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Historia 5123 — capítulo 8

Capitulo 8

  • Pásalo bien, ¿ok? – dijo Natalie guiñándole un ojo a su amiga.

  • Venga, Nat, ¿cómo lo va a pasar bien en un internado? – soltó Pete poniendo cara de asco.

  • Ella sabe a qué me refiero...

  • Oh, qué harás tú ahí dentro pillina...

Lily miró con complicidad a Nat.

  • Ja, ja, ¡qué malo eres!... Os escribiré pronto, ¿vale? – dijo cogiendo su baúl para sacarlo a la calle. Sus colegas asintieron.

  • Se te olvida algo... – murmuró Natalie con una voz que sonaba un poco perversa.

  • Ah, ¿cómo piensas que me iba a largar sin estrujarte los huesos? – se dieron un abrazo – Tú tampoco te libras...¡ ven aquí!

  • No, por favor... – Pete ya estaba caminando hacia atrás cuando Lily lo atrapó y lo atrajo junto a ellas de manera que se quedaron los tres abrazados.

  • Llegaremos tarde a este paso y tendré que aguantarla todo el año – era la voz estridente de Petunia lo que sonaba saliendo del portal.

  • Que te jo... – atacó Lily en la que no era usual oír estas palabras.

  • Venga dejaos de rollos... – dijo el padre.

  • El tren sale dentro de 20 minutos de King´s Cross – dijo volteándose hacia Pete y Natalie con cara triste – Tenemos que ir yendo par allá...

  • Pues adelante, si necesitas algo ya sabes dónde estamos... – sugirió Natalie.

  • Lo sé... – susurró poniendo una mano en el hombro de la rubia – Bueno, no me lío más – dio un beso a cada uno en la mejilla - ¡Adiós!

  • Corre, te echaremos de menos...¡Escríbenos!

Se metió en el coche y se dio la vuelta para ver por el cristal trasero, podía verlos agitar los brazos, entonces, Lily sonrió y levantó los dos pulgares como señal de que todo iba a ir bien.

Como todos los años desde que llegó a Hogwarts, Lily volvía a tener esa extraña sensación entre tristeza y alegría cada vez que abandonaba su casa para incorporarse al colegio. Se sentía triste por dejar atrás una parte muy importante de su mundo durante unos meses par reencontrarse con la otra cara de la moneda, aquello a lo que tanto quería, a lo que se consideraba afortunada de pertenecer... Decían que los hijos de familia sin pasado mágico tarde o temprano tenían que definirse y escoger pero ella no quería hacerlo.

Sabía que era bruja, aunque tampoco estaba dispuesta a renunciar a sus orígenes por el mero hecho de ser diferente a sus padres. Ella nunca se sintió distinta, quizás porque en su ambiente familiar, al contrario que su hijo Harry después, la aceptaban tal y como era (todos salvo Petunia, claro) y eso a ella le bastaba. La vida muggle aún con algunas desventajas respecto al mundo mágico le gustaba de ahí que se considerara tan muggle como sus vecinos de edificio y tan bruja como las que deambulan por el callejón Diagon. En definitiva, la única palabra que ella elegiría para presentarse sería tan sólo una: “persona” y esperaba que fuera así toda la vida pues si había un sueño que deseaba que se cumpliera algún día, ése era el de la convivencia entre la magia y lo que había al salir del Caldero Chorreante o del andén 9 y ¾, cuando los magos ya no tuvieran que esconder su secreto. Algo realmente complicado.

Lily sabía que ése sería el último año que experimentaba esa combinación de sentimientos contradictorios y que luego, al acabar sus estudios, sería totalmente libre para moverse entre las dos dimensiones que formaban parte de su vida.

  • Hija, cuídate, si hay algún problema... – decía su madre enfrente de la barrera que separaba los andenes nueve y diez de King´s Cross.

  • Sí, mamá, os mantendré avisados... – Lily dijo esto con un tono que sonaba pesado – A ver cuándo cambiamos el discursito, ¿eh?

  • Sí, cariño, creo que te repites – dijo el padre sarcásticamente.

  • Josh, esto es entre Lily y yo, así que por favor...

  • “Así que por favor”, ¿qué? – exclamó el padre acercándose a su mujer pícaramente.

  • Ah, vale, lo admito... Me repito y ¿qué?, Lily sabe lo que le quiero decir, ¿verdad?

