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Historia 51688 — capítulo 8
La velocidad de la moto le producía a Emily una especie de vértigo en donde sólo quería gritar pero a medida que los kilómetros quedaban atrás, la niña se fue acostumbrando a la adrenalina que emanaba su cuerpo y de la protección que le brindaba el joven delante de ella.
Finalmente Daniel estacionó su motocicleta y ambos adolescentes descendieron de ella, en un lugar con piso de madera y gran cantidad de agua alrededor y sobre ella grandes barcos de distintos tipos y tamaños. Todo esto al aire libre.
Un hombre de pelo corto y sin peinar se dirigía hacia ellos con velocidad, con rostro verdaderamente similar, a un lunático.
-Buenos días. Ustedes deben de ser los chicos que están castigados. -dijo el hombre, mirando precipitadamente a Emily y a Daniel- Hasta vinieron en motocicleta...¡cuánta descaro y libertad!
-Es mía. -comentó Daniel, al parecer orgulloso de si mismo-
-Mi nombre es David. -se presentó, ignorando las palabras del muchacho- Pero todos me conocen como "El loco David", pero no me pregunten por qué, yo no tengo idea...
Emily y Daniel intercambiaron miradas cómplices como quien ya sabe la respuesta a ese apodo.
-Yo manejaré el barco, mientras ustedes hacen el trabajo maravilloso de conseguir pescados. Ahora por favor, síganme, sin hacerme preguntas, las preguntas son para perdedores ¿y ustedes lo son? no lo creo, no lo creo...
El pescador David, gritaba como si Emily y Daniel estuvieran sordos. Estos continuaban detrás de él que ahora parecía hablar solo, de lo peligroso que eran los jóvenes de esos tiempos y que estaban bastante cambiados con los de su época.
Avanzaron hasta un descuidado puente de madera descolorida en donde a sus extremos se encontraban los botes pesqueros, estacionados con notable prolijidad.
Emily al llegar hacia la mitad, pisó una madera floja que se hundió al instante pero Daniel pudo sujetarla del brazo justo a tiempo.
-Gracias…-le dijo Emily con timidez cuando él la ayudaba a quitar el pie del gran agujero y continuaba los pasos de David sin mirarla-
-En este gran bote nos tocará subir. -anunció al fin David- Adelante, apresúrense, no esperaré hasta que anochezca y comiencen a venir multitudes de gaviotas. Si, si manchan el suelo, cuando lo pisas solo supones que es su delicioso excremento.
El primero en pisar el barco fue Daniel que no se mostraba con miedo como Emily que iba casi abrazada a él, mas con el propósito de mantenerse lo más apartada de David que miraba el cielo, absorto en su propia locura.
-¿Sabes? prefiero mil veces tu motocicleta a este mugriento barco, es que bueno… confieso que le tengo algo de…terror... a ambos…-dijo la joven mirando con desconfianza a David al entrar-
El comentario de ésta causó por primera vez una leve sonrisa en Daniel que le dijo, sin pensar:
-Tranquila, no tienes que temer, yo te protejo por si algo…
Las últimas palabras de Daniel fueron amortiguadas por el ruidoso motor del barco, encendido por David pero Emily oyó claramente lo que el muchacho le había dicho por lo que lo miró fijo y le sonrió con ternura. Daniel en cambio, solo la observaba arrepentido e hizo como si no pasó nada.
Cuando el gran bote zarpo y finalmente se ubicaba aproximadamente a mitad del azul mar, éste se paró con brusquedad, alarmando a los adolescentes que casi chocaron entre ellos.
-¿Qué sucedió, porque nos detuvimos?-preguntó Daniel a David que se había reunido con ellos-
-¿Crees que estas en el Titanic? Tienen que pescar, señor REBELDE.
