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Historia 5123 — capítulo 9

Capitulo 9

La noche cayó y llegó la hora de bajar del tren. El paseo por el lago esperaba a los de primer año, mientras que los carruajes sin caballos estaban listos para recibir a los demás. Los Merodeadores se metieron en un carruaje y las chicas en otro. Como en éste aún había espacio para uno más; alguien se les unió. Se trataba de Alice Plummer, una Gryyffindor rubia y algo regordeta de 6º año.

  • ¿Hola, Alice! – la saludaron.

  • ¿Qué tal el verano? – preguntó Jane.

  • No estuvo mal...

  • ¿Aún estás por Frank Longbottom? – dijo Lily

  • Ja,ja, sí... Se diría que sí...

  • ¿Longbottom es ése de séptimo que juega de cazador con Hufflepuff? – preguntó Suzette.

  • Sí, es ése.

  • Oh, no lo sabía...

  • Claro que lo sabías, Suzette, lo que pasa es que no te enteras de tantos tíos que tienes en la cabeza – replicó Lily

Todas rieron.

  • Ya verás, Alice...Yo no me marcho de aquí sin que tú no salgas con él. Os lleváis bien, eso ya es un paso... – comentó Jane.

  • Sí, pero él no se da cuenta de lo que siento, es como si viviera en otro lugar, no sé si me entendéis...

  • La verdad es que, a pesar de ser un flecha en casi todo, es algo despistado. – dijo Lily.

  • Después de este curso, ¿ a quiénes les vamos a consultar nuestras dudas en la biblioteca? Es una pena que ya sea el último curso para vosotras...

  • ¡Eh!. Que aún quedan nueve meses antes de que nos desahucien, hay que aprovecharlos pero, por otra parte... – la vos de Suzette se apagó y miró hacia donde se erigía el castillo iluminando la noche con sus luces.

Jane y Lily hicieron lo mismo, sin duda, a ellas les ocurría lo mismo que a Suzette; Hogwarts significaba demasiado como para dejarlo fácilmente...

Octubre, 1963

La última clase antes de Halloween fue Pociones en una de las mazmorras. Slytherin y Gryffindor, las dos casas con más rivalidad de la escuela, tenían a sus representantes de primer año trabajando desde hacía cinco minutos en completo silencio bajo la atenta mirada del Profesor McGregor. De repente, se oyeron golpes en la puerta.

  • Pase – dijo el Profesor.

  • Per...Perdón... Profesor McGregor, me he quedado dormida – se disculpó la niña que acababa de entrar. La clase estalló en risas.

  • ¡Silencio! – y todos callaron – Tú debes ser Jane Broderick, ¿no?

.

La niña asintió, parecía muy asustada.

  • Oh, no temas...Te disculpo por esta vez, pero eso no quita que le tenga que restar cinco puntos a Gryffindor por tu impuntualidad – dijo el Profesor McGregor amablemente – Yo también era una calamidad con el reloj en mis tiempos...

Apolo McGregor era una hombre de estatura media, algo grueso y cara amigable. No tenía pelo pero sí un tatuaje con forma de águila en la parte posterior de la cabeza y llevaba la falda típica escocesa (kilt) como atuendo.

  • Gracias, señor...¿Dónde...Dónde me coloco?

  • Vamos a ver...¿A quién le falta alguien para ser tres?

Dos manos al fondo de la clase se levantaron. Los Gryffindor miraron a Jane con compasión pues era con Slytherin con quien debía compartir su caldero. A ella también le entraron reparos.

  • Hola... – saludó tímidamente a las dos niñas.

  • Hola – dijeron ellas que no parecían molestas en absoluto.

  • Ésta es Lily Evans y yo Suzette LeCox.

  • Encantada, ¿lleváis mucho rato cortando ramas?

  • Sí, no te preocupes, es lo único que vamos a hacer hoy – habló Lily.

  • Broderick... Ese apellido me suena...¿Tu padre no será Thaddeus Broderick, el jefe del Departamento de Cooperación Mágica Internacional del Ministerio?

  • Sí – contestó Jane, que parecía desconcertada ante lo que le acababa de preguntar.

