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Historia 52216 — capítulo 8

8

El líquido púrpura se bamboleaba suavemente dentro del pequeño tubo cristalino, mientras Bella lo detenía entre sus finos dedos pálidos.

Un viento helado entraba por la ventana, junto con los rayos de una Luna -que recién había tomado posesión de la oscura noche. El hada-vampiro se encontraba de pie, en medio de la habitación con los ojos puestos en la poción, finalmente, se la bebió de un solo trago. Acomodó la daga en su funda y ésta, a su vez, la enredó alrededor de su muslo para ocultarla debajo del short que llevaba. Se puso unas botas negras, una blusa del mismo color y se dirigió a la ventana. Observando hacia abajo, la abrió y saltó sin pensarlo.

Caminos de oscuridad le aguardaban; los vampiros deambulaban, felices en su ambiente de tinieblas, la noche era su mejor hora para divertirse. Pero ella no estaba para eso, sólo tenía un propósito en la cabeza: encontrar a Giselle.

Así, utilizando toda su velocidad de vampiro, Bella logró llegar hasta uno de los bares en su lista. Estuvo bastante tiempo recorriendo el lugar, mientras algunos vampiros la observaban, y otros más se le acercaban intentando beber algo de su sangre, a lo que ella por supuesto siempre se negó. Su corazón de oro jamás latió, y decidió que era momento de retirarse y buscar en otro. Pero, antes de poder llegar a la salida, un vampiro se interpuso en su camino e intento disuadirla a ceder un poco de su sangre.

-No.

-Sólo un poco -insistió, acercándose más.

Bella, a quien el tiempo apremiaba, esquivó al vampiro y siguió su camino. Pero él no pareció entender el mensaje, ya que la agarró por el brazo, tirando de ella con fuerza. El hada-vampiro, harta, se giró y elevándose de un salto en el aire, le pateó de lleno en el rostro. Cuando su acechador estuvo en el suelo, ella salió del bar prácticamente corriendo. Odiaba llamar la atención y todo lo que había conseguido con esa escena era eso precisamente, lo único a su favor era que pronto estaría lejos de allí.

Otra ruidosa construcción se extendió de pronto ante ella. Ésta era un poco más pequeña que la anterior, pero se veía más animada; los vampiros se amontonaban en el interior, a pesar de que era difícil pasar debido a la multitud.

Con extremada cautela y atención Bella se dedicó a recorrer el lugar hasta que, después de unos minutos llenos de estruendosa música y una terrible aglomeración de vampiros sedientos, por fin percibió algo de su collar. Fue apenas un estremecimiento, un suspiro de latido, pero suficiente para que ella se diera cuenta.

Bella estudió con escrutinio su derredor, acercándose y alejándose según le indicaba el objeto que tenía atado al cuello. Por fin halló a un grupo de vampiros que se cernían a la barra. Eran cinco: dos hembras y tres machos, pero sólo uno de ellos era el que provocaba que el relicario se agitase, eso significaba que sólo uno había tenido contacto directo con la princesa.

Continuó cerca de ellos, necesitaba pensar en una forma de separarlo del grupo para así poder interrogarlo más fácilmente, tal vez hasta sacarlo del bar.

Sin embargo, la oportunidad se presentó sola cuando, seguramente al sentirse observado, el vampiro giró la cabeza en su dirección. Después de que sus ojos azules la inspeccionaran con parsimonia de pies a cabeza, el vampiro sonrió dejando ver unos afilados colmillos debajo de sus labios. Bella, quien pensaba no tenía otra alternativa, se obligó a corresponder al gesto. Quiso pensar en poner una expresión más atrayente, pero aquello no fue necesario, la simple sonrisa que le había dado fue suficiente para que él se separara de los otros vampiros.

-¿Quieres divertirte un poco, eh nena?

-Por supuesto -respondió Bella. Sabía que no sería tan fácil hacerlo salir, no mientras ella no se mostrara más… amable con él.

De pronto, el ceño del vampiro se frunció, y la observó más detenidamente. Bella supo inmediatamente que estaba asociando sus rasgos con la descripción de la nueva ley, lo que la hizo maldecirla -parecía no causarle más que inconvenientes a dónde iba-, así que pensó en algo que pudiera borrarle esos pensamientos.

-Me llamo Katherine.

El nombre falso pareció relajarlo, así que se acercó más hacia ella.

-Ryan.

