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+ 5 vicios, Snape y Hermione — capítulo 2

Es el turno de Criseida y su vicio: Mirarse en el espejo.

Espero que les guste. Saludos y besos.

MariSeverus.

Vicio 2.- Mirarse en el espejo.

Nunca en su vida había visto semejante situación, nunca en su vida, sus manos habían temblado tanto. Había estado en situación es comprometedoras, pero esa era el colmo. De lo que dijera, dependía su vida. De lo que sintiera en cada trago, dependía que ese hombre se salvara.

Pero no podía culparlo, no odia sentir otra cosa, que pena por él. Y por ende, no podía culparlo. Lo miró, balancearse en la silla, divertido.

¿Estaba hablando con el mismo Snape? ¿O la guerra ya había lastimado al hombre, de tal forma que no quedaba nada más que el dolor de existir? Sencillamente, no podía responderse a esa pregunta. Sencillamente, no podía.

Por que sentiría que en eso, se iría su vida. Justo en ese preciso momento.

  • Profesor Snape, hablemos del clima- dijo y él, sonrió ligeramente. Le dio miedo, pero no cedió ante esa sonrisa que brotaba de sus labios.

  • ¿Sabe algo, Granger? Siento mucho, que no podamos hablar de eso hoy. Que no podamos hablar.- miró su copa, como si vacía estuviera y suspirando, la llenó dos dedos más- pero hoy necesito pensar.

Necesitaba pensar, pero ella no esperaba mirarlo. Seguramente, su momento de encuentro consigo mismo, tenía dos caminos:

Muerte. O era uno.

  • Profesor. Lo amamos, no queremos perderlo. Lo necesitamos.

  • ¡Mientes!- se encoje en su asiento, mientras él se ha levantado. Rabioso- ¿Quién te ha enviado a que mientas? ¿Qué te ha motivado a mentir de tal forma? De tal forma que...- su voz se apaga, sus ojos se cierran y como inválido, busca la silla tras de sí, para solo dejarse caer y sostener su cabeza con una mano.

  • Profesor, yo no miento. Habremos quienes suframos esa muerte.

  • ¿Quiénes? ¡Quiénes! Eso es muy gracioso, Granger.

  • Yo, por ejemplo. Me sentiría terrible, si lo vi morir y en mis manos estuvo la respuesta para rescatarlo.

  • No, en sus manos no está la respuesta. En sus manos está lo mismo, que en las manos de ellos. Una varita que terminará con mi vida. ¿Eso anhelan? ¿Eso esperan que reciban? Que con sus manos abiertas, entierren mi cadáver a la profundidad de la tierra.

  • Miente.

  • ¡No mentiría sobre mi propia muerte!

  • Miente, por que nadie le ha dicho la verdad. Entonces. Tiene que mentirse a sí mismo, por que nadie le ha dicho la verdad.

  • Siga bebiendo, que eso no tiene sentido- Se mofa, suspira y la contempla fijamente. Pero sus ojos caramelo, jamás cederán a la presión que aquellos negros cielos, le ofrecen.

  • Demuéstreles, que puede reivindicarse.

  • No quiero reivindicarme. ¿Acaso un ángel caído, limpia sus alas del polvo y vuelve a los aires? ¿Acaso una serpiente, deja de arrastrarse para pararse en dos piernas y caminar?

  • Voldemort lo hizo.

  • Tal cuál yo. ¡Míreme Granger, qué carajo soy!

Suspira Hermione, pero no podrá conseguirlo. No será lo mismo, solo con decirlo. Tiene que decirle la verdad. Tiene que entender, que solamente se trata de demonios infundados por su mente. Que nada de lo que siente es real.

Se queda sorprendida, al mirar lo que hace. Con prisa, deshace los botones de su saco y lo deja caer con violencia. Luego, los botones de su camisa, saltan de un lado al otro. ¿Qué está ocurriendo?

Son los relámpagos, que están cayéndose de su piel. Esos sentimientos que se rompen, para mostrase tal cuál era y dejar de fingir. Mostrar una de sus capas más profundas y comenzar a sentir, que ya no había nada que esconder.

Miró su pecho, abierta su camisa hasta su cintura. Lleno de cicatrices hasta donde su vista alcanzaba. Su rostro seguía cubierto p0r las sombras, que ya no eran tan breves.

Se miró allí, en un espejo que ya el reflejo había perdido. Estaba enmohecido y su cuerpo, se veía desfigurado. Mucho más de lo que ya estaba.

Y de lo que estaba su alma también.

  • Míreme y dígame, si tengo redención alguna. Si cada una de estas cicatrices, dejará de ser lo que es. De martirizar mi vida y de hacerme ver como un hombre nuevo.

Se levanta de su asiento y admira la creación de tanto dolor, que no puede entender cómo ha subsistido por tantos años. Sin quererlo, sin pretender siquiera arrepentirse de eso, uno de sus dedos, acaricia la cicatriz en el espejo.

Tanto dolor, solo le provoca partirlo y al reconstruirlo. Ver al hombre que aspira