← Historia 50311 · de
Historia 50311 — capítulo 5
Temblaba de miedo y frío. Se encontraba sola en un gran descampado, observando como alrededor de ella mortifagos y aurores luchaban en un combate a muerte. Estaba en medio del campo de batalla, ni con unos ni con otros. Mark, a su lado, la abrazaba a la par que le susurraba tranquilizadoras palabras en el oído. Cuando todo cambió.
A lo lejos vio a Regulus, clavando su atormentada mirada en ella y precipitándose sobre el césped, llorando a la par que gritaba desesperado. Alejado del joven Black se encontraba Sirius, pálido cual fantasma, con sus ojos clavados en ella cargados de horror e incredulidad.
Todos la miraban, unos con sufrimiento, otros con burla. Bellatrix se reía desaforadamente, sin ocultar su regocijo. Amigos y enemigos fijándose solamente en ella, y ella sin entender.
Desconcertada se giró y centró su mirada en Mark, quien había dejado de hablarle. En lugar de eso, una sonrisa parecida a la de Bellatrix se extendió por su cara, mientras que la tomaba fuertemente por los hombros.
-Nunca debiste encararla -Dijo mirándola fría y calculadoramente, con voz de ultratumba- Me pregunto quién de las dos estará más loca, si ella o tu -Añadió señalando a Bella, que en esos momentos corría alejándose de ellos.
Un profundo dolor comenzó a extenderse por todo su ser, consumiéndola lentamente y bloqueando su mente.
-Si hubieras aceptado mi primera propuesta todo hubiera sido más fácil -Añadió el joven mirándola reprobatoriamente.
-Jamás, me escuchas -Replicó ella con una rabia inusual cuya procedencia desconocía- Antes muerta.
-Sabes que eso no es factible. Sin embargo, confió que a medida que se vallan desarrollando las cosas recapacites sobre lo que te he propuesto. Por ahora, intenta mantenerte viva, querida -Finalizó él emitiendo una escalofriante risa que le heló la sangre a Jess.
De repente todo comenzó a oscurecerse y girar. Las risas, los llantos y los gritos de desesperación dirigidos a ella fueron extinguiéndose mientras iba cayendo al suelo…
Se despertó sobresaltada, temblando aún a causa de la pesadilla. Desde que salió de Hogwarts no volvió a pasarlo tan mal por un sueño, hasta ese día. No lo entendía, y eso la inquietaba aun más. El Mark de su sueño era sin lugar a dudas la antítesis del verdadero Mark, alguien totalmente irreal. ¿Y Regulus? No sabía de él desde que salió de Hogwarts, añadiendo el hecho de que jamás se llevaron bien, ¿Por qué sufriría entonces por ella?
Sin lugar a dudas aquella pesadilla era simplemente un sueño, así que tranquilizándose, observó en el pequeño despertador que eran las doce de la mañana, cosa que se explicaba dado que era sábado y que la noche anterior Kingsley les había obsequiado con unas cervezas tras en el entrenamiento.
"Hay que celebrar tu cumpleaños", dijo abrazándola efusivamente mientras Max y Julia elogiaban la idea. Así que habían decidido salir por ahí a tomar unas copas, cosa que se prolongó hasta bien entrada la noche.
El móvil sonó, vibrando encima de la mesita de luz. Aún con lagañas en los ojos, Jess contestó tras identificar quien la llamaba.
-Buenos días -Saludó ella con un tono de voz que delataba su felicidad.
-Buenas tardes querrás decir -Dijo Mark al otro lado de la línea, haciendo reír a Jess- Me preguntaba si esta noche te gustaría salir. Tengo partido, pero luego podríamos ir a cenar con los chicos por ahí, ¿Qué decís?
-Claro, me parece genial -Respondió ella encantada- ¿A qué hora?
-A las diez empieza el partido en las afueras de Londres. Lo encontrarás fácilmente. Nos vemos entonces, chao.