Lily asintió con una sonrisa, le divertía ver a sus padres discutir con esos pequeños picoteos por parte de ambos.

  • Te vamos a extrañar, hija y, que quede entre nosotros... – se aproximó a siu oído – Hazle caso a tu madre...

  • A ver qué andas a decir por ahí...

  • Oh nada, mamá, acaba de hacer una apología de tu persona, sólo que no lo reconoce porque le encanta hacerte rabiar.

  • Ya sabía yo que a ti no se te podía decir nada... – gruñó Josh mirando a su hija quien le sacó la lengua.

  • Son las onces menos cinco, tienes que ir yendo...Nueve meses más sin que nadie me ayude a arreglar el desván, voy a terminar contratando a alguien a este paso...

  • Como lo hagas reniego de ti, ahora que falta poco para que empiece por fin a disfrutar de la limpieza, ¡vas tú y me quitas el gusto! Esos tratos no se resistirán a un simple toque de varita – esto último lo dijo casi susurrando – Bueno, papá, mamá y...

Entra allí y no regreses. Me voy de aquí, no quiero ver esa abominación – dijo Petunia refiriéndose al modo de entrar en el andén.

Lily sonrió maliciosamente, Petunia siempre se largaba de allí cuando llegab el momento y se despidió a propósito para provocarle.

  • Que lo paséis bien. Os quiero. – les dio un beso a los dos

  • Buena suerte, hija, nosotros también – dijeron Josh y Betty.

Lily cogió su carrito y algo de carrerilla y, en cuestión de décimas de segundo, se encontró delante del Expreso de Hogwarts. El andén 9 y ¾ estaba abarrotado de gente, la mayoría eran padres despidiéndose de sus hijos. Lily dirigió su vista atrás, hacia el muro, quizás preguntándose qué era lo que en siete años no había permitido a sus padres estar allí también, pero sacó este pensamiento de su cabeza nada más levantar sus ojos en busca de sus amigos. Como no los encontró por ninguna parte y ya era casi la hora, decidió agarrar con fuerza su baúl y arrastrarlo dentro del tren.

Había mucho bullicio dentro, sobre todo, en los compartimentos ocupados por los estudiantes de 2º año en adelante que contrastaban con le silencio de los desconcertados alumnos de 1º año. A Lily no le costó encontrar dónde estaban sus amigos porque un olor bastante desagradable llegó a su nariz proveniente del final del tren y vio como una joven de pelo ondulado castaño oscuro, ojos del mismo color y piel bronceada por el sol salía disparada del compartimento gritando:

  • ¡Sirius Black, no tienes remedio! Una más y te juro que te haré tragarlas todas de golpe...

  • ¿Seguimos sin aguantar las bombas fétidas, Jane? Mira que estás saliendo con uno de los mayores proveedores de artículos de broma del colegio, se supone que ya tendrías que estar acostumbrada. – habló Lily

  • ¡Lily! ¿Qué tal? – al ver que su amiga la miraba con los ojos entornados y sin contestar, cambió su tono de voz jovial – Ya lo sé, disculpa por no haberte escrito pero...

En ese momento fueron interrumpidas por un chico alto, de melena negra hasta los hombros y ojos color miel que, al igual que Jane Broderick, tenía bordado el león de Gryffindor en la túnica y que se asomaba por la puerta del compartimento.

  • ¿Qué hay, Lily? No, no la disculpes por pasar todo el tiempo conmigo. Se lo dije millones de veces: “¿Has escrito a Lily?” y ella me contestaba – puso voz afeminada – “Ay, no, qué le voy a contar, ¿todas las cosas que hacemos juntos?, eso la mataría del aburrimiento”. Nadie te mandó pasar el verano conmigo – replicó Sirius mirando a su novia.

  • ¿Aburrimiento con Sirius, Jane? ¿Seguro que no bromeas? – Jane asintió- Me parece que esto que acabo de oír vale más que todas las cartas que no me enviaste este verano ¡Aburrida con Siruis Black! Canuto, ¿de verdad que no estabas enfermo o algo así?

  • Qué va, es ella la que se empeñó en que estuviésemos juntos todo el rato, a lo mejor me contagió algo de su sentido común para que diga que se aburrió conmigo

  • Fue una suerte que no me contagiaras la mono..., la mono...no me acuerdo...es esa enfermedad que se transmite por medio de la saliva....¿cómo la llaman los muggles?...

