← Alumnos, enseñando maestros · de
Alumnos, enseñando maestros — capítulo 7
Luna miraba a su "hija", mientras Ron estaba junto a la cama. Parecía asustada y se había orinado en la cama. Ron trataba de serenar sus temblores en la cama, sus llantos. La miró con una sonrisa suave, mientras Luna le contaba una historia. Habían quitado sábanas y pijamas, esperando limpiarla de aquel aparatoso incidente.
— Entonces las doxys se levantaron por los aires. El hipogrifo bebé, trató de defenderse, batía sus alas para espantarlas. El príncipe, tenía que defender a su reino.
Ron sonrió, al mirarla emocionada con la historia. Mientras estaba allí, escuchando, le había puesto en las manos un oso de peluche y ella lo abrazaba contra su pecho.
Un oso color café y de ojos de botones negros. Luna continuaba con su cuento, dramatizándolo con sus manos. Como si volara por los aires, sobre el hipogrifo.
— El animal era por demás valiente. No se detenía ante nada y parecía una fiera, dispuesto a exterminar a sus enemigos con tal de salvar a su reino. Pero no contaba con el malvado ogro del bosque negro. La madera quemada pasó a través de su vista, en imágenes, pero él no prestaba atención a lo más mínimo. Debía huír de las doxys.
— Dudo que entienda eso.
— Pues al menos se entretiene y no se asusta tanto. Se le ve divertida. Creo que la pasa muy bien y además, con ese osito que le has conseguido. ¿Dónde lo has conseguido? ¿Será algún niño convertido en animal?
¿Qué estaba diciendo? Tenía que estar bromeando. Si decía eso, quizá asustaría a la pequeña y todo terminaría peor de lo que ya había comenzado. Luna continuó su relato, mientras la niña estaba allí, aferrada a su muñeco.
Luego de un par de vuelos más y batallas a espadas, la niña se había dormido otra vez. Luna se había levantado como si nada y caminó hacia su propia habitación. Ron estaba asombrado.