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Vida Tonks — capítulo 5
Se levantaban temprano, era hora de partir. Era hora de decirse adiós momentáneamente, hasta que el viento los volviera a reunir. La miraban, mientras ella decidía qué empacar, que le recordara a sus papás.
- Tonks, date prisa que ya se hace tarde. Papá te espera en el auto.
- Pero mamá, ¿en verdad tengo que asistir a esa escuela? ¿Y si jamás regreso y no vuelvo a verlos?
- Volverás, cariño. Solo te vas a educar, ya lo verás.
- No estoy segura, mamá. La miraron, mientras ella arrastraba su pesado baúl y con un suspiro, colocaba la jaula de su lechuza a un lado. Su padre introdujo sus cosas, en la cajuela del auto y la miró con una sonrisa. Aunque ella, lo mínimo que quería, era sonreír.
- Te irá bien, mi amor- le dijo y ella, negó con mucho dolor- te van a enseñar, a controlar... Eso que habrás de usar, cuando al final tengas tu libertad.
- Pero yo no quiero mirar, me aterra pensar que ya no he de llegar.
- Nosotros nos quedaremos, no te aferres a sentimientos desechos.
- No puedo sentir otra cosa, no ahora. Es tiempo, de que luche contra esto.
- Eres una de ellos, tienes ese derecho. Ladeó la cabeza, su madre estaba en la ventana. Agitaba un paño y la esperaría todo el año. Sonrió, pero sintió fue dolor. Dolor de verla partir, pudiendo morir. Pero tenía que ir, para que aquella historia, tuviera un fin.
- Cuídate mucho, Nymphadora Tonks. No hagas desastres, haz magia con el corazón.
- Que se queda hoy papito, dentro de aquel soldadito- señaló su ventana, que no vería por todo un año.
- Anda vamos, tenemos un trato. Volverás al rato, para jugar con los dados. Para jugar con las muñecas y las pulseras. Para jugar con mamá, un rato más.
- ¿Cuánto tiempo me quedará, para regresar? Su padre rió, melodiosamente.
- Si aún ni al tren, he mirado pasar... No te podrás regresar.