¡Aléjate sangre sucia! — capítulo 15
Podía ver mucho mejor, en eso estaba bastante clara. Sin embargo, por más que podía ver sombras ante sus ojos, sentía que no quería decirlo. Que no quería volver a su antigua vida. No era precisamente porque Draco fuera el rey de las atenciones y ella se sintiera como una princesa. Quizá era por acostumbrarse. Quizá era porque en realidad, estando con Draco, él no le tenía ningún tipo de condescendencia. Quizá porque podía ser ella misma sin sentirse limitada por sus incapacidades. Quizá porque él veía su alma tal cuál era. Aunque se quejara por el simple hecho de odiarla. No trataba de halagarla, de decirle que podía hacerlo. De llenarla de falsas esperanzas y de sueños. Eran tan cruel como la realidad misma. Así era Draco. Y estaba bien, supuso. Al menos no sentía lástima por ella ni tenía que escuchar lo divina que era su magia y lo estupenda que era ella como bruja. — ¿Cuál es tu problema, Granger, que aún no te has parado de la cama? Son las nueve en punto y el desayuno no va a estar toda la vida. Hay que hacerlo y la parte importante: Comértelo. Si no, el profesor Snape entrará quejándose de que no te alimenté y bla bla. Aunque a los animales no debe dárseles comida. Quizá era estúpida por preferir insultos a una vida llena de halagos y recompensas por solo sentarse y decir que no veía nada. Pero quizá eso le iba a enseñar algo. Soportarlo, seguro le iba a enseñar algo. A soportar a personas como él. Aprender a ser tolerante y paciente. Eso ¡sí, eso! Se sentó a la mesa con una sonrisa y Draco no podía entender sus cambios de humor. Bien, tenía que esperar hasta que ella recuperara su vista o total o parcialmente y luego, poder marcharse. Esperaba fuese pronto. O comenzaría a enloquecer. — Entonces, el profesor Snape trajo libros nuevos. Dijo que dejaras de leer y buscaras un nuevo pasatiempo o tendrá que traerte toda una biblioteca entera. Aunque conseguirlos con el código especial para ti, es prácticamente una tarea difícil. Solo oírlo quejarse, valía la pena. Música para sus oídos cansados de sentirse la mejor de todos. De oír que lo era. De escuchar tantos aplausos y tantas buenas calificaciones en todo lo que hacía. De mirar las sonrisas forzadas de todos al saber que ella había hecho otra gran obra. De nuevo. Estaba feliz así. Sintiéndose ignorada, sin reconocer. Sintiéndose como un trapo viejo al que aparte de "viejo", lo llamaban "sangre sucia". Bien. Todo marchaba muy bien. Total, tampoco era algo difícil de escuchar. Se comenzaba a acostumbrar al sonido de su petulante voz, llamándola desde la puerta. Draco podía hacer mucho bien cuando quería y mientras pensaba, había comenzado a componer rostros que para Malfoy, resultaban inquietantes. — ¿Qué diablos haces, Granger? ¿En qué diablos piensas? ¿En Weasley? ¿En tener sexo con él? ¡No puedes! Estás ciega y no podrías ver. Aunque de seguro él podría violarte y tú no lo notarías. Incluso... — Tú podrías violarme.— le complementó y Draco se había levantado de la mesa, con un salto. — ¡Ni lo sueñes! Yo no te violaría, perdería mi tiempo. ¡Ni que estuvieses tan bien dotada como para despertar deseos de ese tipo! Si solo comes libros. ¿Cómo diablos podría pensar que me atraerías? Sin duda si quisiera violarte, encontraría hojas de libros por todas partes. Seguro que estás hecha de eso. Rellena de hojas de libros. Hermione se sonrojó y se levantó de igual forma. Podía vislumbrar un poco de su cuerpo. Una forma oscura, parada frente a ella. — ¡Mira quién habla! Si estás hecho de puro odio y hasta hiedes. ¡Pero claro, yo soy peor que tú por leer! ¡Tú casi asesinas personas! O seguro que ya lo has hecho, con esa marca que reposa en tu brazo. ¡Porque sé que la tienes! ¡La he visto! Draco la miró sorprendida. — ¿Y cómo las has visto si no puedes ver? ¡Error! — ¡La he visto cómo los mortífagos la llevan!— se apresuró a corregirse y Draco inspiró pesadamente. — ¡Pues al menos yo tengo algo mejor que hacer! Anda ve y acuéstate con alguien. Será lo mejor que habrás hecho en toda tu existencia. — ¿¡Por qué no tú!? Debería hacerlo contigo. Sin duda alguna, sería la primera en tocarte. Porque por como eres, ni siquiera Pansy se habrá acercado. Y si le darás asco. Draco sonrió y la observó por unos minutos. — ¡Estás rogándome que me acueste contigo! Qué novedad. — Yo no te estoy rogando nada. No seas mentiroso. ¡Además de que no tendría por qué rogarte, seguro tú vendrías solo! Y de un momento a otro, Draco había soltado un bufido y se había detenido frente a ella. Hermione retrocedió un poco y sintió dos manos que sostenían sus brazos. — ¡Si te violara ahora mismo, no podrías ver! Gritarías como un cerdo a punto de ser sacrificado y nadie te creería, porque el profesor Snape solo me obedece a mí. — ¿Quieres apostar?