-Hasta la noche -Se despidió ella terminando con la llamada.
Había transcurrido aproximadamente un mes desde aquella primera cita, en la que para sorpresa de Jess, Mark la llevó a una maravillosa exposición egipcia en el Museo Británico. Mientras se duchaba recordó aquella agradable salida…
-¿No ves un poco arriesgado llevar a una chica en la primera cita a semejante exposición? -Preguntó ella mientras se refrescaban en una acogedora heladería del centro londinense.
-Bueno, ¿Qué sería la vida sin temeridades? -Dijo él sonriéndole mientras se llevaba una cuchara de helado a la boca- Además, sabría que esta saldría bien, ¿o me negarás que no te ha gustado?
-Decir que no supondría mentir descaradamente por nada, cosa a la que no estoy acostumbrada -Dijo Jess saboreando su helado de chocolate.
-¿A mentir descaradamente? -Inquirió Mark con interés.
-A mentir por nada -Dijo ella con malicia provocando una sincera carcajada de él- Pero volviendo al tema principal. ¿Qué te hizo suponer que esto me gustaría? -Preguntó ella indiscreta.
-El hecho de que lleves siempre esa cruz de Ank solo podía significar dos cosas: o que era un regalo de alguien muy especial o que el significado era muy importante para vos -Informó él dejándola sorprendida por su observación- Ahora decime, ¿cuál de las dos razones es?
-Para serte sincera, las dos, aunque esa historia te la contaré en otro momento -Dijo ella curiosa ante la capacidad de atención del chico- Ahora creo que lo apropiado sería conocernos mejor.
-¿Y qué sugerís para ello?
-Un "tú a tú". Consiste en una conversación pregunta-respuesta. Yo hago una pregunta a la que contestamos los dos, y luego tú.
-Suena bien -Dijo él divertido ante las ocurrencias de su joven acompañante, tras lo cual comenzó entre los dos una constante batalla lingüística que culminaría sin Jess darse cuenta en una nueva cita…
Las salidas se sucedieron una tras otra a raíz de cualquier excusa tonta que ponían los dos con tal de verse. Primero fue ella, que insistió en devolverle aquella fantástica tarde invitándolo a ver una película, luego él creyó oportuno agradecerle aquella tarde invitándola a un concierto, y así continuaron.
Se veían cada día, ya fuera por una u otra cosa, en los cuales fueron forjando una amistad que para ninguno de los dos estaba claramente definida. Por una parte sentían cosas que no eran propias de una simple amistad, y por otra no se atrevían a dar un paso en falso con temor a acabar con todo lo que habían conseguido.
Tras terminar de arreglarse, Jess salió a hacer las compras del día, buscando dejar la despensa llena antes de salir esa noche. Mark era el capitán y buscador de un equipo de Quiditch de segunda división. Aquella noche jugaban el último y más importante partido de la temporada, en el que estaba en juego el ascenso a la primera liga profesional.
Seguramente saldrían tras el partido a cenar con el equipo, en el cual estaban los mejores amigos del chico. Varias veces habían salido ya todos juntos tras los entrenamientos, y siempre Jess se lo había pasado genial con todos ellos, que derrochaban simpatía y diversión a raudales, al igual que su nuevo amigo.
Nada más soltar todas las bolsas de la compra en la cocina y servirse un vaso de agua fresca, el timbre de la entrada sonó, anunciando la presencia de un visitante.
-Feliz cumpleaños, nena!! -Exclamó el dueño de una desconocida voz oculto tras un gran puñado de globos de colores.
Tras tenderle los globos, Jess pudo comprobar con una gran sonrisa quien era aquel extraño personaje.
-Boris! -Exclamó Jess abalanzándose sobre el estilista y ahogándolo en un fuerte abrazo- ¿Qué haces aquí? -Preguntó invitándolo a pasar a la casa.
