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Historia 52554 — capítulo 8

Capitulo 8._ Intentando sobrevivir.

Llegamos a mi casa, Anie sólo me mira sin decirme palabra. La enfermedad me esta consumiendo y la tristeza me quema el alma. Mi amiga me hace compañía en silencio unos instantes, luego pronuncia unas palabras que terminan de quebrarme el alma.

_José tiene razón. Con esto, comienzo a creer que la tiene…

_ ¿Que te ha dicho mi hermano?_ pregunto. Anie toma aire y me responde con vergüenza.

_Que Mauro no te quiere. Es lo que me dice siempre que le hablo de ustedes, que no te quiere… y creo que tiene razón, por como te hace sufrir, por como te hace llorar… _

Sóolo observo el suelo. El estornudo me recuerda a el, las paredes, los mosquitos, la televisión, todo me lo trae a la mente. ¡Hay tantas cosas que ocurrieron con nosotros! Si no fuera por el, ni siquiera estaría enferma…

El mismo lunes que pasamos tan contentos, estornudo sobre mi, sobre mi butaca. Yo lo aleje con un grito aterrado, el me miro recuperándose y me sonrió.

Lo siento. me susurro, mientras yo, avecinado enfermedad lo aleje de mi a punta de gritos.

Agh, gérmenes, aléjate de mi, bacteria…

Bacteria, eso era, una bacteria que se comía mi alma y mi corazón, que corroe mis venas y me hela la razón… Rato mas tarde, después de un inquietante silencio, Anie se va para que descanse. Dice que debo descansar, solo descansar. ¿Es posible hacer eso en mi estado? No lo se, no lo creo.

Me recuesto en mi cama y me suelto a llorar. Lloro desesperada su ausencia, su frialdad, su dolor. A gritos le pido una explicación. Mis lágrimas caen sobre las sabanas mientras mi frente arde de enfermedad. Vencida, me duermo unos momentos, intentando respirar…

Corre la tarde y yo estoy devastada. No hay nada que me consuele. Mi familia ríe y se divierte mientras yo me consumo a su lado. Mi corazón se encuentra muchos kilómetros lejos de ahí y realmente, no se como traerlo de nuevo hasta mi…

Ya han pasado varios días desde que todo ocurrió. Vuelvo a la escuela resignada a lo que voy a encontrarme. Es lunes y todos en el corredor se amontonan para pasar. Casi termina el día, y mi mente no puede comprender ni un poco de la sinuosa información que cae sobre mi cabeza.

En el transcurso del día (que si puedo decirlo, ha sido de lo mas difícil) Tanto Mauro como yo, somos fríos el uno como el otro,no permitimos fácilmente un contacto,mas sin embargo, esto nos vuelve vulnerables a los demás. Todo el mundo pareciera ponerse de acuerdo para recordarnos que no nos hablamos, puesto que, si el pensaba que le seria muy fácil olvidarme, ahora se da cuenta de que no es así.

Para empezar, su actitud es la clásica del hombre que sabe que cometió un error pero no puede echarse para tras. Esa es ancestral. Actúa como perro con la cola entre las patas, esta callado, serio, no se inmuta fácilmente de lo que pasa, y aun así, me mira con precaución. ¡No vayan a encontrarse nuestros ojos! ¡Sabe que su corazón no podrá soportarlo! ¡Sabe que sus ojos acabaran por delatarlo! ¡Acabaran por decirme por undécima vez que me ama!...

Aunque intente mentirme, aunque haya practicado todo el fin de semana para poner los ojos impasibles… ¿eso o en verdad es lo que me reflejan? Si así fuera, nada de eso concordaría con su actitud. En primera, por alguna extraña razón, todo cuanto el sabe que necesita, yo lo tengo, y para su colmo, todos a quienes les solicita la ayuda, le reclaman el hecho de que pueda pedírmelo a mi, y no a ellos.

Cuando esta primera declaración (la primera de muchas que nos bombardearon a lo largo del día) nos cayo encima, mi corazón se congeló y mi estomago se escondió entre mis riñones y mi pelvis causando un dolor extraño en mi sistema digestivo. Es mas bien, como cuando te saltas un escalón, esa sensación de susto, de frío en el estomago, de vacío… así me sentí yo al escuchar estas palabras.

