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Death Note II: La leyenda del Hassassin. — capítulo 3
Capitulo 3:
Orfanato.
13 julio. 11: 56 pm.
Permanecía con la vista fija en el movimiento borroso de la ventanilla.
Las imágenes de los autos, edificios y personas apenas se distinguían, todos ellos parecían una mancha, una imagen borrosa. De fondo, en el cielo, la noche era profunda, y la pequeña lucecita blanca que se veía a lo lejos, era la luna. No había estrellas en Londres esa noche.
Ángel imagino que a esa misma hora ayer, el había sido una persona normal. Tenía una familia, pequeña y extraña, pero la tenia. Tenía un hogar, una cama donde dormir en las noches. Iba a la escuela junto con otros chicos como él y tenía muchísimos amigos. Tenía una novia, a la cual amaba como a nadie en el mundo. Sin embargo, ahora Ángel no era nada. Un grano solitario de arena en toda la orilla del mar.
La oscuridad parecía ser la más grande del universo, tan profunda como la boca de un lobo. Las luces de neón centellaban con orgullo y poco a poco se volvían más míseras. Estaban saliendo de la ciudad.
-¿A dónde vamos?-pregunto en voz alta al chofer que lo conducía en un auto negro y nuevo, pequeño y delicado como una mariposa de papel delgado. El hombre, con los cabellos rojos como el crepúsculo y la cara llena de pecas marrones, le respondió sin quitar los ojos de la carretera, con una pesada voz de aburrimiento.
-Al orfanato Wammy.
El mundo pareció detenerse por un segundo. Ángel repitió mentalmente esa palabra. Orfanato. La analizo. Or-fa-na-to. La cuestiono. ¿Orfanato? Entonces, por fin, comprendió lo que ese hombre le acababa de decir. Lo enviarían a un orfanato.
-¿Qué? ¡¿Un orfanato?!-repitió, aun si poder dar crédito a sus oídos. Retiro la vista de la ventanilla, y poso sus ojos rasgados sobre el pelirrojo.
-Si-dijo este, sin inmutarse en lo más mínimo. Dio un giro en la carretera, y se encontraron en un camino oscuro y vacio.
-¿Por qué?-fue lo único capaz de decir. ¿Por qué?¿Por qué se había quedado solo de repente? ¿Por qué lo había perdido todo de repente? ¿Por qué la vida era tan cruel con el de repente? ¿Por qué? ¿Podía alguien decirle el "porque" de sus problemas? Lamentablemente, nadie podía.
-Ahí van las personas como tú.
-¿Cómo yo? -cuestiono el muchacho.
-Con habilidades especiales. Superiores.
Al ver llegar al pelirrojo a la Central Policial, Ángel creyó que lo llevaría con algún pariente lejano o algo así. Quizás lo hospedarían en un hotel, después detodo, era el hijo del exjefe de la Policía Británica. Pero no, lo llevaría a un pulgoso orfanato.
Ángel se quedo en silencio unos segundos, mientras el pelirrojo continuaba manejando tranquilamente el auto por la misma carretera solitaria.
-Pero…debo tener a alguien.-dijo, sin darse cuenta, en voz alta.
-No-dijo aun más cortante el conductor. Su voz pareció dura, como si no detectara el dolor y desesperación en la voz de Ángel.-Ya no tienes familia.
Aquel hombre vacio de sentimientos dio un giro a la derecha al llegar a un entronque. Mientras tanto, Ángel meditaba en busca de alguna salvación.
Sabía que su familia era originaria de Japón, pero se habían venido a vivir a Londres hace años, en busca de un lugar "seguro". Sabía que su madre había sido hija única. Su abuelo materno Suicido había muerto hace mucho tiempo, en Japón. Su abuela Sachikohabía muerto poco después del nacimiento de Ángel, al caer gravemente enferma. Por el lado de su padre, sus abuelos eran tan viejos, que habían perdido la memoria, y no eran capaces de sobrevivir por su cuenta. Menos podrían criar a un adolescente. Además, que Vivian en Japón, en una vieja casa para ancianos sin familia. Su padre, muerto e hijo único. Ningún pariente lejano. Debía aceptarlo. Estaba solo.
-Bienvenido al Bosque de Wammy.-dijo el chofer, rompiendo el silencio, con su voz aburrida. Estaban cruzando un portal de metal, con algunos detalles cobrizos. Con unas grandes letras rojas, decía: Bosque de Wammy.
A partir de ese letrero, ambos lados del a carretera se cubrían de abetos grandes y de troncos gruesos. Cada árbol estaba tan pegado al siguiente, que parecía imposible atravesar ese bosque.
Ángel no respondió. Se sentía cansado, y con muchos pensamientos en la mente, dando vueltas. Sus miedos y la soledad que sentía, lo perseguían como si formaran parte de su propia piel. Ángel agito la cabeza, esperando que sus ideas se aclararan un poco más.