-Vengo a visitarte, nena, ¿a qué más? Por cierto, tienes la casa monísima -Dijo observando la decoración.
-Gracias, ¿te quedas a comer? -Preguntó ella mientras se dirigía a la cocina a preparar el almuerzo.
-Y a merendar -Dijo él siguiéndola con desparpajo.
Tras tomar un ligero y refrescante almuerzo consistente en ensalada de pasta, ambos se sentaron a tomar sendos cafés en el pequeño saloncito de la casa. Un potente ladrido de perro interrumpió la charla de ambos amigos.
-Nena, ¿no podrías haberte comprado una mascota menos…enorme? -Repuso Boris mirando con nerviosismo hacia la ventana que daba al jardín.
-¿Perdón? -Preguntó desconcertada Jess- Yo no me he comprado nada -Añadió preocupada.
-¿Y de quién es entonces ese enorme perro negro que hay frente a tu casa? -Dijo Boris señalando hacia la blanca valla que separaba la casa de la calle.
Jess se levantó y asomó por la ventana, alterada ante lo que le decía Boris, sin embargo allí estaba. Era enorme, tan enorme como lo recordaba. Y sus ojos plateados la atravesaban hasta clavársele en el corazón. Se miraban fijamente, sabiéndose conocedores de lo que pensaban cada uno, o al menos eso creían. Antes de marcharse él, ella le dedicó una dolida mirada, que él recordaría durante muchos años.
-Y dime, a que se debe tu visita -Volvió a interrogarlo Jess con curiosidad simulando que el hecho de que Sirius hubiera estado fuera de su hogar vigilándola no le había afectado en nada.
-Si te soy sincero estoy aquí por trabajo, pero nena, que ganas de verte que tenía ya -Dijo dándole una cariñosa palmada en el hombro.
-¿Trabajo? -Preguntó Jess aturdida, olvidándose por un momento del doloroso encuentro anterior.
-Exacto. Doreita me ha encargado ponerte como una princesa -Dijo mirando distraídamente el reloj- Y viendo la hora tendremos que ir empezando ya -Añadió levantándola presuroso.
-Boris, ¿de qué hablas? -Volvió a preguntar Jess alarmada ante semejante noticia. Y es que no había nada peor que una tarde entera de belleza con Boris.
Tres horas habían pasado desde que Boris prácticamente la tirase a la bañera con burbujas. Tres horas en las que le había ayudado a vestirse, peinarse y maquillarse. Tres horas en las que le comió la cabeza con mil temas diferentes. Pero por fin estaba lista, lo malo es que Jess no sabía para qué.
Llevaba puesto un precioso vestido corto de Dior, en un tono rojo pasión a juego con los tacones y el bolso. El pelo le caía en gráciles ondas por la espalda, cosa usual en ella, mientras que cuello y orejas eran adornados por un exquisito conjunto de gargantilla y pendientes de rubí, obsequio de la familia Potter.
-Esto es demasiado -Murmuró Jess frente al espejo de su dormitorio mientras acariciaba las joyas.
-Nena, si Dorea te lo ha regalado es porque te lo mereces -Añadió Boris dándole un breve beso en la mejilla- Y ahora vamos, te están esperando.
-¿Esperando? -Preguntó ella extrañada mientras era guiada por Boris hacia la salida de su casa- Oh, Dios mío!! -Exclamó impresionada al ver la espectacular limusina negra esperarla frente a la puerta.
-¿A qué esperas? -La instó Boris animándola a aventurarse al que sería sin dudas un cumpleaños inolvidable.
-¡SORPRESA! -Gritaron todos los asistentes al ver a la cumpleañera entrar por la puerta que daba a ese salón privado del hotel, reservado exclusivamente para ellos esa noche.
Tras dejarla la limusina frente al mejor hotel de Londres, lo primero en lo que pensó Jess fue en la reprimenda que le daría a Dorea en cuanto estuvieran a solas. Un camarero fue el que la guió a aquella parte privada del hotel, donde para su sorpresa la esperaban todos sonrientes.
