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Historia 51638 — capítulo 1

PARTE I

DÍAS DE VERANO

**1.**JARDÍN DE FLORES

El viento soplaba levemente, haciendo que las flores se mecieran levemente. Parecían bailarinas de colores meciéndose suavemente, como si bailaran una danza con perfecta sincronía.

El sol se ocultaba tras las nubes, brillando tenuemente.

El exterior parecía tan tentador, tan tranquilo. Sin embargo, las personas que se encontraban dentro del gran edificio, no podían salir.

Ella se encontraba lejos de aquél precioso Jardín de Flores, contemplando fijamente un escritorio, repleto de papeles importantes. Parecía tapizado de color rosa, ya que era el color de aquellos papeles.

No sabía cómo había acabado en aquél lugar, que desde fuera parecía hermoso, sin embargo fuera, parecía un manicomio.

El sonar de los dedos de ella sobre la madera del escritorio, en el único hueco que se encontraba entre ese mar rosa, resonaba con eco, fuertemente.

Ella no sabía porque el director de aquella institución la había llamado en el momento que no la podía atender. La hacía sentir desesperación, puesto que creía que el único motivo por el cual la debía de llamar, era porque quizá había cometido un error casi imperdonable.

Ella solo miraba el escritorio, no miraba a los alrededores, ya que les había echado un vistazo el mismo día que había llegado. Sabía que solo había libros por montones. No podía contarlos, eran demasiados. Aunque creía que había una pequeña posibilidad de que, si el director tardaba más, podría empezar a contarlos para tener algún entretenimiento. Todo menos mirar aquellos inofensivos y a la vez peligrosos papeles rosa.

Podía observarlos, pero el director podría llegar en cualquier momento, por lo que no quería tener más problemas, si es que los tenía.

En aquellos momentos, mientras seguía meditando si le importaban los problemas que pudiera conseguir con espiar un poco, se abrió la puerta con un chirrido ensordecedor.

A ella siempre le había parecido muy lúgubre el aspecto del director. Quizá se debían a sus ropajes, completamente negros y antiguos. O quizá se debía a su rostro, comúnmente severo. O tal vez a sus ojos, que contrastaban con su rostro y ropajes, ya que eran de color azul pálido. Tan pálido que a ella le daba la impresión de que en algunos momentos podrían ser transparentes como el agua. Aquella idea le hacía estremecerse.

-Marie Anne - Le saludó el director. Él era la única persona que le decía por su nombre completo, pensó ella. No le molestaba, pero le incomodaba un poco escuchar su nombre competo, como si el trato fuera de lo más formal, a pesar que el director era su tío.

-Profesor Hope - Le respondió ella, volviendo su vista al escritorio. Sin duda era un profesor, y él mismo le había dicho que no le dijera Director, que se sentía mejor cuando le decían profesor. Marie desconocía el porqué, pero se entristecía al pensar que a ella le gustaría que él le dijera simplemente "Marie". Anne no le gustaba demasiado.

-Es hermoso, ¿Cierto? - Preguntó él, mirando hacia la ventana. A pesar de que no había cortinas que taparan la vista al exterior, la luz era tenue. Razón por la cual en la oscura habitación se encontraban velas encendidas. Cientos de velas, que le daban un aspecto más lúgubre a aquél lugar - El Jardín de Flores. Millones de flores de colores brillantes, que se mueven lentamente, en una danza interminable

Marie no quería hablar. Temía que, si hablaba, el director le diría su falta. Pero no. Pensándolo mejor, el director parecía esa clase de personas que disfrutan viendo como los demás se encogían ante sus errores. Sí, probablemente saborearía el momento.

Marie no sabía que falta tan grave podría haber cometido para tener aquella pequeña tortura.

El director seguía viendo al exterior, con las pálidas manos juntas detrás, en su espalda. Parecía pensativo mirando el nublado cielo.

Era cierto lo que había dicho. El Jardín de Flores era hermoso, sin embargo aquello solo había sido una finta. Una gran finta que la había engañado. Era hermoso por fuera, sin embargo por dentro era el horror hecho lugar.

Marie se encontraba volviendo a ver el Jardín de Flores, como la primera vez que los había observado y se había deslumbrado con las hermosas Flores de colores. Bailando interminablemente. Curiosamente, siempre había viento, por lo que las Flores siempre bailaban al son de éste, como si fueran bailarinas espectaculares, todas en el baile sincronizado.

Al principio ella había quedado bajo el embrujo de aquél único y maravilloso lugar, pero después había conocido aquél lugar en verdad. No valía la pena tener todo un lugar con paisajes hermosos si el lugar era una cárcel.

El director no se movió hasta un par de minutos después, mientras le miraba con su mirada severa de siempre. No era algo bueno, por lo que ella dejó de ver el escritorio, para encogerse en la silla y mirar hacia el suelo.Aquello era para tener un solo motivo para no ver aquellos fríos ojos.

-Crees que estás en problemas, ¿Me equivoco?

Marie negó. No se equivocaba. En lo absoluto.

Para su sorpresa, el director la espantó con un ruido demasiado extraño. Una carcajada. Marie comprendió el motivo por el cual nunca había escuchado algo semejante. Quizá hacía años que había reído con la misma emoción.

-No estás en problemas Marie Anne. Por lo menos no aún - Dijo con voz queda

"¿Aún?" Preguntó ella, mentalmente. ¿Qué era lo que se supone que iba a hacer para estar en problemas?

Esperando cualquier respuesta que no llegó, Marie le miraba fijamente. Nunca había visto a su tío tan cansado como en aquél momento. Lucía muy fatigado, como si hubiera estado haciendo un esfuerzo físico muy cansado.

Pero. ¿Qué podía hacer un profesor más que dar clases y hacer papeleo? Incluso su tío, que la hacía de profesor y de director al mismo tiempo, no podía hacer un trabajo que le costara demasiado, ya que parecía débil, muy débil.

-Quizá te habrás preguntado ¿Cómo es que este internado es uno de los más grandes del país? El más seguro.

A decir verdad Marie nunca se lo había preguntado, pero no se atrevía a decir nada. Simplemente se quedó callada, como de costumbre.

-El Jardín de Flores puede ser hermoso, pero a la vez es peligroso - Musitó su tío, mientras Marie sospechaba que su tío de había vuelto loco. Cambiaba un tema de otro, con un tono misterioso, que le hacía pensar que había hecho algo realmente malo.

-¿Peligroso? - No se aguantó a preguntar

-Sí. Las hadas podrían arrastrarte a la oscuridad. Hadas - Respondió su tío

¿Hadas? Marie había escuchado acerca de ellas en los Cuentos que su madre le solía contar en las noches, pero, hasta lo que ella sabía, aquellas hadas con las que había soñado muchas noches, no eran verdaderas, sino simples cuentos. Pura imaginación de varias personas que adoraban lo imposible, la ficción.

Marie se quedó meditando. Si hubiera sido más pequeña, estaba segura de que lo habría creído en un tris, y se habría puesto a gritar y chillar como loca para que su tío se la llevara a ver las hadas.

Pero ella ya era lo suficientemente mayor como para comprender que no existían las hadas. No existían y su tío se había vuelto loco.

La campana tocó, con su molesto tono que parecía un grito desgarrador. Incluso eso daba miedo.

Marie miró a su tío, parecía a punto de detenerla, pero en vez de aquello le dijo:

-Ve a clases

Ya afuera, Marie pensó que había sido una tontería haber estado ahí un par de horas para que después su tío no le dijera nada.

Por una ventana miró al Jardín de Flores, que bailaba como de costumbre, relajándola un poco.