  • Vaya... Pues dile a tu padre que hizo mal en no contratar al mío porque realmente ha viajado mucho y podría serle de utilidad

  • Ah, no lo sabía...

  • Siempre se está quejando de que controlar criaturas y regatear con duendes no es lo suyo, ¡está amargado!

Por aquel entonces, a Lily le sonaba un poco a chino todo lo tuviese que ver con el Ministerio, por lo que sus dos compañeras le explicaron algunas cosas; así estuvieron hasta que acabó la clase y también mientras paseaban pos el corredor. Al parecer, a las tres les iba mucho charlar.

  • Es raro que siendo bruja no sepas casi nada de nuestro mundo – comentó Jane.

Lily iba a responder pero una voz se le adelantó.

  • ¡Como no va a saber nada si es una “sangre sucia”!

  • Lárgate, Narcissa... – contestó Suzette con furia.

  • Ya se ve que andar con malas influencias como Evans no te conviene, LeCox. Mira que juntarte también con Broderick... El Sombrero Seleccionador estaría borracho para poneros a las dos en Slytherin.

  • Vámonos... – murmuró Lily agarrándola del brazo.

Un poco más adelante, Jane no pudo soportar el silencio de las dos.

  • Así que eres hija de muggles...¡Yo también, mi madre lo es!

  • ¿De verdad? – preguntó Lily algo reconfortada.

  • ¡Sí! ¡Esto es genial!

  • Eso fue lo que dije en cuanto Lily nos lo contó en la habitación a mí, a la idiota de Narcisa y la tonta de Chloe la primera noche que pasamos aquí. Me chifla todo lo muggle y la bombardeé de preguntas pero claro, a ésas repipis les apesta y cuando oyeron a Lily hablar de cómo es el sitio donde vive caso les das un desmayo

  • Sí, pero a nosotras no nos importa – Lily se rascó la punta de la nariz – demasiado lo que digan.

  • ¡Bien dicho! – exclamó Jane – Mi padre siempre dice que pensar a sí se está quedando anticuado...¿Queréis Grageas Bertie Bott de las de todos los sabores?, las cogí de nuestra sala común.

  • ¡Claro!

O tenían muy mala suerte, o esas grageas tenían un error de fábrica, porque, minutos después empezaron a echar, literalmente, fuego por la boca. Corrieron como una estampida en busca del baño más cercano y todos los que se encontraban en su camino tuvieron que salir alertados. Por suerte, encontraron los servicios a tiempo de no causar un incendio allí mismo. Salieron de los baños con la boca sucia de ceniza y la expresión llena de enfado al ver las carcajadas de cuatro chiquillos que estaban delante de ellas y que parecían no darse cuenta de que los estaban mirando.

  • Aahhhhh, ¡ja,ja!.....¡que no puedo!...Sirius tienes que pasarme la receta...¡qué bueno!...¡ja,ja! – era James Potter que se sujetaba la barriga de tanto reír.

  • ¡Je,je!...¡qué guay!...¿Habéis visto? ¡También han caído dos de Slytherin! Esta

Jane...¡je,je!...Habrá que decirle que nos ayude la próxima vez a ver si pican más. Se ve que tiene magnetismo para los de Slytherin! – dijo Sirius.

  • Dime que nos es cierto, Remus. – Jane empezaba a comprender la situación.

  • Uy, qué mal... – era un niño bajito quien hablaba, Peter Pettigrew

  • Ja,ja nadie te mandó coger las grageas ajenas – respondió Lupin

  • ¡Sois imbéciles! – gritó Lily – Casi nos dejáis sin boca...

  • Oye, ¿y tú cómo te llamas? – preguntó James mirándola fijamente como desafiándola.

  • Se nota que no atiendes en clase...¡Mi nombre es Lily Evans, James Potter! – contestó al tiempo que sacaba su varita.

  • Eh, tranquila. – dijo echándose para atrás – De todos modos, gracias por hacernos el trabajo aún más divertido, Jane, al traerlas al cebo, je,je... Vale, que no es para tanto... – Suzette también le apuntaba con la varita.

  • ¿Quieres un duelo, Suzette LeCox? – dijo Remus con su varita en alto.

