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Alumnos, enseñando maestros — capítulo 8
Nathaniel estaba sentado en la cama, con almohadas entre sus brazos. Tenía miedo, lloraba... mientras Ginny y Blaise, no dejaba de pelear y gritarse como locos. Los miraba, mientras Ginny estaba azorada. Parecía enloquecida. Blaise había dejado al pequeño solo y se había perdido. Lloraba porque estaba solo y no encontraba a nadie que le resultase familiar. Al encontrarlo, Ginny lo abrazó y se dirigió junto a él, para confrontar a Blaise. ¿Tenía que ser tan descuidado?
- ¡Solo fue un maldito accidente!- dijo con su imponente mirada hosca y fría- estaba parado y de pronto, él ya no estaba. Se alejó de mí porque quiso. Yo no le dije que se fuera. Él lo hizo solo y fue quién se perdió. Si quiere llorar... pues que llore.
- ¿Sabes una cosa? Eres un pésimo padre, Zabinni. Sin duda alguna, no sirves para esto. Ya sé por qué te seleccionaron. Porque no entiendes ni un carrizo, de lo que se trata esto. Se trata de cooperar con las casas. De cuidar de un ser más pequeño que nosotros, que nos necesita. Nada de eso escuchó. Antes de gritarle que era un descerebrado, miró el rostro del pequeño Nathaniel. Lloraba mientras la miraba a la cara. Parecía asustado. Ella se sentó allí, pero le pequeño de ojos café y de cabello negro, retrocedió.
- Tranquilo, no voy a hacerte daño. Perdóname. Es solo que él me saca de quicio, por favor no llores. No voy a gritar más, te lo prometo. Le tendió una mano y él la miró, con los ojos hinchados y rojos de tanto llorar. Ella sonrió, estirando su mano... más cerca de él. Muy pronto se acercó a ella y se abrazó allí, mientras trataba de respirar. Ginny sonrió, acariciando su espalda, tratando de calmarlo. En poco el tiempo, el niño ya se sentía mejor y sonreía nuevamente, con un cuento que ella le estaba relatando. Un cuento sobre Blaise y una de sus numerosas estupideces que había podido presenciar. Le explicaba cómo se había caído de la escoba, en una práctica de Quiddicth. Dudaba que él la pudiera entender, pero al menos podía entretenerlo de forma gráfica. Simulando que abría sus alas y volaba, cayendo torpemente al suelo. En poco tiempo, el pequeño se reía. Ella estaba debajo de la cama y emergía para asustarlo. Él trataba de encontrarla en todas las esquinas, pero siempre se reía al asustarse cuando ella salía de aquel lugar. Estaba divirtiéndose verdaderamente, olvidando las peleas que había visto y a las que había sido sometido. Todo en pro de conseguir la meta que Dumbledore había impuesto. Así Blaise no quisiera cooperar. No lo necesitaban para ello.