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Historia 51993 — capítulo 2

El despertador sonaba nuevamente anunciando un nuevo día, me desperece en la cama estirando al mismo tiempo piernas y brazos mientras apretaba con fuerza los ojos que se resistían a la claridad que asomaba por la ventana.

No soportaba el ruido de ese aparato, pero mi madre había renunciado hace tiempo a despertarme personalmente, y mi hermano sabía que peligraba su integridad física si lo intentaba por lo que había decidido dejarlo en manos de ese dichoso aparato que sonaba sin miedo todas las mañanas a la misma hora exacta sin un maldito minuto extra.

Al principio había sido difícil adaptarme, el sonido del tic tic por la noche no me dejaba dormir y me hacía dar vueltas en la cama enfadada hasta que finalmente caía rendida.

Pero el despertar era lo peor, adoraba dormir, me encantaba la seguridad que me ofrecía mi cama, allí no tenía que enfrentarme a la lluvia y frío diario que me esperaban fuera, nunca pasaba nada malo, nadie te hacia daño ni tenias que pelearte por un asiento en el autobús o estrujarte las neuronas en complicados exámenes que luego no te ofrecían la nota que esperabas.

Pero un nuevo día había comenzado y yo tenía que abandonar la suavidad de mis sabanas para enfrentarlo con alegría.... o al menos lo mejor que pudiera.

Me levante temblando de frío acercándome al escritorio donde el despertador seguía sonando incansablemente.

  • Ojala pudieras quedarte afónico-. Dije frustrada mientras lo cogía y lo apagaba de un golpe.

  • Uuuuups ¡-. pensé al darme cuenta de que le había dado demasiado fuerte, la nueva forma de despertar había provocado que en menos de un mes por mi habitación pasaran veinte despertadores diferentes y todos ellos habían sido heroicamente las victimas de mis agradables despertares-.

Al principio los pobres estaban en plena línea de batalla, que era en mi mesilla de noche, por lo que con solo alargar un brazo ya los lanzaba contra el suelo y podía darme la vuelta tranquilamente mientras seguía durmiendo y acababa llegando tarde al instituto.

Por lo que al final acabaron poniéndolos lo mas lejos posible de mi, sabiendo que si tenía que levantarme para apagarlo ya no me quedaría mas remedio que ponerme en marcha y no volver a la cama.

  • ¡¡¡Kellyyyyy!!!, tienes exactamente diez minutos para ducharte o cortare el agua caliente-. Gritó mi madre desde la cocina-.

Salí corriendo por la puerta de mi habitación rumbo al baño, pues sabia perfectamente que mi madre cumplía ese tipo de amenazas.

Tropecé con mi hermano Brian justo en la puerta.

  • ¡Vaya!, ¿hoy si te duchas? Mejor, por que francamente empiezas a apestar un poco-. Me dijo mientras ponía muecas y se alejaba sonriente.

Estuve a punto de correr detrás de el para hacérselas pagar, pero pensé que eso supondría menos tiempo de agua caliente, y a fin de cuentas podía vengarme después-.

No es que no quisiera a mi hermano, pero el tener 18 años y que el microbio sea cinco años menor que yo tiene un pequeño inconveniente, no nos demostramos ningún tipo de cariño cada vez que nos tenemos delante.

Dejé las toallas sobre el lavamanos y me metí en la ducha caliente pensando en como tenía organizada hoy la mañana.

Ese era mi forma de vida, planear hasta lo mas mínimo para evitar sorpresas desagradables.

Eso me convertía en la persona mas aburrida del planeta tierra pero no me imaginaba otra forma de ser yo.

Salí de la ducha y me froté el pelo para quitarle el exceso de humedad, el espejo estaba completamente empañado por el vapor y me devolvía una imagen borrosa.

Una vez envuelta en una toalla verde pistacho quité la borrosidad del espejo consiguiendo una imagen mas exacta de mi.

Tenia un cabello largo hasta la cintura, de un color rojo fuego pero con mechones dorados, el flequillo molestamente caído hacia el lado derecho de mi cara.