  • Vaya, al fin uno que sabe nuestros nombres. No, no quiero perder mi tiempo con gusarajos como vosotros – y se guardó su varita

  • Suzette, ¿ por qué no le dices a tu padre que mande un hipogrifo para que se encargue de éstos? – sugirió Jane.

  • Sí, su padre está ansioso de que lo echen del trabajo y vosotros seríais una buena excusa – les dijo Lily

  • ¿Ah, sí?, pues mirad cómo temblamos... – dijeron agitando levemente las manos.

  • Iros al cuerno – y se marcharon.

Quién les iba a decir a esos cuatro traviesos que serían castigados esa noche sin cena de Halloween gracias a lo que sus tres “víctimas” contaron a la Profesora McGonagall, jefa de la Casa Gryffindor. La “guerra” entre ellos acababa de empezar...

...Pero no interesaba ponerse nostálgicas antes de tiempo, es más, Lily tuvo una respuesta positiva a la pregunta de Alice dejándole claro que el grupo de estudio que tenían formado en la biblioteca iba a quedar en muy buenas manos cuando acabase el curso: “ No vas a tener que consultar a nadie sino resolver porque ¿con ocho TIMOS obtenidos se necesita preguntar algo?”. Alice se sonrojó ligeramente, era cierto lo que decía la prefecta de la casa de las serpientes; ella había conseguido una de las más altas calificaciones en esos exámenes.

  • Además – continuó Jane – ya puedes ir practicando este año porque me parece a mí que vamos tener que dejarnos las pestañas en los libros y no vamos a tener tiempo – y dirigió sus ojos hacia Lily y Suzette.

  • Los EXTASIS – dijo Suzette en un suspiro.

Lily sabía que tenía que sacar adelante con nota el EXTASIS de Pociones, no porque no se le diera bien sino porque era un pilar básico si quería convertirse algún día en parte del personal que trabajaba en el Hospital San Mungo para Enfermedades y Heridas Mágicas.

  • A mí me basta con aprobar con Historia de la Magia, Encantamientos y Estudios Muggles...Ya sabéis, para trabajar en el Ministerio. – dijo Jane.

  • Ya, pero, ¿sabes en lo que te vas a especializar? – preguntó Alice.

  • Apuesto a que en Cooperación Mágica Internacional – puntualizó Lily.

  • Exacto – respondió Jane con una sonrisa,

  • A mí no me hacen falta los EXTASIS para lo que quiero dedicarme pero pienso que es mejor tener alguno superado por si acaso, además, así se ve que tengo buenas garantías. – comentó Suzette.

  • ¡Que suerte que tenéis! – exclamó Lily – En San Mungo voy a vivir como un segundo colegio; voy a estar cerca de dos años como aprendiz y luego añádele dos años más hasta que me consideren sanadora y me pongan a trabajar...¡Y eso si soy lo bastante buena!

  • No nos tomes el pelo, ¡claro que lo eres!

  • Alice, ¿y tú que tienes pensado hacer? – interrogó Suzette

  • Pues todavía no lo sé muy bien, supongo que algo relacionado con el Ministerio, también.

No se dieron cuenta entre tanta discusión que los carruajes ya habían llegado a los terrenos de Hogwarts y que lo0s alumnos se dirigían al vestíbulo hasta que dos manos golpearon las ventanillas desde afuera. Eran Heather Lynch y Lisa Murdock, las compañeras de cuarto de Jane en Gryffindor, quienes intentaban captar su atención.

  • Jane, ¿qué tal el verano? – dijo Heather, en cuanto las tres bajaron del carruaje.

  • Bah, ninguna queja, ¿y vosotras?

  • Bastante bueno – contestó Lisa.

Suzette y Lily reprimieron una risa al acordarse de lo que les había contado sobre sus vacaciones mientras se encaminaban rumbo al vestíbulo, en donde Alice se separó de ellas para ir a buscar a Donna y Mary, sus amigas del sexto curso de los leones, y, de paso, saludar a Frank Longbottom.

Enfrente de la puerta de roble detrás de la que se extendía el Gran Comedor, encontraron a los cuatro amigos charlando animadamente sobre algo muy apetitoso: comida.

