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Historia 52202 — capítulo 4
Volvía de correr por el lugar, con el sudor escurriendo por frente tersa y las piernas tensas de tanto andar, aunque se sentía ligera y alegre; pensaba en que no había podido decirle nada a Ronald antes de salir, porque seguía dormido y no había querido despertarlo. De entre todas las cosas que solía decir Hermione a propósito de Ron, el que no roncara y que estuviera tieso toda la noche, era un dato que nunca había escuchado, por eso ahora subiendo por la ladera hacia la casa, llevaba la duda entre ceja y ceja; quizá no tenía importancia, pero no debía ser muy bueno que estuviera tan rígido, ¿podría dormir bien estando tan inmóvil?
Alcanzó a ver movimiento por la ventana que daba a la cocina, era Ron que se servía avena de la que ella había dejado en la estufa antes de salir y que esperaba todavía encontrar, aunque no fuera toda; se sacudió los pies antes de subir a la casa porque recordó que podría llevar espíritus del bosque en las suelas y esos son juguetones en las noches, más valía no tentarlos a impedir que Ron durmiera. Entró con sigilo y alcanzó a ver al pelirrojo que bostezaba, encorvado por completo sobre la mesa y con una mano restregándose la cara con cansancio y violencia; se paró bajo el marco de la puerta esperando a que él le mirara, pero estaba tan perdido, tan dormido quizá sería mejor decir, que no la notó siquiera.
-¿Has intentado dormir menos tenso, Ronald? -Preguntó desplazándose hasta él sin darle tiempo de contestar, le puso las manos en el cuello y le empezó a dar masaje en los hombros; el pelirrojo dio un salto de espanto y alzó la cara para mirarla, dejándole ver unas ojeras dignas de un velador. -¡Ronald!, pero es que no has descansado nada.
-No pude. -Confesó recordando cómo había pasado toda la noche sin poder moverse porque aunque ella estaba quieta y dormida por completo, él simplemente se negaba a propiciar el más mínimo contacto.
-Ya sé, voy a darte una poción… es algo muy suave y ligero, te la tomas, te recuestas unos diez minutos y será como si hubieras dormido toda la noche. -Luna salió corriendo directo a las escaleras, Ron la miró saltar los escalones uno por uno y exhausto y fastidiado se puso a dar de vueltas al tazón de avena con una cuchara que de pronto, de tan adormilado, le parecía acuosa y fría. -Ten. -La chica le tendió el pequeño frasco y una cuchara.
-¿Pero a qué hora bajaste? -Preguntó sorprendido, con los ojos medio cerrados y la sensación arenosa propia del sueño clavado en los párpados gruesos y amoratados por el desvelo.
-Estás tan perdido que ni notaste lo que tardé, tomate una cucharada, te acuestas diez minutos y luego te das un baño… yo mientras tanto, limpio la casa y te lavo esa ropa, que parece que tuvieras meses en el abandono. -Exclamó tajante y despojándolo con poco tacto del suéter que se había echado encima.
-Tengo ropa limpia. -Murmuró cuando ella le dio la poción como a un niño pequeño, Ron tragó de golpe y apenas se había puesto de pie intentando refutar, se vino al piso pesadamente.
-Vaya, sí que funciona. -Luna miró el frasco de poción mientras los ronquidos del pelirrojo llenaban toda la cocina, con un movimiento de varita lo situó en uno de los sillones de la sala y se dedicó a limpiar y a lavar ropa.
"Toca el himno de las doce…"
Abrió los ojos tan descansado y fresco que casi le pareció imposible haber estado desvelado unas horas antes, miró el reloj en la pared y vio que era el medio día y el sol resaltaba por la ventana en toda su magnificencia; se levantó estirándose entero y entonces notó su carencia de camisa, de camiseta y de pantalones. De milagro conservaba los calzoncillos y acometido por la duda echó a andar hacia afuera, donde Luna tendía cavernícolamente la ropa de un tendedero, secándola con un movimiento de varita lo suficiente para que estuviera lista en breve; confundido salió sin darle ya mucha importancia a que la rubia lo mirara, después de todo, ella le había casi desnudado.
La rubia se volvió a verlo con una enorme sonrisa, alzando las cejas y llevándose algunos mechones de cabello a la nuca, pues la cola de caballo que traía le ayudaba pero no del todo; Ron se sintió extrañamente sobrecogido al verla sonreír, mojada entera y alegre, no tenía para nada el brillo de Hermione, no tenía para nada su misma lucidez y sin embargo, lograba con sólo un movimiento dejarlo callado, dejarlo anonadado. Tragó saliva y encogido un poco se acercó hasta ella, que le recibió sin dejar su labor de lavado, Ron optó por hacer como que no le daba importancia a su aparente desnudez.
-Me quitaste la ropa para lavarla. -Murmuró tan bajo que se temió que ella no le escuchara o pensara mal.
-En aquél árbol hay un nido de gorriones, son todos pequeños y creo que todavía no logran salir del nido, pero se oyen genial. -Luna miraba hacia el árbol ignorando del todo la presencia de Ron y él, inflando el pecho como única forma de llamar su atención dio un paso más hacia ella.
-No tenías que lavarme la ropa, no era necesario. -Comentó para sacarla de sus ideas, pero ella se ocupó en tender unas sábanas y unas fundas de almohada, mientras él le seguía; posados a cada lado de un tendedero, Ron miraba cómo Luna parecía enfocada en ocultársele con la ropa de cama.
