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El Alma Imperfecta — capítulo 7

6 Abril. Madrid.

Su cálida mano acarició lentamente mi rostro. Abrí los ojos lentamente. Era tan guapa. Esos ojos oscuros, delineados con una perfecta línea negra. Sus mejillas sonrosadas, por el efecto del colorete. Y sus labios rojos, esos que tantas veces había probado.

- Me voy a trabajar. Y tú deberías hacer lo mismo. Vas a llegar tarde.- Me dijo, mientras me tocaba el pelo, como tantas veces hacía. Era tan sexy.

-Hoy me voy a tomar el día libre. Podrías seguir mi ejemplo.

- Álvaro, al final te van a echar- me dijo, con un deje enfadado- y no podremos pagar el piso si lo hacen.

Yo le puse cara de "no me importa", y me di la vuelta en la cama.

-Álvaro, por favor, levántate- intentó quitarme las sábanas.

Yo la agarré del brazo repentinamente, y la tumbé junto a mi (más bien encima).

-Te quiero Bea- eso la cogió desprevenida, y vi como su gesto pasaba del enfado anterior, a una media sonrisa.

-Llego tarde- Miré el despertador.

-Te quedan exactamente veinte minutos. ¿En qué vas a aprovechar los quince que te sobran? Estás a menos de cinco de tu trabajo en coche.

- Pensaba ir andando. Ya sabes, ejercicio y eso.

-Hmm. Se me ha ocurrido otra idea para eso del ejercicio- Y tras eso, la besé en el cuello, a lo que ella respondió como suponía. Se entregó a mí. Y es que la quería con locura.

-Álvaro. Álvaro. ¡Tío!- Eso me devolvió al mundo real.

-¿¡Qué!? No estoy sordo ¿sabes?

-Más bien yo diría que sueñas despierto- me contestó Álex- ¡Vamos! Coge la maldita pistola.

Salimos al campo de entrenamiento. Por fin una semana en la que no teníamos ninguna misión. Descanso. O al menos eso creía.

Vi a Helena junto a Olga acercándose hacia nosotros.

  • Buenos días Len. Doc.- Les saludé cariñosamente. Olga me sonrió. La Teniente… Bueno ella puso su usual cara de enfado.

-Maldito seas soldado. ¡¿Cuántas veces te he dicho que no me llames Len?! ¡Es una orden!- Olga respondió al comentario con una risita. Yo con una media sonrisa. Me encantaba hacer rabiar a Helena. Era tan… divertido.

-Al campo de entrenamiento ¡Ahora mismo!- ordenó mientras se marchaba.

  • Ya la has cabreado en serio. Genial. Hoy será un día duro- Me reprochó Alejandro mientras nos dirigíamos hacia la zona de tiro.

Ya estábamos todos. Helena, Olga, Guille, Jorge, Álex y yo.Hacía un calor de unos treinta grados por lo menos. Ya empezaba a sudar. Álex tenía razón. Casi hubiera preferido lo de las misiones.

-Hoy practicaremos puntería- comenzó a explicar Len- Y he pensado, que para hacerlo más ameno haremos un concurso. Con premio incluído.

Mmm. Esto empezaba a ponerse interesante. Yo siempre había sido el número uno en puntería. Ganaría. Seguro. ¿Qué sería la recompensa? Ojalá fuera un buen ventilador. Sí, eso estaría genial.

-Poneos la equipación- Len también empezó a ponérsela, cosa que me llamó la atención. Y no sólo a mí.

  • ¿Tú también participas?- Le preguntó Lucas con cara de desconcierto.

  • Por supuesto. ¿Pretendéis que me pierda la diversión?- Contestó ella levantando una ceja.

-Entonces estamos perdidos- me susurró Olga al oído. Eso me molestó. Ella tal vez, pero yo no estaba perdido en absoluto. Ganaría, como siempre hacía.

Estábamos en un restaurante, de esos pijos. Había ahorrado como un mes para poder invitarla allí. Pero lo que le iba a decir era muy importante. Mucho.

Saqué la cajita de mi bolsillo y lo puse en la mesa. Con una gran sonrisa.

- ¿Qué es esto?- preguntó Bea estupefacta.