  • ¿Es que no tenéis otro tema? – dijo Lily.

  • ¿Se puede saber por qué llegáis ahora? – interrogó Sirius sin responder.

  • Nos entretuvimos, además, que os importa a vosotros si llegamos tarde o no? – atacó Jane.

  • Sólo nos preocupamos por vosotras, chicas – soltó Remus falsamente.

  • Tendrías que agradecérnoslo – dijo James con malicia.

  • Ja, y sabe Dios lo que nos pediríais a cambio – dijo Suzette cruzando los brazos.

  • Pues... – comenzó Peter pero se calló ante la mirada inquisitoria de la de gafas.

  • Sí, Peter, será mejor que le hagas caso porque me he dado cuenta que que estamos en el colegio y ya sabes lo que puedo hacer contigo – como quien no quiere la cosa Lily se tocó su insignia de prefecto – ¿Una reclusión, quizás?

  • Ja,ja, más nos vale que dejemos el tema, no vaya ser que Lily, “la ayudante de Filch”, nos mande a las mazmorras – ironizó James.

  • Lupin, tú también podrías hacer algo, ¿no? – preguntó Lily clavando sus ojos verdes en los azules del prefecto de Gryffindor.

  • ¿Yo?...Bueno...Tal vez.... – obviamente estaba intentando salir del aprieto de detener a sus amigos.

  • Je, ya me lo temía... – respondió – No te preocupes Remus, nunca diré nada sobre las que tú también montas...Deberías estar contentos de tenerlo como amigo, sino fuera por él no sería tan... compasiva. – dijo mirando a James, Sirius y Peter .

  • Gracias, Lily – suspiró aliviado

Lily, a pesar de haber podido hacerlo un montón de veces, jamás denunció las fechorías de sus amigos en todo el tiempo que llevaba como prefecta, posiblemente porque recibió la insignia cuando mantenía una buena amistad con ellos surgida a raíz de la reclusión múltiple que toda la pandilla aguantó a finales de cuarto año cuando, en el curso de esa guerra ensañada de bromas pesadas que se gastaban los cuatro contra las tres ( no eran las únicas personas que recibían las “atenciones de los Merodeadores, pero sí las únicas que eran capaces de devolverles los golpes, de ahí que se formaran auténticas batallas), acabaron por causarle una diarrea a Filch, el celador, porque probó por error una rata descompuesta disfrazada magistralmente de rana de chocolate por ellos,que se encontraba en el aula de Runa Antiguas, y a la Señora Norris ellas la dejaron ciega al haber sido la que finalmente se pinchó la pata cuando se paró encima de la aguja colocada en el banco donde ellos siempre se sentaban a planear la próxima travesura durante los recreos.

Junio, 1967

  • ¡Maldita sea, ¿cuándo nos van a dejar libres?! ¡Es la tercera noche que pasamos aquí! – exclamó James, recostado sobre una de las frías paredes de la mazmorra nº 5.

  • Si sólo paraseis de molestar un día... – replicó Lily – Pero no, ¡siempre tienen que argullar algo!

  • Por lo menos nosotros no somos unos aburridos como vosotras – contestó Sirius lanzando un hueso del pedazo de pollo que se había traído de la cena. Canuto llevaba el pelo corto ese año – Como si vosotras tampoco hicieseis nada...

  • Disculpa, nosotras sólo atacamos cuando nos atacan o, mejor dicho, cuando VOSOTROS nos atacáis – argumentó Suzette.

  • Y ahora estamos aquí por vuestra culpa – decía Jane - ¡Atchís! Pasando frío, ¡cómo se ve que ya pasasteis más veces por aquí! – En efecto, los cuatro no tenían señal de estar muy incómodos.

  • Para mí es la segunda vez desde que estoy en Hogwarts... – dijo Remus con la mirada en el techo.

  • La quinta – Peter con la cabeza entre las rodillas.

James y Sirius se miraron sonrientes. Los dos acumulaban por lo menos unas 20 detenciones en todo el tiempo que llevaban en la escuela, la mitad de ellas en las mazmorras.

  • Tenemos que salir de aquí – empezó James.