  • Mononucleosis – corrigió Lily.

  • Eso mismo. Un poco más y me la pasas de tanto que insistías en que me quedara cuando me tenía que ir – a Jane se le estaba empezando a esbozar una sonrisa sarcástica.

  • ¡¿Me estás llamando baboso?! – Sirius sonaba muy indignado.

  • ¿Te lo estaría llamando si te digo que te calles de una vez, te acerques a mí y me beses? Todavía estoy esperando a que me contagies la mononucleosis...

Sirius se rió, se aproximó a Jane, la tomó por el rostro y la besó en la comisura de los labios. Lily los quedó observando moviendo la cabeza de un lado a otro. Ya sabía que éstos acabarían así.

  • Nosotros también nos alegramos de verte de nuevo, Lily – dijeron como si nada hubiese ocurrido cuando, de repente se volvieron a juntar por la brusca sacudida del tren que se ponía en marcha, lo que provocó que Lily se viera desplazada contra la pared del corredor.

  • Oh, si, si, yo también os quiero – y les frotó las cabezas con las manos mientras reía.

Otra cabeza salió del compartimento. Esta vez era una chica de pelo corto negro con un mechón violeta a un costado, de grandes ojos violeta y gafas cuadradas. Suzette LeCox, la compañera de habitación de Lily en Slytherin

  • Sabía que eras tú, Lil, no confundiría esa risa ni aún echándome una maldición. Oye, per...

  • No hace falta, Suzette, pero supongo que no estarías tan aburrida como Jane.

  • Oh no, en absoluto Tenía tantas cosas que contar que no sabía por dónde empezar...

  • Ah, ya nos contarás luego, eres un caso – dijo haciéndole cosquillas

  • Sí, es verdad, ¿qué tal si nos metemos en el compartimento y nos cuentas? – sugirió Jane pasando ambos brazos encima de los hombros de las dos Slytherin y poniendo una cara divertida.

Dentro estaban otros dos chicos. Uno tenía el pelo castaño claro, ojos azules y la insignia de prefecto en la túnica; el otro, el cabello bastante corto de un rubio cenizo y pequeños ojos marrones. Ambos también pertenecían a Gryffindor. Remus Lupin y Peter Pettigrew pasaban el tiempo jugando al snap explosivo.

  • ¡Remus, Peter! ¿Qué tal?

  • ¡Lily! – dijeron los dos dejando las cartas

  • Menos mal que llegaste, pensábamos que te había pasado algo – habló Remus

Estamos bien, yo por lo menos pasé un buen verano allá, en España. Había buenos sitios en los que esconderme cuando tú ya sabes...

  • Supongo que también te lo darían, ¿no? – Lupin afirmó con la cabeza - ¡Qué bien! Que una casa consiga dos Premios Anuales es todo un récord... Me alegro, Remus. ¿Y tú, Peter?

  • Bueno...Yo estuve con mi madre – Lil lo escuchaba mientras Sirius la ayudaba a colocar su baúl en el portaequipajes – en la finca que tenemos en Gales, creí que iba a ser peor pero lo pasé bien.

  • Suzette, ya tienes a Lilian aquí para que nos comentes por fin eso tan interesante que hiciste en Italia – dijo Lupin cuando todos se habían sentado.

  • Eh, tranqui, espera un poco...Además, falta James para que estemos todos.

¡James! Lily preguntó dónde estaba y todos voltearon a mirarla fijamente.

  • ¿Qué pasa con vosotros? Sólo estoy haciendo una pregunta...

  • Esto...Lily.... – empezó Sirius

  • Está charlando con unas tías de Ravenclaw – se apresuró a decir Jane.

  • Con Kate... - murmuró

  • ¿Cómo lo sabes? – preguntó Sirius

  • Sólo lo sé...¿No te dijo que nos encontramos en el Callejón Diagon?

  • Sí, pero no me dijo que habías visto a Kate.

De repente la puerta del compartimento se abrió

  • Hola Canuto, Lunático, Colagusano, Jane, Suzette y...¿por qué me miras con esa cara?

Lily estaba reprimiendo la risa al ver a James pero no pudo más...

  • Esto... ja, ja, ¿quién te dijo que esa perilla te quedaba bien, un trol?

En efecto, Cornamenta lucía una fina perilla alrededor de la boca que, a decir verdad, no le favorecía.

