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Historia 52202 — capítulo 2
Pese a que comían animosos no se decían nada referente al estado de Hermione, Neville, Harry o de Ginny, en fin del mundo exterior o de cosas que a los dos pudieran importar; la rubia se había interesado en la casa, en los jardines, pero sobretodo en el raro dejo de madurez que Ron estaba adoptando, sacando el pecho, arando el cultivo de coles del patio trasero y regando las plantas. Por su lado Ron intentó no sonrojarse con las alusiones a sí mismo y mirar concienzudo a Luna, hacía cinco meses que no compartía una buena comida con ella y más tiempo aún que no la miraba con detalle, por eso le extrañó verla tan alta, tan delgada y especialmente, tan cambiada.
Le mostró la casa, que era pequeña y acogedora y cuando la chica se quedó parada en el pasillo del piso superior con una sonrisa de espera y obviedad, tuvo que quedarse mirándola un rato, inflar las mejillas y sonrojarse, para terminar rascándose la nuca porque no entendía esa actitud o lo que esperaba.
-Este… bueno, sí, éste es el segundo piso. -Volvió a decir mirándola con desconfianza y abriendo los brazos.
-Ajá. -Dijo ella dando un paso para pegarse más a él con su maleta en las manos y su sonrisa brillante, Ron la imitó pero para pegarse más al muro.
-Y… esa es la puerta de mi cuarto. -Aseguró sonriendo y ella asintió alzando las cejas, luego frunció el ceño y comprendió.
-Bueno, Ronald, ¿y dónde me quedaré yo? -Preguntó como si dijera que el sol calienta, él endureció las facciones.
-Ah… este… -Ron no había pensado en ello, en realidad creía que ella se iría en cualquier momento. -… ah pues, ¿es que piensas quedarte? -Interrogó confuso y ella asintió como un niño que acepta el antojo de un helado.
-Claro… mi padre me dio permiso de salir un par de días, algo así como dos o tres semanas y no tengo pendientes en la revista… estoy tomando esto como unas merecidas vacaciones. -Comentó emocionada y a Ron se le desencajó la mandíbula de la impresión.
-Bien… pues entonces tenemos un problema Luna, porque aquí hay dos cuartos, pero el segundo está lleno de cosas que no tengo autorización de mover. -Susurró abriendo la puerta de su cuarto para mostrarle la cama matrimonial y el baúl en que reposaba su suéter para la tarde; Luna no dijo nada, se paró en puntillas para besarle la mejilla, él se llevó la mano para tocarse espantado, ella rió alegremente y masculló algo parecido a un agradecimiento, luego entró como una ráfaga; puso sus cosas en el tocador de caoba, un cojín mullido en la mecedora al lado de la ventana, sacó su pijama y lo puso bajo la almohada del lado izquierdo. -¡¿Pero qué haces?! -Preguntó alarmado cuando la rubia puso unas pantuflas de ese lado de la cama y se disponía a poner su cepillo de dientes en el baño.
-Ocupando mi espacio… no te preocupes Ronald, ni muerdo ni me notarás… además, somos amigos, ¿no? -En su cara había tal mueca de verdad y seguridad que Ron se descubrió sin decirle nada, sonrojado hasta la raíz del pelo, pero sin decir ni una sola excusa; estaba entre horrorizado y abrumado, el beso le había provocado una sensación de espanto parecida a ver una acromántula y la forma como ella había hecho del cuarto un lugar más acogedor con sólo un cojín, un frasco de crema facial y una loción, le parecía un embrujo. -Y bien, ¿qué hacemos ahora?
-Perdón… -No sabía qué contestar, ¿a qué se referiría?, al mirarla a los ojos sintió un vuelco y sin saber por qué recordó que tenía planes de esa tarde ir hasta el río a varios kilómetros. -… pensaba pasar la tarde en el río, se llega por un camino entre el bosque, está como a una hora en bicicleta. -Murmuró viéndola aplaudir emocionada.
-¡Genial!... qué bueno que traje mi bañador, vamos Ronald… aprovechemos que hemos comido temprano. -No pudo negarse, ella misma ya arreglaba de nueva cuenta su maleta; como movido por inercia fue hasta sus cajones y sacó su traje de baño, metió lo que pudo en una bolsa y salió siguiéndola y mirándola como hipnotizado saltar por las escaleras; la rubia pasó a la cocina e hizo mucho ruido sacando cosas para la tarde, mientras él iba al cuarto de herramientas por la bicicleta y miraba la casa lleno de una inquietud espantosa.