  • ¿Cómo? – preguntó Lily de mala manera observando toda la habitación.

  • Como lo hicimos en las otras mazmorras – Lily levantó la ceja ante el comentario.

  • Vamos, Jim, no conocemos ésta; es la primera vez que la visitamos. En las otras fue fácil porque teníamos la ventana dando a los terrenos pero aquí no hay una sola ventana que tenga barrotes que serrar con nuestra sierra mágica – y acarició la hoja afilada de la sierra – y no tenemos a mano el cuchillo abrepuertas... Imposible salir sin magia – se lamentó Sirius.

  • Tiene razón, estamos en el interior de la escuela y con nuestras varitas confiscadas no podemos intentar hacer nada – afirmó Remus.

  • Si al menos fuera una hormiga para colarme por las grietas – Se quejó Peter.

  • Sólo hay una manera... – murmuró Lily cogiendo el hueso que antes había tirado Sirius.

  • Venga, ¿me estás diciendo que nos vas a sacar de aquí con eso? – dijo el chico de gafas.

  • Suzette, Jane, ¿me ayudáis? – preguntó ignorándolo.

Ellas asintieron aún sin saber lo que se proponía su amiga.

  • Escuchad, es bien fácil, hay que lijar éste hueso contra la pared y rebajarlo un poco para poder pasarlo por la cerradura. Sólo esperemos que sea lo suficientemente resistente.

  • Sí, como si la cerradura no estuviese embrujada – comentó Remus escéptico.

  • ¿Y quién dijo que el hueso no lo esté? – respondió Lily.

  • Ja, ¿y cómo lo piensas embrujar? – Sirius tampoco se lo creía demasiado.

  • Con las manos.

Todos voltearon a mirarla con una expresión grave en su rostro, incluso Jane y Suzette. Hacer magia sin varita sonaba muy extraño...

  • No permitiré que hagas eso – dijo James – Se nota que eres de Slytherin; prefiero pasarme todas las noches que haga falta encerrado en esta mazmorra antes de que uses Artes Oscuras para sacarnos de aquí.

  • ¿Artes Oscuras? ¿De qué hablas? Por favor, entonces, ¿qué me dices de cuando aún no se había inventado la varita?, ¿qué me dices de la magia que hacías cuando aún no te llegaba la carta de Hogwarts?

  • Eso no tiene nada que ver, ninguno de nosotros era capaz de controlar lo que hacía porque no la usábamos conscientemente.

  • Me dan igual tus reparos, yo quiero salir de aquí sea como sea, ¿los demás no?

Nadie respondió, excepto Suzette que se acercó a Lily lentamente.

  • Lil, ¿estás segura de lo que vas a hacer? No creo que sea una buena idea, no huele muy bien...

  • Por primera vez, me voy a ver obligada a darles la razón a ellos, Lily – dijo Jane.

  • Ya veréis como no ocurre nada, confiad en mí – y a continuación alzó la voz – Por si no estabais enterados, desde algún tiempo, he estado practicando a realizar algunos hechizos sencillos sin varita para no tener que depender excesivamente de ella hasta para coger objetos que están a escasos tres metros de mí. Es magia muy antigua y primitiva, sólo está limitada a unos cuantos conjuros; por eso se tuvo que echar mano de la varita con núcleo de criatura mágica para hacer hechizos más complejos. Sabéis, me parezco al Profesor Binns, contándoos todo este rollo, pero ya que pensáis que soy una bruja tenebrosa...

  • O sea, que vas a hechizar ese hueso con Alohomora – se interesó Remus.

  • Tú lo has dicho...Aunque no sé si podré porque no es tan simple...

Una vez pulido, el hueso quedó reducido a algo parecido a una fina punta para calcetar. Lily dejó el hueso de pollo en el suelo, se sentó con las piernas cruzadas y puso las manos sobre él. Por más que intentaba concentrar toda su energía en las manos, no era capaz, sentía como todos la observan incrédulos. Pero pasó algo que ella no se esperaba; Suzette y Jane la imitaron y pusieron sus manos sobre el hueso también.

