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La familia — capítulo 2

Visitas: Se sentó en la cama nuevamente, al escuchar arañazos en su ventana. Ladeó la cabeza y miró a la lechuza de Lily, que entraba y se detenía junto a su escritorio. Se sacudió las enormes plumas y lo miró con un gesto casi suplicante. Severus entendió que la lechuza había hecho un largo viaje y simplemente lanzó a su pico, un premio que ella engulló muy feliz. — Ahora esperarás hasta que termine de leer y escribir una contestación — le dijo y la lechuza alzó la cabeza, girándola hacia la habitación. Levantó vuelo y se posó sobre su cama, haciéndose un ovillo. *"Severus:**Elisei tiene mucha fiebre, así que tendremos que viajar de regreso. Donde vivimos, es menos friolento que en esta casa, donde viven mis padres. ¿Podrías recogernos? Está algo enferma y casi no quiere comer. Me agradaría que me ayudaras con ello, antes de que Cristhine se enferme con ella.**Te amamos.*Lily y las niñas" — Entonces. Bien. — Escribió una contestación y con una inspiración forzosa, se la ató a la pata de aquella lechuza. Soltó un quejido, parecía reacia a volar — Vete, animal de pacotilla. La lechuza alzó el vuelo y se perdió como una mota, en aquella mañana nevada. Se sentó otra vez en la cama y se dejó caer en ella, para pensar. Mientras pensaba, simplemente cerró los ojos y se quedó dormido una vez más. La tarde se aproximaba y tenía que recoger a Lily. Arliana quería acompañarlo, no soportaba no ver a sus pequeñas sobrinas. Tenía tantas hermanas, que simplemente no entendía cómo podía diferenciarlas a todas. Eran tantas, como amigas. Ellas eran sus amigas. — ¡Oh, pobre Elisei! — dijo Arliana, cuando Lily la bajaba del tren, envuelta en muchos suéteres y cobijas — Pero papá y tus tías, van a cuidarte hasta que te sientas mucho mejor. ¡Hola, Cristhi! Severus inspiró, tomando de los brazos de su esposa, a su hija enferma. La miró, ella trataba de dormir y sus ojos estaban hinchados. Sus ojos verdes, como los de su madre. Cristhine sonreía, con lo que Arliana le estaba contando. — ¡Y veremos muchos patos! ¿Cómo hacen los patos, Cristhine? — ¡Cua cua! Al  regresar a casa, simplemente recostaron a la pequeña Elisei. La menor de sus hijas. La miró por unos minutos, mientras ella se acomodaba en la cama, a su antojo. Cristhine también estaba cansada, así que Lily se encargó de acomodarla en otra cama. La miró con una sonrisa. Amaba a sus hijas. — Listo, ambas están dormidas. Severus, más tarde, tendrás que hacer que Elisei pruebe algún bocado. — Lo hará — dijo Madeline la menor de sus hermanas — si Severus la consiente y mima, lo hará. Estuvo ocupado, mirando los preparativos de la cena de navidad.  Ahora que su esposa y sus hijas estaban allí, las cosas tenían que cambiar. Mientras pasaba por el salón, miró a Lily. Tenía sus piernas sobre el sofá, cruzadas. Parecía cansada. Se sentó a su lado y ella, dejó caer su cabeza sobre su hombro y sonrió. — Las niñas y yo, te extrañábamos tanto. ¿Nos extrañaste? — Por supuesto. — dijo y Lily sonrió — Ellas no dejaban de recordármelo. Entonces, no podía evitar extrañarlas. — Eres muy dulce, mi amor. En tu forma de ser, pero definitivamente eres dulce. Por eso te amamos. Por eso y más. — ¿Qué debo entender por eso? ¿Qué soy un mal esposo? ¿Un mal padre? — Todo lo contrario, eres perfecto. Es solo que no te haría mal, involucrarte un poco más. Ya sabes, las niñas.  Severus no dijo nada, mientras Lily dejaba caer su cabeza sobre su pecho y se acurrucaba allí, feliz. La abrazó, ante el frío viento que acababa de cruzar su salón y suspirando, decidió que esas navidades tendrían que ser diferentes. La "familia", estaba reunida. — Mami. — Ese es mi llamado — Dijo ella, levantándose. No sin antes darle un pequeño beso de despedida, solo un ligero roce— cuando digan mamá, me sorprenderé. — Son muy pequeñas aún, Lily. Arliana terminaba la cena, cuando Lily sentaba a las niñas a comer. Las miró con una sonrisa, mientras ellas miraban a su padre, al otro lado. Por más que lo intentaba, Lily no podía hacer que Elisei probara un bocado de la cena. — Vamos cariño. Necesitas comer un poco o si no, continuarás enferma. Severus suspiró, sentándose a un lado de ella. Lily se rindió, levantándose del suelo. Arliana y el resto de sus hermanas, tenían que ver aquello. Con una sonrisa, Elisei lo miró. Lily siempre lo supo. Severus a pesar de todo, tenía talento con los niños. — Elisei, escucha a tu madre. Quiere que comas. Necesitas comer. Abre la boca. Al poco tiempo, había acabado con el plato. Lily suspiró, mirándola ceder de una forma tan sencilla. Negó con la cabeza y terminó de organizar la mesa. — Me encanta ver, como papá tiene la batuta en esta casa. Las dejó en el suelo y las miró, ir de un lado al otro. Elisei terminó dormida sobre el sofá y Lily tomó ese tiempo, para hablar con su marido. — Severus, mamá y papá enviaron obsequios. Saben que tienes muchas hermanas, pero hicieron lo que pudieron. Snape sonrió, al escuchar sus palabras. Negó con la cabeza y miró el paquete. Por lo que había estado mirando, en el equipaje de su esposa, parecía que las niñas tenían nuevos juguetes. Las mimaban lo suficiente como para no tener que hacerlo ellos, por sí mismos. Lo suficiente, pero no totalmente. Pasó largo rato, intentando escribir una carta de agradecimiento. Al finalizar, Lily miró sobre su hombro, mientras sostenía dos copas de vino tinto. — Creo que adoraré estas navidades. Quizá mis padres, terminen visitándonos. — Eso sería más fácil, que nosotros terminando allí — dijo y miró hacia la cama donde Lily había terminado por cobijar, a sus hijas. — Si lo dices por Elisei, pues tienes razón. la pobre está tan enferma. — Se le pasará, solamente necesita medicinas adecuadas. Tú, descansa. — Feliz casi navidad, Severus. — Feliz casi navidad, Lily.