-Las ardillas del otro lado del jardín son lindas, parece que incluso amigables, se dejan alimentar si les ofreces nueces. -Luna se llevó las manos a la cabeza para acomodarse otra vez el cabello y Ron, acalorado por el fuerte sol y en calzoncillos, se le quedó mirando fijamente un instante; estaba mojada, sonrojada por el esfuerzo, despeinada y tenía un aire de frescura que le provocó un escalofrío. -Hay una que es lindísima, me incliné le acaricié el lomo y mientras le rascaba su cabecita, empezó a ser un sonidito como de… como de… -Luna se volvió a ver a Ron con una sonrisa y haciendo un sonido gutural mientras movía las manos como si se sacara algo de la garganta con la boca cerrada, el sonido era más parecido a un gemido que al chillido de una ardilla, la primera vez que lo había escuchó, Ron dio un saltito como golpeado por la sorpresa de escuchar algo así venir de la rubia, que sin inmutarse prolongó los gemidos de una forma tan sugerente que Ron no pudo evitar sudar la gota gorda.
-Ah… Luna, las ardillas no gimen. -Atinó a decir con una media sonrisa, al tiempo que la rubia se volvía a mirarlo, sus ojos azules llenos de estrellas de luz y su cabello cayéndole sobre la frente con una belleza casi abrumadora.
-¿Estaba gimiendo? -Preguntó mirándolo con los ojos muy abiertos.
-Bastante. -Admitió riendo mientras intentaba dar un paso y entonces lo sintió.
-Eso explica que tu… -Luna empezó a hablar moviendo las sábanas para señalar la parte baja de su cuerpo, justo cuando él echó a correr a la casa para buscar algo que ponerse y mejor aún, algo que lo calmara.
Con la frente pegada al muro helado por el que bajaba el agua fría, Ron pensaba con profundidad las cosas, algo no andaba bien si empezaba a tener ese tipo de reacciones físicas hacia Luna; una cosa era gozar su compañía, que se le empezara a olvidar un poco el enojo con Hermione, pero otra muy distinta el escucharla hacer ruidos curiosos y "llenarse de energía" como unos minutos antes. Suspiró y alzó la cara hacia el chorro de agua de la regadera que lo empapaba evitando que pudiera ver algo concreto entre tantas pequeñas y brillantes gotas, debía estar afuera ayudando a la chica con el lavado, pero no podía; no podía estar cerca de ella sin sentir ya fuera miedo o simplemente nervio, ella era Lovegood la chica que lo asustaba.
Venía por el pasillo cargando con la canasta de la ropa limpia y seca, sabía que no tendría más ropa a mano que los calzoncillos que ya había traído puestos y por Merlín que sería una tontería si se los volvía a poner luego de usarlos todo el día y la noche; por eso iba apresurada para entregarle su ropa limpia y suavecita, por no decir que además olía ahora a lirios; tomó la perilla de la puerta del baño y entró tras girar rápido, sonriendo de tanto pensar en que ese chico era del todo agradable. Ron estaba secándose los brazos, totalmente desnudo dándole la espalda, con la luz de la ventana del fondo de la regadera iluminándolo de cuerpo entero.
Se quedó pasmada como por cinco segundos sin saber si moverse o no, Ron tarareaba algo nervioso y al volverse se quedó tan o más pasmado que ella, mirando no su boca abierta y sorprendida, sino sus ojos azules que se enfocaron en los de él sin siquiera atreverse a bajar de su rostro; se miraron cerca de diez segundos, él no dijo nada y ella agradeció tener en la mano la canasta que le impedía debido a su volumen bajar la cara y verlo entero. Cuando abrieron la boca para hablar, la serie de balbuceos que llenó el cuarto de baño mezclándose con el vapor, hizo que la escena fuera por demás cómica.
-Ase… -Luna asentía como dando un giro en el aire con su barbilla, quizá sometida por la verdad de que el hombre ante ella era demasiado abrumador para su pobre cabeza acostumbrada a cosas locas e imposibles. Él era real y posible.
-Re… je… -Intentó moverse hacia la cortina de la regadera con la intención de cubrirse, pero las piernas no le daban ni para moverse ni para siquiera dejar de estar tan erguido, tan a descubierto; Luna bajó la cara como si quisiera escucharlo mejor y él redondeó los labios y soltó un silbidito antes de seguir.
-Ah… dejé un poco de tu ropa afuera tomando el sol. -Soltó de momento, como una forma de confirmarle a Ron que estaba ahí, que él le preocupaba y que hacía cosas para ayudarle; al fin alcanzó a entender la magnitud de los hechos y ahora sí bajó un poco la mirada para alcanzar a distinguir, sí, era cierto, Ronald estaba totalmente desnudo y de tan mojado las gotas caían al suelo de todo sitio que pudiera prestarse al descenso. -Voy a… voy a poner una pierna de jamón en el horno, ¿te gustan las almendras, verdad? -Se dio la vuelta, abrió la puerta y salió cerrando mientras Ron, pasmado, contestaba solo ya en el baño.
-Sí, me gustan. -Masculló y miró a su alrededor, no le había dejado ropa, entonces apareció ante él la canasta de la ropa limpia haciendo un sencillo "plop" y cayendo al suelo con delicadeza.
-Perdón, esa es la ropa limpia. -Luna regresó por el pasillo hacia las escaleras, de tan atontada se había ido en sentido erróneo.