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Bloody Mary ( the true story) — capítulo 5
30 Octubre de 1919. Canadá
Una joven de unos veinte años, permanecía en salón de la majestuosa casa de los Dawstrong. De pronto, en la sala, aparece la señora de la casa, Elizabeth Dawstrong, mientras una niña de unos ocho años observaba la escena desde las sombras, encogiéndose todo lo que podía, como intentando ocultarse de algo...o de alguien.
-Mañana como sabrás es el día de los difuntos- empezó Elizabeth altivamente- y como comprenderás, yo y mi esposo iremos a casa de los Swantey- hizo una pausa- iremos juntos a rendir culto a nuestros antepasados- volvió a hacer otra pausa y carraspeó-sin los niños.
Rose asintió levemente con la cabeza.
-Pero yo mañana querría ir al cementerio- confesó Rose sintiéndose demasiado osada- pues hace poco ha fallecido alguien muy importante para mí y...
-Tienes que cuidar de Mary. -le recordó la frívola mujer.
-Sí, lo sé- murmuró Rose- pero es que era alguien muy importante...- hizo una pausa mientras jugueteaba con las manos entrelazando sus finos dedos- y había pensado en llevar a Mary conmigo.
Elizabeht Dawstrong permaneció en silencio durante unos instantes, aumentando la tensión que ya podía percibirse en el ambiente.
-Llévala si quieres- dijo altiva- pero si pasa algo, dí que es tu hermana o tu hija- le condicionó.
-No se preocupe señora- le dijo Rose.
Elizabeth Dawstrong se retiró del salón, dejando a Rose sola, y ésta, dirigió su mirada hacia el escondite de la pequeña Mary, sabiendo que ella estaría espiando en ese oscuro y sombrío rincón.
31 de Octubre 1919. Canadá.
- Muy bien - le dijo Rose a Mary con una sonrisa en el rostro debido a que la pequeña se había dejado peinar sin dar problema alguno.- Ahora nos vamos.
La pequeña Mary asintió con la cabeza. Por fin iba a salir de ese infierno, iba a salir de su casa, y no iba sola, Harold permanecía en una esquina observando la escena y ella estaba convencida de que iría con ellas al sitio ese.
-¿ Adónde vamos?- le preguntó la pequeña a Rose cuando se hallaban saliendo de la casa.
-Mary...-comenzó Rose, y Mary, por alguna extraña razón se estremeció- vamos a ir a un cementerio.
-¿ Qué es eso?- preguntó la niña, sintiendo la cálida presencia de Harold.
-Es un lugar...- Rose hizo una pausa- donde descansan los muertos.
La pequeña sintió como el miedo le recorría el cuerpo entero con su sangre y no pudo evitar estremecerse aún más y abrazarse a su inseparable muñeca, mientras Harold la abrazaba, y eso lograba tranquilizarla.
-N-no quiero ir...-murmuró la pequeña entre sollozos
-Por favor Mary- le pidió Rose con los ojos empañados en lagrimas- es muy importante para mí.
-¿ Estás llorando?- le preguntó la pequeña Mary sorprendida.
-No es nada- le respondió Rose con una sonrisa.
Mary la miró y Rose se levantó. La pequeña no era tonta, de modo que se percató de que Rose había perdido a alguien.
Fueron caminando hacia la casa de descanso de los muertos, y ninguna de las dos dijo nada en todo el trayecto.Tras una larga marcha, llegaron al cementerio. El rostro de Mary se tornó lívido, pues quería correr, ese lugar estaba plagado de fantasmas y de gentenormal que iba a visitar donde reposaban sus difuntos. De pronto, una mano fantasmal se agarró de la suya. Mary sonrió y miró al dueño de esa mano. Era Harold. Cada vez que su amigo hacía eso, ella se sentía mejor, segura.
Rose se adentró en el cementerio y cogió a Mary de su mano izquierda para darle algo de valor a esa niña que tantas malas experiencias había vivido con los muertos. Mary miraba a su alrededor, inquieta, pero ninguno de todos esos fantasmas era como los que ella había visto normalmente, pues poseían todos sus miembros y órganos, a parte, ninguno de ellos le hacía el menor caso, aunque la pequeña percibía de vez en cuando que la miraban a ella y a Harold, lo cuál la inquietaba.Rose se paró en seco delante de una tumba blanca, algo apartada de las demás.La niña observó como Rose se arrodillaba en la tumba y como varias lagrimas comenzaban a descender por sus pálidas mejillas.Mary leyó el nombre del difunto: " Charlotte Sweeney"¿ Sweeney, de qué le sonaba ese nombre? La pequeña empezó a recordar, la había oído mencionar... La pequeña Mary dio con la clave y al hacerlo, sus ojos azules se abrieron como platos y se mordió el labio inferior, sobrecogida."Vámonos Mary" le murmuró Harold . " Creo que Rose necesita intimidad".La pequeña, aún sobrecogida, se alejóunos metros de Rose y se sentó el suelo.
