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La familia — capítulo 3
Regalos: Lily solo se reía, al escuchar la voz de Arliana y de Madeline. ¡Regalos! El día anterior a la navidad. El día para comprar los regalos. Severus no estaba de acuerdo, por la cantidad de juguetes que tenían sus hijas, entre sus manos. Y sin embargo Lily, creía que podría encontrar un regalo, que no era precisamente juguetes. Miró a sus pequeñas, mientras Odette y Amelié, le acomodaban sus suéteres para el frío de la mullida y blanca nieve. — No quisiera que Elisei saliera de esa forma. Pero quiero llevarla a mirar, Severus. — ¿Qué van a enseñarle? — Eso no te incumbe- dijo Amelié con una sonrisa cómplice y Odette asintió con una risa divertida. Severus decidió que en asunto de mujeres, no se entrometería. Lily caminó hacia su esposo, acomodándole la larga bufanda, verde y plateada. Ladeó la cabeza, al mirar a sus hijas que se acercaban. Cristhine, alzó la cabeza y miró a Snape con curiosidad. — No sé por qué te está mirando de esa forma- dijo- ¿Cristhi? ¿Tienes algo que decirle a papá? Lily suspiró, mientras su hija continuaba mirándole como si se tratara de un extraño. Luego de un par de minutos, sacó su varita de uno de los bolsillos de su suéter. — ¡Cristhi! Sabes que a papá no le agrada que jueguen con su varita. Podrían romperla o incluso hacerse daño con ella. — Papá, vadita vadita. Severus se inclinó y la tomó cuidadosamente. Ella sonreía, mientras él la miraba fijamente. Blandió la varita con suma precaución y la miró una vez más. — Te prometo que cuando tengas edad, te compraré una — le dijo y ella, pareció quedarse tranquila. La única pelirroja de la familia, era ella. Lily las miró, mientras ellas sostenían sus manos. Severus se quedó en la puerta, mirándolas cruzar la calle y detener a un taxi. No tenía idea de hacia dónde iban, pero esperaba que tuvieran cuidado. Arliana sonrió, mirándolo desde el salón. — Severus, ¿Por qué no les acompañaste? — Tengo que conversar con Dumbledore. La idea de Lily, distraía perfectamente a las niñas. Tomó a su hija Cristhine entre sus brazos, para que pudiera acariciar a un enorme alce, atado a un largo mástil. Cristhine reía, mientras la enorme nariz del animal, le echaba su aire cálido. — Dale esa zanahoria al conejito, Elisei — señaló al animal, que correteaba por el parque. Brincó muy cerca de ella y Elisei, prefirió correr hacia su madre — ¡Oh mami mami, brincó! Amelié otra de las hermanas de Snape, miraba los patos con Cristhine y les arrojaban alimento. Uno de ellos había salido de la laguna, acicalándose las plumas. Cristhine corrió en dirección contraria. — Ya, ya cariño. Es solo un patito — dijo Lily, cuando una asustada Cristhine, lloraba — Mamá va a protegerte, cariño. Elisei en cambio, estaba distraída con las ardillas. Se asombraba con cada brinco que daban hacia la copa de los árboles. — Dale esa nuez. Dásela, Eli— dijo Lily, arrodillándose junto a ella en el húmedo pasto— Ella no te hará daño. Mami está aquí. Rió, cuando la ardilla tomó la nuez rápidamente y desapareció entre los árboles. Lily se levantó del suelo. — Severus es un pésimo padre — se quejó Amelié. Podría estar aquí, pero el prefiere quedarse en casa, esperando conversar con Albus. — Tiene obligaciones, de todas formas. Dentro del hogar, Arliana miraba a Snape con aburrimiento. Con una sonrisa, salió de la cocina. Severus redactaba más y más cartas. Lo miró por unos minutos y tomó uno de sus brazos, para sacarlo de aquella silla. — Basta, señor adicto al trabajo. Es hora de ir a jugar con sus hijas. — Arliana. — Vamos, Severus Snape. Lily las miraba, mientras cada una de sus hijas, escogía un muñeco distinto. Elisei había escogido una ardilla, aunque no había podido decidirse entre la ardilla y el conejo. Cristhine simplemente había comprado un pato negro, de cuello verde. — Todas felices. Hora de comer. ¿Qué comeremos? — Mientras no le digas a Cristhine, que serán brochetas de pato — Sonrió Lily y Amelié rió con ella. Severus las alcanzó al poco tiempo. Estaban en una pequeña mesa de aquel parque. Las niñas jugaban con los muñecos, mientras ellas almorzaban. Lily miró el rostro de su esposo y supo que había sido sacado de sus obligaciones, para ir a verlas. En poco tiempo, las niñas soltaron los juguetes y corrieron tras su padre. Arliana se sentó junto a Lily, y lo miró en acción. — ¡Papá! — chillaron ambas y él, las miró. Colocó su mano sobre las cabezas de sus hijas y ambas, brincaban de un lado al otro. — Papá en acción — se burló Amelié, mientras Elisei le hablaba de la ardilla que tenía entre sus manos. Aunque no entendía ni la mitad de las cosas, solo respondía y asentía. — Creo que ya tienen sus regalos, antes de navidad. Una tarde en un parque de animales, peluches y a su padre.