Bella tuvo que soportar las manos del vampiro sobre su cintura, así cómo el hecho de que él la estrechara contra su cuerpo. Tuvo que sobreponerse a su repulsión y bailar con el durante un rato que pareció terriblemente eterno. Estuvo a punto de pedirle que salieran de allí, pero él se adelantó y habló primero que ella.

-Tú no pareces cómo el resto. Dime que no eres cómo los demás, los que se dejan llevar por todo lo que dice el príncipe.

Ya que Bella buscaba sacarle toda la información posible, le dijo todo lo que quería escuchar.

-No, yo odio al príncipe.

Eso pareció satisfacer a Ryan.

-Eres cómo yo, entonces. Sabes, yo formo parte de un grupo que fue organizado por Gedeon, él si parece tener idea de lo que es guiar esta ciudad. El príncipe nos ha quitado muchos privilegios y nos ha restringido a este territorio solamente, aceptando ese maldito tratado.

Después del nombre que ella buscaba, lo demás le pareció una secuencia inteligible de palabras.

-Cuéntame más sobre ese grupo -dijo ella, algo ansiosa.

-¿Te unirías a nosotros?

-Por supuesto -respondió Bella, pensando que esa sería la mejor oportunidad que tendría de tener a Gedeon frente a frente.

-¿Estarías dispuesta a hacer todo lo posible por ver a Edward derrocado?

-Sí -contestó, sintiendo, sin embargo, que esa palabra le ardía como ácido en su lengua.

-Gedeon tiene un plan -comenzó él, apartó unos mechones de cabello de su cuello y comenzó a acariciar la piel de su garganta-, él ha… aunque no lo creas él ha logrado pasar la muralla y llegar hasta la ciudad de las hadas.

-¿De verdad? -Bella intentó parecer sorprendida, así como se esforzaba por soportar su contacto y no apartarse como tanto deseaba hacer.

-Sí, y no sólo eso, sino que logró capturar a la princesa de las hadas.

Bella ocultó su desesperación y fingió una voz calmada cuando preguntó:

-¿Y para qué quiere a la princesa?

-Quiere amenazar a los reyes. Les enviará un mensaje pronto, diciéndoles que le ayuden a derrocar al príncipe de los vampiros o si no la niña muere.

La joven guardiana apretó los puños, resistiendo las ganas de golpear al vampiro que tenía en frente de ella.

-¿Qué tal si ellos… se resistieran aún así?

-En eso también ha pensado Gedeon -respondió el vampiro-, pero él cree que de cualquier forma vendrían por ella y en ese caso se desataría una guerra, en la que probablemente caería Edward y después de ello, utilizando a la niña, podríamos deshacernos de las hadas.

-Y… ¿No sabes dónde se encuentra ella?

-No de momento, pero habrá una reunión pronto, dentro de dos días; será en una casa que se encuentra a las afueras de la ciudad, muy cerca del muro del lado este. Ahí la trasladará él para explicarnos bien cómo estará el plan.

-¿Tú la has visto? -cuestionó Bella, portándose lo más indiferente que podía, absteniéndose de preguntar como se encontraba.

-Por supuesto; la tiene atada, aunque ya no ha presentado resistencia, no cómo la primera vez que hizo todo lo que pudo por dificultarnos las cosas, pero Gedeon la empujó contra la pared y después se quedó quieta, y cuando despertó no volvió a desobedecerlo.

Dentro de Bella la preocupación y el enojo ardían como llamas que amenazaban con calcinarla, pero resistió todo ello, sabiendo que lo mejor era guardar eso para cuando se encontrara con Gedeon.

-Ven, te llevaré con Dean para que él de su aprobación, después de eso podrás entrar en el grupo.

Bella estuvo a muy poco de negarse, pero lo pensó mejor, y es que aparte de la dirección si conseguía entrar a esa reunión como invitada sería más fácil así poder llegar hasta Giselle.

-De acuerdo.

Para su sorpresa salieron del bar y cuando Bella le preguntó por ello, Ryan le respondió que Dean siempre visitaba otro lugar. La joven resistió el impulso por alejarse de él y durante todo el camino intento ignorar sus manos, una que aferraba firmemente su cintura y la otra, cuyos dedos acariciaban su cabello y viajaban por la curva del cuello hasta su hombro.

Entraron en el bar, que era el más amplio que Bella había visto hasta ese momento, la música, como siempre, a todo lo que daba, y las luces centelleaban constantemente.

