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Bloody Mary ( the true story) — capítulo 6
3 de Octubre de 1919. Canadá.
Una niña daba vueltas en su cama, inquieta, con un niño fantasmal a su lado intentando darle tranquilidad, pero ella no podía dormir, y Harold acariciaba sus bucles azabaches.
-Algo malo está pasando- murmuró ella abriendo de par los ojos en la oscuridad de su habitación y mirando a su fantasmal acompañante.
La niña se levantó de la cama y Harold la cogió de la mano. " No vayas Mary, no sabemos que pasa".
-Esos gritos...-murmuró Mary.
"Mary puede ser peligroso" le seguía advirtiendo su acompañante, el cuál la niña ya consideraba como su especie de ángel de la guarda.
La pequeña abrió la puerta del cuarto de sus padres. No había nadie. Miró a la habitación de Rose, la cuál estaba al fondo del pasillo. Los gritos provenían de allí. La pequeña notó como la rabia iba creciendo dentro de ella y recordó la promesa que le había echo a Charlotte, la cuál parecía querer mucho a Rose."No Mary" le dijo Harold al averiguar lo que pensaba hacer la pequeña. " Mary ni se te ocurra".
-Estoy harta-murmuró la pequeña con rabia, con odio, con tanto dolor y frialdad que hizo estremecer al espectro.
La niña se dirigió al cuarto de Rose, ocultando un objeto que inquietaba a Harold tras su espalda.La pequeña se quedó un momento vacilando tras la puerta, mas a la vez escuchando todo lo que sucedía en el interior de la habitación.
-Zorra- le decía su padre a Rose mientras ella sollozaba- ¿ Te creías que no lo sabía, eh preciosa?
Rose rompió en sollozos de nuevo.
-¿ Eh, te crees que no lo sabía?- se escuchó un golpe seco y un grito. - Maldita pecadora- continuó su padre- primero eso y ahora me andas provocando...- no se oyó nada, salvo otro sollozo de Rose- ¿ En qué quedamos, en hombres o mujeres?.
Rose gritó y se oyó otro golpe seco.
-Te gustan las curvas ¿Eh?- prosiguió Peter Darwstrong- Los pechos... el pelo largo, los rasgos femeninos- se escuchó una carcajada masculina y un llanto femenino- Te gustaba Charlotte ¿Sabes?, podría decirlo a todo el mundo, y te condenarían a muerte, maldita homosexual.
La rabia de la pequeña, la cual se había enterado de toda la conversación aumentó y abrió la puerta, fingiendo inocencia.
-Papi- murmuró mirando la escena sin expresión en el rostro.
-¡Mary vete de aquí!- le gritó Rose entre lagrimas.
La niña miró a Rose. La pobre yacía en el suelo, con el camisón medio desabrochado, mostrando de esa manera su lencería de encaje. Su pelo negro y liso estaba suelto y despeinado y su rostro... Desencajado de puro terror y dolor. Y, por el cuerpo de Rose podían verse claramente algunas heridas y moratones,
-¿Quieres jugar conmigo?-preguntó la pequeña desvelando la 9 m.m que llevaba oculta tras su espalda, mientras apuntaba a Peter Darwstrong.
-¡ Suelta eso Mary!- le gritó Rose.
-¡Niña maldita!
Mary miró a su padre con el rostro inexpresivo, pero con la mirada llena de ira, y lo que vio, no fue a ese hombre que se hallaba frente a ella indefenso y con la camisa media desabrochada, si no a un monstruo, un monstruo sádico y violento. La pequeña apoyó su fino y blanco dedo sobre el frío y oscuro gatillo, presionándolo. En ese instante, se oyó el letal bum de la pistola, mientras la bala mortífera salía lanzada de la boca del arma, yendo directamente al pecho del monstruo que los ojos de Mary veían frente a ella. La pequeña oyó como la bala se traspasaba la piel de Peter Darwstrong, y observó fríamente como éste caía pesadamente sobre el duro suelo de mármol, mientras la sangre brotaba de su pecho, tiñendo su camisa de color rojo carmesí y manchando el suelo.
