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Death Note II: La leyenda del Hassassin. — capítulo 2
Capitulo 2:
La noticia.
13 julio. 7:46 am.
Cuando despertó, no dudo ni un momento en abrir los ojos. No recordaba mucho…sus recuerdos eran fríamente borrosos.
"Madre"
Se incorporo, sentándose en la camilla, con los ojos bien abiertos. No escucho a nadie que lo quisiera detener. Recordó que su madre siempre le pedía que se recostara cuando se sintiera enfermo…
"Madre"
Estaba en una ambulancia, podía jurarlo. Escuchaba un silencio aterrador y filoso desde afuera. El silencio, un silencio de muerte, parecía acuchillar el corazón del muchacho de cabello cobrizo.
Se miro las manos, las piernas… estaba sucio. Tenía algo como cenizas por todo el cuerpo. Alguien le había puesto una bata ligera y liviana, pero sentía un ardor tremendo en la espalda.
Se dio cuenta que tenía un aparato en la cara, para respirar. Se lo quito con un gesto brusco y lo dejo en una mesita al lado de su camilla, donde descansaban otros aparatos médicos con desconocida causa.
Ángel dio una fuerte respiración, sintió el aire frio entrar en sus pulmones, dándole una sensación refrescante. Soltó el aire con parsimonia, y se trato de poner de pie, pero apenas lo hizo y sintió un fuerte mareo. Cerró los ojos fuertemente, respiro hondo y profundamente, y los abrió de golpe. Lo intento de nuevo, más lentamente. Coloco un pie en el suelo, noto que no tenía zapatos. Coloco el otro pie, y se apoyo con ambos en el piso. Estaba frio.
Miro hacia la puerta, que parecía estar cerrada, sin embargo, rápidamente tiro de la manija. No sucedió nada. Volvió a intentar, esta vez con más fuerza. Lo iba a intentar una tercera vez, pero su acción se vio interrumpía, la puerta se había abierto.
La luz cegadora del sol le inundo la vista, lo que causo que sus ojos se encandilaran y tuviera que entrecerrarlos.
-Veo que has despertado, muchacho.-dijo una voz firme. Ángel contemplo al hombre que estaba frente a él. Era algo anciano, con el cabello y las barbas blancas. Usaba unos lentes gruesos, que le daban un aspecto extraño a su rostro delgado. El hombre era alto y flacucho, con la espalda encorvada. Sin embargo, Ángel pudo notar que ese hombre debía tener muchísimo dinero, por el simple hecho de ver como se vestía.
-¿Quién es usted?-no dudo en cuestionar el muchacho. Miro fijamente al hombre, y este le correspondió la mirada. El hombre tardo unos segundos antes de responder.
-Stephen Wallace.-dijo, con un tono de repetición, como si hubiera dicho muchas veces su nombre anteriormente.- Tú debes ser Ángel Matsuda, ¿cierto?
Ángel no respondió a la pregunta.
-¿Qué sucedió? ¿Dónde estoy? ¿Dónde están todos? ¿Cómo…?
Stephen levanto una mano para pedir silencio. Ángel callo.
-Muchacho, yo no soy nadie para responderte esas preguntas.- sentencio el señor Wallace. Ángel creyó ver que la comisura de los labios del hombre se curveaba un poco, y no pudo evitar despreciarlo. ¿Acaso nadie entendía las dudas que lo embargaban?-Pero bueno…alguien debe decirte lo que ha pasado.
Ángel se quedo atento, esperando sus palabras, de pie. Stephen busco algo entre los bolsillos de la chaqueta negra que llevaba, algo extraño en un día de verano.
-Deberías sentarte.- agrego, mientras alargaba la mano, la cual tenía una periódico doblado y con olor a vodka. Sin entender aun, y con un nudo de nervios en el estomago, Ángel se sentó en la orilla de la camilla, tomo el periódico y miro la primera pagina.
Agradeció estar sentado… pues el grito de dolorque salió de su garganta, de su alma, de lo más profundo de su ser… era capaz de tirarlo al suelo.