-¿Dónde está Dean? -cuestionó Bella, después de un rato.

-Debe estar cerca, lo buscaremos, pero antes…

Ryan se interrumpió observando un punto detrás de Bella, mientras una clara mueca de desprecio se dibujaba en su rostro.

-Él está entrando, seguido de su hermano y su cuñado, cómo si necesitáramos su presencia en este lugar.

Bella giró su cabeza y se quedó petrificada al ver a Edward junto con otros dos vampiros, uno parecía bastante fuerte, con espaldas anchas y músculos marcados y el otro era rubio, ambos hablaban con el príncipe.

Al contrario que Ryan, el resto de los vampiros reaccionó favorablemente ante la aparición de su príncipe y se agitaban en torno a los tres vampiros.

A pesar de la inquietud que la consumía debido a la presencia de Edward, Bella no pudo evitar formular una pregunta:

-¿Entonces los que vienen con él también son…?

-¿Príncipes? -él la interrumpió y después soltó una carcajada. -¿Qué acaso no has vivido en la ciudad? Nuestro único príncipe es Edward, según el resto de incompetentes él se ganó su título. Yo, junto con otros, creemos que no lo merecía, no sabe gobernarnos.

Bella, pensando en que si Edward la veía se armaría un caos, decidió no hacer más preguntas y salir de allí.

-Hay que irnos.

-Sé que te molesta su presencia, a mí también -dijo-, pero no debe importarnos, pronto no será nada…

-No, tenemos que…

-Tranquila, Kath, mejor hay que concentrarnos en otras cosas -sugirió, mientras la estrechaba entre sus brazos y enterraba el rostro en su cuello-, en la sed, por ejemplo.

Bella se horrorizó; si algún vampiro enterraba sus colmillos en ella estaría condenada a ser uno de ello para siempre. Lo empujó lejos e intentó escabullirse entre los vampiros, pero él la atrapó de nuevo.

-¿Qué te ocurre?

-Nada de mordidas -gruñó ella.

Ryan tomó sus cabellos con una mano y con la otra le rodeó la espalda.

-No dolerá, lo prometo, seré gentil.

Bella quería evitar sacar su arma, pero parecía que no le quedaba otra opción. Los colmillos de Ryan estaban a muy poco de su piel, y ella ya tenía su mano cerca de la funda cuando el vampiro la liberó de pronto.

-Fue una mala idea ponerle las manos encima -rugió Edward, con los dedos alrededor del cuello del vampiro-, pero lo peor que pudiste haber hecho fue hacerlo en frente de mí.

La joven observaba petrificada, como las piernas de su atacante se agitaban en el aire, mientras los ojos de éste observaban con horror al príncipe.

-Eso es hermano -le animaba uno de los vampiros que venía con él, el que era más robusto-, enséñale que no se debe meter nunca con tu hembra.

-Emmett -le reprendió el rubio.

-¿Qué pasa, Jasper? -cuestionó el otro-. Sólo pienso que él se lo buscó, mira que atreverse a romper una ley…

Los ojos de Ryan observaron a Bella al escuchar esto, y en ese momento, por el destello de sus pupilas, ella supo que él había descubierto su engaño.

-Maldita zorra -logró musitar.

Pero no había terminado de decir eso cuando Edward lo estrelló contra la pared más cercana, mientras un gruñido feroz vibraba en su pecho.

-No te atrevas a volver a decir algo así de ella. ¿Me oíste?

Emmett silbó.

-Ese vampiro si que tiene ganas de morir, podríamos considerarlo suicidio prácticamente.

-Espero que pronto llegue tu fin -se atrevió a decir Ryan, en una mueca de furia hacia el príncipe.

Edward ni siquiera se inmutó.

-Primero el tuyo -dijo trozando el cuello del vampiro con un solo movimiento. Ryan cayó inerte al suelo y poco después se convirtió en una fina nube de polvo que desapareció rápidamente.

Edward se giró en su dirección y ella, en respuesta, retrocedió un paso.

-Ni siquiera pienses en huir -dijo, tomándola de la cintura y sentándola en la barra.

Bella se estremeció al ver que su rostro quedaba al mismo nivel que el de Edward, y las manos de él descansaban sobre la barra a cada uno de los costados de ella, muy cerca de su cuerpo.

-Te lo advertí, Bella, hoy he llegado a mi límite. A partir de ahora harás todo lo que yo te diga.