¡Aléjate sangre sucia! — capítulo 9
Ginny no dejaba de mirarla, estupefacta. Hermione estaba ciega. ¿Podía ser eso cierto? Pasaba su mano cerca de su frente, pero no parpadeaba. Draco asintió con la cabeza y Ginny dejó de moverse. Ron y Harry, estaban en las mismas condiciones. Solo que querían saber, qué hacía él allí dentro. Draco tuvo dos sencillas razones. Encomendado a cuidarla, por lisiada.
- ¡Eso es falso!- graznó Ron con rabia- ¡Seguramente has venido a hacerle daño. Solo que ella no se ha fijado en ello!
- Y son tus amigos, los que te creen tan idiota.
- Él no miente. Me cuida, mientras recupera sus poderes. Eso fue lo peor que había podido decir. Una sonrisa maliciosa, se posó sobre Ron y Ginny lo miró con mucho cuidado. Entonces, podían hacerle cuanto quisieran y él no podría defenderse. Por supuesto, Hermione estaba de por medio.
- Ni se les ocurra- dijo de pronto y Ron inspiró. ¿De qué hablaba?- ni se les ocurra intentar atacarlo, eso sería cruel y muy bajo. Draco curvó sus labios en una sonrisa suave y Harry lo miró de mala gana.
- Y aunque me encantaría golpearlo yo, será mejor que se dejen de juegos tontos.
- ¡Pero si fuiste tú quién no nos comentó que estabas ciega! Mucho menos, que él estaba sin poderes. Ahora no nos dejarás vengarnos.
- No. Por que serán tan animales como él. Y será mejor que demuestren algo de seso. Ginny miraba a Hermione y cómo trataba de desenvolverse. Inspiró, cuando Hermione no podía cruzar a través de un estrecho lugar, puesto que no podía ver. Se inclinó para ayudarle; pero ella no se lo permitió. No la necesitaba para lograrlo.
- Creo que puedo sola. Gracias. Disculpa Ginny, pero quiero emprender esto con mis propias fuerzas. A mí manera.
- Lo siento, Hermione.
- Y si me estás mirando con lástima, por favor no lo hagas. Ginny parpadeó sorprendida y Harry hizo lo mismo. Con una inspiración leve, Ron la observaba con preocupación. ¡Si Draco la había dejado ciega!
- Él no fue. Fue un mortífago. Costaba verla de esa forma. Una joven tan desenvuelta, estaba limitada a las paredes de sus párpados. De su ceguera. De aquel impedimento. No podían imaginársela, intentando estudiar. Sobre la mesa, reposaba el código Braile. Ella podría sola. No necesitaba la lástima de nadie. Por más amigos que fueran, no quería ser vista de esa forma. Severus insistió y pues, el resultado, no era el esperado. Ellos creían que se trataba de algo solucionable. Y hasta ese punto, no sabían si era cierto. No sabían si tendría compón. Comenzaba a preocuparles.