_ Anahí, ayúdame con la tarea…

_ ¿Y yo porque?_ Pues porque eres mi amiga…_ decía Mauro mientras yo, a metros de él, terminaba mi trabajo, cabizbaja, sola. Sin embargo, la respuesta que Anai le dio a mi joven amigo, nos dejo mudos (bueno a el, a mi solamente me petrifico unos instantes)

_ ¿Y porque no le dices a Alejandra? ¡Ella también es tu amiga!_

Esas pocas pero bien empleadas palabras, lograron que yo brincara de susto, sutilmente en mi butaca, sintiendo esa sensación en el estomago que les cuento, mientras que en Mauro, tuvieron una reacción que a mi me hubiera encantado ver.

No se que cara puso, lo único que percibí fue que sus silencio decía mucho. Ya, después de unos cinco o siete segundos de silencio, su voz hizo presencia en un tono tan fatídico que jamás le creí capaz de emplear. A leguas se notaba que le costaba mucho responder ante aquella disyuntiva, tan imprevisto para el. ¡¿Quien hubiera imaginado que la respuesta que el menos esperaba oír en mucho tiempo le viniera tan pronto?!

_ Si pero…ella esta ocupada con su propio trabajo, no puedo llegar a interrumpirla..._

Se me congeló el cerebro, se me acelero el corazón. Me quede unos instantes contemplando mi cuaderno. Más silencio. Anaí salio del salón, no se si feliz, no se si furiosa. Mas tarde, después de ese choque emocional para ambos que, no se si el pudo superar, nos cayó otro.

Al fin había conseguido quien le hiciera el trabajo, mientras charlaban de su querida y adorada novia (cosa que les aseguro a mi no me agradaba ni tantito, pero ni como refunfuñar) recalcándo que se querían mucho, que no podían estar separados ni un momento, que ya llevaban mucho tiempo juntos… cuando mi nombre hizo acto de presencia (jajaja, ahora si, desgraciado, sabrás lo que es que te restrieguen en la cara algo que en verdad no esperas ni quieres escuchar)

_ Ay mijo, ya me canse… ¿porque mejor no le dices a Alejandra que te las pase? Son iguales, además, ella ya acabo…_le dijo Noemí, sinceramente.

Me volví estática de nuevo. Esta vez, Mauro reacciono un poco mas rápido, antes de que se notara su preocupación.

No… pero… ella tiene otras respuestas, no puedo copearlas, la maestra se daría cuanta, ¿no vez que tienen que ser diferentes? ¡Hazlo como sea, ya, lo que sea!

Su alteración era obvia, lo notaba en su voz…

Al fin, terminamos el dichoso trabajo. Yo, que tenia un examen pendiente que hacer, al igual que el, me senté en una butaca junto a la suya, segura de que se marcharía. Sin embargo, no lo hizo. Se sentó a mi lado como si nada pasara, incluso sentí confianza (¿alguien puede explicarme que le pasa a este chaval? ¡Me esta volviendo loca su actitud tan dispareja! No es coherente lo que dice con lo que hace) tal, que le pregunte.

_ Oye ¿solo era el crucigrama o unas preguntas?, yo no lo recuerdo… _

Lo mire. Él, sin embargo, miro cualquier punto lejos de mis ojos. Tomo aire y respondió tranquilo.

_No se pero yo solo hice el crucigrama.

Ah…

Guarde silencio. Al momento, la maestra me movió de lugar, para que no estuviera junto a Mauro. Comenzamos el examen, yo, de vez en cuando lo veía. En un momento, pedí borrador. Nadie. Una amiga me susurro que Mauro traía. Que más. Me levante con permiso de la maestra y fui hasta el.

_ ¿Me lo prestas?_ pregunte. Él, al instante, agacho la mirada y, cohibido, asintió con la cabeza.

Me extrañe. Tome el borrador y me fui a sentar.Ese niño si que es raro. Primero me habla y luego se cohíbe…

Paso el rato. En una de esas, la maestra se salio y el comenzó a pedir las respuestas a gritos. Yo, pasiva, trate de llegarle de nuestro lado, recordándole una de nuestras hazañas, una de esas que compartimos cuando estábamos juntos, en el laboratorio, para ver si así reaccionaba a mi intento de reconciliación.

_ ¿Recuerdas la línea de conga?_ le grite para que lo descifrara entre líneas. Me miro distante

._Si pero… ¿si es eso?

_ Si…_ respondí yo ante su frialdad. Esperaba aunque fuera un asomo de risa, un asomo de recuerdo, de alegría, de saber que seguíamos siendo los mismos… pero nada.

