Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Almas Gemelas · de

Almas Gemelas — capítulo 19

El presuntuoso abrazo de Alexandra dejó a Tom anonadado aunque no la apartó de él. Hacia semanas que no se acercaban tanto. Como la última vez que estuvieron juntos, al chico le abrumó el embriagador y dulce olor que desprendía Alexandra. Se empezó a sentir exactamente igual que ese momento, sólo que ahora iba acompañado por algo más. Una emoción que no supo identificar. ¿Sería compasión? Sí, debía ser eso...Sin embargo, era desconcertante encontrar ese sentimiento en él puesto que jamás se había compadecido de nadie. No podía permitirlo. Además, precisamente porque se sentía igual que la última vez, sabía lo que vendría después...No estaba dispuesto a volver a pasar por aquello. Pronto, los pensamientos sombríos comenzaron a salir a luz....Odiaba ver a la gente llorar. Le recordaba al orfanato. La compasión fue sustituida (no sin gran esfuerzo) por ira y odio.

La alejó de él, suavemente pues aún quedaba un poco de compasión. Detestaba aquel sentimiento, lo hacía sentirse vulnerable. ¿Por qué esa chica siempre lograba confundirle? Él debía estar por encima de eso, él era superior a todos esos insignificantes alumnos. Se repitió a sí mismo esas palabras una y otra vez, intentando apartar todas las inexplicables emociones de antes.

Alexandra había dejado de llorar desde un buen rato. El abrazo a Tom había sido puramente instintivo; ni siquiera se había parado a pensar las consecuencias de su acto. Había sido extrañamente reconfortante estar en sus brazos, como si fuera envuelta por el halo de misterio que desprendía el muchacho. Se sorprendió al ver como el chico la apartaba pero luego se reprendió a sí misma por no haberlo supuesto. En cuanto recuperó la cordura, un ligero rubor escarlata subió hasta sus mejillas. Estaba avergonzada y se sentía muy culpable. Intentó decir alguna palabra pero no pudo. Nunca se había sentido así...Aunque claro, nunca había llorado tanto en su vida.

Tom suspiró con resignación. Quería irse o al menos, dejar bien claro los límites a Alexandra pero su cuerpo no le obedecía. Podía escuchar las respiraciones de los dos...Acompasadas como si fueran una sola.

Pronto, la comodidad brilló por su ausencia. Alexandra desvió la vista del chico, no se sentía capaz de soportar su mirada fría y sin emoción. Porque, en efecto, Tom no dejaba traslucir las miles de emociones que le embargaban por dentro. Esto no tendría que haber pasado...¿En qué estaba pensando aquella chiquilla? ¿Esperaba que él, precisamente él, se compadeciera de ella? No...Eso nunca iba a pasar...

Por fin, Tom reaccionó y se fue, nervioso, sin decir ni una palabra. Al principio, no supo de qué modo caminar, si rápido o lento. Era como si sus pies no recibieran las ordenes de su cerebro. Intentó andar lo más normal posible. Bueno, cómo el solía caminar: seguro de sí mismo y con la vista al frente. Sin embargo, se apresuró un poco a abandonar aquel pasillo, como si también pudiera abandonar lo sucedido. Casi se sintió aliviado cuando pudo cruzar la esquina del fondo del pasillo.

Alexandra se quedó sola con sus pensamientos. ¿Qué era lo que le había conducido a hacer eso? Tendría que aprender a controlar sus impulsos...

Mientras tanto, en las habitaciones de la torre de Ravenclaw, Erik sentía que los remordimientos y el arrepentimiento amenazaban con consumirle. Estaba tumbado sobre su cama, y aún así, no tenía energías para hacer nada, ni siquiera bajar a disculparse con sus dos mejores amigas. Él era el culpable ya que, al no tragarse su orgullo, había tirado por la borda la amistad que les unía desde que se conocieron justo cuando les quedaba tan sólo un día y medio en Hogwarts antes de que comenzaran las vacaciones. Debía de solucionar el asunto cuanto antes...Pero ahora no podía. Las cosas no volverían a ser como eran...O eso pensaba él. Odiaba más que nunca a Tom. El joven Slytherin había influido, inconscientemente, en todo aquel desastre...Si tan sólo pudiera escarmentarle o apartarle de sus vidas para siempre...

De pronto, una lechuza entró con un vuelo suave por la ventana. Llevaba una carta para Erik. Este no reconocía la lechuza, nunca la había visto. Abrió la carta y la leyó. Desconcertado y aliviado, sonrió aunque sin dejarse llevar muchísimo por la ilusión...Debía tomar una decisión.

Hola Erik:

Ante todo, quiero decirte que esta carta es en son de paz y tan sólo te quiero ayudar. Sé exactamente en qué situación estás y sé como puedes resolverlo. Te sorprenderá saber que mis intereses son los mismos que los tuyos. Yo también quiero que ciertos individuos que tu y yo conocemos no se junten nunca más. La situación es crítica, creo que están comenzando a formar un vínculo entre ellos. Unidos podemos conseguir muchas cosas. Probablemente no podrás confiar en mí así como así, por eso, te propongo que mañana quedemos a las dos y media en la torre de astronomía, donde seguramente no habrá nadie debido a que estarán todos en el Gran Comedor.Tengo un plan, pero necesito tu participación. Piensa mucho en mi propuesta y mándame la respuesta con esta misma lechuza.

Un saludo,

D.R.