Incendio en la Mansión Matsuda
La Mansión Matsuda, antiguo hogar del actualmente fallecido) policía de origen japonés Touta Matsuda (el cual murió en una misión de trabajo haceaños) , resulto atrapada en llamas en la madrugada de ayer.
Alrededor de las 11:10 pm, vecinos de la calle Peace, reportaron un pequeño incendio en el jardín de la casa. Algunas personas trataron de controlarlo, pero las llamas se extendieron rápidamente, por el tipo de madera con la que la casa fue construida. El servicio de policía y bomberos, llego aproximadamente a las 12:05 am, puesto que una manifestación contra la violencia en el país había bloqueado las avenidas principales. Los bomberos tardaron varias horas en apagar el fuego, así que fue hasta las 6:15 am cuando pudieron apagarlo por completo.
Al principio, la policía creyó que había sido un corto circuito el origen del incendio, pero al realizar las investigaciones necesarias, encontraron en el jardín, un tétrico mensaje, realizado con tablas de madera que habían quedado en cenizas después de haber sido bañadas en gasolina y puestas en llamas.
Cerca del mensaje, el cual decía simplemente: Anti-Kira, se encontró el cadáver carbonizado de la esposa del señor Matsuda, Sayu Matsuda, la cual mostraba muestras de tortura, y estaba amarrada de manos y pies, con la boca cubierta por una tela.
Por lo tanto, las policías inician sus investigaciones, sin más pruebas que la misteriosa marca, a la cual, los lectores ya deben conocer.
El saldo final de este trágico accidente, fue de 7 muertes (entre la ahora occisa, Sayu Matsuda, 2 bomberos, y personal de limpieza de la casa), y un solo sobreviviente, el hijo del matrimonio Matsuda.
-¿Nombre?
-Ángel Matsuda.
-¿Edad?
-Catorce.
Se encontraba en la Central Policial de Londres, siendo cuestionado por un policía de color y expresión malhumorada. Detrás del hombre, media docena de policías escribían en cuadernillos todo lo que Ángel decía.
"Estoy solo."
Cuando su padre había muerto en una misión policial hace algunos años, Ángel se había sentido culpable. ¿Si él no hacía nada para atrapar a los asesinos, se estaba convirtiendo en un cómplice, entonces? Siempre había escuchado la palabra "justicia" desde pequeño y nunca había comprendido su verdadero significado. ¿Era justicia que los asesinos, secuestradores, violadores, ladrones estuvieran libres, viviendo como si nada, entre los puros? Si eso no era justicia… ¿entonces qué sería?
Su madre siempre le había dicho que ellos algún día pagarían por lo que habían hecho. Que la justicia siempre llegaba.
Pues bien. Ella ahora estaba muerta. ¿Acaso eso era justo? ¿Había hecho Sayu algo tan malo como para que tuviera ese final?
"Está muerta. Estoy solo"
-¿Qué hacías ayer a las 12:00 am?
-Estaba en casa de mi novia.- respondió con voz quebrada. Quería llorar. Llorar hasta no poder más o se la acabaran las lágrimas de tanto dolor.
-¿Cómo se llama? ¿Cuantos años tiene?
-Venus Christine Assis . Catorce años.-Ángel recordó el rostro perfecto de Venus Christine. Era perfectamente rubia, con los ojos cafés y los labios rojos. La más hermosa de su colegio. Y era suya.
-¿Dónde vive?
-En la calle Peace, #16.
El oficial hacia las preguntas rápida, fría y cruelmente. Como si no le importara el dolor de Ángel. Ángel no pudo evitar despreciarlo.
-¿Crees que esto fue un accidente o algo intencional?
Ángel espero en silencio, antes de decir con el odio más frio que había sentido:
-Intencional
-¿Qué te hace pensarlo?
-¡¿No cree que es estúpido pensar que ese mensaje se escribió solo?! ¡Imposible!-impulsivamente, lo había gritado, y el oficial lo miro con rechazo.
