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Almas Gemelas — capítulo 20

Este capítulo es bastante corto para mi gusto, pero no he tenido mucho tiempo durante estas semanas de escribir debido a los estudios y a todo lo demás. Espero que al menos os guste.


La lluvia caía fuertemente sobre el castillo de Hogwarts, pero en el bullicioso Gran Comedor nadie se fijaba en ese detalle, a pesar de que gracias al encantamiento del techo, se podía vislumbrar el cielo tal como estaba fuera. Precisamente aquel sería el último día que lo verían antes de que empezaran las vacaciones.

Sin embargo, sí que había alguien contemplando con cierta fascinación como las finas gotas de agua caían y golpeaban las ventanas del Gran Comedor. Tom no quería pensar en nada, tan sólo dejarse llevar por aquel paisaje que lo atraía tanto...Si hubiera hecho sol, hubiera sido distinto. Odiaba el sol y la calor. Eran dos elementos muy contrarios a él. En cambio, la lluvia, el frío, el cielo nublado, la noche...Sentía una conexión con todo eso, aunque no sabía muy bien de dónde procedía.

Alguien lo sacó de su ensimismamiento al notar un carraspeo a su lado. Era un chico de su misma edad y tan sólo había hablado con él un par de veces. Tom enarcó una ceja, molesto por la interrupción.

-Hola Riddle. Yo sólo quería decirte que si quieres venirte a mi casa en las vacaciones, puedes venir. Además, muchos compañeros lo van a hacer y como tú eres tan brillante y destacas por encima de nosotros, creo que sería un insulto por nuestra parte no invitarte.

Se hizo un breve silencio. "Bueno, mejor que ir a ese horrible orfanato debería de ser..." pensó Tom escéptico.

-Está bien, acepto -dijo simplemente, puesto que no tenía nada más que añadir.

-Te mandaré una lechuza cuando termine de organizarlo todo en mi casa.

Tom asintió y volvió a contemplar las gotas de lluvia...

Lo que no se figuraba Tom, era que todo aquello formaba parte de un plan. Concretamente planificado por cierta chica de Slytherin y cierto chico de Ravenclaw, siguiendo los dos un mismo objetivo. Precisamente, aquellos dos muchachos habían observado la escena, escondidos y lanzándose miradas significativas.

-Hemos comenzado bien-susurró la chica con una siniestra sonrisa en los labios.

El chico ladeó la cabeza, inseguro.

-¿Estás segura de que todo esto va a funcionar, Druella?

-Por supuesto, Erik -respondió la aludida- ya sabes lo que tienes que hacer ahora.

El chico asintió, aún teniendo dudas y se dirigió a la mesa de Ravenclaw. Allí se encontraba Alexandra, también con sus pensamientos lejos de aquel lugar. Erik se detuvo, indeciso, pero una mirada insistente de Druella le obligó a seguir. Cuando llegó junto a Alexandra, esta le ignoró por completo porque hasta ella tenía su orgullo.

-Hola...-probó a decir Erik.

Alexandra siguió sin mirarle.

-Sé que soy un estúpido pero lo único que quiero ahora es pedirte disculpas por mi comportamiento de ayer. Sé que fue algo inmaduro y que no merezco tu perdón. Sólo pido también que me entiendas y que me dieras la oportunidad de cambiar y empezar de cero.

La chica se quedó sin habla por unos instantes. Erik era muy testarudo y raramente pedía perdón. Lo que ella no sospechaba era que el chico se había aprendido esas palabras de memoria gracias a Druella. El plan que habían elaborado era muy sencillo y a la vez díficil de conseguir, en su opinión. Al chico no le gustaba mucho el caracter de Druella, principalmente porque ella era de Slytherin y después que esa sonrisa llena de dulzura lo ponía nervioso.

-Bueno, está bien. Acepto tus disculpas. Después de todo, todos merecemos una segunda oportunidad, ¿no?- respondió Alexandra, esbozando una sonrisa.

Erik asintió, sonriendo a su vez.

-De todas formas -prosiguió Erik- ahora me voy a disculpar con Liz...Tampoco la traté precisamente bien. También he pensado que en vacaciones, podríamos ir algún día a mi casa. Os mandaré una lechuza cuando llegue el momento.

Druella desde el rincón, escondida, sonrió para sus adentros. El plan comenzaba a funcionar.