Esa memorable fila de conga, esa memorable fiesta pagana que nunca hicimos, esos horarios y lugares que pretendimos poner para realizarla y que sin mí, nunca hubiera podido inventarla; esas insinuaciones imaginarias… tantas y tantas cosas, tantas risas, tanta inocencia que derrocho a mi lado en aquellos días, y que ahora parecían nunca haber existido, que me dejaban tan vacía… 

Al terminar, pase por su lado y me hizo una pregunta respecto al examen en un leve susurro. Yo la conteste de igual manera mientras salía del aula, pero, aunque me sentía feliz por haber hablado con el, me sentía utilizada de cierto modo…

Bueno, de ahí, llegue a este momento, al laboratorio de Biología. Como siempre, compartimos la mesa. Aun recuerdo cuando me pidió que excluyera a Noemí del equipo. Yo negué frenética, sin poder creer que quisiera batearla. Él asintió, argumentando que yo debía hacerlo.

_ ¿Yo porque? Dile tú, es tu amiga…

_Si, pero tu eres la jefa…

_ ¡Yo no soy la jefa…!

_ Para mi lo eres._ me dijo mirándome a los ojos y me calle.

Recuerdo que, en aquella ocasión, me di cuenta de cómo el podía desechara las personas tan fácil cuando ya no las necesitaba, o simplemente, cuando ya no las quería ver… ¡Y pensar que ahora hace lo mismo conmigo!

Los minutos pasan y el que juega con Lizbeth, como ya se le hace costumbre…

Termine, aquí esta mi dibujo. dice Jorge mostrándome sus garabatos. En realidad, Jorge es muy buen dibujante.

_ Vaya, Jorge, eres grande…_ le digo mientras comienzo a dibujar. Lizbeth ríe.

Oh, Jorge, la traes loca. dice de pronto al chico. Yo alzo la mirada desafiante.

 Jorge solo la mira con carade pensar que ella esta demente. Lizbeth me mira y ríe.

_ ¿Verdad Ale que te trae loca? ¿O es Mauro el que te trae loca?

_ No…_ respondo al instante seria. En ese momento llega Mauro y, Lizbeth, que se muere por echarme a perder la vida, le pregunta.

_ ¿Verdad Mauro…?

_ ¿Qué?_ contesta este deprisa sentándose a su lado. Yo agacho la mirada a mi cuaderno esperando escuchar la fatal pregunta.

_ ¿Verdad que traes loca a Alejandra?_

Ya esta, me puedo decir muerta. Mauro solo dibuja en sus labios una sonrisa mientras escribe en su hoja, sin contestar nada. Mira a Lizbeth, sonriendo aun.

_ Si… te ama, te adora, no puede vivir ni un minuto sin ti…_

Si Mauro le contesta o no, es algo que no escucho, o al menos que no recuerdo escuchar. Estoy petrificada, intentando hablar con quien sea, para no enterarme de lo que ocurre a mi alrededor, tan cerca de mi, tan cruel mente cerca de mi…

De pronto, entre mis divagaciones y mis ganas de no escuchar nada mas, llega hasta mis oídos un tema que se me hace levemente familiar…

_No, Mauro, ya me dijeron que eres un mandilón con tu vieja…

_ ¿Quién te dijo?_ pregunta el otro al instante. Yo escucho atenta. Esa información me interesa…

_ Por ahí, por ahí, que diario estas con ella, que no hay día que no la vayas a ver…

No estoy ahí diario. rezonga el joven._ No voy todos los días…

_ Pues a mi me dijeron que si, que ahí estas puntualito… y que para acabarla, hasta te hace llorar…

_ ¿QUE?_ Pregunta él de inmediato. Yo aguzo el oído. Eso me interesa, claro que me interesa…

_ Si, que te hizo llorar el otro día porque te quería dejar… y que tu fuiste y le lloraste para que no te dejara…

_ Oh, dios…_ pienso dentro de mi, mientras Mauro niega al mar de preocupado, intentando hacerse el macho y tratando por todos los medios saber quien le ha dado esa información... Una nueva idea llega a mi mente ¿Será a caso la novia la causa de que Mauro no me hable?

N/A: Hello!!! Como andan?? espero ke genial. Aqui la actualizacion, perdon por la tardanza, pero entre la escuela, mi trabajo y Mauro... Jeje laaaaarga historia, algun dia se las contare o mejor dicho, terminare de contarselas. Bueno, mil gracias por pasar a leer. Creeen ke la novia de Mauro sea la causante de ke sea el asi con Ale?? O solo es asi de pesado?? Bueno, ustdes juzguen. Agradesco sus comentarios, En especial a ti, Diosa Licantropa, que eres mi file seguidora en este fic, jeje. Nos vemos en la actualizacion, cuidense!!

Cariños, Luna_Hermy