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Historia 52144 — capítulo 22
Capitulo XXII: Hasta luego. Había pasado exactamente un mes desde que Tammy obtuvo la visa. Y la despedía aunque difícil, fue agradable. Tanto su madre, como su padre estaban un poco acongojados, pero felices, era una oportunidad única en el mundo.
Los familiares de Tammy la llenaban de abrazos y muchos buenos deseos. Además de que solo serian cuatro años lejos.
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Bendición papá…
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Que Dios te bendiga hija. — Dijo con una pequeña lágrima casi imperceptible. —
Ese día Tammy no era una mujer. Era una niña verdaderamente. Llevaba unos descomplicados pantalones. Y su hermoso cabello negro, de largo generoso. Se recogía en un par de cachitos, a los lados. Dándole ese aire infantil cautivante.
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Mami bendición.
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Que Diosito te bendiga… — Dijo la madre en medio de lagrimas. —
Después de despedirse del resto de su familia que la había ido a dejar en el aeropuerto. Se alejo del lugar para seguir con los trámites a los cuales no podía ser acompañada.
Desde una de las esquinas más esquivas del lugar. Estaba Gianluca. Despidiéndola a su manera. Con una mirada llena de sentimientos, un poco encontrados. Pero todos dedicados a ella. A una jovencita que podía ser su hija, pero que aun así le llenaba el corazón.
- Nos veremos pronto, princesa. Casi te lo puedo jurar.
Las palabras de Gianluca resonaban en ese espacio vacío, que había elegido con cuidado para poder conocer; más que sea de lejos a la familia de su amada Tammy.
Mas el viaje no solo empezaba para ella. Sino también para el castaño… quien tenía una larga conversación con su hijo Jenaro al otro lado de América.
El vuelo salió sin inconvenientes. Y también el que llevaba a Gianluca a su destino.
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Buenas tardes… — Dijo el castaño en la puerta de una casa. Era sencilla. Pero confortable. Además la lejanía de la ciudad le daba un ambiente único de paz. —
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Gianluca… es un gusto tenerte por aquí. — Dijo una mujer de avanzada edad. —
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Si. Pero como le habrá dicho Katty, este viaje no es por placer. Es para solucionar problemas familiares.
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Si me lo ha dicho. Y verdaderamente es una lástima. — La vieja mujer dejaba ver su dolor por la suerte de su hija. —
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Pero no se ponga triste Ximena. Suele pasar. Además lo que más importa es Jenaro. No es algo fácil de asimilar. Mas después de la muerte de Natty. — La última idea demoró unos minutos en salir de su boca. —
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Es verdad. Pero de momento el está mejor. Lo encontrase inclusive contento. Más no sé cómo se ponga su ánimo después.
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Bueno roguemos a Dios que todo vaya de lo mejor.
La puerta se cerró tras el castaño. Que esperaría un buen momento por su hijo, que según le contaba su futura ex-suegra había salido, junto con su abuelo a hacer un par de compras.
El par de horas de espera habían sido bastante amenas. Pese a lo difícil de la situación. Ximena era una mujer inteligente y que había escuchado ambas partes de la verdad. Dejando sus movimientos en un ámbito neutral.
Al otro lado del globo. Una jovencita de cabello negro llegaba a su destino.
Las calles de Tokyo eran un enjambre de personas. Que destinas a algo, caminaba por las abarrotadas calles de la ciudad. Su guía en esa larga travesía se sentía gustoso de que la pelinegra supiera usar un mapa y un par de frases aprendidas al apuro para poder desenvolverse hasta entrar en a las clases de idioma, que era a lo cual iba destinado su primer semestre de estancia.
La colonia en la cual se establecería con algunos de sus compañeros, estaba en un lugar apacible dentro del gran orbe.
Llena de arboles a punto de flores y también de un aroma, que ella lo definiría como a un nuevo inicio. Uno en el cual no estaba estipulado olvidar.
La estación cálida como su corazón le ofrecía una paz inexplicable. Además el deseo infinito de que esos años se pasaran como agua en sus manos, para así volver a ver a aquel castaño a quien sin darse cuenta le había entregado su corazón.
Era verdad. A ese punto no le importaba mucho reconocerlos. No había cambiado en nada. Todo lo que su amiga le había hecho. Engañarla. Usarla. Y casi matarla en vida. No había sido suficiente. Ese corazón de cristal lo había mantenido. Y en ese punto lo había entregado. Ahora solo faltaba saber si el destinatario lo quería junto a él.
El vuelo le había servido para elegir cada una de las cosas que haría al regresar a casa. Se había dado cuenta. Que pese a las distancias abismales que manejaba con Gianluca. El la llenaba. La hacia verdaderamente feliz. Pero sabía que para ser merecedora de toda esa felicidad le hacía falta algo. Y en ese lugar lejano a su hogar lo conseguiría.
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Papá… ¿Qué haces aquí? Se supone que viajo el mes que viene. Así que no había necesidad de que vengas por mí.
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Lo sé Jenaro. Más tenemos que hablar de algo importante.
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Le ha pasado algo a mi mamá.
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No quiero ser descortés. Pero nos permiten hablar a solas. — Indicó Gianluca a los abuelos de Jenaro. —
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No te preocupes Gianluca, esta vez entendemos la situación.
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¿Qué situación?
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Pronto los sabrás… y pase lo que pase Jenaro. Recuerda que es tu madre. — Por la mente de los abuelos se cruzo la idea de que Gianluca descargaría todo su dolor, envenenado a su hijo contra su madre. —
Cuando los abuelos salieron de la habitación Gianluca empezó a hablar.
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Antes que nada. Quiero que graves las últimas palabras de tus abuelos en tu mente. La verdad es que lo que paso no es fácil, en lo más minino. Hace poco te enteraste de la verdad de Natty. Pero eso solo lo sabes tú… Y bueno tu madre y yo.
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Y eso que tiene que ver….
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Mucho… más de lo que te imaginas. Para hablarte de esto, tenemos que empezar por allí… — Gianluca con su hijo removieron los meses pasados y un poco más, hasta llegar al punto deseado. — Ahora que tienes un panorama claro. ¿Puedes entender lo que ha pasado?
Jenaro se levanto de la cama. Y de manera inesperada acertó a su padre un fuerte golpe.
- Te odio… Eres una basura… ¿Cómo fuiste capaz? Mamá te perdono, todo… y Natty… Natty la cuido como si fuera su hija… Y la amo igual…
Gianluca no lidio con el enojo de su hijo. Al contrario del pensar de los abuelos de Jenaro. El se echó la culpa de todo. Inclusive de lo ocurrido en el apartamento un mes antes.
- No te diré que no dolió. — Dijo frotando su mandíbula. — Pero prefiero que me odies a mí que a tu madre. — Tomó el saco de la silla y salió del lugar. Dejando que Jenaro desahogue su dolor con las lagrimas que acompañaron el momento. —
Se había alejado lo suficiente de la casa de sus ex-suegros… en el fondo de la calle se escucho una voz familiar y al tiempo fastidioso… que le llevaba los más crueles recuerdos a la mente….
N/A: ¿Quién será?