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Bloody Mary ( the true story) — capítulo 15

Una joven de cabellos negros miraba a través de una ventana cerrada y con la madera pútrida, ya que nadie se había encargado de cuidarla o cambiarla, como a la muchacha de rasgos delicados e inquietantes ojos azules que parecían ver, aunque en ese momento no veían el triste y monótono paisaje que esa vieja ventana le mostraba. Sus ojos contemplaban el pasado, sabía que debía desecharlo, enterrarlo, pero los fantasmas del pasado no se conforman con un simple enterramiento.

" No pienses en eso ahora" murmuró en su oído una voz dulce y suave como el terciopelo, mientras un muchacho alado posaba su delicada mano sobre el hombro desnudo de la joven. La muchacha se tornó mirando al joven de cabellos rubios y lisos, rasgos dulces y armoniosos que la miraba sin ver nada más que ella, bebiéndola con sus pupilas azules.

-Sé que es inútil pensar en el pasado-murmuró la joven acariciando el rostro del ángel- pero tengo un mal presentimiento- sentenció arrugando el entrecejo.

Mary percibió el miedo en las pupilas azules de Harold y se abrazó a él, aunque justo en ese instante, se oyeron pasos por el pasillo, alguien se dirigía a su habitación. La joven se separó bruscamente del ángel y fingió mirar paulatinamente por la vidriosa ventana.

-Mary-murmuró la voz de Rose a sus espaldas, y tanto ángel como humana percibieron el timbre de alarma en la voz aterciopelada de Rose- ha vuelto.

Mary se giró bruscamente hacia su niñera, con el pánico reflejado en sus grandes ojos azules mientras varios de ondulados mechones de color azabache le caían por el rostro, otorgándole un aspecto frágil y a la vez salvaje, como si tuviera miedo y a la vez la dominara la rabia.

-Es tu madre Mary- continuó Rose con la voz rota- quiere…¡Ha venido para casarte con el hijo de los Swantey!- soltó de golpe, como liberándose de una gran carga, como si lo hubiera vomitado.

Los ojos de Mary se abrieron como platos, pero en ellos no se reflejaba miedo, si no rabia, la fuerza del odio, ese sentimiento incontrolable que puede llevar a la perdición.

-Maldita zorra- escupió la joven con el odio impregnado en cada uno de sus vocablos.

"Mary…" murmuróHarold con pesar, sintiendo todos esos malos sentimientos que dominaban a la joven de recién cumplidos diecisiete años.

-Lo sé Harold, lo siento- murmuró la joven volviéndose al joven ángel- pero me da rabia que sea ella quien decida sobre mi vida cuando me odia…¡ Cruel vida! Yo te amo Harold, te quiero a ti, no a ese muchacho que apenas conozco…¡ Tan solo lo vi una vez!- exclama la joven dominada por sus sentimientos, mas aún nada podía hacer…

-Está abajo y exige que hagas tus maletas para marcharte ahora mismo a enmendar y honrar a tu familia.- concluyó la niñera- y yo no podré acompañarte- agregó mientras varias lagrimas preñadas de tristeza descendían por sus mejillas pálidas.

Por el rostro hermoso de Mary también bajaron varias perlas de sufrimiento, pues era Rose quien la había visto crecer, quien la protegía de los espectros cuando era pequeña y aún no contaba con la amistad de Harold. Sin poderlo reprimir, Mary se abalanzó sobre Rose y la abrazó con fuerza. Rose le respondió al abrazo y apartó a Mary con suavidad.

-Venga vístete con esto- murmuró depositando un hermoso vestido azul cielo el la cama desecha de la joven, luego se quitó el crucifijo que llevaba al cuello y lo dejó sobre el hermoso vestido de Mary, y acto seguido salió de la habitación entre sollozos.

Mary cayó al suelo entre lagrimas, con el cabello cubriéndole el rostro, ¿Por qué a ella?

-No me separaré de ti ni un instante, te lo prometo- murmuró Harold.

-Lo sé- murmuró Mary depositando un beso en la mejilla de la mujer- No sabes como maldigo el ser mujer- murmuró Mary con pesar.

Harold, ante tal comentario besó a Mary dulcemente en los labios, luego la miró y acarició su rostro.

-Las mujeres sois la mejor creación del mundo, pero los hombres os temen, sois poderosas, inteligentes e increíblemente hermosas, sois Pandora, y eso les aterra, pero vosotras no sabéis cuán poderosas podéis ser, pero ahora tú lo sabes.

Mary miró a Harold y depositó un beso en la comisura de sus labios finos. Acto seguido, la joven se cambió la ropa interior, mientras Harold desviaba la vista hacia otro lado, aunque le tentaba la idea de mirar el cuerpo joven de Mary, pero no lo hizo por respeto.

-Harold- murmuró la chica- ayúdame con el corsé.

El ángel se ruborizó, mas aún acudió y ató cuidadosamente el corsé de la joven, admirando las curvas insinuantes de la muchacha, pero no podía evitar pensar que todo cambiaría, que la paz acababa de esfumarse de sus vidas.