El bosque, espeso e interminable, parecía eterno. El chofer continuaba manejando, como si supiera el camino de memoria. Ángel observaba la ventana y luego al chofer. Ventana, chofer. Chofer, ventana, alternadamente.
Habían pasado al menos unos 10 minutos, cuando Ángel alcanzo a divisar algo diferente a bosque en el horizonte.
Un portal parecido al del bosque, pero blanco y más lujoso, daba la gloriosa entrada a algo parecido a un monasterio, rodeado de arboles. El perímetro lo delimitaba una cerca pequeña y blanca.Estaba construida con ladrillos marrones, y el tejado estaba poblado de tejas grisáceas. Una pequeña torrecilla con una campana se alcanzaba a visualizar. Ángel se sorprendió al ver que las ventanas tenían un toque japonés.
El "monasterio" estaba a oscuras, y tan solo se alcanzaba ver una luz en una de las muchísimas ventanas que tenia.
-Bienvenido al Orfanato Wammy-anuncio el hombre, mientras pasaban por el portal. El auto piso con sus finas llantas el delicioso pasto del lugar. Después, el hombre estaciono el auto muy cerca de la entrada, al lado de al menos media docena de carros limpios y nuevos, todos de color negro. El chofer bajo rápidamente, y le abrió la puerta a Ángel, mientras decía con su voz aburrida y vacía de emoción.- Creada por el señor Quillsh Wammy (N/A Ese es el nombre real de Watari, el compañero de "L"), inventor japonés que emigro a Inglaterra después de la Segunda Guerra Mundial,en 1956.Tras su muerte, su gran amigo y compañero Stephen Wallace, ha tomado la dirección del Orfanato. Sígueme, por favor.
Ángel obedeció. La información que el hombre le decía le entraba por un oído y la salía por el otro. Caminaba sobre un suelo de pasto, increíblemente verde y sano. A lo lejos, un grillo reproducía su dulce sonido nocturno.
El pelirrojo lo condujo hasta una puerta, la única que había. Era de madera, pero tenía una elaborada "W" trazada con vidrio. La golpeo tres veces, no hubo respuesta.
-Ed. ¿No es muy tarde para que estés afuera?-dijo el chofer de repente. Ángel creyó que le hablaba a él, pero se equivocaba. Al lado de la puerta, oculto entre las sombras, había alguien. -¿Habías notado que había alguien ahí, Ángel Matsuda?- ahora si se dirigía a él. Ángel negó con la cabeza. No tenía ganas de dar una respuesta a una pregunta tan tonta. - No eres muy analítico, por lo visto. En este lugar, debes permanecer atento a cualquier detalle. Claro, solo si quieres sobrevivir. Ed, sal de ahí. Ahora mismo.
De las sombras, algo comenzó a moverse. Ángel, un poco ofendido por el comentario anterior, uso todas sus fuerzas para fijarse en todos los detalles de la persona que se ponía de pie.
-Ángel, el es Ed.- presento el pelirrojo. Nadie provenía de la puerta aun. Ed era un muchacho alto y flacucho. Tenía la piel muy oscura, tanto como el carbón. Su cabello era de un castaño oscuro, increíblemente rizado y despeinado. Los labios del muchacho eran rojos, y permanecían abiertos dándole, junto con los ojos muy abiertos, un aspecto de locos.
-Hola.-se limito a decir Ángel. Ed no respondió, en cambio lo miro atentamente durante mucho tiempo, antes de decir:
-Hoy hay menos estrellas que ayer.
-¿Kenwood?-dijo una voz femenina, tras la puerta. Ed dio un respingo y se tiro al suelo, haciéndose un ovillo. Ángel se sintió en una casa de locos.
-Soy yo. Traigo al muchacho. -respondió el pelirrojo. -Y Ed está de nuevo fuera.
-Ese muchacho de nuevo…
La puerta se abrió con un chirrido. Una mujer de unos 50 años estaba en el umbral, vestida aun con ropas de día. Tenía el cabello entrecano trenzado hasta los pies. Y la cara llena de profundas arrugas. Permanecía encorvada, con un bastón de madera en la mano. La mirada de la mujer instantáneamente se poso en Ángel. Y luego en Ed, que seguía en el suelo.
-Lo estábamos esperando. Pasen.
El vestíbulo estaba vacío, a excepción de una mesita, y una par de sillas. Por lo demás, no había absolutamente nada en las oscuras paredes de ladrillo. Cruzaron hacia un tipo de sala, donde había varios sillones de tela rugosa, unascuantas mesas, y sobre estas- también apilados en los rincones-periódicos. Había muchísimo periódico, como si fuera material de colección. Un escritorio con una computadora bastante antigua se encontraba en una esquina, y una taza de café que aun echaba humo, indicaba que hace poco había alguien sentado ahí. En otra esquina, una chimenea tenía el fuego encendido, a pesar de ser verano. Sobre la chimenea, un escudo de armas estaba colocado con orgullo sobre unas letras doradas que decían: Orfanato Wammy. Director Wallace.
