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+ 5 vicios, Snape y Hermione — capítulo 3
Es el turno de AndyP y su vicio: Criticar.
Espero que les guste. Saludos y besos.
MariSeverus.
Vicio 3.- Criticar
Ha caído como un peso muerto, en la silla. No hay más nada que decir, ella no tiene y tendrá jamás, un argumento que sea capaz de rebatir su pensamiento. Lo mira, está decidido a permitirle el paso a la muerte. Permitirle el paso a lo que ya ella conocía.
Estar muerto en vida y solo desprenderse de su cuerpo. La botella está por acabarse, muy pronto. No tiene más oportunidad.
Debe levantarse y declarar.
- Es usted un tonto- se arriesga, su garganta se seca. Tiene que al menos, usar la psicología inversa. Sus manos tiemblan, siente el miedo de sus ojos.
Siente odio, en los ojos de su profesor de pociones. Pero no delegará la responsabilidad de salvarlo, en manos de los que quieren destruirlo. Se ha levantado, enfurecido y ella vuelve a creer, que su vida está en peligro.
Pero no, solamente un gesto lastimero. Solamente es una reacción a algo que no quiere aceptar. Algo contra lo que lucha.
- ¿Y sabe por qué es un tonto? Por que cree en todo lo que dicen y sienten. ¿Y qué importa si para el mundo, usted es un traidor? ¿Qué importa si el mundo no cobija sus pensamientos y decide tomar tijeras, para recortar solo lo que les interesa?
Por que eso es el mundo, una crítica. El mundo critica lo que teme, para tratar de convencerse de que está bien. Pero no puede criticarse a sí mismo, por que eso significaría que se teme.
-
¡Usted no lo entiende!- las manos sobre su cabeza, sus cabellos hechos un desastre, como si hubiese pasado muchos años, confinado- Nunca lo entenderá- masculló, furioso.
-
Claro que lo comprendo. Vivo de las críticas, cada día. Como usted, me las indica. Esta vez, yo quiero criticarlo.
Suspira, mirándola. Siempre fue así. La chica que no le temía a nada ni a nadie. Creída, lectora compulsiva. Ella era... Ella era...
Ella era libre.
Como él jamás lo fue.
Una sonrisa, se clava en su ser, en su boca. No sabe si es producto del alcohol, de tanto que ha tomado, pero solo sonríe. Él no deja de sonreír.
-
A ver, Granger. Déme con todo.
-
Es obstinado. Necesita sin duda alguna, entender que no solo a usted le duele. Que no solo usted siente. También los que le rodean. Siente de él, un puntapié ligero. Lo mira sonreír, mirando hacia el suelo.
-
¿Lo toma en consideración? ¿Lo toma en juego?
-
Dígame si eso lo ha sentido y entonces, responderé a su duda.
-
Sí, eso lo he sentido.
-
Y es por eso, que quiero terminar. Por todos esas sensaciones, que he visto crecer y que en mi vida, pude detener.
-
Es muy tarde, para sentir remordimientos de conciencia- escucha su risa grave y entonces, se siente indignada.
¿Por qué el mundo se ríe, de sus propias críticas pero al ser criticado... Solamente echa enormes lágrimas? ¿Por qué asesina cruelmente, solo por un pensamiento diferente?
-
Impertinente, imbécil. Cree que todos somos ratas, bajo sus pies. Cree que todos merecemos el mismo castigo, por que somos felices.
-
Lectora compulsiva, creída. Asocial, impertinente y nunca sabe cómo callarse cuando nadie le pide su opinión.
-
Infeliz, deprimente. Resentido...
-
Antipática.
Sonríe, que los grados de alcohol quizá le hicieron escuchar mal. ¿Antipática? ¿Eso era una crítica? Suspiró y simplemente, apartó una gota de bebida, que resbalaba por su barbilla. Antipática, no podía ser un insulto.
-
Así es Granger. Es usted, una antipática. Incapaz de ver lo simple y solo complicarse con lo que tiene menos puntas. Menos caminos.
-
¿Ah sí?
-
Sí. ¿Quiere que le de un ejemplo claro de lo que estoy diciendo?
-
Por favor.
-
Yo me estoy muriendo. Y usted. Usted quiere filosofar. Usted quiere encontrarle las cuatro puntas a una figura, que no existe. Soy yo. Ya no tengo camisa, ya no tengo sombras que me cubran. Ya lo puede ver todo. ¿Por qué sigue creyendo que el mundo solo se resuelve con decisiones basadas en temas moralistas? ¿Es que yo no puedo morir en paz, sin pensar en el daño imaginario que a otro puedo causar?
Se siente herida por el resultado. La crítica duele más, cuando hay alcohol en su sangre. Quisiera echarse a llorar, aunque él ya lo está haciendo.
¿Es acaso, eso que resbala por sus mejillas, el desenlace de ese dolor que tantos años está guardado?
Y entonces, es la primera lágrima... Con la que desearía morir también. Por que duele tanto, que es imposible no acongojarse.