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Historia 52471 — capítulo 2

Mientras todos esos sucesos tenían lugar en el helicóptero, en la isla se encontraban Ben Linus y John Locke, al lado de la estaciónLa Orquídea. Jacob -o al menos eso es lo que Locke había dicho- había indicado que para salvar la isla debían moverla. ¿Moverla? Eso para John carecía de sentido, pero Ben sabía exactamente lo que significaba: debía hacer girar la rueda. Con todo lo que ello llevaría.

Cuando se encontraban abajo, en la verdadera estación, y mientras Ben llenaba de objetos metálicos la cámara en la que la iniciativa Dharma utilizaba para experimentar con el tiempo y el espacio, el ascensor que les había llevado allí abajo volvió a ponerse en funcionamiento. Keamy bajaba. Él llevaba un aparato en el brazo, un aparato que mandaría una señal a la bomba que había en el Kahana en caso de que su corazón dejara de latir. Estaba herido, pero no por ello dejó de hablar a Ben sobre la muerte de su hija Alex, la que según Keamy él mismo había dejado morir. Linus no pudo aguantar más, le apuñaló despiadadamente. No le importaba quien pudiera morir en el barco, no podía seguir escuchando esas cosas.

Inmediatamente después activó la cámara, la cual, con todos aquellos objetos metálicos en su interior, estalló. Una pequeña abertura se fracturó en la roca, la cual llevaba a otro nivel, algo que llevaba oculto muchos años.

Ben dio instrucciones a Locke para que saliera de allí y fuera a buscar a Richard y le dijera que él era el nuevo líder. John parecía no comprender el porqué de aquello. ¿Qué había detrás de la cámara? Sabía que Ben iba a mover la isla, ¿pero por qué no le podía esperar allí?

-Voy a salir de la isla - dijo Ben Linus, con una palpable pena en la voz - y quien sale de aquí, no puede volver.

John lo comprendió en aquel momento, Ben iba a sacrificar su vida allí para poder salvar la isla que tanto amaba. Así que siguió las instrucciones y salió de la estación tan rápido como pudo.

Linus se dispuso a girar la rueda, sollozando, apenado, pero inflexible. Una cegadora luz le envolvió en cuanto la rueda de burro giró sobre su propio eje, y al momento sintió como si ya no estuviera allí. Le parecía que estaba volando, una sensación de ingravidez le envolvía, hasta que se vio tumbado sobre una extensión de arena. Miró a su alrededor y supo al instante que algo había fallado. Ya no estaba dentro de La Orquídea, pero no había abandonado la isla por completo. Estaba al lado de La Hidra, justo enfrente de donde se había encontrado segundos antes.