Ed, venia caminando lentamente, con los brazos cruzados sobre el pecho, al lado de la mujer de la trenza. Al llegar a la sala, esta se excuso un instante y se llevo a Ed por una puerta que se encontraba del otro lado de la habitación. Regreso sola y se sentó inmediatamente frente al computador. Presiono un número en un aparato telefónico, igual de antiguo que el computador.
-¿Señor? El joven ha llegado… Si, no hay problema… Gracias, buenas noches.-la mujer colgó, y bebió un sorbo de café. Ángel, de pie, recargado en una pared frente al fuego, la miro expectante. El chofer pelirrojo estaba sentado en uno de los sillones, con los ojos muy abiertos pero adormilados.
-Bienvenido a tu nuevo hogar, Ángel.-dijo la mujer, con una voz tranquila, igual de vacía de emoción que la del chofer.- Creo que sabes que estás aquí, porque tu familia está totalmente muerta o incapaz de cuidarte.-Ángel se sorprendió en la rudeza y en la falta de tacto y ternura de esa mujer. Era muy diferente a su madre.- Aquí nos interesa tu futura formación como ciudadano respetuoso de las leyes de nuestra nación. Te daremos todo lo que necesites para que tus habilidades mentales se desarrollen. Por ahora, no hay nada más que decir, mañana conocerás a tus compañeros y al director Wallace.Ahora, sígueme. Disculpe, señor Kenwood.
La mujer comenzó a avanzar por la misma puerta por donde se había llevado a Ed. Era un pasillo, con muchísimas ventanas en forma de arcos a los lados. Las luces estaban apagadas, por lo que Ángel no podía ver nada más. Al final del pasillo había una puerta y a su lado unas escaleras pequeñas. Habían subido a un segundo piso, un pasillo igual al anterior, pero con puertas iguales de madera de un lado y ventanas arqueadas del otro. Ángel noto que las luces estaban prendidas dentro de las habitaciones.
-¡A dormir, todos!-grito la señora, de pronto, rompiendo el silencio con su voz. Las luces de todas las habitaciones, al mismo tiempo, se apagaron. Ángel no pudo evitar estremecerse. -Es aquí. Habitación 16.
La puerta no tenia número, así que saber cómo esa era la habitación 16, era un misterio total. La mujer saco una llave de uno de los bolsillos de su pantalón gris y la inserto en la ranura de la puerta. Después, saco la llave y abrió la puerta, la cual emitió un pequeño chirrido.
La habitación era…simplemente, un colchón estaba en el suelo, había unas sabanas y una almohada en un rincón. Y una ventana abierta en la pared de fondo. Era la habitación más sencilla y pobre en la que Ángel hubiera estado en toda su vida. Recordó con pesimismo su antigua habitación, llena de lujos.
-¿Es esto?-pregunto, con un poco de asco, entrando en la habitación. La mujer lo fulmino con la mirada, mientras claramente expresaba que Ángel le desagradaba.
-Si, es esto. Escucha, niño, ya no eres el hijo del Oficial Matsuda. Ahora eres huérfano como todos los que estamos aquí. Así que, acostúmbrate.
Dicho este, se fue, cerrando la puerta con un portazo. Ángel le dio una patada de furia a la pared de al lado, mientras maldecía su mala suerte. Se juro que no dormiría en ese cuartito pulgoso. No conocería a los huérfanos pulgosos y harapientos como Ed. ¡No duraría ni un segundo más en ese orfanato!
Dio una patada al colchón, de nuevo a la pared. Le dio un golpe fuerte a la pared, antes de dirigirse hacia la puerta y tratar de abrirla. Esta cerrada con llave. Golpeo la llave de nuevo, no se sentía capaz de pensar en un plan mejor que romper la puerta a puñetazos.
De pronto, vio que la puerta de su habitación se estaba abriendo, lenta y pausadamente, como si la persona que lo estuviera haciendo disfrutara de realizar las cosas comunes perfectas. Finalmente, la puerta se abrió.
-Si lo que quieres es escapar, no lo lograras, Solo los que tienen cerebro lo logran.
Suvoz era la más amable e infantil que había escuchado en los últimos dos días.A pesar de que sus palabras no eran muy dulces, la cara angelical de la chica lo recompensaba. Tenía el cabello de un color muy extraño, una mezcla de castaño dorado… Los ojos eran brillantes como dos diamantes azules. Era pálida, sin color en la cara además de los ojos azules y los labios rosados. Unas pequeñas pecas doradas sobre la nariz la hacían parecer aun más infantil.
-¿Qué tal si descansas y tratas de romper esa puerta mañana? Buenas noches.
Ángel, siempre había sido muy popular entre las chicas, pero ella lo había hecho quedarse completamente callado, inmóvil, paralizado. Recordó a Venus Christine y no le pareció tan hermosa ahora.
Regla 3:
Una vez escrito el nombre, si la causa de la muerte es escrita en los 40 segundos siguientes, esa muerte ocurrirá
(N/A) Nuevo capítulo…y nuevos personajes. J
Espere y les guste.
Atte.
Silencio13