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Historia 51638 — capítulo 2

**2.**CRUEL REALIDAD

Marie intentaba empujar a unos chicos que se encontraban estorbándole el paso. Quería llegar temprano a clase, ya que no tenía ganas de un buen castigo. Los castigos en aquél lugar daban miedo, pero de verdad, no era un miedo como el que tiene un niño al saber que terminará copiando unas líneas. Marie nunca había sido castigada, por lo que no sabía cuál era el castigo, pero conocía a un par de chicos que habían sido severamente castigados. No podían decir en qué consistía el castigo, pero desde aquél entonces, no habían sido los mismos. Parecían tener cierto afecto a las normas, como si detestaran la sola idea de no seguirlas.

Marie miró hacia los chicos, que no se habían movido por voluntad propia. Eran los típicos odiosos que adoraban ver a las personas sufrir. Tenían cara de matones.

Ella pasó adelante, con la cabeza en alto, subiéndose un poco la falda para poder subir los escalones, ya que ésta, de color negro, le llegaba hasta los tobillos, casi arrastrándola.

Todo su uniforme era igual: Negro de pies a cabeza, además de ser muy conservador.

Su falda era bonita, no podía negarlo: Encaje por lo menos al cincuenta por ciento. Su blusa, era de manga larga y cuello alto. También tenía encaje. Así era su uniforme. El de los chicos era un traje negro con camisa oscura.

El edificio era del mismo color que todo lo demás: Negro, como la boca de un lobo. El mobiliario era de tonos oscuros, sin importar de qué color se tratase.

-Disculpe la tardanza, Profesor Weed - Le dijo con algo de temor Marie, entrando al aula, que tenía un aspecto lastimero - He estado con el Director Hope

El profesor le miró mal, ya que no le gustaba ninguna interrupción en clase. Marie le miró con súplica. No quería tener más cosas que pensar. No se quería preocupar por un castigo y al mismo tiempo por su tío.

-Pase - Contestó el profesor, con resignación, como si la única mención de su tío le hubiera hecho recapacitar.

Entró en el salón sin hacer mucho ruido, sentándose en la primera banca que observó para que el profesor no le regañara por su tardanza.

"Por lo menos no me ha castigado" Pensaba Marie con un poco de ánimo. Tal vez la locura de su tío no importase demasiado. Quizá solo se tratase de una broma de mal gusto.

-¿Para qué te quería el Director Hope? - Le preguntaba Lisa, la mejor amiga de Marie, a ésta.

-No lo sé - Le respondió Marie, recordando el momento que su tío había reído con una carcajada - Pero da miedo

-Es lo que te he dicho por mucho tiempo - Dijo Lisa, sonriendo - Estoy segura de que, si mis padres fueran otras personas, no me habrían metido en este manicomio

-¿De verdad? Pero esto sería un horror para mí. Este lugar es una completa cárcel, y si tu no estuvieras para tenerme un poco cuerda…

-Sabes que no lo habrías logrado, ¿Cierto? - Preguntó Lisa, con suficiencia.

-Cierto

Marie y Lisa caminaron en silencio. Marie miró a su amiga.

Lisa era el tipo de chicas que probablemente estudiaría alguna carrera para ayudar a los demás. Era muy noble y tenía ese don para ayudar a las personas. Y aquello pasaba, aunque físicamente pareciese que fuera el tipo de chicas que encontrarías en algún lugar de moda, vistiendo ropa de marca y fuera lo bastante rica como para comprar un millón de cosas a la moda.

Aunque lo último era verdad, se dijo Marie, Lisa era millonaria, aunque sus padres fueran demasiado estrictos, y la mandaran por ello a esa horrible institución.

Lisa se acomodó los rubios y largos cabellos. Tenía una gran cantidad de cabello, y su melena era impresionante. Marie solía decirle que su cabello era hermoso, y que desearía tener algo parecido. Lisa solo reía.

Marie se encontraba pensando en mejorar un poco su aspecto, para no sentirse de tal manera cuando veía a Lisa, y se encontró con algo demasiado extraño.

