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Historia 52471 — capítulo 4

Ben estaba realmente confuso, ¿por qué la rueda de burro no había funcionado como debía? Él ahora debería estar en algún del planeta Tierra, muy lejos de allí. No debía estar en "La Hidra". Sin duda, algo había fallado, aunque el estaba pletórico de alegría. Jamás había querido abandonar su amada isla, aquella donde se había criado, por nada del mundo. Al final lo había conseguido. No sólo había hecho le Jacob quería -o lo que él pensaba que Jacob quería- sino que seguía allí, seguía en su isla. Ahora debía buscar algún bote, balsa o canoa, lo que fuera, para llegar hasta el otro lado.

Exploró de un lado a otro la orilla de la pequeña playa en la que se encontraba sin encontrar nada con lo que navegar. No podía nadar esa distancia, era peligroso por demasiadas razones. La principal, que no se podía decir de él que fuera un gran nadador, aunque el hecho de saber que en esas aguas había tiburones, tampoco le animaba demasiado a meterse dentro. Decidió buscar algún medio de transporte en otro lugar, al fin y al cabo, sabía donde se guardaban antes las barcas.

Al fin, tras varios intentos de búsqueda, dio con lo que andaba buscando. Aunque quizá, el no encontrar ni un solo remo con el impulsar su bote era un verdadero problema. Lo único que podía hacer era fabricar uno él mismo. Buscó unas cuantas ramas y, sólo con sus manos -ya que no contaba con ninguna otra herramienta-, diseñó un remo rudimentario que si bien no le serviría para impulsarse muy deprisa, ni para recorrer una distancia excesivamente larga, le venía bastante bien para aquella ocasión. Aún más teniendo en cuenta que no tenía ninguna otra cosa.

En la otra isla, John Locke estaba buscando desesperadamente a Richard. No comprendía porque después de aquel fogonazo instantáneo de luz, todos los demás había desaparecido. Buscó por tantos lugares como sus piernas podían llevarle, pero nunca daba con la respuesta que él buscaba: ¿dónde estaban Richard y su gente?

No tardó mucho tiempo más en aparecer de nuevo la misteriosa luz, cuando cesó, de pronto era de noche. ¿Qué era lo que estaba sucediendo allí? Aquella isla siempre había tenido sus misterios, pero John siempre había sabido resolverlos, exceptuando ese momento, cuando más lo necesitaba. Supuso que algo andaba mal en el tiempo, pero no exactamente el qué. Enfadado, comenzó a arrancar briznas de hierbas del suelo, hasta que dio con algo que desde luego, no era de origen vegetal. Había una pequeña bolsita de lona medio enterrada en el suelo de ese sitio. Al cogerla, notó que pesaba muy ligeramente. Sea lo que fuera que había allí dentro, no podía ser nada más pesado que la propia hierba sobre la que se hallaba.