Transcurrieron varios minutos hasta que, por fin, sus deseos vieron resultado. Sus manos se iban llenando de poder poco a poco, era una sensación rara como si alguien tirara de ella hacia un abismo. El hueso pulido se elevó ligeramente del suelo y se posó en su mano izquierda. Estaba caliente. Los demás las miraron sorprendidos.

  • Estuvisteis casi diez minutos sobre ese hueso, casi nos dormimos de esperar y, de repente, va y se levanta del suelo, ¿qué demonios fue eso? – preguntó James.

  • No tengo ni idea... La cosa no funcionaba hasta que vinieron ellas... – contestó Lily atónita

  • ¡La unión hace la fuerza! – exclamó Suzette.

  • Nunca mejor dicho – añadió Lily

  • Aunque pareció que me desmayaba...Pero ese no es el tema, venga, Lil, abre la puerta – la apresuró Jane.

  • Sí, pero antes tenemos algo que deciros – dijo Sirius.

  • Desembuchad... – les dijo Suzette.

  • Lo de esta noche no lo vamos a olvidar tan fácilmente... Sacados de la mazmorra por las tres tías más repelentes que hemos conocido...

Las tres fulminaron a Lupin con los ojos.

  • Vale, vale – continuó Sirius – Lo que quiere decir es que os concedemos una tregua.

  • Sí, bueno, a ver cuanto dura ...– respondió Lily escéptica.

  • Todo los que vosotras queráis, la verdad es que ya no nos divierte meternos con vosotras.- comentó James.

  • ¿Ah, sí? – dijo sarcástica Jane - ¿Os que tenéis miedo de que nos unamos de nuevo y lo usemos contra vosotros?

  • Por eso para no tener que estar presentes en tales demostraciones, os prometemos que no os volveremos a molestar más aunque sólo sea para no tener que volver a compartir reclusión con vosotras – dijo James.

  • Muy gracioso – le recriminó Suzette.

  • Entonces, ¿qué, decidido? – preguntó James ansioso.

  • Esperad, ¿qué recibiremos a cambio de nuestra promesa? – dijo Peter.

  • Nada, son las reglas de la guerra de bromas y hay que respetarlas (son las únicas que acatamos) – contestó Sirius con voz teatral – Pero si esperamos que las relaciones sean un poco más cordiales por parte vuestra, al menos.

  • Ya veremos – respondieron ellas desconfiadamente.

  • Eso quiere decir que sí – dijo Remus rascándose la cabeza.

Lily introdujo el hueso en la ranura de la cerradura, que rápidamente se abrió, y salieron a hurtadillas porque Filch estaba vigilando la zona. Afortunadamente, lo vieron dirigirse a los baños a hacer sus necesidades repentinas y aprovecharon el momento para salir disparados hacia sus respectivas casas.

Estaban los siete hablando de temas algo más trascendentes que comida cuando vieron acercarse a otro grupo de chicos y chicas encabezados por un joven de ojos grises y cabello rubio platino. Lucius Malfoy y su banda de Slytherin no era una visión muy agradable, la verdad.

Parece que Potter dio en el clavo al transformarte en un cerdo, Evans. Va más con tu condición de “sangre sucia”, así podrás revolcarte en el barro todo el tiempo que quieras.

Los otros estallaron en risas ante la creciente indignación de toda la pandilla.

  • Será mejor que te calles, Malfoy, o te arrancaré los piños uno a uno – gruñó James notoriamente enfadado y acercándose a Malfoy peligrosamente con la varita en alto.

  • No, déjalo, James, no hace falta, para eso estoy yo... – intervino Lily sujetándolo - Supongo que no querrás seguir insultando, porque, por lo que estás diciendo, el castigo es peor si ofendes a un prefecto; ya lo deberías saber...

  • Ja, ¿desde cuando los cerdos llegan a prefectos? – preguntó otro de los amigos de Lucius Malfoy, un chico de pelo grasiento y expresión cetrina, Severus Snape.

Esta vez no hubo mano que sujetase a James, si ya era obvio su aborrecimiento hacia Malfoy, lo que ya no tenía nombre era el odio que sentía hacia Snape que, por otra parte, era mutuo. Lo agarró por el cuello de la túnica y lo arrinconó de golpe contra el muro apuntándolo directamente a los ojos con la varita.

