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Historia 52144 — capítulo 2

Había pasado casi un mes desde que la joven fuera contratada para ser la auxiliar del gerente. Como tal se encargaba de muchas cosas. No es que fuera una especie de secretaria, o algo por el estilo.

Generalmente su trabajo consistía en vigilar el trabajo de los demás, informarles constantemente sus avances y retrocesos en el trabajo. Además de brindar información precisa a cada uno de los publicistas acerca de las campañas y los nuevos contratos.

Muchos de ellos, hombres. Estaban poco contentos con la situación, ella apenas y si llegaba a sus consideraciones, como una niña. Y no era tampoco cómodo recibir indicaciones de ella.

Pero no se quejaban, había sido una decisión bien tomada. En aquel corto tiempo había demostrado carácter, y mucha templanza, así también como eficacia y prudencia.

-Tammy — la llamó Gianluca. Así se llamaba su jefe. —

  • Dígame. —Repuso la pelinegra mientras tomaba en sus manos unos papeles. —

  • Primero que nada por favor, no me trates por usted. Me hace sentir viejo, y si bien es cierto tengo ya algunos años, aun no estoy camino a la tumba. — Medio sonrió al ver la mirada de Tammy. — Segundo por favor los informes de esta semana máximo a las tres.

  • Enseguida, te, te los entrego. — Le costó muchísimo decirle de esa manera al hombre del cabello castaño frente a ella. —

  • Bueno no hay apuro aun. Son recién las 10 de las mañana.— Repuso intrigado por la respuesta de la pelinegra. —

  • Si, lo que pasa es que los tenia listos desde ayer en la tarde. — Mientras lo decía extendía los papeles antes tomados de su escritorio y se los entregaba. —

  • Gracias. — Respondió el ante la inesperada entrega. —

Aquel extraño jefe, como consideraba Tammy que era el. Leyó atentamente los papeles. Y esbozo una gran sonrisa.

  • felicitaciones. Es un excelente trabajo. — Dijo el castaño, manteniendo en sus manos huesudas aun los papeles. —

El rojo se apoderó de las mejillas de la joven. Dejando entrever la vergüenza que sentía al ser tratada así.

Tammy se enfocaba mucho en los cambios que quería en su vida. Uno de esos deseados cambios era poder aceptar los halagos y felicitaciones con mayor tranquilidad.

El rubor en sus mejillas casi siempre delataba su emoción y la pena que le generaba sentirse reconocida.

  • Muchísimas gracias, pero en verdad no es nada. Es todo esfuerzo de los chicos. — Respondió torpe. —

  • No me refiero a las cifras, que aquí me presentas ni al avance de las campañas publicitarias, me refiero a tu trabajo. A esto. — Devolvió suavemente las hojas y sonrió una vez más. —

Gianluca era de esas personas a las que les gustaba gozar de la confianza y amistada de sus empleados, aunque bien sabia que muchas veces esta era condicionada, por una remuneración, que verían un día llegar.

Eso si un día muy lejano, y en todo caso. Cuando su trabajo demuestre que lo merecían.

Tammy en el tiempo que llevaba en el aquel lugar, era la única que se había limitado a un trato distante, y muy respetuoso.

Y eso poco agradaba a Gianluca. Que esperaba que con el pasar de los días, se familiarizara a un trato menos formal y un poco de complicidad.

Y así fue. Casi a los dos meses de trabajar allí, ella aprendió a ser compañera, a ser amiga. Aunque aun no tenía muchas cosas que contar. Eso si las risas en la oficina aumentaron en gran numero. Y con el tiempo inclusive las múltiples felicitaciones, le dejaban crecer un poquito más en su objetivo.

Una tarde, tras una larga junta, en la cual presento una serie de documentos que indicaban el crecimiento de la empresa. Gianluca le ofreció un café a Tammy. Que como era de esperarse de ella se ofreció a preparar.

  • No. No pongas un dedo en esa cafetera. Desde cuando acá el invitado a un café, sirve a quien invito. — Elcastaño se aproximó y suavemente la alejo de la cafetera, adueñándose de la situación. —

  • Pero, pero…

  • No hay pero que valga. Solamente siéntate. Que el que invito el café fui yo. Un día lo preparas tu.

Obedeció como niña chiquilla. Molesta por no poder hacer lo que deseaba.

  • Sabes. Existe una muy buena razón por la que no te deje prepararlo. — Decía en tanto acercaba una taza de humeante café a Tammy. —

  • ¿Por qué?

  • Porque, bueno esta es una de mis explicaciones favoritas. Muchas veces tomo el café que prepara María. Y muchas veces el que tu me preparas de manera tan amable. Por eso se como eres, y se podría decir que te conozco un poco mas de lo que tu me conoces.

Inconscientemente Tammy llevo la taza de café a sus labios, y bebió con gusto del negro liquido.

-¿Qué dirías del café?

  • Diría que esta dulce, que es fuerte pero a la vez suave. No se como definir el sabor exactamente, pero es agradable.

  • Y si lo compararas con una persona.

  • Diría que es alguien especial. Con carácter fuerte, y tierno. Que tiene muchas cosas que contar y que le gusta disfrutar del muchas cosas.

  • Vez eso lo has dicho solo bebiendo el café. Y es porque creo que la comida, habla mejor que uno al momento de darse a conocer.

  • No lo entiendo.

  • Creo que el cocinar, o preparar cualquier tipo de alimento deja ver un poco de lo que eres. Por ejemplo tu, elcafé que preparas es dulce y muchas veces pese a estar bien cargado, se puede diferenciar el aroma suave del mismo. E imagino que es tu carácter el que se manifiesta, y también tu alma.

Los pocos minutos antes de que la tarde perdiera su encanto, se la pasaron hablando de esta teoría singular, que llamo profundamente la atención de Tammy, que en su bebido momento recordó el sabor de algo que había compartido con Estefanía, hace tanto tiempo ya.