Sonrojada ante la gran cantidad de gente que había en el salón, fue saludando uno a uno a todos los invitados educadamente, como buena anfitriona que era. Estaban allí todos reunidos: sus antiguos profesores y compañeros de Hogwarts, sus compañeros de trabajo y sus amigos más íntimos.
-Esto es… -Murmuró Jess mientras abrazaba emocionada al matrimonio Potter.
-Lo que os espera cada año -Dijo Charlus mirando a su esposa, que sonreía encantada ante la expectativa de organizar eventos.
-Sois de la familia y siempre lo seréis -Prosiguió Dorea besándola cariñosamente en las ruborizadas mejillas de Jess.
-Feliz cumple!! -Dijeron Laura y Rocío a la vez tirándose sobre una sorprendía Jess, a la que pillaron desprevenida.
-Felicidades querida -Dijo una sonriente Minerva McGonagall abrazando a su ex alumna amistosamente.
-¿Que fiestón, eh profesora? -Dijo James dirigiéndose descaradamente a McGonagall.
-Le recuerdo señor Potter que ya no soy mas su profesora, gracias a Merlin -Dijo esta con alivio.
-Vamos Minerva, es una fiesta, diviértete mujer -Dijo Albus Dumbledore apareciendo ante todos- Felicidades -Añadió abrazando a Jess, quien se encontraba sonrojada cual tomate.
-Me alegro que estes aquí -Le dijo Remus en el oído abrazándola por detrás- Temía que te negaras a venir.
-Claro que me hubiera negado de saber a donde venía -Dijo Jess golpeándolo de broma, mientras James la cogía desprevenida por detrás haciéndole cosquillas.
-Me alegro de teneros como amigos -Dijo ella emocionada mientras los cinco se unían en un gran abrazo afianzando los engranajes de una gran amistad a la cual le faltaba una pieza…
La fiesta transcurrió sin incidentes. Los invitados charlaron, comieron y bailaron hasta cansarse, divirtiéndose a la par que olvidaban todo lo demás, al igual que la festejada.
Jess hablaba con unos y con otros, disfrutando de una noche inolvidable, de su noche, cuando el elegante reloj dio las once, acompañado de un leve e imperceptible timbre que pasó desapercibido por todos excepto por ella.
Las once de la noche. Mark. El partido. "Oh, por Merlín", pensó Jess avergonzada por haber olvidado su cita con el chico. Buscó entre la multitud a Dorea o Charlus, para excusarse, pero solo halló a James tomando unas copas con Remus y las chicas, hacia los que se apresuró Jess.
-Chicos, lo lamento mucho pero debo marcharme ya -Se disculpó Jess despidiéndose de cada uno de ellos con un presuroso beso- Os agradezco mucho todo esto, nos veremos pronto.
-Ey! ¿Adónde vas con tanta prisa? -Dijo James acompañándola junto a Remus hacia la salida.
-He quedado con otros amigos -Dijo Jess esquivando a las personas que se interponían entre ella y la puerta.
-¿Otros amigos? -Preguntó extrañado Remus intercambiando una mirada preocupada con James- ¿Qué amigos?
-Remus, en serio, voy tarde -Dijo ella saliendo finalmente a la oscuridad de la noche- Ya responderé a vuestro interrogatorio en otro momento, ¿de acuerdo? -Finalizó desapareciendo ante los ojos de sus amigos, quienes comenzaban a sospechar sobre una posible intrusión de otra persona en la vida de la chica.
La buscaba preocupado entre la multitud, pero no la hallaba. Más de una vez alguien le había gritado que se concentrara en el partido, pero toda su atención se hallaba reunida en la ausencia de ella. Era extraño, ya que de haber tenido algún problema le habría llamado seguro. También sabía lo que ella solía tardar en arreglarse, y la poca puntualidad que tenía, pero sabiendo la importancia que el partido poseía para él pensó que llegaría a tiempo, o al menos no tan tarde.