-Oiga no soy rebelde, soy RADCLIFFE -se defendió Daniel sin comprender el chiste del loco David que negaba con la cabeza-
Emily había soltado una risita chillona, entendiendo a la perfección la burla y divirtiéndose por la confusión de Daniel que la miraba incrédulo y esperando una explicación.
-David sabe a la perfección que tu apellido es Radcliffe. -explicó Emily todavía riendo-
-No, no lo sabe, me dijo Rebelde.
-¡Sí! pero no creo que ese apellido exista o al menos no en mi conocimiento, David solo esta burlándose de ti.
Daniel abrió los ojos como platos y puso cara de enfado pero no puedo localizar a David ya que había desaparecido y unos segundos después reapareció desenredando una larga y ancha red pesquera.
-Aquí esta, con esto pescarán muy bien. Les enseño pero primero salgamos.
Situados el exterior de la barca por donde se apreciaba un bello paisaje del cielo con un sol brillante y el mar reflejándolo, los muchachos observaban con atención a "El loco David" que arrojaba la red al agua.
-Así…Y ahora sólo deben aguardar, yo voy a entrar, tengo varios anzuelos que afilar-mencionó el viejo con malicia-
-Espere ¿qué se supone que haremos si esa cosa se mueve?-preguntó Daniel mirando con recelo la red-
-Ay ¡no seas tan asustadizo!-se burló David, riendo como un desquiciado- Sólo deben tirar de ella, pescar ¿les suena? ¡suerte con eso!
Transcurrieron fácilmente dos horas y nada pescaban. Daniel se paseaba con impaciencia por la barca y no dejaba de lanzarle miradas furtivas a la red que yacía inmóvil debajo de la trasparente agua. Emily, en cambio, escuchaba música con su celular, plácidamente.
-¿Cómo puedes estar tan tranquila, si aún no pescamos nada?-le preguntó mirándola con una máscara de enojo y enfado-
-Relájate, ya atraparemos a algunos Dan.
-¿Cómo que Dan? Solo mis amigos me llaman así. Te recuerdo que lo que hacemos básicamente no es congeniar.
-Está bien, cálmate…-le dió la razón Emily que no quería discutir de nuevo-
-¡No puedo calmarme! no entiendo ¿qué tipo de castigo es este? Es horroroso y aburrido, estoy hambriento y ya han pasado 2 horas y ¡seguimos en este maldito bote! El director solo se aprovecha de nuestra situación, gracias a su inútil y desgraciado hermano. Comería pescados ahora mismo si te digo que su querido hermanito esta en excelentes condiciones. Únicamente disfruta de nuestro sufrimiento y marginación. De todos los castigos que me impuso ¡este, seguro es el peor! Mejor es lavar la escuela, sacar la basura, escribir millones de veces "Hacer daño al prójimo no arregla las cosas, sino que las empeora. La comunicación es imperamental" ¡todo aquello es mejor!
Daniel gritaba como loco abriendo los brazos con ampliación y dando grandes zancadas. Observo a Emily y la furia no desapareció sino que termino por explotar- ¡Y más aún porque lo hacía solo y no con una compañía tan ¡tranquila como también inútil!
Emily lo fulmino con la mirada y levanto los dolidos ojos de su celular. Pero su actitud al hablar no cambió, se mantenía serena y comprensible, lo que fastidio aún más al muchacho que aguardaba su respuesta -Daniel, no te preocupes por la comida, yo traje provisiones en mi mochila-lo tranquilizó Emily. Posteriormente cambio la expresión a una más severa y arrogante- Y en cuanto a lo que me dijiste, no veo nada útil a tus malditos berrinches. Si tu virtud no es la paciencia, tienes que ejercitarla porque igualmente lo será. Es un castigo, Daniel, no un viaje de vacaciones al Caribe, afronta la realidad sino tírate de este barco así te coman los tiburones y hagan callar tus fastidiosos quejidos de una vez.- El chico la contemplo con un aire temeroso, con una mezcla de duda entre si debía reírse o no. Pero cuando se percato que la chica no estaba bromeando y que al terminar de hablar clavo sus ojos nuevamente en su celular, se dejó caer vencido en el piso, a su lado-
-Al parecer no soy el único de malhumor -confesó aliviado-
-No, no lo eres.