-¿Consideras posible un suicidio?
Esa fue la gota que derramo el vaso.
-¡No fue un suicidio, por favor! ¡No fue un accidente! ¡Mi madre era fuerte, y sé que nunca se suicidaría! ¡Deben aceptar que hay un crimen en esto, deben dejar de huir de esto solo porque tienen miedo o no se sienten capaces! ¡No van a dejar al culpable libre! ¡Todo el mundo les pedirá justicia!
-¡Tranquilo!-replico el hombre de color, abriendo los ojos. -¡Escucha, muchacho, este es nuestro trabajo y…!
-¡Y no lo hacen bien! ¡Son los llamados héroes de la justicia y dejan que el crimen continúe!
-¡Alto ya!-exclamo uno de los policías que tomaban notas.-¡Por favor, absténganse de sus comentarios y continúen con el interrogatorio.
El oficial que lo entrevistaba frunció el ceño y miro a muchacho.
-Que suerte que no te consideremos sospechoso...-murmuro, poco audible. Dicho esto, continúo con las preguntas.
Ángel sabía que en algún momento debería pensar en ello…
Estaba hecho un ovillo en la sala de espera de la Central Policiaca. Solo, dejaba correr las silenciosas lágrimas que había guardado.
Solo. Estaba solo.
Nunca se había sentido tan solo. Su padre, muerto. Su madre, muerta. Sin nadie más.
-Aquí tienes, cariño-dijo una mujer de lápiz labial rosado chillón, entregándole una rosquilla glaseada antes de volver a su trabajo de secretaria. El muchacho no respondió nada, y tomo la rosquilla, sin comerla. No tenía hambre, a pesar de no haber comido en todo el día.
Le había prestado ropa, la suya se había quemado junto con la casa. Se había mojado el cabello, quitándose la ceniza antes de venir a declarar a la Central Policial. Y llevaba ahí todo el día, pues no tenía ningún lugar donde ir.
No podía aceptarlo. ¿Cómo podía estar muerta su madre? Tan solo el día de ayer a esa misma hora, habría estado hablando con ella sobre Venus Christine. Y luego, el se había molestado con su madre por decir que la chica era un poco "adelantada". Ángel se había ido a casa de la ya mencionada y al regresar…
¡Imposible!
"Eso no pasa en la vida real"
Pero si, si pasaba. Ángel no creía en el mal hasta que murió su padre. Y luego, se había resignado a que volviera a pasar. Y sucedió.
-¿No tiene untío, un primo o algo así?-escucho Ángel decir a la mujer del lápiz labial rosado, por teléfono. Ángel sintió que la mujer lo miraba de reojo.
En la sala de espera, Ángel y un par de mujeres que parecían algo preocupadas, eran los únicos que la habitaban. El sonido de la televisión que estaba puesta con orgullo en la pared, resonaba en la habitación, con un eco fantasmagórico.
-¿Nadie?... Si, si, lo sé… De acuerdo, señor. Lo esperamos. Gracias. -la mujer colgó y le dirigió una mirada de lastima al muchacho, que ahora esperaba atento una explicación.- Ya te encontramos un lugar para que pases la noche.
Ángel suspiro, una sensación de alivio lo abordo. Seguro le habían encontrado un familiar o un tutor. Volvió a una posición fetal, y siguió llorando, lamentando la pérdida de su madre, la persona que le había dado la vida.
Se sintió débil. No fue fuerte, no fue valiente. Era débil y sus lágrimas lo demostraban.
"Te juro, madre, que tu muerte será vengada. Yo mismo hare justicia, si es necesario. Lo juro."
Con el dorso de la mano, se limpio las lágrimas y levanto el rostro.
"Lo juro"
Regla 2:
Este cuaderno no hará efecto si el propietario no tiene en mente la cara de la persona a la que va a matar mientras escribe el nombre. De este modo, la gente con el mismo nombre no se verá afectada.
(N/A) ¡Saludos! Aquí está el segundo capítulo. Espero y les agrade.
Atte.
Silencio13