pupilos compartían.
-Lleva esto inmediatamente a Alastor -Dijo entregándole un gran paquete envuelto cuidadosamente- ¡YA! -Exigió al ver la parsimonia de la joven, quien se fue rápidamente de allí dispuesta a cumplir con el recado de la manera más efectiva con el objetivo de evitar trabajo extra.
-Este lo que necesita es sexo -Le susurró Max a Jess desde su escritorio al ver que Kingsley se perdía tras la puerta de su despacho.
-¡Te he escuchado Grandi! -Volvió a rugir este desde dentro, haciendo reír a Jess y atemorizar a Maximiliano…
-Hora del café -Dijo alegremente Max levantándose vigorosamente de su asiento- ¿Me acompañáis? -Les preguntó a sus compañeras cogiendo su cazadora vaquera del colgador.
-Claro -Contestó Julia dirigiéndose hacia el italiano encantada de haber terminado finalmente parte de su trabajo de ese día.
-A mí aún me queda un poco -Dijo Jess en cambio, buscando en los cajones de su escritorio un formulario que necesitaba entregar urgentemente- Id yendo vosotros, luego os alcanzo si eso -Les dijo despidiéndose de ellos con un apresurado gesto de muñeca que indicaba su apuro por acabar con eso cuanto antes.
Tras encontrar finalmente el tan ansiado documento, se dispuso a rellenarlo lo más rápidamente posible con el objetivo de entregarlo cuanto antes. Los documentos que momentos antes le pidió Kingsley con tanta urgencia los había conseguido rellenar a tiempo. Sin embargo, aquel dichoso papel se escapó de su campo de visión impidiendo que lo cumplimentara, teniendo como consecuencia que el importantísimo informe de Kingsley estuviera inconcluso.
Tras realizar la última firma necesaria, se levantó y dirigió a los grandes ascensores del pasillo central, entrando en uno de ellos casi vacío, a excepción de una persona.
-¿Remus? -Preguntó asombrada dirigiéndose a su amigo mientras las puertas de metal se cerraban- Que alegría verte, ¿qué haces aquí?
-Pues precisamente venía a buscarte para desayunar juntos -Dijo él abrazándola afectuosamente.
-Entrego estos papeles y me invitas un café -Respondió ella guiñándole un ojo pícaramente.
-Veo que te va bien en el trabajo -Comentó Remus afablemente mientras le cedía el paso para salir del ascensor.
-No me puedo quejar -Dijo ella sumándose al gentío que había en esos momentos en la planta principal del ministerio- Claro que Kingsley es muy exigente.
-Me lo imagino -Prosiguió el licántropo mientras se acercaban al mostrador principal- Es uno de los mejores aurores de por aquí.
-Sí, la verdad que es un privilegio tenerlo como maestro -Dijo Jess mientras una joven recepcionista se acercaba a atenderlos- Envíe estos papeles inmediatamente al departamento de Aplicación de la Ley Mágica, por favor.
-Por supuesto, señorita -Dijo la joven disponiéndose inmediatamente a hacerlo.
-Gracias -Respondió Jess- ¿Vamos? -Le preguntó a Remus que le sonreía a modo de respuesta mientras la tomaba del brazo y se dirigían juntos a la cafetería.
Entraron en la cafetería del ministerio charlando y riendo como los amigos que eran. Remus, caballeroso como siempre, le dio asiento a Jess mientras él tomaba otro frente a esta. Ambos miraron detalladamente lo que les ofrecía el local en su respectiva carta y tras decidir que pedir, esperaron pacientes a que un camarero les atendiera.
-Me alegro que te vaya tan bien en tu nuevo hogar -Dijo Remus mirándola con sinceridad- Sin embargo…
-Remus, estoy bien, te lo aseguro -Dijo Jess percatándose de la preocupación de su amigo, cuando los vio.
-¿Sucede algo? -Preguntó Remus preocupado al ver como la chica se escondía tras la carta de la cafetería.
-Nada -Susurró ella quedamente asomándose lo suficiente para ver que se acercaban- Lo siento -Murmuró disculpándose con la mirada.
-¿Qué es lo que…? -Intentó preguntar cuando de repente alguien palmeó su hombro.
-¡Remus! Qué alegría verte, hombre -Exclamó enérgicamente Sirius Black sonriendo a su amigo.
-Sirius, James -Dijo Remus estrechando la mano de sus dos amigos e invitándoles a sentarse- Estaba aquí con… -Añadió mientras señalaba el asiento que hacia escasos segundos ocupaba Jess.
-¿Con quién? -Preguntó James dudando de la estabilidad mental de su amigo- Aquí no hay nadie Remus -Dijo carcajeándose y tomando asiento.
-Tienes razón -Dijo Remus intentando solucionar su patinazo- Será el calor -Prosiguió mientras James y él reían sin cesar por tan inocente confusión.
Pero Sirius sabía con certeza que el calor no le había afectado ni a su amigo ni a él. Porque la visión de ella riéndose como siempre en aquella mesa con Remus era tan real como el estremecimiento que sintió en el pecho al verla.
Había huido como una cobarde, pero aún así le daba igual. Ya, tranquila de nuevo en su pequeño y asfixiante despacho podía recapacitar sobre lo que había hecho. Sin lugar a duda había sido deprimente, pero necesario. No era capaz de enfrentarse a él, de saludarlo con normalidad como si nada hubiera sucedido entre ellos, como si nunca se hubieran querido.
Era una estúpida por seguir amándolo así, pero si quería olvidarlo no podía más que evitarlo, evitarlo a toda costa. Recuperando poco a poco el ritmo habitual de su respiración volvió al trabajo. Deseaba terminar cuanto antes, volver a casa y relajarse para disfrutar aquella noche sanamente, junto a una persona que prometía mucho…
De camino a casa el teléfono sonó en su bolso, inquietándola. Tras encontrarlo en uno de los tantos bolsillos internos, leyó en la pequeña pantallita el nombre de Remus.
-Lo siento muchísimo -Se disculpó Jess a modo de saludo tras contestar a la llamada.
-Sabes lo que esto significa, ¿no? -Dijo Remus al otro lado de la línea.
-Remus, escúchame, ¿sí? Se de antemano todo lo que me vas a decir y lo entiendo, en serio -Prosiguió Jess mientras abría ya la puerta de su casa- Estoy intentándolo, pero no es fácil. Ahora mismo no puedo seguir hablando contigo, pero en cuanto tenga un tiempo quedamos.
-Si no me vienes a buscar tú, iré yo, ¿entendido? -Le avisó el chico seriamente.
-Te lo prometo, Remus. Pero ahora mismo no puedo hablar. Nos vemos, besos -Dijo Jess finalizando la llamada.
Se metió en el baño y se duchó relajándose completamente con una suave música que llegaba desde la pequeña sala de estar. Esa noche iba a estar radiante, iba a ser feliz.
P.D: Como siempre, espero que os guste y lo comentéis después =)
Siento haber tardado tanto, pero espero que merezca la pena ^.^