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¡Aléjate sangre sucia! — capítulo 11

Hermione meditó en silencio. Su pierna había dejado de doler súbitamente y a no ser que Draco la hubiese curado, no podía ser así. Bien, nunca sintió sus manos sobre ella, así que o tuvo que haber utilizado magia u otro método. Pero ella sabía que él no tenía magia alguna. ¿O se equivocaba? Se levantó como pudo y se dijo dos cosas. Una: Draco había hecho magia y Dos: Se iba a quedar sola, si él se "curaba". Suspiró pesadamente y trató de acercarse a la puerta. Tenía miedo de que así fuera y terminase quedándose sola. Quedándose ciega y sola. Comenzaba a aprovechar la compañía de alguien, cuando éste ya tenía que irse. Comenzaba también a asustarle el hecho de que él tuviera remedio y ella no. De que ella se quedara así para siempre y él no. Estaba destinada entonces a estar sola. Porque tampoco quería la compasión de sus amigos. Abrió la puerta y caminó por el salón. Tantos tropezones ya la hacía conocerlo de pies a cabeza. Aunque... si bien era por parecer una tonta y que él o alguien la cuidara, bien podía fingir que era un poco torpe. No, ellos lo sabrían de inmediato. Ellos eran listos, ellos sabían que ella estaba dispuesta a todo y que un solo resbalón, no la haría caer. Entonces simplemente estaba destinada a ello. A quedarse sola para siempre.

  • ¿Draco, estás aquí?
  • ¿Qué quieres?- le respondieron en una habitación contigua. La cocina. Con un suspiro, ella caminó hacia el ambiente y se detuvo donde creía ya, que provenía el sonido de su voz. Sí ya sabía como identificar un par de cosas. Había aprendido muy bien el asunto. Una lástima, puesto que ya se iba a quedar sola.
  • ¿Puedo preguntarte algo, Draco?
  • ¿Qué?
  • ¿Usaste magia para curarme? Porque ya puedo caminar y puedo sentir mi pierna sana. ¿Cómo no te diste cuenta de que haz usado magia y me curaste? Buena pregunta. Lo hizo como autómata. Solo había tomado la varita e ignorando el resto de las circunstancias, solo la posó sobre la herida y la curó. Ni siquiera había recordado debido a la tensión; que no tenía magia. ¡Entonces sus poderes habían vuelto!
  • ¡Mis poderes han vuelto! Han regresado a mí. Lo sabía, nada puede dañarme. Ni mucho menos, alejarme de lo que soy. Suspiró y se dijo que ya se lo temía. Draco tenía sus poderes de vuelta y ella se quedaba ciega. Bueno lo suyo podía ser hasta más sencillo que lo que Draco describía. Siempre magnificaba las cosas. Bueno, tenía suerte de volver a su vida. Ella no.
  • Entiendo.
  • Ya podré irme de esta pocilga y dejar todo atrás. Podré volver a ser lo que era y nada más importará. Sí. ¿Por qué no? ¿Por qué ella sentía que algo más tenía que importarle y sin embargo, él no lo veía? Así eran todos los Malfoy. Pendientes de su destino solamente. El resto podía morir o irse a cagar si quería. Ella ya sabía a dónde iría. A San Mungo, a ser asilada allí. Porque no quería que la vieran de forma triste y deprimente.
  • Qué bueno, supongo. Eso sí lo captó él.
  • Me tienes envidia.
  • Quizá, sí... Draco- dijo, con cara de estar dolida y caminó de regreso hacia el salón. ¿Por qué no tenerle envidia? ¿Por qué no envidiar su felicidad? ¿Por qué no?