Marie se acercó demasiado a una de las pocas ventanas que había dentro del Instituto. El sol no brillaba como lo hacía siempre: Tenuemente, gracias a las nubes que siempre lo tapaban. A su vez, no brillaba. El cielo se había tornado completamente negro, a pesar de que era una hora temprana, en la que el sol todavía debía brillar un poco.

Lisa se acercó a Marie, mirando como la danza del Jardín de Flores, a pesar de que comenzaba a hacer más viento, se detenía secamente. Las Flores detenían su baile por alguna extraña razón.

-Qué raro, ¿Verdad? - Le preguntó Lisa, despreocupada - Por lo menos ya no bailan. Siempre he tenido la extraña sensación de que había algo que las hacía bailar, algo especial.

-Esto no tiene que estar pasando - Musitó Marie, sin siquiera saber porque decía aquellas palabras, solo sabía que eso no estaba bien, que debía haber algo… malo.

-¡Marie! ¿¡A dónde vas!? - Le gritaba Lisa a Marie.

Marie no supo de lo que hablaba hasta que se encontró a sí misma mirando hacia abajo. Corría. Y tenía la leve impresión de que sabía a dónde corría.

Corrió entre los alumnos y profesores, que, aunque le reprendían desde lejos, Marie no les hacía caso. Quería llegar al lugar, para hablar con su tío. Él debía saber algo del porqué de tal comportamiento del sol y las Flores.

Corrió tan deprisa como sus piernas le permitieron, observando que, en aquél estado, incluso el edificio parecía más tenebroso, como una casa abandonada o algo parecido. Pero, aunque no quería pensar en ello, sabía que era una muy buena distracción. Prefería pensar en la ficción a pensar en algo que probablemente podría estar ocurriendo en la realidad.

También pensaba que quizá su tío volvería a carcajearse por estar tan preocupada por ello. Quizá simplemente era una adolescente que se preocupaba por cosas innecesarias, cosas que quizá no ocurrían en la realidad.

Al llegar a la Dirección, donde se suponía que se encontraba su tío en aquellos momentos, tocó con impaciencia, sin importarle un regaño por parte de su tío al estar tocando la puerta desesperadamente.

Como nadie le respondía, Marie abrió la puerta de un golpe.

El lugar parecía exactamente igual que hacía unas horas, cuando Marie había estado "hablando" con su tío.

Los libros parecían intactos, al igual que el escritorio, que seguía tapizado con los papeles color rosa. Lo único que había cambiado era la silla que se encontraba frente al escritorio. Se encontraba volteada de espaldas.

Marie se acercó a la silla, pensando que quizá su tío se encontraría detrás de la silla, mirando la ventana, observando el cielo oscuro.

Al pararse frente a la silla, observó lo que nunca había estado esperando. Su tío había muerto.

Un grito de horro cruzó la habitación, el grito procedente de Marie, al observar el cuerpo, inerte de su tío. Sus ojos seguían abiertos. Azules, pálidos, fríos.

Al verlo ahí por más de dos segundos, Marie se acercó lentamente a él, y le cerró los ojos. Marie no quería verlos por más tiempo.

Alguien abrió la puerta. Se escuchó el mismo chirrido de siempre. Dos gruesas lágrimas rodaron por la cara de Marie, silenciosamente.

-¿Qué ha ocurrido, Señorita Hope? - Preguntó el profesor Weed, mientras Marie lloraba a lágrima tendida. Por fin había caído en la cuenta de que su tío había muerto, que no era un espejismo. Que era la cruel realidad.

Marie no supo exactamente lo que ocurrió a continuación: Los gritos del profesor Weed, los alumnos que se rejuntaban para observar, la enfermera Gianna que se la llevaba lejos de ahí.

Aquello no podía ser verdad, se decía Marie. Pero al final tenía que admitir que no había sido ningún efecto especial, que sí había sido realidad aquello.

Marie pensó en lo que su tío le iba a decir aquél día. En lo que no había terminado de decir.