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La familia — capítulo 18

Noche de cuentos: Esa noche, Sirius sorprendía a las niñas con sus cuentos. Lily lo miraba imitar a un dementor, con su huesuda mano entre las cobijas de las pequeñas. Les hizo cosquillas, pero Lily sabía que terminarían con pesadillas. Para cuando iba a dormir, Cristhine iba hasta su cama. Sí, se había asustado con el relat0 que su padrino había contado. Suspirando, Lily la levantó del suelo. — No puede ser que Sirius haga esto. ¡Es inaudito! Debió contar algo alegre. Elisei dormía plácidamente, más sin embargo luego notó que estaba sola. Su hermana se había ido con su madre. Tenía que ir también. Odiaba estar sola. — Hola cariño. ¿También tienes miedo? Ambas terminaron dormidas junto a su madre. Con un suspiro, Lily se miró a sí misma. Apretada con sus pequeñas en la cama. Iba a quejarse con Sirius. Se echó a reír suavemente, tratando de evitar que las niñas se despertaran. Al amanecer, Sirius se estiraba en el pasillo y ladeaba la cabeza hacia la habitación de Lily. La puerta entre abierta, le mostró una ardilla y supo que estaban durmiendo todas juntas. Sonrió. Su cuento las había asustado. Al levantarse, Lily notó que Elisei tenía un deseo terrible por ir al baño. Bueno, tanto miedo tenía que derivar en algo. La acompañó hasta el baño y le ayudó a sentarse en el inodoro. La miró mientras movía sus pies y hacía lo que necesitaba hacer. Luego de un corto aseo, las tres bajaban a desayunar. Lily miró a Sirius de mala gana y Sirius se echó a reír de inmediato. —  ¿Qué? — Asustaste a las niñas, con tu cuento terrorífico. Anoche. Sirius suspiró en silencio y las miró, mientras se comían las tostadas del desayuno. Hacían un gran desastre en la mesa, pero no les gustaba que Lily les ayudara con la comida. Solo le hacían caso a Snape. Si lo veían. Y no podía evitar pensar, él, que las extrañaba. Recordaba esas mañanas donde las pequeñas solían despertarlos. Podían bajarse de sus cunas, con mucha facilidad. Debía ya terminar de pasarlas a ambas, a una cama. Eso haría cuando terminara. Lily pensaba lo mismo. Pero no en camas, sino en cuánto extrañaba a su esposo. Y sus hijas también pensaban en ello. — No, cariño. Papá no está. No ha enviado cartas hoy. Yo te diré cuando las envíe. No, esto no es suyo. Es una carta para Sirius. — Pues que le hagan una, si tanto lo necesitan. — ¡Esa es una buena idea, Sirius! — Pues, yo también pienso. Lily tomó un enorme pergamino, el más grande que pudo encontrar y les dio lápices de colores y plumas. Siempre viajaba con eso. Tenía que estar equipada. — Escribámosle a papá, cuánto lo amamos. ¿Qué les parece? Dicho y hecho. Enormes rayones y letras con colores varios, estaban en aquel pergamino. Lily había escrito un mensaje en una esquina. "Te amamos. Deseamos verte pronto" Sirius supervisaba la obra de arte y de un momento a otro, ya era perro otra vez. Había mojado sus patas en pintura y paseaba por el pergamino. — Severus va a matarte. Y peor aún, a matarme a mí. — Dile que les compraste un perro. — Me obligaría a devolverlo. Severus miraba las correcciones que debía hacer, mientras Albus le daba otro de sus sermones incómodos, cuando entraba la lechuza de Lily en el Alfeizar. Se limpió las plumas, soltando el pergamino que estaba doblado en varias partes. Pues había visto el mosaico y sin sospechar que ocurriría, sonrió suavemente. Miró las patas de perro, a lo largo del dibujo. — Será mejor que hayan sido las niñas y que Lily, no esté con Black. — Black es un gran distractivo. Más si es perro. — Tanto como Lupin, siendo lobo.