  • Da gracias, Snivellus imbécil, que el hechizo salió mal porque si hay alguien que sea un cerdo aquí, ése eres tú, ¿o es que no has visto tu cara? – dicho esto lo atrajo hacia sí y lo tiró de nuevo contra la pared.

  • Basta, largaos de aquí o si no llamaré a un profesor... – amenazó Lily.

  • Y si no lo hace ella lo llamaré yo... – intervino Remus firmemente. - ¿No te atreves a castigarnos, Evans? – dijo una chica rubia de pelo largo trenzado, Narcissa Black, la prima de Sirius.

  • Vámonos, ¿o queréis cumplir reclusión con ella en una cuadra? – dijo Malfoy.

  • Sirius, la familia está muy disgustada desde que te marchaste, ¿sabes? Realmente estás deshonrando nuestro noble apellido con tu actitud, aunque ya caíste bajo al juntarte con éstos – habló Narcissa con un punzante tono de voz cuando pasó por su lado.

  • Vete a la m... – gruñó Canuto al tiempo que sacaba su varita.

  • ¿Vas a atacar a tu propia prima? – Narcissa jugueteando con su varita

  • Tú nunca fuiste mi prima... – replicó Sirius con furia.

  • No vale la pena tratar con bastardos como él – Malfoy tomándola del hombro y llevándola seguidos del cortejo formado por Snape, Vincent Crabbe, Gregory Goyle y Chloe Wilkes.

Snape aún se cogía el cuello mirando con ira hacia James, mientras que los otros tres les dirigían toda clase de gestos.

  • Sólo estaba la mitad del lote, ¿dónde se meterían Bellatrix, Lestrange, Avery y Rosier? – preguntó Sirius.

  • Supongo que por ahí con los otros de sexto ... – respondió Lupin levantando la cabeza.

  • Lily podrías haberlos denunciado, ¿por qué no lo hiciste? – sugirió Jane.

  • ¿No ves de qué casa soy, Jane? No quiero que se vea perjudicada nada más comenzar el curso, tenemos que ganar la Copa de las Casas, además, ya tendré otras ocasiones...

  • Pero...

Jane fue interrumpida por el chirrido de las puertas de roble del Gran Comedor que en ese momento se abrían. Los estudiantes se dirigieron a las mesas correspondientes y el gripo se separó. Lily y Suzette se sentaron junto a unas niñas de cuarto año, bien alejadas de donde estaban Malfoy y los demás.

Pensaba en lo que acababa de suceder; James la había defendido con más ímpetu si cabe que cuando estaban juntos. ¿ Quería decir eso que aún le importaba como amiga, que estaba decidido a conocerla de verdad? Fuera como fuese se sintió bien al ver que James no fue indiferente pero, tampoco podía permitir que batiese con alguien por su causa. Así se pasó toda la cena, ensimismada, casi sin proferir palabra salvo para que le pasasen las bandejas de comida, y sin prestar atención a la selección de alumnos hasta que Dumbledore dio la orden de ir a las habitaciones, por lo que ella tenía que guiar a los nuevos Slytherin hacia la sala común que estaba escondida en una de las mazmorras cerca del vestíbulo.

  • ¡Incubus! – exclamó cuando llegaron al trecho de pared enmohecida que servía de entrada.

Una vez dentro dio las instrucciones pertinentes y subió con Suzette a los dormitorios de las chicas de 7º año que, para variar, eran los únicos que se diferenciaban de los otros. Bueno, desde 1º año todo dormitorio en el que hubiesen estado Lily y Suzete era distinto.

Como se llevaban tan mal con Chloe y Narcissa habían pedido un permiso especial al director para dividir el dormitorio en dos mitades. Lo hicieron de tal forma que al abrir la puerta se encontraban con un pequeño corredor y, a ambos lados de éste, las entradas de los dos cuartos. Suzette y Lily ocupaban el de la izquierda.

Se quitó el uniforme y se puso una bata de tirantes color limón que llegaba hasta las rodillas. Se quedó perpleja con lo que tenía puesto Suzette; no era una bata lo que llevaba sino un vestido azul a cuadros blancos, también de tirantes, muy veraniego.

