← Historia 51028 · de
Historia 51028 — capítulo 4
(POV Alice)
Cada día, lo esperaba.
Sentada allí, en la cafetería.
Empezaba a temer que Jasper no fuera a Philadelphia, y eso hacía que (si lo tenía) mi corazón se oprimiera.
El mozo al que había herido caminaba por allí, con el pómulo amoratado. Me oculté tras el libro del menú, pero mirando de vez en cuando si él miraba en mi dirección.
De repente, mi corazón dio un brinco. No supe si era un espejismo, pero vi un chico rubio, caminando por la plaza. Estaba nublado, que bien. Ayer descubrí que si me exponía al sol, brillaba como un diamante.
Intenté levantarme, nerviosa.
Pero si me veía el mozo, estaría en apuros. Primero: Seguro que me reconocería perfectamente. Segundo: Había un policía cerca.
Seguí vigilando a Jasper, que se dirigía hasta la cafete...
Empecé a temblar, y la mesa también. El mozo se fue, y yo bajé el libro del menú.
Jasper se sentó en un sillón, cuando empezó a llover.
Me encantaba la lluvia, todo lo contrario de cuando era humana.
Me incorporé, y salí a caminar.
Tal vez, Jasper vio mis ojos rojos, o un destello de ellos, y yo seguí caminando. Cuando vi que la calle estaba desierta, las ventanas cerradas, las cortinas corridas y la gente adentro (hasta la cafetería había cerrado), me puse a bailotear.
Jasper tuvo que salir de la cafetería, y me vio.
-¡Hola, Jasper!- lo saludé, con una risa cantarina.
Jasper puso cara de contrariedad, y eso me hizo reír.
Me acerqué a él, bailoteando, y Jasper me sonrió, forzadamente.
-Hola, señorita...
-Brandon- respondí, tras unos diez segundos de vacilación. No recordaba mi apellido-. Mary Alice Brandon.
Jasper me estrechó la mano, y se ve que le sorprendió no sentir el calor típico de los humanos.
-¿Eres...?
-Vampiresa, sí- afirmé, y no solté su mano.
-Vaya... Y yo que pensaba que no había muchos en el mundo- comentó, y sonreí.
-Debe de haber muchos más- dije, y caminamos bajo la lluvia.
-¿Quién te... transformó?
-Creo que un doctor del psiquiátrico...
-¿Eres una demente?- me preguntó.
-Claro que no. Si lo fuera, no hablaría con tanta normalidad contigo- dije, ofendida-. Estaba en el psiquiátrico porque...
Intenté recordar.
-...Mis padres descubrieron que sé ver el futuro...
-Wow.
-¿Y tú? ¿Qué haces?
-Sé manipular las emociones de las personas- me confesó.
Nos detuvimos.
-Estuvo esperándote mucho tiempo- le dije, en tono de reproche-. Dos semanas, para ser exactos.
Jasper cerró los ojos, meditando su respuesta. La expresión de mi Jazz era divertida.
-Discúlpeme, señorita.
-Alice.
-Le pido mil disculpas, señorita Alice. No me fue fácil separarme de mis amigos...
-Peter y Charlotte- aporté, y él me miró sorprendido.
Solté una carcajada, mientras que estábamos cada vez más empapados.
-Los vi a los tres en una visión- dije-. ¿Por qué te crees que sé tu nombre sin que tú me lo hayas dicho?
Jasper quedó impresionado, y sonreí, animada.
Le di un corto beso en los labios, y cerré mis ojos.
Él me abrazó, y nos seguimos besando.
-Encontraste tu razón- dije, pícaramente.
-¿Qué?
-Tu razón. Buscabas una razón para no tener que... ¿matarte?
-Ah- dijo, al parecer, recordando todo-. Cierto.
Le tomé de la mano, y nos dirigimos hasta otro lugar, sin rumbo, otra vez.