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Historia 51924 — capítulo 1

Nueva York estaba implacable. Pero a ella le gustaba. Había huido de Estocolmo con propósito: alejarse de esos malditos recuerdos que no le dejaban vivir. Bjurman, Zalachencko, Teleborian…

Y Mikael Blomkvist. Ese periodista de la revista Millennium. Había dejado de responder a sus llamadas, lo había ignorado por completo. Ya lo le escribía mails y tampoco se metía en su PC.

Así que, después de ganar el juicio contra las acusaciones de Zalachencko, cogió el primer avión que vio y acabó en Nueva York. Con el inglés no tenía problemas, pues chateaba con hackers de habla inglesa.

Con todo el dinero que le había quitado a Wennerstrom y la suma que le dejó su madre, pudo comprarse un piso en Manhattan. Pensaba quedarse allí una larga temporada.

Plague le prometió que le mandaría trabajos de investigación con Armanskij. Todos los meses recibía un mail de su amigo y empezaba su investigación. Dependiendo de el tipo de trabajo, le pagaban mil o dos mil dólares.

Lisbeth Salander vivía bien en Nueva York.

Recibió un mail de Plague. Armanskij le pedía una investigación sobre un tal Daniel Radcliffe. El actor que interpretaba a Harry Potter. Ella nunca había visto esas películas, pero en cuanto recibió aquel correo electrónico, alquiló todos los filmes y los vio en un día.

Lisbeth Salander tenía un peculiar método para realizar sus investigaciones. Se metía, mediante un programa, llamado Asphyxia, en los ordenadores de sus víctimas. Lo que hacía, por supuesto, es ilegal. Pero nadie lo sabía, sólo Plague.

Lisbeth investigó, mediante Internet, toda la biografía de Daniel Radcliffe. Nacido el 23 de julio de 1989, en Fulham, Londres. Comenzó su carrera cinematográfica con la película *David Copperfield.*Bla, bla, bla…

Lisbeth fue al armario y se cambió de ropa. Era una mujer bajita, delgada, con el pelo negro, cortado al rape con un flequillo de lado. Tenía varios piercings en la oreja y la nariz y unos tatuajes en el cuerpo. El más impresionante, uno que llevaba en la espalda y que se la cubría entera. Era un dragón.

Su vestimenta era extraña, como gótica o punk, pero ella no se consideraba nada de eso. Se vestía así para advertir al agresor. Las tachuelas significaban: No me acaricies, te dolerá. Lisbeth era una chica solitaria, de poca expresividad y sentimiento. No se relacionaba con nadie y era fría como el hielo.

Se visitó con su ropa de siempre y salió a la caza. Gracias al Internet, supo que Daniel Radcliffe residía en el edificio Mercer 40. Eran las once de la mañana y ella sabía que el chico estaba a punto de salir para ir al teatro.

En cuanto lo vio, comenzó a hacerle fotos a lo lejos. Lisbeth estaba escondida, por lo que Radcliffe no podía verlo. Hizo unas cuantas fotografías y luego se marchó a casa. Las pasó a su MacBook y se fumó un cigarrillo.

Tenía que idear un plan para poder meterse en su portátil.

Se vistió como Daniel Radcliffe. Chupa, gorra, vaqueros… Igual que él. Llevaba consigo su MacBook. Tomó el metro y fue hacia el teatro donde representaban *Equus.*Esperó dos horas hasta que la obra comenzara. Compró una entrada y presenció el espectáculo.

Le gustó bastante. Ignoraba la gente que la miraba de forma extraña. Oyó las palabras freak, loca, y *fanática.*cuando acabó el primer acto, Lisbeth se levantó. Tenía pensado ir al camerino de Radcliffe y coger su móvil. Si lo conectaba a su portátil, encontraría la dirección IP del ordenador de su víctima y así poder instalarle el programa Asphyxia.

Sin que nadie la viera, caminó por un pasillo hasta llegar aun camerino que ponía: Daniel Radcliffe-Alan Strang.

Se metió sin ningún tipo de pudor. Agradeció que la puerta estuviera abierta. Buscó deprisa el móvil de Radcliffe. Cuando lo encontró, encendió sus MacBook y lo conectó, mediante un cable, a su portátil.

Sólo tardó dos minutos en conseguir la dirección IP. Pero esos dos minutos se convirtieron en interminables. Oyó unos pasos que se acercaban al camerino. No le dio tiempo a huir.

Daniel Radcliffe, vestido con un albornoz blanco, miraba embobado a la persona que se encontraba allí. Luego gritó algo y un gigante rubio entró en el camerino. Lisbeth desconectó el móvil de Radcliffe y guardó sus cosas en la bandolera.

—¿Quién coño eres tú? —preguntó el gigante rubio.

Lisbeth no dijo nada, ni siquiera se molestó en mirarle a los ojos. El gigante rubio puso una mano encima del hombro de la mujer. A Lisbeth no le gustó.

Así que le dedicó una bonita patada en la entrepierna. El gigante rubio gritó de dolor y Daniel salió huyendo del camerino, pidiendo ayuda. Lisbeth recogió sus cosas y se largó corriendo de allí.

Pero estaba contenta, había conseguido la dirección IP de Radcliffe. Fue a su casa y conectó el programa Asphyxia.