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Historia 52144 — capítulo 1
Capítulo I: EncuentroLa existencia misma es un dilema, mas aun cuando los caminos se entrecruzan.Hay muchos modos depedir perdón, existen miles de maneras de disculparse, por las cosas mal hechas.
¿Pero cómo se disculpa uno por aprender a amar?
Tammy recorría las calles de la ciudad, deseando se otra, cambiar su ser, en lo que entendía desde hace poco era lo que debía ser, para encajar en este mundo. No es que ella fuera débil, o falta de amor propio, solo que quería como muchos la aprobación de quien amaba.
Llevada por la gran preocupación de su alma, de cómo aniquilaría de apoco muchas de las cosas que hacían de ella única, caminaba sin rumbo fijo en medio del tumulto de personas. Que dada la naturaleza actual de las personas apenas y si fijaban con quien tropezaban.
Repentinamente, paró su paso. Deteniendo al tiempo sus pensamientos, buscando en medio de la multitud a aquella niña, que jugaba en su frágilmente. En sus enredados pensamientos, y en un nuevo caminar, sus pies. Torpes, se enredaron entre si, provocando un tambaleo, que amenazo con dejarla en el piso.
Un hombre que muy posiblemente la doblaba en edad, acudió a su auxilio, tomándola por el brazo, para luego ponerla de pie, en la calzada.
Un par de ojos cafés, que denotaban carácter la siguieron sigilosos en esos instantes. Un leve ruborse apodero de las mejillas de la muchacha, que deseaba poder escapar de su propia torpeza.
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Lo, lo… Lo siento. Soy una torpe. — Se disculpaba continuamente, antes de retomar fuerza para ver a los ojos a quien la auxilio. -
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Esta bien, muchas veces nos perdemos en nuestros pensamientos. — Sonrió amablemente el caballero, que soltaba suavemente su brazo. —
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Gracias. — Medio gritó, medio calló. Al ver que él y su familia nuevamente emprendían el camino. —
Vaya si soy descuidada. Pero será mejor que siga con mi camino nuevamente. Quizá jamás lo vuelva a ver. Eso es lo más seguro. Espero que haya escuchado mis gracias.
Así entre sus caminares insensatos, continuola pelinegra la tarde. Preguntándose cuáles eran los nuevos límites que debía fijarse.
Tammy era una jovencillarecién graduada del colegio, que tenia aun una vieja herida en el corazón, que había postergado su curación, para cuando ella encontrara el momento oportuno de cambiar la situación.
Vivía feliz con sus padres, que eran el modelo de matrimonio. No perfecto, pero si llevable y lleno de amor.
Además de ello en el camino había conocido a muchas personas que le habían ayudado a cambiar en parte su vida. Y que bien o mal le habían enseñado tantas cosas que ella misma no era capaz de entender cuanto era lo que había aprendido.
Con el pasar de los meses y una que otra duda se había decidido a permanecer un año sin estudiar, para aclarar sus ideas. Según decía ella.
Pero la verdad era que deseaba cambiar, para que al final de ese tiempo, ella pudiera enfrentar a quien tanto amo, y tanto daño le hizo. A la mujer que creyó una hermana, y la cual, solo entregó veneno al final de su tiempo junto a Tammy.
Desde aquel rara incidente en la calzada del centro de la ciudad, ella había iniciado la búsqueda de un trabajo para en medio de toda la atención encontrar independencia.
Allí en donde uno jamás pensaría encontrarse con aquel que solo fue amable, sus miradas se cruzaron una vez más. Y su alma supo que una gran historia la seguiría.
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Buen día. — Saludo ella. — Mi nombre es Tammy Sánchez. Y vengo por el puesto de auxiliar.
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Bueno. Primero záfame de una duda.
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Si. — Contestó sabiendo exactamente cual era la pregunta. —
-¿Nos hemos visto alguna vez?
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Ya lo creo. Una tarde hacia varias semanas me salvo de caer al piso. Muchas gracias por ello.
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Ahora lo recuerdo. Pero dime Tammy, que sabes hacer.
Tammy se esmero en su presentación, y al fin el gerente quedo conforme con sus aptitudes. El contrato verbal fue mas que suficiente de momento, para que sus vidas se cruzaran.