← Historia 51924 · de
Historia 51924 — capítulo 2
Daniel Radcliffe estaba aturdido. Se sentó en una silla y respiró hondo. Supo mantener la compostura en el resto de actuación. En cuanto acabó, se metió en su camerino y comenzó a revisar por todos lados, para ver si aquella desconocida le había robado algo.
Spase, su guardaespaldas, no permitió que nadie se le acercara en el stagedoor. Daniel se sentía algo incómodo entre las manos de los fans y el cuerpo de Spase. Pero pudo firmar autógrafos sin problemas.
En cuanto se montó en el coche, suspiró y cerró los ojos por un momento. Luego se colocó el cinturón y Spase arrancó.
—Voy a poner una denuncia contra esa chiflada —dijo el hombre.
Daniel lo miró a través del espejo.
—Haz lo que te parezca mejor.
—¿Es que no te importa? —preguntó Spase, sorprendido.
Daniel se encogió de hombros y se recostó en el asiento. Miró la calle. Manhattan estaba imparable.
Lisbeth apenas tuvo que esforzarse para piratear el portátil de Daniel Radcliffe. A la media hora ya tenía mil páginas impresas llenas de documentación personal, cuentas bancarias, mails, entre otras cosas.
Recopiló todos los archivos y los metió en un CD. Luego, envió por correo electrónico el contenido de éste y las hojas impresas las repartió entre seis sobres grandes. Las enviaría mañana a Milton Security, la empresa para la que trabajaba.
Se sentó en su sofá y miró el exterior. Por ahí estaría Daniel Radcliffe maldiciéndola.
Lisbeth se rió. Cogió su MacBook y comenzó a examinar el disco duro de su víctima. Se dio cuenta de que el chico tenía un montón de descargas ilegales de música realizadas en el programa Ares y en el eMule. Un montón de paginas guardadas en Favoritos eran sobre cricket y política. Y el resto de consultas en Google u otras cosas tontas. A Lisbeth no le llamaba la atención.
Fue a la carpeta Fotos del escritorio de Radcliffe y comenzó a observar las imágenes que habían dentro. Muchas eran de él con su familia. Otras con amigos y las más recientes eran de ensayos de Equus.
Es algo guapo, pensó Lisbeth. Cenó pizza y se acostó en la cama.
Daniel llegó a casa cansado. En cuanto cerró la puerta de su piso, tiró todas sus cosas al suelo y se fue desnudando mientras llegaba a la cocina. Detrás de él había un largo rastro de ropa.
Abrió la nevera y buscó las sobras de la semana pasada que no se había podido comer. Era una sopa de fideos. Se la calentó y la vertió en una taza y se llevó una cuchara consigo. Se sentó en el sofá y encendió la tele.
Calentito, colocó su portátil en sus rodillas. Comenzó a mirar su correo electrónico, pero la bandeja de entrada estaba vacía. Frustrado, apagó el ordenador y se metió en la cama.
Estuvo horas meditando, intentando conciliar el sueño. Pero no podía. Estaba algo asustado desde que hubo ese altercado en su camerino. Habían pasado cosas raras con fans, pero nunca de forma tan extrema. Además, esa persona estaba buscando algo, algo de su móvil, pues lo tenía conectado a su portátil.
Daniel cerró los ojos sobre las dos de la madrugada. Por fin pudo dormir en paz.
Lisbeth Salander salió temprano de su piso en Manhattan. Llevaba consigo seis sobres grandes. Los depositó todos en un buzón de correos. Irían directos a la empresa Milton Security, ubicada en Estocolmo.
Armanskij estaría contento y le pagaría bien.
Miró a su alrededor. Como no había nadie, siguió caminando y fue a practicar kick boxing. Echaba de menos a Paolo Roberto.
Estuvo dos horas pegándole puñetazos a su entrenador favorito. En cuanto acabó, volvió a su casa. A veces, Nueva York era un sitio muy aburrido si no sabías que hacer.
Daniel se levantó tarde. Pero llegó bien al teatro. En cuanto entró en su camerino, se cambió de ropa y se puso la de Alan Strang, su personaje. Se colocó enfrente al espejo y contempló su cuerpo.
Tenía ojeras, es decir, estaba cansado. Cansado de no poder dormir anoche bien.
—Dios… Necesito calmarme…
Frunció el ceño y comenzó a toquetearse el pequeño bigote (si es que podía llamarse así). Luego se miró los ojos y la boca. Descartó que podía estar enfermo.
No, estaba estresado, ese era su problema. Estresado desde que esa chica conectara su móvil a aquel MacBook.
Eso le preocupaba. No sabía que datos podría haber conseguido esa persona con su móvil. Se sentía acosado… Y eso no le gustaba. Ahora miraba dos veces antes de salir al escenario.
—Tranqui… Mañana es lunes. Estaré todo el día en la cama… Sin hacer nada…