  • Muy graciosa...Pues por ahí dicen que me veo de maravilla...

  • ¿Quién lo dice? ¿Kate?

  • Oh, estás celosa... Eso es lo que te pasa... – Cornamenta sonrió levemente.

  • ¿Yo? Je,je, alucinas un poco, ¿no crees?

  • No, eres tú la que alucina que yo alucino...

  • Venga chicos, dejadlo... – Remus había adoptado un tono conciliador.

  • Si yo me veo mal con la perilla, no me dirás tú con esa cinta en el pelo, es más, te la quité para que te vieras gua...como siempre – James se estaba sonrojando.

Pero Lil tenía el objetivo fijo en el cabello de Jane.¿No era esa su cinta azul?

  • Jane, me parece que eso que tienes en la cabeza es mío...

  • ¿Cómo? No, es imposible, Sirius me la regaló, a no ser que...

Sirius estaba blanco como la nieve y tenía una risa nerviosa. Lily puso sus ojos en los de James pero no aguantó su mirada así que enseguida los desvió hacia Sirius.

  • ¿Qué está pasando aquí? – preguntó Suzette.

  • Nada, gato encerrado... Estamos esperando respuestas, chicos – demandó Lily.

  • Cuéntalo tú, Canuto...Joder, ¿por qué siempre nos descubren? – se quejó James.

  • Jane, yo quería regalarte algo pero no encontraba nada adecuado y Cornamenta lo sabía por lo que, cuando vio a Lily en Flourish y Blotts se acordó de mi problema y le cogió la cinta para que yo te la regalara a ti.

Jane se quitó la cinta del pelo para devolvérsela pero Lilian la rechazó tranquilamente.

  • Quédatela tú, al fin y al cabo, Sirius tenía una buena intención pero tú – y fulminó a James- podías habérselo cogido a otra, ¿no?

  • ¡Increíble!¿Cómo es que no estás histérica? – se sorprendió James

  • He aprendido a cultivar mi paciencia con ciertos individuos – y puso énfasis en las dos últimas palabras.

  • En cuanto a lo de cogérselo a otra... Siento decirte que siempre te me pones a tiro para que te juegue una... Es como si estuvieras predestinada, a estar condenada a mí quieras o no, admítelo.

  • Ja,ja, prefiero que me trague el calamar gigante... – pese a su contestación a Lily le asaltó la duda de si lo que acababa de decir el buscador de Gryffindor tenía una segunda interpretación.

  • ¡Bueno qué! Suzette, ¿nos cuentas o no? – exclamó Remus.

  • ¡Qué interesado estás, Lunático! Respondió Suzette.

  • Eso mismo digo yo – dijo Peter- ya pareces mi madre con su vecina. Todo el día de cotilleo...

Remus Lupin miró a Colagusano con cara de odio.

  • Vamos, Suzette, date prisa que a lo mejor se nos transforma aquí y todo – comentó Sirius con sarcasmo.

A Lunático no le importaba que sus amigos hiciesen comentarios chistosos sobre su licantropía porque de alguna manera lo ayudaban a sobrellevarla con buen humor.

  • Ja, ja, está bien, allá vamos... – comenzó Suzette.

La chica de los ojos violeta les contó que había viajado con su madre a Italia para ver las nuevas tendencias de moda ya que durante los veranos ayudaba a la señora LeCox en la tienda de ropa que regentaban en el barrio de magos donde vivían. Al igual que con la moda muggle, el país con forma de bota también era una potencia pujante en la moda mágica, sector que representaba para Suzette su gran ambición, pues esperaba convertirse en una diseñadora de éxito con su propia empresa. Pretendía llevar a cabo lo que ella llamaba una revolución mediante la combinación con el estilo muggle que ella consideraba mucho más moderno. Y no es para menos, era una fanática de la moda no mágica.

Pues bien, en ese viaje a tierras italianas nuestra diseñadora particular, aparte de ver desfiles y monumentos artísticos de la época romana y Renacentista, se dedicó a “embrujar” a cuanto italiano se le ponía por delante. Todos la miraron estupefactos.

  • No me digáis que no sabéis la fama que tienen los italianos...

Casi se caen de los asientos cuando llegó la parte en la que habló acerca de Giuseppe, el hijo del coordinador de los desfiles. Según ella se llevaba la palma por encima de cualquiera.