No entendía cómo es que se las había ingeniado para hacer comida para un picnic, tampoco cómo era que parecía saber dónde estaba todo, el punto es que en pocos minutos los dos ya iban dirección al río; la bicicleta era vieja y carecía de asiento trasero para llevarla cómoda, así que tuvo que sentarla delante entre sus brazos, justo en el tubo incómodo y resbaladizo, por lo que todo el camino fue un ir y venir lleno de risas que no podían contener.
Sus manos delgadas se sujetaban de sus brazos y su cabello rubio le causaba cosquillas en la barbilla, ella se sorprendía de todo, del hueco en un árbol por el que se asomaba una ardilla, del musgo cubriendo las piedras, del cantar de un pájaro, del correr de un venado, de todo; él aprovechaba para mirarla desde arriba, verle la nariz afilada y las pestañas rizadas por naturaleza, aprovechó para sentirle la espalda pegada a su pecho y olerle el cabello.
-Es lima. -Exclamó la rubia sacándolo de concentración y haciendo que diera con la llanta delantera directo en una roca, viniéndose los dos al suelo, salvando por muy poco la canasta que quedó sobre el estómago de ella, encima de él.
-¿Qué? -Soltó asustado, ella carcajeaba emocionada y él empezaba a enojarse por no conocer el chiste. -¡¿A qué vino eso de la lima?!
-Estabas oliéndome, lo más correcto era decirte de qué es mi loción, ¿no crees? -La miró sorprendido y sonrojado por ser descubierto, se levantó, la levantó, levantó la bicicleta, la subió sin decir nada y volvió al camino enfurruñado. -¿Por qué te enojas, Ronald?
-No estoy enojado. -Gruñó mirando el camino que serpenteaba en descenso por un claro del bosque.
-Ah… es que como frunces los labios cuando estás molesto, justo como ahora, pensé que sí lo estabas. -Dijo volviendo lo ojos al camino con la sonrisa puesta en la cara a cincel, y él empezó a recordar que esa chica le asustaba; pronto llegaron al río, que era cristalino de corriente ligera en la parte donde estaban, pero que bajaba violento unos metros más a la izquierda, Luna abrió su maleta y apenas optó por ocultarse tras un helecho para cambiar su ropa.
Ron mucho más pudoroso que la rubia, tuvo que hundirse en la espesura para poder sacarse los pantalones y el resto de la ropa, y todavía cubierto por la toalla, salió a buscarla donde había dejado la canasta y la bicicleta, sin resultado alguno; perdido y asustado empezó a buscarla caminando un poco por la orilla pero no logró dar con ella sin alejarse demasiado de las cosas, sofocado por un pánico absurdo, ¿a dónde podría haber ido?, le dio por gritar hasta que se quedó sin garganta.
-¡Luna!... ¡Luna dónde estás!... ¡Luuuuuunaaaaaa! -Alargaba desconsolado, dejando ya que la toalla le cubriera sólo los hombros, se paró a la orilla de una fosa del río, donde el agua se perdía en una oscuridad cubierta de diamantes y de color verde esmeralda, de donde una mancha rubia emanaba lentamente.
"Con la luna en las pupilas
y su traje agua marina …"
No pudo evitar querer hacerlo, se veía tan lindo, rojo de casi todo el cuerpo cubierto de pecas y con la toalla escarlata en los hombros; bastó tirarle del tobillo para que resbalara y cayera cuan pesado era en el fondo del agua tibia, dejando la toalla a la orilla pendiendo como el hilo de un papalote que ha dejado de volar; se echó a reír emocionada y flotando dificultosamente se alejó un poco de él para dejar que se le pasara el susto y el coraje, y cuando lo vio venir a ella con el traje color azul agua y los ojos fijos en sí misma, no pudo evitar reírse con más ganas, pataleando en el agua desde la piedra donde se había sentado.
-¡¿Qué te ocurre?!... ¡¿Por qué no contestabas?!... ¡Me asusté mucho!, y, y tú… es que tú, ¡Pudiste matarme! -Dijo sacudiendo el pelo empapado y sin poder contenerse se levantó de donde estaba sentada, corrió hasta él y se arrojó a sus brazos para ir a dar otra vez contra el agua del río, que los cubrió con su sonido de burbujas que revientan, opacando la risa de ella y opacando la de él. -¡Estás loca! -Soltó sonriendo cuando salieron del agua que les cubría hasta el cuello.
-¡No tengo la culpa de que te veas tan lindo empapado! -Exclamó emocionada y lo sintió tensarse, mirarla sorprendido con la nariz enrojecida de vergüenza; pero se la quitó echándole agua en la cara, haciéndolo enojar para que no se acordara del cumplido, porque a Ronald Weasley le asusta Luna Lovegood y porque a Luna Lovegood le encanta molestar a Ronald Weasley.