  • Suzette, - dijo metiéndose en la cama - ¿eso es una bata?

  • Oh, ya sé que es extravagante pero he adaptado la ropa de salir muggle a nuestros pijamas convencionales. ¿A que es genial? – Lily no sabía qué contestar – La tela es muy ligera... Manufactura mágica, por supuesto...Estoy intentando hacer lo mismo con los pijamas masculinos, aunque me va a llevar tiempo, no he encontrado nada que me convenza...

Lily la miraba con expresión divertida, las ideas de su amiga eran verdaderamente ingeniosas pero no se veía con una de sus batas, aunque se sentía identificada con otra de sus creaciones: la túnica jean, que daba un aire muy informal. Había puesto sobre su cama una carpeta repleta de lo que parecían bocetos de diseños y una máquina de coser que cosía sola.

  • ¿Vas a arreglar todo eso ahora? - preguntó

  • No, sólo lo voy a dejar al lado del baúl para que fermente y le salgan hongos...Claro que no, tú también deberías hacer lo mismo. Es raro que seas tú la que diga eso...

  • Estoy algo cansada, pero ya que lo dices... – saltó de la cama y empezó a sacar su póster enrollado de Los Beatles y otro más pequeño de James Dean y sus discos que, a pesar de que no había manera de hacerlos funcionar en el colegio, prefería tener con ella para evitar que Petunia se los quemase. Luego, con la varita, colocó sus libros de clase y otros que tenía como consulta.

Cuando terminaron se acostaron pero no se durmieron...

  • Sabes, a veces pienso si los otros tienen razón y el Sombrero Seleccionador estaría averiado por ponerme en Slytherin

  • ¿De verdad crees eso? – Suzette pegó un salto que la hizo sentarse en le instante – El Sombrero es sabio y si te ha puesto aquí es porque tiene sus razones.l

  • Me pregunto cuáles porque, que yo sepa, no encuentro ninguna cualidad

en mí que me haga pertenecer a esta casa

  • Parece como si no te conocieras, en serio... Te preguntas que es lo que hace que una chica con tus orígenes acabe en Slytherin, que te haga ser una de las pocas personas descendientes de muggles que ha entrado en esta casa...Vale, no tienes esa cualidad que tanto apreciaba el viejo Salazar pero, ¿qué me dices de la ambición y la astucia?

  • Yo no soy ambiciosa...

  • ¿Qué no eres ambiciosa? No me hagas reír, si no fuera por eso tú y yo no compartiríamos cuarto ahora mismo. ¿Qué fue lo que nos hizo salir de esa mazmorra en cuarto curso? Tú misma me dijiste que siempre quisiste ser sanadora de San Mungo, el Sombrero tuvo que ver eso; esa determinación en una niña de once años no es normal. Tus esfuerzos para llegar a ser prefecta y pararle los pies a esos idiotas, ¿No es todo esto ambición, Lily? ¿Y qué hay de tu mente? Lo que pasa es que no lo quieres reconocer: tú eres una Slytherin de los pies a la cabeza

Lily, ¿ realmente te gusta pertenecer a esta casa? Porque por lo que me estás contando parece un martirio para ti. Si no querías ser colocada aquí podías habérselo dicho al Sombrero cuando te seleccionó – ahora Suzette parecía haber tomado un tono cercano al reproche.

  • No, en absoluto...Estoy orgullosa de estar aquí, yo no hice nada para que me colocara en otra casa porque estaba de acuerdo con el destino que me tocara, fuese cual fuese, pero al oír los comentarios de los otros una y otra vez llega un momento en el que explotas y te acabas desmoralizando...

  • Pero es tu tenacidad lo que te ayuda a salir adelante y ahí está diferencia de muchos que han pasado por esta mazmorra ; tú eres ambiciosa para superarte a ti misma, para dominar trabas pero ellos no, ellos lo son para aplastar a los demás, de ahí la mala fama que siempre ha tenido nuestra casa. Y en cuanto a mí, yo...

  • Tú tampoco eres como ellos – dijo Lily con una sonrisa – Gracias por devolverme a mi lugar...