Unos ojos grandes de un gris poco frecuente y que llamaba la atención de todo el mundo me devolvían una mirada critica, tenia unos labios finos y mi cara era pálida como el resto de mi cuerpo, había aceptado hace tiempo que el sol escapaba de mi cuerpo todos los veranos como si tuviera miedo a desintegrarlo con un solo rayo.

No era muy alta, supongo que lo normal para mi edad pero aun así por si las moscas lo disimulaba siempre que podía subiéndome a altos tacones y plataformas.

Por lo demás no había mucho en lo que fijarse en mi.

  • Un físico normal para una chica de carácter normal.-Pensé mientras enchufaba el secador de pelo y apartaba la visa del espejo-.

Me sequé el pelo rápidamente, ya que al ser liso por naturaleza solo tenia que concentrarme en dejarlo bien seco para que cayera perfectamente por mi espalda.

Un chándal azul marino con las líneas blancas a los laterales, mis tenis ya que tenia gimnasia a primera hora y odiaba perder el tiempo cambiándome de ropa en los vestuarios y ya estaba lista.

Una ultima y rápida visita a mi cuarto para hacer la cama, coger la mochila mi carpeta y ya podía bajar a desayunar con los demás.

  • Vaya, vaya. Se nota que los días con gimnasia puedes ser rápida preparándote. - Dijo mi madre sorprendida mientras me acercaba un zumo de naranja a la mesa-.

-Yo creo que el resto de los días lo hace para llegar tarde a propósito mama.- Dijo mi hermano sonriéndome maliciosamente-.

Le lance un trozo de galleta casi como acto reflejo mientras me bebía el zumo enfadada.

  • Niños, no empecéis ya de mañana por favor. - Mi padre ya ni se molestaba en reñirnos a la cara, lo hacia sin inmutarse a través del periódico que leía cada mañana antes de marchar a trabajar, a fin de cuentas sabía que todos los días era la misma batalla.

Terminé de desayunar, le di un beso a mi madre y a mi padre, una colleja a mi hermano y me dirigí a la puerta de la entrada donde colgaban los abrigos. Me puse el de color blanco con capucha para taparme de la mas que posible lluvia, revise mi pesada mochila antes de volver a colgármela de la espalda, cogí la carpeta y con un ultimo vistazo al espejo para comprobar que seguía con un aspecto decente abría la puerta dejando pasar el frío del exterior.

  • Mama, Papa adiós, yo me voy ya.-Les dije saliendo por la puerta y subiéndome mas la cremallera del abrigo-.

  • Adiós cielo, que tengas un buen día-. Me llego la respuesta desde dentro-.

Y así me dispuse a ir rumbo al colegio y a un nuevo día.

De camino, en la esquina de siempre me esperaba ya mi mejor amiga Emma.

Observe como sonreía impresionada por no tener que esperarme nerviosa cada mañana y tener luego que ir corriendo a la parada del autobús escolar por miedo a que nos dejara en tierra y llegar así tarde al instituto.

  • Vaya, vaya. Se nota que los días con gimnasia...

  • Como esa frase termine diciendo que puedo ser rápida preparándome te juro que te comes mi carpeta Emma Evans.- Dije frunciendo el ceño con mal humor-.

  • ¡¡¡ Huuuu ¡¡¡ alguien se ha despertado de mal humor esta mañana, ¡Que raro¡-. Dijo con ironía y sonriendo como si fuera divertido-.

  • Emma, sabes que siempre me despierto de mal humor las mañanas de colegio, pero lo que no soporto es como siempre utilizas las mismas frases que mi madre ya me ha dicho.

  • Bueno, si tu me conocieras tanto como yo a ti, sabrías que no puedo evitarlo, este poder forma parte de mi.- Dijo haciendo un gesto teatral con los brazos-.

  • ¡Oh por favor¡, mas rollos paranormales no, prefiero que repitas las frases de mi madre antes que eso.