-Bueno, al menos el lado positivo es que encima no comeremos pescados ¿Qué traes ahí?- inquirió. Emily abrió la mochila y Daniel curioseaba de cerca.
Ambos dieron un respingo al sentir una leve sacudida de la barca. Emily se puso de pie junto a Daniel, abandonando por unos segundos sus tripas hambrientas. La red tiraba con fuerza hacia abajo amenazando con soltarse, los muchachos se quedaron pasmados observando esa temible escena.
-Daniel ¿qué hacemos? creo...creo que…atrapamos algo. -pregunto Emily tambaleándose junto al joven, y agarrándolo con fortaleza de su brazo, desesperada-
-¡Tira conmigo!-se decidió Daniel agarrando la red-
Los dos se amararon a ésta y tiraron con todas las fuerzas posibles, hasta conseguir subirla hacia el bote.
Varios peces gordos saltaban con energía fuera del agua, en el momento en que Emily y Daniel se tiraban, exhaustos, en la fría madera del bote, sin importarles de que estuvieran mojados y enredados por la red. Se veían contentos o más bien, aliviados por haber cumplido su primer día de su castigo.
Al cabo de unos minutos pudieron regresar a tierra firme, mientras que el marinero David continuaba acomodando el barco en un lugar cercano a un puente cuando se cumplían las 15:00 de un martes nublado.
Daniel se veía contento y despreocupado, algo no muy común en él por lo que a Emily le sorprendió cuando le preguntó:
-¿Quieres que te lleve a tu casa?-dijo el muchacho, acercándose a su motocicleta-
La pregunta no fue la causante de su sorpresa, sino el modo en la que la formuló. Lo hizo con una mera confianza como si estuviera dirigiéndose a su mejor amiga.
-Seguro…-se entusiasmo Emily, subiendo detrás de él y colocándose el casco que el joven le ofrecía, produciendo con más intensidad el fruncimiento de la frente de Emily.
Pensó que tal vez el muchacho, no deseaba escucharla de nuevo quejarse de su caballerosidad y de la inseguridad que corría sin protección sobre su cabeza.
Arrancaron de nuevo, dejando atrás el descolorido muelle para volver a cumplir con su segundo castigo en cuanto el director del colegio les dijera cuando debían hacerlo.
Legaron a la casa de Emily de dos pisos con grandes ventanales, ésta se quitó el enorme casco y con precaución descendió de la motocicleta, volviéndose a Daniel que la observaba con inquietud.
-¿Quieres entrar?-le ofreció Emily con alegría y al ver que él dudaba, añadió: Así comemos algo…¿No tenías hambre? No es suficiente la comida chatarra que comimos.
-Está bien...pero sólo unos minutos. -cedió el joven, también bajando del vehículo-
Ingresaron al cálido lugar mientras Emily le permitía a Daniel dirigirse con ella hacia el comedor.
-¿Qué te gustaría comer? Sé cocinar variedades de pastas ¿o...mejor prefieres que encargue una pizza?-dijo Emily hojeando a Daniel que estaba de pie apoyado en la pared y sin dejar de vislumbrar cada detalle de la casa- ¿Daniel?-preguntó al ver que no la escuchaba- ¡Daniel!
-¿Ah? Hem...si…suena bien, me agrada la pasta. -aceptó por fin cayendo de sus pensamientos-
-Genial...-expresó la joven avanzando hacia la cocina y poniéndose en marcha-
En el momento en que ella se esmeraba en amasar los futuros spaghettis, Daniel la ayudaba con los ingredientes que le pedía que le alcanzara.