Mark continúo sobrevolando el terreno de juego, pendiente tanto de la snitch como de la aparición de Jess. Si ella llegaba a faltar todo se iba por la borda, tanto trabajo para nada. Cuando de repente las vio a las dos.
Jess le saludaba desde una grada, disculpándose gestualmente con él por la tardanza. Iba preciosa, más arreglada que de costumbre, y tras él guiñarle un ojo dándole a entender que todo estaba bien, ella le sonrió.
Tras apartar su mirada de la chica, Mark se concentró en la pelotita dorada, que volaba a escasos metros de él con gracia. Observando disimuladamente al otro buscador, se lanzó en picado para atraparla, no sin antes realizar un espectacular amago de Wronski con el cual provocó que el otro buscador casi se estrellara contra el suelo, llevando consigo una preocupada exclamación del público.
Todo el bullicio anterior desapareció dando paso a un expectante silencio, deseoso de saber cuál de los dos equipos era el que ascendía finalmente. Entonces Mark, sabedor de ser el centro de todas las miradas, voló hacia Jess decidido colocándose frente a ella.
-Hola -La saludo manteniéndose él en el aire con la escoba, a escasos centímetros de ella, que se había levantado acercándose al chico.
-Hola -Respondió Jess al saludo desconcertada por el comportamiento del joven- Esto…siento la tardanza -Se excusó sonrojándose al verse observada por todo el mundo.
-No te preocupes -Dijo él tranquilamente como si estuvieran ellos dos solos- Quería decirte una cosa…
-¿Me la podrías decir cuando acabara el partido? -Dijo ella avergonzada por la situación.
Todos los ojos estaban clavados en ellos, esperando expectantes a que el buscador confirmara si había atrapado o no a la snitch, eso sin contar la curiosidad que levantó Jess entre los asistentes, especialmente entre las féminas, que esperaban algún acto romántico por parte del apuesto chico.
-Se que no es el mejor lugar -Volvió a decir él mientras a Jess comenzaba a temblar involuntariamente a causa de los nervios- Tampoco es nada del otro mundo, pero…
Sin finalizar lo que quería decirle, Mark tomó la mano de ella entre las suyas y le colocó delicadamente la pelotita dorada, provocando numerosos suspiros entre las chicas que presenciaban la escena.
-No es un anillo ni nada de valor, pero es lo más importante que tengo ahora mismo para hacerte ver que…
Nuevamente, sin finalizar, se giró hacia sus jugadores, quienes tras recibir un gesto de su capitán sacaron simultáneamente las varitas haciendo aparecer en pleno cielo las palabras más mágicas del mundo: te amo.
Jess observó aquellas dos hermosas palabras ausente de todo y todos. Cerrando sus ojos, por los cuales comenzaban a surgir lágrimas de felicidad, pensó en Sirius, en el momento en el que él le dijo que la amaba, en el momento en el que la dejó.
Entonces, mientras tomaba la mano de Mark y subía junto a él en su escoba, mientras él la abrazaba fuertemente por la cintura sobrevolando el campo, mientras la ayudaba a bajar de la escoba y mientras la besaba desatando toda la pasión contenida durante tanto tiempo y entre los aplausos de la gente, Jess decidió que merecía ser feliz de nuevo, y quien más que aquel loco argentino podría ayudarla a conseguirlo.
P.D: Siento haber tardado tanto, pero al contrario de lo que creí en un principio, me esta costando mas escribir en vacaciones. Entre las salidas y la falta de inspiración vamos mal T.T
Pero bueno, espero tener el próximo cap antes de que la web cierre temporalmente, pero por ahora desearos que disfrutéis de este cap y me contéis que os ha parecido ^o^
Besos a todos, Jemenar