Emma se echo a reír a pesar de haberle ofendido un poco mi comentario y caminó unos pasos por delante de mi, nos conocíamos desde pequeñas. Ella era completamente diferente a mi, tenia una melena larga hasta los hombros negra como las noches de invierno y llena de tirabuzones tan marcados como los de las típicas películas antiguas, unos ojos pequeños pero increíblemente verdes y brillantes, era dos cabezas mas alta que yo. Siempre estaba sonriendo e imaginando miles de aventuras llenas de magia y fantasía que me volvían loca, sobretodo por que siempre acababa formando parte de ellas a la fuerza y aunque nunca lo admitiría en voz alta le daba un toque especial

a mi vida. Además teníamos ese tipo de confianza con la que puedes decir algún comentario grosero sin que la otra persona se enfade.

De la misma forma que ya sabía que no soportaba que se pusiera con sus rollos de magia y brujería, si seguía haciéndolo cada día era por que le divertía tanto enfadarme como sus libros e historias de brujas.

Llegamos a la parada del autobús y pudimos cerrar por fin los paraguas para poder resguardarnos de la lluvia en la pequeña caseta.

Allí estaban ya Anna con su sequito de arpías y como no Patrick, su fiel perro guardián y capitán del equipo de fútbol del instituto.

Mientras las amiguitas de Anna se entretenían riendo como tontas señalando a los famosos de sus revistas Anna y Patrick se comían los morros como si llevaran un año sin verse.

Emma al verlo en seguida se puso tensa y sus ojos perdieron el brillo, ella había estado desde siempre loca por Patrick, y yo no podía comprender como el muy cretino prefería a la cabeza hueca de Anna antes que a ella... o si lo sabia ya que el muy idiota lo que tenía de guapo lo tenía también de tonto.

  • No dejes que esto te afecte, no los mires y punto.- Le susurré nerviosa por si el club de arpías levantaban la cabeza de sus revistas y se daban cuenta de cómo estaba Emma. Lo que menos falta le hacia era ser la diana en sus burlas-.

  • Estoy bien tranquila, si esto esta ya mas que superado-. Me dijo con una sonrisa fingida y estrujando su paraguas-.

  • Ya claro, por eso estas a punto de matar el paraguas. Emma si te conociera de hace tres días puede que me engañaras pero sabes que no cuela.

-Mira, aquí viene ya el autobús, será mejor que nos pongamos delante para entrar primero o nos cogerán los mejores sitios.- Esa era su forma de dar por terminado el tema, al menos allí-.

Suspiré y subí al autobús rápidamente, pero echando antes un ultimo vistazo con mi mejor cara de asco a la parejita que por fin parecía despegarse.

  • ¿ Celosa Kelly? ¿Has descubierto que por fin tienes ganas de dar tu primer beso?-. Me dijo Anna con una sonrisa malvada y soltando su dosis de veneno con cada palabra. Sus amiguitas por supuesto le rieron la gracia y el tonto de Patrick le pasaba un brazo por los hombros con sus aires de "Aquí esta el rey del mundo".

  • ¿Celosa, de ti? Claaaaaro claro y en china acaban de encontrar las primeras ranas con pelo.- Le dije mirándola con todo el odio del mundo...

Sinceramente si en ese momento mis ojos fueran del mismo color que mi pelo Anna se habría convertido en cenizas, me sacaba de quicio desde primero y nunca dejaría de hacerlo.

Subí con paso fuerte los pequeños escalones del autobús ardiendo de rabia.

El conductor miraba con desaprobación como mis pies hacían ruido y dejaban todo lleno de barro por las sacudidas.

  • ¡ Justo lo que me faltaba ¡ Si el día comenzaba así de bien seguro que será muy completito. - Pensé con el ceño fruncido y sin hacer caso a nadie-.

Encontré a Emma sentada al lado de la ventana mirando por ella como si fuera hubiera algo maravilloso, llevaba los cascos de su ipod puestos por lo que sabía que eso quería decir que no quería hablar, suspiré y abrí mi carpeta dispuesta a dibujar algo mientras no llegábamos al instituto.