-Sé quien es esa chica Harold- murmuró por fin la niña.
La pequeña miró a su fantasmal acompañante, y éste a su vez, la miraba interrogante.
-Es la chica que mi padre asesinó- murmuró la niña asustada.
Harold no le respondió, pero no hacía falta. La pequeña miró hacia Rose y se sobresaltó. Ante Rose había una chica de unos dieciséis años, o un poco más, iba con un vestido hecho jirones y en su piel fantasmal se percibían varios golpes y en su garganta, una marca violácea, como si alguien la hubiera estrangulado.
-Es ella...-murmuró la pequeña asustada.
" Y es ella también la causa por la que Rose ha estado triste estos meses", concluyó Harold.
Mary enarcó una ceja y observó la escena, entre atemorizada, sobrecogida y acongojada.Charlotte, permanecía junto a Rose, y la abrazaba, mientras ella lloraba.No podía oír lo que se decían, pues la fantasma no hablaba y lo que decía Rose apenas se escuchaba y se entendía. Pero a pesar de eso, algo le decía que ambas habían estado muy unidas.De pronto, Charlotte miró a Mary, y la pequeña se puso a cantar la canción que cantaba cuando tenía miedo.El fantasma d
e la joven desapareció y eso inquietó más a Mary, la cuál no se fiaba ni un pelo de los espirítus, salvode Harold, aunque la niña intuía que Harold era algo más que un simple fantasma.De pronto, ambos notaron una presencia fría. " Hola Mary" saludó una voz dulce, cargada de dolor a la niña. La pequeña se giró aterrorizada y se encontró con el fantasma de frente.Se notaba que en vida había sido una muchacha muy hermosa.
-¿ Qué quieres de mí?- preguntó la pequeña asustada.
El fantasma se fue acercando a ella, y la pequeña Mary notóalguien que la abrazaba. " No te acerques a ella" le dijo el fantasmal amigo de Mary al espectro de Charlotte. Charlotte miró a la infantil pareja y se alejó. " No voy a hacerle nada" dijo el fantasma con voz tranquila, aunque cargada de rabia y dolor. " Tan solo quiero pedirle una cosa". Harold y Mary miraron al fantasma, esta última intentando no llorar y mordiéndose su tembloroso labio inferior para no llorar. " No dejes que nada malo le suceda a Rose" le pidió Charlotte como en una especiede sollozo. " Por favor, no dejes que sufra". Mary abrió los ojos como platos y no pudo evitar que una lagrima roja bajara por su mejilla, no podía creerse lo que Charlotte acababa de pedirle.
-¿ Qué pasa si no lo hago?- preguntó la niña con desconfianza.
" Que ella morirá y que yo quedaré atada a este maldito mundo de por vida" le dijo el fantasma con un dolor profundo reflejado en sus pupilas fantasmales.Mary miró al fantasma de Charlotte y se aproximó a ella lentamente, mientras Harold tiraba de su mano en vano.
-Lo haré- musitó la pequeña.
"Me alegro" le contestó Charlotte. En ese momento, el espectro de Charlotte empezó a brillar, el fantasma espeluznante, se volvió hermoso, su mirada dejó de aterrar, y más que aterrar, ahora apenaba, pero también consolaba y reconfortaba. De pronto, tras la ahora hermosa Charlotte, se apareció una especie de luz blanca, que fue creciendo y creciendo. Mary cerró los ojos y se protegió la cara con sus pequeños brazos, y cuando volvió a abrir sus párpados, sus ojos azules no hallaron a Charlotte, ésta se había marchado...Para siempre.
Mary se sentó sobre el césped, y volvió a percatarse de los centenares de fantasmas que la rodeaban. Sus manos pequeñas y delicadas se aferraron a la hierba y arrancaron varios hierbajos ante el terror que le producían los espectrales habitantes de ese cementerio, pero los fantasmas no parecían hacerle caso a la pequeña y a su fantasmal compañero, que la abrazaba intentando consolarla.
-Vamos Mary- la llamó Rose de repente.
La pequeña y el pequeño fantasma acudieron juntos, cogidos de la mano, sabiendo que el pacto que la pequeña acababa de realizar podría cambiarlo todo.