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La familia — capítulo 4
Blanca nieve: Lily estaba sentada en la cama, mientras Elisei y Cristhine jugaban con los muñecos. El pato iba de un lado al otro. Mantenía a Elisei, sentada entre sus piernas. Le cepillaba el cabello negro, mientras mordisqueaba a la ardilla. — Eli, la ardilla no es para eso— dijo Lily con una sonrisa y ella la miró — Sí, te estoy diciendo que no es para que la muerdas. Ella ha sido una buena ardilla. Severus caminó hacia la pequeña parte de su familia y se sentó en la cama. En poco tiempo Cristhine, se había arrojado a las piernas de su padre y miraba el pato, de cabeza. Lily soltó el cepillo para peinar y lo miró. — ¿Le dicen feliz navidad a papá? — dijo la mujer y las niñas, dijeron tantas cosas que no entendió, pero que igual agradeció. — Feliz navidad para ustedes también— Dijo y se inclinó, para besar a Lily.— Veo que están muy entretenidas. — Nos preparamos para la celebración de la fiesta de navidad. Mis padres dijeron que tal vez llegaban mañana, así que tenemos la noche para nosotros. Y claro, tus hermanas. Sí. ¿A dónde iba sin ellas? Las miró, mientras estaban en pijamas. Lily cepillaba su largo cabello rojizo, mientras miraba a Cristhine y a su pato. Las dejó solas, para la siesta que Lily acostumbraba dar con sus hijas. Una forma de mantenerlas despiertas por unas horas. Se quedó en el salón y miró la cantidad de tarjetas de navidad, que comenzaba a recibir. — Amelié, Odette, Madeline, Arliana, Samantha...— Ladeó la cabeza, ante la gran cantidad de tarjetas que había sobre la mesa. Incluso su madre había enviado tarjetas. Había cuatro extras. Una para Elisei, llena de animales. Para Cristhine, llena de patos. Nunca entendió qué le veía a los patos y una para Lily y para él. Estuvo largo rato, rellenando tarjetas y felicitaciones navideñas. Se sentía como calcar en un papel, una respuesta. A mitad de su escritura, escuchó pasos que provenían de una de las habitaciones y ladeó la cabeza para mirar. Cristhine caminaba hacia el salón, sosteniendo al enorme pato. Enorme, en comparación con ella. Se acercó con un largo bostezo. La miró, mientras ella intentaba ver lo que él estaba haciendo. La levantó del suelo y la sentó a su lado. — Te enviaron una postal, mírala— La colocó en sus manos y la abrió para que mirara el contenido. Tenía muchos patos. Eso fue lo que dijo. — Ato cua cua. — Sí, es un pato— dijo Snape, mientras escribía. Cristhine se bajó de la silla, como pudo y corrió de regreso a la habitación. Severus se imaginó que se la enseñaría a su madre. — ¡Pero qué lindos patitos tienes allí!— Escuchó y suspiró, su esposa estaba despierta. La miró sentarse a un lado y observar lo que hacía. Ladeó la cabeza para mirarla. Ella le dio otro beso y continuó mirando lo que había en la mesa. — ¿Durmieron?— preguntó Snape y Lily suspiró, asintiendo — ¿Elisei? — Como piedras. Bueno, dormimos. Elisei sigue dormida. ¿Y tus hermanas? — Debieron haber salido, por compras navideñas. Les dije que este día era imposible para eso, pero poco suelen oírme. Lily sonrió, abrazándose de su esposo que continuó escribiendo. Siempre terminaba con innumerables cartas que responder, gracias a la enorme familia con la que vivía. Inspiró, mientras Lily servía dos copas de vino blanco. — Me gusta el tinto, pero para variar— comentó y Severus asintió.— ¡Por la familia! — Por la familia. A los pocos minutos, Elisei despertaba de un sueño reconfortante. Como siempre que dormían, sus hijas despertaban cansadas. Severus miró a su hija menor, mientras se frotaba los ojos y se dejaba caer en todo lo que fuese mullido. Continuó mirándola, mientras ella clamaba por su atención. La levantó del sofá. — Eso es, Eli. Dale trabajo a papá. — Sigue con temperatura — dijo Snape, mientras ella cerraba sus ojos y trataba de continuar durmiendo. — Le hemos dado todas las medicinas que has prescrito. Creo que no se curará y estoy muy preocupada. Severus la miró, mientras Elisei sostenía su pequeña ardilla. Lily caminó hasta su presencia y la tomó entre sus brazos. Antes de que pudieran conversar, sus hermanas regresaban a casa. Sostenían una gran cantidad de paquetes. La cena pronto estaría preparada. — ¡Oh, Eli sigue enferma! — dijo Samantha con una sonrisa, al mirar su nariz llena de moquillo. — ¡Comprar en esta fecha, es terrible! — dijo Arliana con una inspiración profunda y sonriendo, quitándose la bufanda.— Pero encontramos lo necesario para la cena. Pronto, Severus se encontró en una reunión social. las botellas destapadas y copas de vino que iban y venían. Lily adoraba cocinar y había acondicionado la cocina, solo para ella y sus hermanas. Bebían, mientras rememoraban historias de su infancia. Sus navidades habían sido pésimas, con su familia. Pero sin embargo, Lily había hecho de ellas, algo mucho mejor. Se acercó a él y colocó sus manos sobre sus hombros, mientras escuchaba muchas historias. De no haber sido por sus hermanas y su madre, su vida habría sido más miserable de lo que ya una vez había sido. — Papá lo tiene, búscalo. Lo tiene en su bolsillo— dijo Lily, con una sonrisa y Severus se preguntó de qué hablaba.— Papá tiene a santa en su bolsillo. Dile que te de muchos regalos para ti y tu hermana. Ella sonrió, mientras Cristhine corría hacia su padre y lo miraba. Severus miró a Lily con un rostro de pocos amigos y Lily rió con fuerza. — Eli, ¿no tienes un regalo para papá? ¿O se lo damos mañana? Esa noche, la mesa estaba repleta. Las jóvenes conversaban. Se llenaban los labios de risas. Las niñas estaban entretenidas con el puré de patatas y el pavo. Lily picaba pequeños trozos, que ellas tomaban con sus pequeñas manos. — Elisei, come— dijo Snape, pero ella se negaba rotundamente. — ¿Te sientes mal, cariño?— preguntó Odette — Ven, vamos a comer tú y yo juntas. La cena terminó tan pronto como había acabado. Lily comía el postre, un pedazo de torta de limón. Severus estaba en el escritorio, terminando el último lote de cartas. Juraba ella, que su pluma saldría huyendo. — ¿Quieres postre, cariño? ¿O me quieres a mí? Arqueó las cejas y ella, se echó a reír de su chiste. Ladeó la cabeza y miró que a las pocas horas, sus hijas ya estaban exhaustas otra vez. — Tenemos la noche, para nosotros dos— dijo y soltó el pedazo de torta en la mesa y arrojó sus brazos, alrededor del cuello de su esposo— ¿Nos vamos a dormir?