Cuando el reloj apuntaba a las 17:00, ambos estaban completamente cubiertos de harina por juguetear con ella y ya se encontraban frente a una humeante y apetitosa pasta con abundante salsa color rojo sangre.
Emily & Daniel comían con rapidez y como Emily estaba tan concentrada en Daniel no había notado el sonido que hacía sus tripas en su estómago.
-Mira la hora en que comemos...-empezó a decir Emily que al menos tenía oportunidad de hablar a diferencia de Daniel que parecía no haber comido durante meses-
-Sí, muy tarde...-finalizó el muchacho intentando tragar con velocidad- Oye ¿acaso vives sola?- inquirió, observando a su alrededor-
-Bueno, creo que algo parecido. Mis padres se la pasan trabajando...Mi madre por ejemplo, suele irse como a las 9:00 de la mañana, sino es muy tarde, pero siempre me espera con el plato servido en cuanto salgo de la escuela, ahora no está porque también trabaja los sábados. Con respecto a mi padre solo lo veo al anochecer y los sábados cuando voy a ayudarlo en el bar... Soy consciente que le pagan muy bien pero igualmente ambos trabajos, no bastan. -relató la joven-
-Pero ¿acaso tienes hermanos?
-No…
-¿Entonces…? ¿Para qué la necesidad de tanto dinero?
Daniel parecía deseoso de sacarse aquella duda, pero Emily evidenciaba que no quería responder al respecto.
-De acuerdo, creo que no me compete tu vida y lo que pasa en ella.
-No, sucede que es…complicado.
-¿Se mudaron porque aquí no hallaban buena paga?
-¿Cómo sabes que me mude?
-Por favor, tengo fuentes. Emily, eres mi compañera de salón.
-Claro. Y si, esa fue una de las razones por la que nos mudamos de New York. ¿Qué hay de tus padres? -inquirió, intentando abordar ese tema.
-Básicamente no tengo, mi padre es el jefe del tuyo y mi madre...bueno...nos abandonó cuando yo nací...-confesó Daniel con incomodidad
pensando que había evacuado demasiada información debido a que tosió un poco.
-Daniel...no debes hacerte el duro conmigo, no tiene nada de malo conocernos...dime...¿Todavía sigues muy herido...bueno...por tus ex novias que...?
-Eso no te importa. -saltó el muchacho que al pararse volteó la silla hacia atrás-
-Yo sólo...quería saber...
-Pues que pena, eso nunca lo sabrás porque adivina ¿qué? tú debes ser igual o peor que ellas...Sino me cuentas lo simple de tu vida es porque no se te da la gana, pues a mi tampoco me interesa contarte.
-¡Eso no es cierto!-explotó Emily al borde del llanto-
-No necesito hacerlo, estoy harto de equivocarme con las chicas una y otra vez, ya te lo dije no te me acerques.
-El que está en mi casa ese eres tú. -le dijo Emily también levantada de la mesa-
-No hubiera entrado sino hubieras insistido tanto.-la desafió acercándose hacia su rostro-
-¿Insistir, insistir? Ah cierto que tuve que arrastrarte para que entraras...-ironizó Emily dando unos dos pasos más hacia él-
-¿Sabes que haré?
-No ¿qué? ¿Pegarme como todos los que te molestan en la escuela?
-Yo no golpearía a una mujer…
-¿Ah no? ¿y entonces que harás?-le preguntó Emily colocando sus manos en las caderas-
El muchacho se le aproximó tanto, que sus narices estaban a punto de chocar y Emily sentía su cálida respiración que le azotaba la cara junto con los vellos que se le erizaban y el corazón que latía a mil por hora. Permanecía muda mirando la transparencia de sus azules ojos.
GRACIAS A TODAS LAS QUE LEEN, SON MARAVILLOSAS! SI QUIEREN QUE LES RECOMIENDA SUS FIC, SOLO HAGANMELO SABER, NO HAY PROBLEMA EN HACERLO! LAS AMO.
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