-Ábrelo y lo descubrirás- dije yo con voz de dandi.

Era una sortija. Una sortija de compromiso. Eso sí que me había costado un quintal. Pero es que era preciosa. Era sencilla, pero con mucho estilo y clase. Como Bea.

-Bueno, allá vamos. ¿Quieres casarte conmigo?- Bea puso cara de sorpresa al principio, que pronto se convirtió en una de ilusión (o eso creí en el momento).

-¡Claro que quiero!- Yo le puse la sortija en su precioso dedo.

-Tienes las manos frías - siempre me había llamado la atención lo de sus manos, constantemente congeladas. Y eso contrastaba mucho con su actitud. Tierna, guapa, cariñosa. Yo siempre me la hubiera imaginado con manos calientes. O al menos eso diría mamá- Mi madre decía que eran reflejo del alma. ¿No serás una diablilla verdad?

Ella rió con suavidad y me abrazó dulcemente.

La competición torció a mi favor desde el principio. Gané a Olga, a Alex, a Jorge y a Lucas (aunque este último me había costado más de lo que pensé. Tenía una puntería endiablada). Pero faltaba Len. La teniente.

-Bueno, bueno. Creo que ya podéis ir dándome el premio- fardé chulescamente.

-Soldado, conmigo todavía no te has batido- contestó Len natural y fríamente.

-Pues allá vamos.

Primera diana. Di en el centro. Ella también.

Segunda. Me desvié por milímetros. Ella no.

Tercera, cuarta, quinta. Llegamos a la última, y me iba ganando. Por muchos puntos. Quién diría que esa maldita mujer podría apuntar así.

En la última diana yo tiré mejor, pero la puntuación era clara. Ella había ganado. Joder. No estaba acostumbrado a perder.

-Disparas bien soldado- me elogió ella mientras recogía las cosas. "No lo suficiente" Pensé yo. Le parecía tan normal a la tía haberme ganado. A mí. Su actitud me sacaba de quicio. Ella notó mi enfado y no siguió hablando. Tampoco preguntó lo que me pasaba. Eso no era de su estilo. Simplemente me tendió el fusil de un modo amistoso y se fue.

Iba a casa de mi padre a darle la noticia de mi compromiso. Era tan feliz. Papá nunca había sido mi gran amigo. Es más, habíamos tenido muchos problemas, sobre todo tras separarse de mi madre. Ésta había muerto unos años atrás.

Pero iba a ser mi boda, joder. Aparcaríamos nuestras diferencias por un tiempo. O al menos eso pretendía.

Llamé al timbre, pero nadie contestó ¿No estará en casa? Raro.

Empujé la puerta y ésta se abrió sin dificultad. Se la había dejado abierta.

Entré y le busqué en el salón. No estaba allí. Pensé que se estaría echando la siesta en la habitación. Pero nunca hubiera intuido lo que encontraría allí.

-¿Bea?- sí, es lo que pensáis. Mi prometida se lo estaba montando con mi padre.

- Oh, dios, Álvaro. Yo…- Estaba desnuda con MI padre. Esto no podía estar pasando.

Cerré la puerta y salí de allí como alma que lleva el diablo. Sin mirar atrás.

Porque no siempre todo era como parecía. Y no siempre se podía ganar.

Me volví a topar con Len al día siguiente por la mañana. El enfado había disminuido mucho. Ella no había comentado nada de la victoria. Era un gesto muy amable por su parte.

-Oye Len… digo… Teniente- uff, había retrocedido a tiempo- ¿Cuál era el premio de ayer?- Eso me había dejado intrigado.

Ella hizo un amago de media sonrisa. Nunca la había visto sonreír de verdad. Era una mujer extraña.

-Lo siento soldado, pero todos tuvisteis oportunidad de descubrirlo- Era tan misteriosa. ¿¡No podía decirlo sin más!? No, me tenía que dejar así.

Len se echó el pelo detrás de la oreja, y siguió su camino. Al hacerlo me rozó una mano sin querer. Me di la vuelta para verla irse. Su mano era… Era cálida. "La temperatura de las manos son el reflejo del alma" resonó en mi cabeza. Nunca lo hubiera pensado con esa actitud fría. Pero las apariencias no eran siempre lo que parecían.