  • ¿Tienes pruebas para afirmar eso? – preguntó Sirius maliciosamente.

  • De los tres que llegué a conocer, fue el único que se interesó en saber cómo era yo y mis gustos

  • Ja, entonces quieres decir que con los otros te encontraste con la horma de tu zapato – soltó Remus, lanzándole una indirecta a la del mechón, pues si algo era sabido de ella en el grupo, eran sus frívolas conquistas. Nunca se le conoció un novio estable.

  • Mira quién fue a hablar, el seductor oficial de Hogwarts – ironizó Jane. Lupin era lo que Suzette en masculino.

Lily le preguntó a su compañera de habitación cómo se entendían entre ellos.

  • Evans, eres una problemática, ¿no ves que para eso no hace falta hablar el mismo idioma? – atacó James.

  • Bueno, el hablaba algo de inglés y yo algo de italiano, ragazza.

  • ¿Algo más que añadir, Potter? Por si no lo sabías la comunicación es muy importante – James hizo una mueca – Y cómo acabo todo...

  • Me costó mucho despedirme de él, quedamos como amigos porque mantener una relación a distancia es muy difícil.

  • Vamos, que quedó como un ligue de verano, ¿verdad? – dijo Colagusano.

  • Se ve que sí, justo lo que yo quería con Jane y ya veis...casi un año...¡Qué desgracia!

  • Ya que lo mencionas no me vendría mal cambiar de aires – Jane miró de reojo a Canuto.

  • Perdona, ¿Qué has dicho? – respondió Sirius perspicazmente.

  • Je,je, nada... – y lo besó en la mejilla – Eres un cantamañanas, mucho quejarte y al final te gusta que esté a tu lado...

Las historia de Suzette no acabaron ahí, como ella y su madre necesitaban un modelo para probar una túnica tamaño gigante y no encontraban ninguno, no se les ocurrió otra idea que visitar el Museo de Florencia de noche y ponérsela al David de Miguel Ángel que mide cinco metros.

  • Le sentaba de maravilla – afirmó- Pero a mi madre se le pasó por la cabeza salir de tu capa invisible que nos dejaste, James, y se tropezó con una vitrina. Un guardia vino y casi se cae del espanto al ver al David vestido. No teníamos tiempo de llamar al Departamento de Catástrofes del Ministerio de Magia Italiano, así que mi madre tuvo que borrarle la memoria ella misma. Aún no se cómo demonios le salió el hechizo porque siempre comentó que nunca le había funcionado bien.

  • Ja,ja, ¡menuda chapuzas estás hecha! Me tenías que haber llamado a mí si querías meterte destrangis (a escondidas) en ese museo...Hey, Lunático, las de Ravenclaw están esperando a que les de conversación. Una quiere conocerte, ¿qué, te apuntas? – James se levantó del asiento – Venga, deja de mirar la minifalda de Suzette.

La del mechón le había quitado centímetros a su falda del uniforme del colegio. La minifalda causaba furor por aquellas fechas.

  • ¡Claro! Vamos...

  • Hasta luego – dijeron al unísono y salieron del compartimento pero después volvió a aparecer James.

  • Por cierto, Canuto, ¿la trajiste, verdad?

  • Cómo no iba a traerla, reducida hasta límites insospechados... Sabes que siempre va conmigo – dijo Sirius palpándose el bolsillo del pantalón – Es mi segunda novia...- y miró a Jane

  • ¡Genial! Nos vemos luego... – y volvió a salir.

  • ¿Para qué quiere James tu moto? – preguntó Jane.

  • A saber lo q traman ahora... – Lily sonrió.

  • Cosas nuestras, ¿eh , Colagusano?- respondió Sirius.

  • Sí

¿QUÉ HAY? Espero q os haya gustado este capítulo. La verdad es q me salió bastante dialogado y me pareció estar escribiendo una de estas pelis americanas de instituto( ya me aburren) pero no encontré otra forma mejor de presentar a los personajes. Desde aquí os digo que en el próximo capítulo se van a encontrar con Lucius and Company y como digo en los rewiews aún van a haber otros capítulos antes de que Lily sepa la verdad( paciencia por fa) así que estos serán de transición sólo para que me deis vuestra opinión sobre mi manera de imaginar a los personajes de Rowling y los q he inventado yo.

Un saludo, Drakita

¿Os he dicho ya que dejeis Rewiews?XD!