-Ojalá ardas en el infierno-murmuró Mary con la rabia reflejada en su voz, mientras sentía a alguien flotando a su lado.
-¡Mary!-gritó Rose histérica.
La niña se limitó a mirar a la chica sin expresión en el rostro. Mientras, Rose miraba el cadáver de Darwstrong con el terror reflejado en sus pupilas azules, a la vez que intentaba con todas sus fuerzas pensar como salir de esa situación.
-Mierda-murmuró mientras se revolvía con las manos sus ya revueltos cabellos negros, que le caían libremente por la espalda.
De pronto, la puerta de la habitación se abrió, descubriendo a Elizabeth Darwstrong, que miró inexpresiva el cuerpo inerte de su marido, y tras contemplar el cadáver, su mirada se centró en su hija, Mary Darwstrong, que sostenía una 9m.m en su pequeña, delicada y pálida mano.
Invierno de 1924. Londres.
Una muchacha de unos trece años yacíatendida en la cama, exhausta, sudando y con su melena ondulada de color azabache despeinada y cubriendo casi por completo su rostro pálido y sudoroso, mientras maldecía por lo bajini a las monjas que aún se hallaban en su habitación.
-Esta niña está endemoniada- le dijo una monja a otra.
La otra no contestó al instante, mientras, Mary fingía seguir durmiendo.
-Tenéis razón madre Aurora-respondió otra-un hijo de Dios no llora sangre...
-Ni hace las cosas que ella hace.- terminó la madre Aurora- ¿ Es que acaso creéis que ella ve realmente a los muertos?-preguntó con sorna- Está poseída.
La otra monja, que parecía de menor edad hizo una pausa y miró con pena a la muchacha que yacía en la cama, aparentemente dormida.
-Madre Eloise- la apeló la madre Aurora- ¿Me estáis escuchando?
La madre Eloise miró a Aurora con la gravedad reflejada en sus pupilas azules.
-Sí, os escucho-hizo una pausa- no sé, creo que es demasiado precipitado decir que está endemoniada.
-Mató a su padre- le recordó la madre Aurora.
Eloise entreabrió los labios ligeramente, pues quería decirle a la madre Aurora que ella no sabía nada acerca de la joven que yacía ahora tendida sobre la incómoda cama, que ella no era quien para decir que estaba endemoniada, pues su padre había sido el mayor de los monstruos que ella había tenido la desgracia de conocer.
-Ya lo sé- se limitó a decir Eloise- pero ya le han hecho más de veinte exorcismos en cinco años y no ha pasado nada- le recordó a la monja.
Aurora no respondió, y se limitó a torcer el gesto mientras salía de la habitación, dando un portazo al salir.
Eloise miró a Mary, que yacía en la cama tumbada, mientras la muchacha levantaba la cabeza y apartaba los mechones de su cabello negro como la noche que le cubrían el rostro pálido y exhausto. Eloise se estremeció al ver la expresión de la muchacha y al sentir como el odio emanaba de sus fríos ojos azules.
-Lo siento-murmuró la monja sin atreverse a mirar a la muchacha a los ojos.
La chica de la melena negra y repleta de bucles no respondió, tan solo se limitó a mirar a la monja, mientras por sus mejillas empezaban a correr varias lagrimas rojas.
-Sé que no puedes hacer nada- fue todo lo que dijo la muchacha.
La monja la miró y se sentó junto a la joven, quese hallaba sentada en la cama abrazada a sus rodillas, mientras se balanceaba levemente hacia delante y hacia detrás.
Mary miró a la monja, mientras unos brazos masculinos y fantasmales la abrazaban, reconfortándola. La monja sonrió, como si estuviera viendo a Harold abrazándola y Mary enarcó una ceja, extrañada, pues que ella supiera, Rose nunca había podido ver a los fantasmas, ¿Es qué ahora los veía, o es que sonreía por no llorar?