Adoraba dibujar, y aunque todos me decían que era realmente buena yo me lo tomaba como un hobbie, como una vía de escape a pensamientos y problemas. Yo no dibujaba como medio de trabajo, dibujaba por placer, era relajante y conseguía que mi mal humor desapareciera como cuando tomas una aspirina para el dolor de cabeza.

Escogí una hoja en blanco, la sujete con las gomas de la carpeta y mientras tenía en una mano una goma de borrar intacta con la otra sujetaba mi lápiz favorito dispuesta a trazar las primeras líneas.

  • ¿Me permites una sugerencia?-. Me dijo Emma apartando la vista del cristal y mirándome sonriendo-.

  • Si quieres que dibuje a Anna y Patrick devorados por una manada de lobos permíteme decirte que ya lo había pensado.-Le dije poniendo una mirada malvada-.

  • Creo que a Anna le afectaría mas si la dibujaras como una pobre de la calle.- Me dijo echándose a reír con ganas.- O mejor puedes dibujar a Patrick quedándose calvo, estoy segura de que eso le dolería tanto a el como a Anna, y matarías dos pájaros de un tiro.

Gire la cabeza hacia donde ella estaba mirando, Patrick se pasaba obsesivamente la mano por su rubia melena usando el reflejo del cristal del autobús como espejo y parecía mas concentrado en eso que con un examen de matemáticas.

Volví a mirar a mi amiga y cuando ambas juntamos la mirada nos reímos como locas.

Eso era lo que me gustaba, que no nos importara nada de lo que hicieran los populares, o al menos si nos importaba poder usarlo con algo de humor y alegrarnos el día.

  • Bueno, dejando las tonterías a un lado, ¿Qué estabas a punto de empezar a dibujar? ¿Tal vez... un boceto que dentro de unos años este colgado en una de las paredes del Louvre?-. Dijo Emma mientras movía sus cejas rápidamente.

-¡ Oh por favor tu también no ¡, Vamos Emma, ya me llega con las indirectas que el profesor de dibujo me manda en cada clase.

  • Bueno, si tanta gente te lo dice por algo será ¿no crees?.- Era increíble como intentaba llevarme siempre a su terreno, pero esta vez ni la iba a dejar-.

  • Pues tenía pensado dibujar algo de lo que hoy he soñado. -Quería cambiar de tema rápidamente para que no siguiera engatusándome-.

  • Jajajaja, que rápida eres cambiando de tema cuando no te conviene. Además, ¿No se supone que nunca recuerdas lo que sueñas?.- Me dijo arqueando una ceja y apartándose un perfecto tirabuzón negro-.

  • ¿ No eres tu la que siempre dice que todo el mundo sueña? ¿Que mi problema esta en que tengo sueños tan aburridos que no me molesto en recordarlos?.- Ciertamente nunca recordaba lo que soñaba si es que a caso lo hacía, para mi era una ventaja, me ahorraba las pesadillas y añorar estar en un mundo que no existía-.

  • Y lo sigo diciendo. Francamente Kelly, no entiendo como puedes tener tanta imaginación sobre el papel pero tan poca justo cuando mas la puedes aprovechar para cumplir todo lo que quieras aunque no sea real.

  • Pues por que tu misma lo has dicho, No es real, ¿para que molestarse entonces si no puede ir mas allá?

-Tal vez por que aunque no lo sea, pueden ser momentos realmente felices.- Emma volvía a mirar con ojos tristes hacia Patrick, suspiró y volvió a centrarse en la ventana mientras colocaba los auriculares en el oído.

Aquello era el colmo de lo deprimente, pero prefería no seguir dándole mas vueltas al tema, me concentre nuevamente en mi hoja mientras Emma volaba a un lugar muy lejos de allí.

Pocos minutos después y tras un par de paradas mas el autobús llego a nuestro instituto.